<24> CUESTIÓN.
¿Qué es eso que dice San Pablo de que fue arrebatado al paraíso, en rapto hasta el tercer cielo, sin saber si esto sucedió estando en el cuerpo o fuera de él (2 Cor 12,2)? Es decir: ¿su alma salió del cuerpo para ser arrebatado a lo alto, o bien llegó a esas cumbres permaneciendo en el cuerpo?
SOLUCIÓN.
Pablo en éxtasis voló mediante el alma racional a donde Cristo la llamaba, como el hombre que duerme se traslada en los sueños a muchos sitios. Y aconteció esto, sin embargo, de modo tal que mientras duraba ella misma calentó la sangre en el cuerpo, para que no se secara coagulada, al modo como el sol que permanece en lo alto por sus propias fuerzas luce y arde desde lejos con su esplendor. Él mismo penetró en las maravillas del cosmos como Dios lo constituyó al concebirlo, y él en persona fue arrebatado hasta el tercer cielo (2 Cor 12,2): esto es, hasta aquella claridad que irradia desde su esplendor —que es la santidad divina— y en la cual descansan las almas santas, y allí recibió de Dios una fortaleza tal que jamás pudo dudar en adelante.
Pero no llegó a donde la santidad divina arde, ni a donde los ángeles que son como el fulgor del sol, ni otros ángeles también que se muestran como esplendor del fuego, contemplan la inmutable divinidad que permanece sin principio ni fin, porque ella como águila no podía soportar el fuego de lo alto. Sí, él en persona llegó hasta el esplendor de los ángeles, que junto con los hombres cumplen sus ministerios en el paraíso, donde a través del alma conoció plenamente todos los arcanos que vio, y así los sintió en el cuerpo, para que en su ciencia conociera lo que es importante para el hombre, que es polvo, y por eso se hizo más sabio que todos los profetas, cuya profecía —que ellos veían en sombra— fue semejante a la miel de las abejas, que sirve para múltiples remedios1.
Así pues, todas las cosas que el alma vio, las sintió en el cuerpo, y de ahí que quedase con la duda de si lo había visto estando en el cuerpo o fuera de él, y por eso también todas sus palabras son agudas, profundas y cortantes como espada afilada. Pero pronto Dios, como el alma quedó de vuelta en su cuerpo, sometió a éste fuertemente, ya que tuvo hábitos de rebeldía, para que no aprendiera de su propia índole lo que no tendía hacia las alturas del Espíritu Santo.
1 Sobre el uso terapéutico de la miel, vid. la valiosa traducción de RAFAEL RENEDO sobre la Physica o Liber simplicis medicinae de Hidegarda, editada por AKRÓN. Son muchos los lugares donde la abadesa de Bingen la recomienda como elemento necesario en múltiples preparados médicos, aunque su uso aislado no sea aconsejable por principio: libro I capítulo 178 específico sobre Mel. Este liber i dedicados a Las plantas alude a ella para los usos más variados, en casi medio centenar de capítulos: bien para la confección de mezclas (cap. 6, 12, 14-15, 25, 33, 49, 54, 64, 68, 89, 101, 115, 120, 140, 152-153, 160-161, 169, 205, 210, 212, 230) o para hacer combinación de ingestas (cap. 13, 30, 45, 62, 65, 91, 100, 107, 109, 111, 114, 117, 127, 132, 195) o como hidromiel pura (cap. 95, 155) o ésta en mezclas (cap. 37, 40, 45, 60, 174) . Pero la miel vuelve a aparecer en el liber iii dedicado a Los árboles en once lugares más (cap. 2, 5, 7, 12, 15, 19, 21, 23, 43, 52-53), en el liber v sobre Los peces en tres ocasiones (cap. 1, 11, 63) y en Liber VII sobre Animales en otras dos más (cap. 1, 22).