(432) Arador de la sarna1. Si a algún hombre le dañan los piojos el interior del cuerpo de modo que no los puede hacer salir de él, ha de tomar bilis de anguila y añadir un tercio de vinagre muy fuerte, y tanta miel como de estos dos juntos, y cocinarlo en una sartén. Después añada jengibre y el doble de pimienta larga, y el mismo peso de albahaca2 y redúzcalo a polvo, y ponga por encima marfil, un tercio de albahaca, y también el pico de un buitre (la mitad que de marfil) y rállelo hasta conseguir dicho polvo a base de rasparlos. Enseguida ponga este polvo en el vinagre de antes y de nuevo ponga a hervir todo junto. Hecho todo esto, métalo en un saquito hasta que lo traspase como un jarabe y recójalo en una vasija nueva de barro.
Después, aquel a quien le dañan internamente los piojos sin poder expulsarlos, tiene que tomar esta poción cada día en ayunas y de noche cuando se vaya a la cama. Los piojos irán debilitándose y morirán, y así se regenerará la grasa que hay en él.
En efecto el calor y el amargor de la bilis de anguila debilita a los piojos, y el calor y lo agrio del vinagre los reblandece. El calor y la sequedad del marfil los deseca, y el pico del buitre, que es frío y se emponzoña con todo tipo de cadáveres y se mezcla con el sudor del cerebro de dicho buitre, los mata. Todo esto se templa con el calor de la miel y el calor intenso de la pimienta larga cuyo calor es más intenso que el de cualquier otra pimienta unido al frío de la albahaca y se activa por los distintos calores. Póngalo en una vasija de barro para que no se pudra al reblandecerse... <aquí el original está incompleto> ... tomarán en ayunas o con las comidas, aniquilan los piojos, pues el hombre cuando toma en ayunas este brebaje acaba antes con ellos, y cuando lo toma en las comidas, se mitigan los humores de los alimentos de los que surgen los piojos.

(1) Aquí, como en otro epígrafe anterior que también lleva el nombre de pediculus, se trata más del arador de la sarna que de piojos. Cf. PL 1283 D - 1284 A.
(2) Ocimum basilicum

(433) [Contra  lombrices. Recoge jugo de ortiga y el mismo peso de verbasco1, y jugo de hojas de nogal, la misma cantidad que los otros dos juntos, y si no se tuvieran hojas de nogal, extraiga de la corteza del mismo árbol, es decir del nogal, la misma cantidad de savia y añade un poco de vinagre, y una buena cantidad de miel y ponlo a hervir en una olla nueva y retira la espuma superior. Después de que haya hervido retírala del fuego. Y quien padece de gusanos en el vientre, tome un poco como bebida en ayunas durante quince días, y después de la comida beba bastante.]

(1) En el original: wullene.

(434) Cálculos1 El que tenga un cálculo en su interior, que tome bilis de ternero recién extraída y el doble de su sangre y déjelas secar y añada también saxífraga y pulverícela,  y del polvo obtenido separe sólo la misma cantidad que de bilis. Átelo todo junto en un pañito muy fino y métalo de éste modo en vino fuerte y puro y bébalo así con frecuencia en ayunas, y lo mismo después de comer, pero no junto con la comida pues se anularía con el propio alimento.
En efecto el amargor de su bilis con el calor de la mencionada sangre y del vino y con el frío de la saxífraga, todo en perfecta combinación, disuelve el coágulo del cálculo.

(1) Cf. PL 1323 C.

(435) Lepra1 Quien se vuelve leproso por culpa de la gula y la ebriedad, recoja estiércol de golondrina y el cuádruple de la hierba que llaman bardana que tiene flores rojizas, y pulverícelo todo; recoja también grasa de cigüeña y un poco más de grasa de buitre y fríala en una sartén y una vez hecho esto, mezcle con esta grasa el mencionado polvo y un poco de azufre, con todo ello componga un ungüento y hágase untar durante un baño de vapor y luego échese en la cama. Y hágalo así cinco días o más.
El calor del estiércol de golondrina y el frío de la bardana al templarse con el calor de la grasa de cigüeña y con el frío de la grasa de buitre y el calor del azufre, quita las porquerías de la lepra ya que el estiércol de la golondrina las disuelve, mientras que el polvo del filiantropos las corroe, y la grasa de cigüeña y de buitre con el amargor del azufre las arranca. Y se curará a menos que Dios no quiera que se sane. 

(1) Cf. PL 1308 A.

(436) Más sobre lepra1 El hombre que contrae lepra por culpa de la ira, acuda al lugar donde se haya derramado por tierra un poco de sangre de caballo, cuando a éste le hayan hecho una sangría en sus venas, o donde sacrifican animales limpios, y recoja la sangre así como tierra manchada con esta sangre. A continuación hágala hervir en un caldero de agua junto con la tierra en la que se ha derramado. De este modo prepárese un baño, pero no con tanta agua que se lleve las propiedades de esa sangre; que llegue justo hasta su garganta y permanezca así sentado en la bañera. Y también ponga un poco de la misma sangre y tierra en un saquito para ponerlo sobre la cara si también le duele allí. Al salir del baño recuéstese en la cama y ponga el mismo saquito con dicha sangre y tierra sobre su corazón, para que no se debilite y para expulsar de su propio corazón la sangre nociva. Hágalo así cuatro, cinco o más veces.
Pues el calor de esta sangre, templado con la tierra manchada por ella, combate la lepra como un enemigo vence a otro enemigo. Todo esto le parecerá al hombre difícil de conseguir ya que la naturaleza del hombre es contraria a la de los animales y el hombre aborrece la sangre de éstos, pero aún así sanará, a menos que Dios no quiera que sane.

(1) Cf. 1319 C.

(437) Lepra por incontinencia1  Si un hombre se vuelve leproso por líbidinoso o por incontinente tome agrimonia y la tercera parte de hisopo y de ásaro el doble de ambos, cuézalas en un caldero y prepare con ellas un baño mezclándolo con toda la sangre de menstruación que pueda conseguir y métase así en la bañera. También recoja toda la grasa de ganso que quiera y el doble de grasa de gallina y un poco de su estiércol para hacer con ello una loción. Al salir de dicho baño úntese con dicho ungüento y recuéstese sobre la cama. Hágalo frecuentemente hasta que sane.
Pues el calor de la agrimonia y del ásaro y la cálida sangre menstrual, en equilibrio con el frío del hisopo, quitan la putrefacción de la lepra; pues la agrimonia, el hisopo y el ásaro la obligan a salir por exudación mientras que la sangre menstrual la oprime y machaca como un enemigo a su enemigo, ya que aquella sale de diversos humores de mujeres. En cambio la grasa de ganso y de gallina le unge y le sana suavemente, mientras que el estiércol de gallina arranca las inmundicias que quedan residuales, y así sanará o será que Dios no lo permite.

(1) Cf. PL 1176 D - 1177 A.

(438) Gota1  Los hombres que tienen carne blanda y por beber en exceso padecen gota2, es decir gich, en algún miembro, que tomen perejil y el cuádruple de ruda y lo frían en una sartén con aceite de oliva, y si no tuviera este aceite con sebo de macho cabrío y así calientes estas hierbas, pónganlas atadas con un paño por encima del lugar donde les duele.
Pues el frío jugo del perejil detiene la inundación de humores de la gota, en tanto que el calor de jugo agrio de la ruda constriñe tales humores para que no crezcan sin medida, mientras que el aceite y el sebo de macho cabrío los atraviesan y disuelven y cuando se componen en justo equilibrio obran tal como se ha descrito.

(1) Cf. PL 1159 B.
(2) Original: "id est gich". Gicht es la palabra alemana para enfermedad conocida como gota (gutta) que Santa Hildegarda emplea con el significado más general de dolor e impotencia funcional debida a enfermedades de tipo reumático

(439) Escrófulas Si uno tuviera escrófulas en su cuerpo, antes de que rompan recoja una lechuga silvestre1 , mejor de las grandes, las que por fuera son blancas y por dentro verdes, desgájela junto a la base del tallo según la extensión de la escrófula y deseche lo demás, y en lo que quedó unte rayas de miel y póngaselo así en la escrófula durante tres días con sus noches. Cuando se haya secado del todo aplique de nuevo por encima otro preparado igual y la escrófula empezará a remitir. Al cuarto día tome harina de trigo <espelta> y amásela con <miel> nueva a lo largo de dichas escrófulas, y ponga por encima de éstas en primer lugar aguileña2 encima de la masa, y así durante nueve días. Y cuando la masa se haya secado por completo, vuelve a preparar otra con más miel hasta que desaparezca.

(1) Huflathcha. Kaiser, el primer transcriptor y  editor de este manuscrito, establece la correspondencia de este párrafo con otros dos de la Physica, PL 1165 C, sobre la Lechuga silvestre (Lactuca virosa) de contenido idéntico,  y PL 1206 A y B sobre la  Pesatites o Tusílago: Hufflatta major [Tussilago Petasites), bastante similar y que además se asemeja en el nombre. Probablemente ambos sean válidos.
(2) Aquilegia (en el texto acoleia): Aquilegia vulgaris.

(440) Achaques1 Si le empiezan a fallar los miembros en alguna parte de su cuerpo, tome díctamo blanco, saque lo que tiene en el medio (como el corazón) y tírelo, y el resto póngalo a hervir fuertemente en agua y mientras va cociendo añada el doble de siempreviva2, y el doble de ortiga picante que de siempreviva. Mézclelo todo junto mientras el agua va cociendo. Después de cocidas, exprima un poco el agua y póngalas así calientes sobre las articulaciones y las venas de ese miembro que empiece a claudicar. Y cuando empiecen a enfriarse vuélvalas a calentar y a poner encima y hágalo con frecuencia.
Pues se retira lo que hay en el centro del díctamo blanco, que es árido, y el calor del resto del díctamo en equilibrio con el efecto calmantede la siempreviva aleja los humores nocivos que provocan debilidad en ese miembro del hombre. El calor abrasador de la ortiga corroe dichos humores para que disminuyan cuando se temple con la suavidad del agua calentada, como se dijo. Y así se curará a menos que Dios no quiera.

(1) El original “De claudicatione” sería “La cojera”, pero el párrafo se refiere también a otras extremidades. Cf. PL 1177 B.
(2) En el original husmuses, Sempervivum tectorum.

siguiente>>