(441) Fiebre aguda. El hombre que come poco y bebe mucho, cuando sufre fiebre aguda debe beber agua, no sea que si bebe vino le suba cada vez más la temperatura y tenga aún más fiebre. Tome entonces agua, fría (o caliente pero después de enfriada), y se suavizará la dolencia porque le irá bajando la temperatura y así acabará con el ardiente calor interno, porque si el agua estuviera caliente acrecentaría el ardor de la fiebre aguda.

(442) Más sobre fiebre aguda1. Después que la fiebre aguda haya invadido al hombre se debe seguir este tratamiento para encontrarse mejor y para que sienta un dolor más liviano hasta que rompa a sudar. Así que recoja un poco de madera seca de arce y el doble de sauce seco (no verde) y ráspelos para echarlos en agua fría como si los tallara; recoja también la misma cantidad de agrimonia que de sauce, y póngala en la misma agua y bébala de este modo preparada y el dolor se aliviará.
Pues el arce y el sauce deben estar secos, no sea que la savia fresca de su madera, más que aportar remedio, le dañe aún más; además, la suavidad de la savia del arce compensa el amargor de la savia del sauce. Así el frío de estas maderas combate de esta forma el desmedido calor; y el suave calor de la agrimonia retiene el propio de la fiebre aguda para que no aumente, todo esto en agua fría (ni caliente ni en vino) para que el calor de la fiebre aguda no termine en delirio a causa del agua caliente o del vino.
Este tratamiento debe llevarse a cabo desde la primera hora o desde el primer día en que empieza a subir la fiebre hasta que se rompa a sudar. Y si este remedio se hubiera de prolongar todo el tiempo que la fiebre persista con toda su fuerza hasta el final (a saber el quinto o sexto día), para entonces, o bien romperá ya a sudar y se curará, o bien perderá la vida enseguida. En este punto dicha poción ya no servirá de mucho para sanar, pues el enfermo o recuperará muy pronto la salud o le asaltará la muerte.

(1) Cf. PL 1237 D - 1238 D.

(443) Fiebre cotidiana1 Quien padece fiebre cotidiana, que tome orégano, alcanfor, y de tormentilla2, más que de los otros dos. Pulverícelos y cuando suba la fiebre meta el polvo en vino y bébalo tal cual, échese en la cama y duerma.
Pues el calor del orégano y del alcanfor, compensado con el frío de la tormentilla (cuando está subiendo la fiebre hasta que en seguida se calme), tomados con vino caliente mitigan dicha fiebre.

(1) Cf. PL 1175 A.
(2) Potentilla tormentilla

(444) Terciana El hombre atormentado por fiebre del segundo día <terciana> recoja milenrama y el doble de polipodio y cuézalo en vino suave y bueno y cuélelo así por un paño y beba este vino al subirle la fiebre. Deje reposar las hierbas en este vino durante tres días hasta que se temple mejor con ellas y bébalo así durante tres días y si fuera necesario renueve las hierbas una vez más con otras nuevas.
Pues el calor de la milenrama y del polipodio, combinados con el calor distinto del vino y  tomados <como> se describió a modo de poción, mitigan esta fiebre.

(445) Más sobre terciana Quien padece fiebres tercianas, tome hierba de Santa María <y> de tusílago1 la misma cantidad que de hierba de Santa María, y el triple de rábano que de los dos anteriores, y caliéntelo en vino y cuélelo por un paño; añada clavo y el doble de galanga, y de jengibre la tercera parte de los dos anteriores, y pulverícelos y haga con todo ello y el vino que coló por un paño una bebida sin posos. Y empléelo al subir la fiebre y durante los nueve días siguientes, para que el efecto coadyuvante sea completo.
Pues el calor de la hierba de Santa María y el frío del tusílago, con el calor del rábano, el clavo, la galanga y el calor benigno del jengibre todos combinados en justa proporción y consumidos como bebida repelen dicha fiebre.

(1) En el original, hun: Pesatites o Tusílago: huftdathdecha; (Tussilago Petasites) Cf. PL 1203 C.

(446) Cuartana1 Si alguien padece fiebre cuartana, recoja la misma cantidad de rubia2 y de hojas de zarzal y el triple de de euforbia3 que estos dos y cuézalo en vino. Después vierta vino claro del mejor en una sartén amplia y meta en él acero al rojo, y por segunda vez vuelva a meter el mismo vino en la misma sartén y vuelva a ponerle el mismo acero incandescente, y hágalo así diez veces con el mismo vino y el mismo acero. Después tome el vino que coció con las hierbas antes mencionadas, y viértalo en este vino calentado en el que introdujo el acero. Póngalo a hervir todo junto una sola vez y bébalo tal cual cuando suba la fiebre y así hasta que sane.
En efecto el frío de la rubia y el calor de las hojas de zarza y el calor de la euforbia, cuando se combinan todos juntos con el calor del vino y a su vez se fortalecen con el vigor y el calor distinto del acero, entonces, como explicamos, aplacan esta fiebre.

(1) Cf. 1192 B - C.
(2) Rubia tinctorum
(3) En el original, brachwurz

(447) Contra los gusanos El hombre al que el gusano devora algún lugar de su cuerpo que recoja greda o arcilla y el doble de creta y haga con ello, junto con vino un poco avinagrado, una especie de capa fina de cemento e introdúzcalo con una pluma en el lugar donde siente que está el gusano. Haga esto durante cuatro días una vez al día. A continuación tome aloe y una tercera parte de mirra y tritúrelo todo junto y prepare con ellos y con cera recién extraída un emplasto y ponga por encima un paño de cáñamo, y téngalo así atado sobre el lugar aquejado durante doce días. En efecto la greda es caliente y la creta fría y de este modo el calor de la greda adecuado con el frío de la creta y con el calor y la acidez del vino mata los gusanos; en cambio el calor del áloe intensificado con el calor de la mirra arranca las putrefacciones de estas heridas y cura la zona.

(448) [Acero.1 Para hacer resistente el acero, imprégnalo en sangre de león o de macho cabrío. Dado que el diamante se tiñe de sangre de macho cabrío, para que el acero pueda rayarlo, entonces el acero debe impregnar lo primero de todo la sangre de macho cabrío y de este modo recibe toda su fuerza y raya el diamante].

(1) En el original, van unidos este epígrafe y el siguiente: está claro que el primero, <448> que Kaiser pone entre corchetes, está fuera de lugar y no pertenece en absoluto al dictado de Santa Hildegarda.

(449) <Bueyes> Cuando veas que los bueyes se ponen enfermos por sangre en mal estado o por exceso de trabajo, recoge conchas de las que hay en la playa y redúcelas a polvo y pon este polvo en agua con aquella hierba a la que llaman betónica de modo que haya más cantidad de este polvo que de betónica y dáselo a beber. Entretanto también les darás de comer heno seco. Pero cuando derrama el flujo de sus narices hasta hacer que resuenen sus gargantas como si estuvieran tosiendo, entonces coge mirra e incienso (más mirra que incienso) y ponlo sobre carbones al rojo y hazles inhalar por sus narices el humo que levanta. Por otra parte, en la época de brisas suaves y húmedas con las que empiezan a enfermar fácilmente, recoge eneldo y raíz de gladiolos (más eneldo que raíz de gladiolos) y pónselo en el forraje para que coman y se mantendrán sanos y no enfermarán.

(450) Ovejas Si las ovejas empiezan a enfermar recoge hinojo y eneldo (más hinojo que eneldo) y ponlos en agua para que le den sabor, dáselo a beber y mejorarán.

(451) Caballo1 Si la nariz del caballo derrama un flujo y a continuación tose, cuece en agua ortiga y levístico (más que ortiga) y, después que le hayas echado el bocado, deja que el humo así de caliente pase por sus ollares y toda su boca. Y si lo que le duele al caballo es el vientre, mezcla a menudo con su forraje otra vez ortiga y más levístico que ortiga, para que lo coma así todo junto y se curará.

(1) Cf. PL 1169 B.

(452) Asno. Si el burro tiene dolor de la cabeza y tose, consigue cenizas de madera de haya1 de esas con las que se hace lejía y cuando tales cenizas ya estén calientes deja que su humo se meta en los ollares y el hocico de ese asno y se curará. Y si lo que le duele al asno es el vientre, mezcla el forraje cortando2 tusílago con salvadocalentado en agua. Hazlo así a menudo y se curará.

(1) En el original dice aserum, cf. aserum, en  inglés ash, y en alemán. Asche.
(2) En el texto explica la voz latina incidendo con el gerundio germánico scarbende.

(453) Cerdo. Cuando al cerdo le aqueje cualquier enfermedad, coge conchas de caracol1 y un poco más de eneldo que de tales conchas, redúcelo todo a polvo y pónselo en su forraje para que coma; también cuece ortiga en agua y así cocida mézclale su forraje con esta agua para que lo devore. Hazlo así a menudo y se curará.

(1) Original: sneckenhus. A pesar del testudo del texto, sneckenhus confirma que se trata de caracoles y no de tortugas, (cf. alemán actual schneck > caracol, schneckenhaus > concha de caracol).

(454) Cabra Si la cabra se pone enferma de cualquier manera, dale de comer a menudo buena cantidad de hojas de roble. Házlo con frecuencia y se curará.

(455) [Más sobre caballo y buey1  Si quisieras sangrar un caballo, un asno o una res cortándole una vena, si el animal es fuerte y corpulento le extraerás tanta sangre como agua quepa en un vaso; pero si el caballo, asno o res fueran flacos y débiles sácale solo medio vaso; o sea que depende de lo gordo que esté y lo delicado de sus fuerzas. Tras la extracción le darás de comer forraje blando y heno seco y tierno. Entonces que descanse tras la sangría dos semanas, o una o por lo menos cuatro días, hasta que recupere sus fuerzas ya que siempre están de faena. Y una vez pasados tres meses, al cuarto mes, extráele sangre al animal en vena, y no antes salvo que se deba a una gran urgencia por enfermedad, pues en los animales no abundan tanto los malos humores como en los hombres.

(1) De aquí al fin del capítulo, Kaiser lo considera espurio.

(456) Oveja  A la oveja extráele la sangre a menudo en vena, eso sí, en poca cantidad... <aquí falta texto en el manuscrito> ... recoge una sola raíz de geranio con sus hojas, dos raíces de malvas también con sus hojas, y siete raíces de llantén con sus hojas, y a todas estas hierbas con sus raíces, a mediados del mes de abril <aquí también falta texto en el original>.

(457) Dolor de lengua.1 Si a uno le duele la lengua, de modo que se le hincha o le salen llagas, hiérase con una lanceta o con una espina de zarza en una sola de las llagas para que rompa y brote en ese punto el livor, y mejorará.

(1) Cf. PL 1193 C.

(458) Pecho.1  Si alguien tose del pecho, y es allí donde le nace el dolor, recoja salvia y la misma cantidad de levístico, y doble de hinojo que de los anteriores juntos, y póngalo todo mucho tiempo en vino bueno hasta que el vino tome su sabor; entonces, una vez quitadas tales hierbas, caliente el propio vino y bébalo así, caliente, tras las comidas hasta curarse.

(1) Cf. PL 1186 B.

(459) Olvidos. De vez en cuando los humores malignos provocan en algunos hombres  un vapor que sube hasta sus cerebros y les ataca allí, y por su culpa se vuelven desmemoriados y despistados, es decir, olvidadizos. Recoge ortiga1 y tritúrala hasta sacarle el jugo y luego añade un poco de aceite de oliva y cuando vayas a dormir úntate el pecho y las sienes. Hazlo a menudo y te disminuirán los olvidos.]

(1) Cf. PL 1169 A - C.

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