<23> CUESTIÓN.
Como el Señor dice de Sí mismo en el Evangelio: Yo procedo y vengo del Padre (Jn 8,42) y dice del Espíritu Santo: El Espíritu que procede del Padre (Jn 15,26), ¿qué diferencia existe entre la procesión del Hijo y la del Espíritu Santo para que Aquél sea llamado Hijo y esto no deba decirse ni pueda decirse correctamente del Espíritu Santo? ¿Cuál es la distinción entre la generación del Hijo y la procesión del Espíritu Santo siendo así que ésta se hace por las otras dos Personas?
SOLUCIÓN.
Mi Padre es el poder. Y Yo procedí de Él, como su Palabra pronunciada, cuando creó todas las criaturas por Mí. Y el Espíritu Santo procedió de Él mismo: es decir, de mi Padre, cuando Yo descendía al vientre de la Virgen, cuya carne no está dañada por el engaño de la serpiente, y me revestí de la humanidad de ella concebida por ese mismo Espíritu Santo. Este Espíritu Santo que enciende, en efecto, y que desde la eternidad existe como vida ardiente, como elevación suprema en igualdad de vida, y por Quien existen todas las formas que por el Hijo han sido conformadas, se mueve invisiblemente. Procedió del Padre hacia la Virgen, que es criatura: con su fuego elevó su vientre de tal modo que ella misma concibiendo por Él generó sin padre carnal al Verbo de Dios, por quien todas las criaturas fueron hechas.
Y así como la forma del hombre se ve, en efecto, y su alma no puede ser vista por los ojos carnales y, sin embargo, existe un solo hombre en dos naturalezas, de igual modo el Hijo de Dios, que se hizo hombre concebido por el Espíritu Santo en el vientre de la Virgen, en su humanidad era visto por toda criatura y en su deidad era invisible. Y es así también como el Dios único existió en dos naturalezas: es decir, la de humanidad y la de su deidad.