V
< SEÑAS DE VIDA Y DE MUERTE. TIPOLOGÍA HUMANA >


(460) Señas de vida. Cuando un hombre tiene un cuerpo sano, si tiene los ojos limpios y claros, cualquiera que sea su color, presenta signos de vida. Así, si sus ojos son claros como la nube blanca por la que a veces aparece otra nube como cristalina, vivirá y no morirá pronto.
(461) Ojos.  Pues el aspecto del alma está fuertemente en los ojos del hombre cuando son limpios y claros, ya que el alma se asienta en su cuerpo con vigor porque anda afanosa en multitud de quehaceres. Pues los ojos del hombre son las ventanas del alma.

(462) Ojos turbulentos, señal de muerte.  Mientras que quien tiene ojos turbios, aunque esté sano, sus ojos no están claros con independencia del color que sean, muestra señal de muerte. Es más, si sus ojos son turbios del mismo modo que la nube que en su parte superior es tan espesa que bajo ella no permite apreciar otra nube de esas cristalinas, enfermará pronto y a continuación le sobrevendrá la muerte.
Pues en los ojos de este hombre el aspecto del alma ya no es potente porque no puede empeñarse con mucho afán y se sienta como abrumada; como el hombre que se mueve entre conjeturas y dudas, cuando abandona su lugar de residencia o ha de alejarse de su casa.

(463) Señal de vida.  También es hombre saludable aquel cuyo color de mejillas es rojo o rojizo bajo la piel, de tal forma que tal color se puede percibir bajo la piel, como en la manzana que está luminosa y pura. Tiene señal de vida cuando se puede ver el color rojizo en sus mejillas bajo la piel, como sucede en una nube blanca por la que aparece a veces una nube cristalina. Este vivirá y no morirá enseguida. Pues el color rojizo que aparece bajo la piel en las mejillas del hombre, como acabo de explicar, es soplo del aliento ígneo de la vida, es decir del alma, pues el alma es de naturaleza de fuego. Y por eso se trasluce en las mejillas, cuando el alma se asienta firme en tal cuerpo y no tiene intención de salir en breve.

(464) Señal de muerte En cambio, cuando el hombre está sano, si el color de sus mejillas es rojo o moderadamente rojo, pero está por encima de la piel, de modo que ya no se puede apreciar en las mejillas capa de piel alguna debajo de esa rojez, presenta señales de muerte cuando el color rojo en las mejillas está tan intensamente impreso por encima de la piel que no es posible ver el cutis bajo ésta. Como en una manzana roja bajo cuyo color rojo no se ve ninguna piel, sino tan solo alguna mancha roja superficial. No tardará en enfermar y le sobrevendrá la muerte.
Pues el color rojo de las mejillas que se extiende sobre la piel es un soplo ígneo de vida del alma, porque el alma de ese hombre deja ver toda su fuerza fuera del cuerpo y se muestra débil y errabunda por el cuerpo, como el hombre que en alguna ocasión se dirige a la puerta de su hogar cuando tiene que salir.

(465) Otra señal de muerte  También la voz que siempre fue serena en un hombre mientras aún está sano o enfermo, si entonces cambia a un tono algo ronco, de modo que se queda habitualmente ronca aun sin enfermedad alguna, eso quiere decir muerte, porque es como si una trompeta bien sonora que ha emitido siempre un sonido claro, se vicia de algún modo y suena ronca.
Pues cuando la voz de un hombre fue constantemente clara, esto lo hizo el afán de saber, por lo que el alma debió quedarse durante mucho tiempo en su sitio por lo que este hombre también es sabio. Pero si la voz se vuelve permanentemente ronca sin enfermedad alguna, entonces es que el alma se dispone a emprender el viaje por el que abandonará su cuerpo.
Y también, si la voz que siempre ha sido ronca en un hombre, como tenebrosa, habitualmente y sin enfermedad alguna, cambia a una voz clara de forma que ya se le queda como normal también sin enfermedad alguna, es señal de muerte, como una trompeta que ya no sirve y que siempre fue de sonido ronco y se la fuerza de algún modo para que suene clara, y así obligada emite durante un tiempo un sonido claro, que al poco tiempo decae y calla.
Pues donde la voz del hombre es ronca sin que esté enfermo, el alma opera a escondidas en aquel cuerpo más que claramente y fuera del cuerpo; por lo que tal hombre es astuto. Pero si sin que sea efecto de enfermedad, tal voz muta a una voz clara ya sin cambios, entonces el alma demuestra que está próxima a salir, cuando antes se aplicaba silenciosa en su interior.
Pero también, cuando un hombre enferma y guarda cama, cualquiera que sea la enfermedad que lo retiene, si se le hinchan los carrillos (como le pasa a la carne de quien duerme cuando se despierta), por mucho que sus ojos sean claros como una piscina y algo acuosos, no tendrá ni que esperar a la convalecencia, pues morirá.
Pues si la carne de la cara se hincha se debe a diversos humores enfermos que se muestran en su rostro; el que también sus ojos sean cristalinos, como se explicó, se debe a que el alma muestra su naturaleza ígnea en los propios ojos; y el que sean un tanto acuosos se debe a que el fuego del alma busca salida a sus llamas, ya que está dispuesta a salir en breve del propio cuerpo.
Por el contrario quien tiene la cara a veces hinchada, como el hombre cuando duerme, y sus ojos son cristalinos pero no son acuosos, está en gran angustia y grave peligro y a duras penas eludirá la muerte; pues los humores dañinos inflan su cara , en cambio sus ojos cristalinos demuestran que está en su interior el fuego del alma, pero si no son acuosos, en ese caso el alma no busca una salida para sus llamas sino que las retira guardándolas para la vida.

(466) Señal de vida Y si sus ojos son luminosos pero algo turbios y muy acuosos, en seguida se pondrá bien y vivirá.
Pues el enfermo cuyos ojos no estén brillantes del todo se debe a que en ellos el alma no emitió su fuego al exterior; que sean turbios se debe al exceso de sangre, que así hace ostensible la vida. Y que sean muy acuosos se debe a que la propia sobreabundancia de la sangre se purga destilando y arroja fuera de sí la podre en pro de la vida.

(467)  Señal de muerte.  También el hombre que siempre fue sabio y prudente, aunque tenga el cuerpo sano, si pierde la razón por una enfermedad como cualquiera que normalmente tuvo su mente atormentada y vivió en semejante delirio, morirá y no vivirá. Pues si normalmente era sabio y prudente, era cosa del alma provista de las alas de su raciocinio. Quien delira permanentemente mientras está enfermo, es que el alma se quita las alas de la razón y se dispone a salir.

(468) Señal de vida.  Quien siempre fue sabio y prudente gracias a las alas de la razón del alma, si cuando cae enfermo en la cama delira, el alma escapa de su raciocinio como si lo hiciera de la vida. Si entonces en plena enfermedad regresa de repente y con firmeza a la anterior cordura y se mantiene en ella, las alas del buen juicio del alma que antes dejaba ver, de nuevo ahora se muestran en defensa de la vida, y así eludirá la muerte aunque con esfuerzo.

(469) Más señales de muerte.  Pero quien siempre fue ignorante e imprudente, aunque tenía salud, su alma no mostraba del todo en él las alas de la razón; pero si durante una enfermedad tumbado y enfermo en su lecho, se ve que dialoga y razona y permanece en ese estado de discernimiento, morirá y no vivirá; ya que es el alma la que al salir manifiesta lucidez y el camino que habrá de tomar en la otra vida.
Pero quien, aunque estuviera sano, siempre ha sido ignorante e imprudente porque el alma no despliega del todo las alas de la razón, y al caer enfermo se muestra razonablemente comprensible: el alma se prepara para entender y para el camino de la otra vida. Y si a continuación durante la misma enfermedad regresa de repente al estado de insensatez previa, eludirá la muerte pero con dificultad. Si permanece en ese estado, evitará la muerte con dificultad ya que el alma se recoge de nuevo a la situación y estado que acostumbraba a tener en su cuerpo, porque aún no saldrá de él.

(470) Pulso y señales de vida  Cualquiera que sea la enfermedad por la que un hombre guarda cama, si la vena del brazo derecho tiene el pulso normal y acompasado, igual que el hombre que inspira y expira con normalidad y acompasado, vivirá y no morirá. Pues aunque el hombre tenga una enfermedad grave por culpa de altas fiebres de sus humores, el alma mantiene con normalidad su ritmo de respiración ya que no tiene intención de salir del cuerpo, y por eso el pulso de la vena es ordenado y acompasado, porque el alma no incita al tránsito a la vena.

(471) Más señales de muerte. Pero si la vena del brazo derecho de un enfermo se acelera y, como preparándose para el desenlace, se sofoca y no frena su latido, ese enfermo se muere, pues el alma se ve obligada a buscar una salida. Y también la vena se deja llevar por ella y el alma se disuelve en ella, por eso su pulso se apresura hacia la muerte.

(472) Más señales de vida.  Pero si esta vena en su aceleración lograra recuperar uno o dos latidos con normalidad, aunque de nuevo volviera a acelerarse a la velocidad de antes, el alma muestra que en esa aceleración está pasando angustia para salir y por eso mueve la vena aceleradamente. Pero deja ver un solo latido o dos con moderación porque se acuerda de la vida y se retuerce hacia la vida presente. En este caso el hombre no muere, vivirá.
Se ha de tener en cuenta principalmente el pulso de la vena del brazo derecho, ya que es posible percibir las señales de tendencia a la vida o a la muerte en el brazo derecho, pues la mayor fuerza está en la derecha que siempre es la que se encarga de todo. En cambio con la izquierda somos casi torpes y con ella no se hace nada. También en el punto de articulación del brazo y de la pierna derechos (es decir detrás de la rodilla) puedes descubrir el pulso de la vena con mayor certeza porque ahí está la fortaleza del alma.
Pues el alma tiene claramente bajo su dominio todas las articulaciones, y cuando se dispone a abandonar el cuerpo, las afloja y por eso el pulso de tales venas deja ver en ellas las tormentas de la muerte; pero si no es la intención del alma salir, por mucho que le duela al hombre el cuerpo, el pulso de las venas de tales articulaciones será tranquilo y acompasado, porque el alma no se prepara para el viaje.

(473) Significado de la orina.  Cualquier cosa que el hombre beba (ya sea vino, cerveza, hidromiel o agua) toda orina muestra su cualidad sana o enferma, dependiendo de la bebida de la que proceda. Y no hay una orina mejor que otra, pues todas las orinas son de heces, a pesar de que una bebida sea más valiosa que otra.
(474) Disuria1  El hombre que no puede retener la orina, tiene fríos el estómago y la vejiga, y por eso la bebida no ha podido cocerse perfectamente en su interior, y antes de calentarse discurre como agua tibia; igual que si pones agua al fuego y empieza a calentarse y se desborda por arriba antes de hervir. O como sucede a los bebés, que no pueden retener la orina porque ni su estómago ni su vejiga han alcanzado el calor perfecto, sino frialdad.

(1) El epígrafe original induce a error. La disuria es la expulsión incompleta, dolorosa y difícil de la orina (DRAE), y como se ve, este párrafo trata de todo lo contrario.

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