(396) Más sobre hemorragia nasal1 A quien le sangre mucho la nariz, que recoja eneldo y el doble de milenrama y ponga estas hierbas verdes alrededor de la frente, las sienes y el pecho, pues el frío y la sequedad del eneldo anulan el ardor de la sangre para que no brote por demás. Estas hierbecitas han de ser verdes, que es cuando sus propiedades tienen pleno vigor. Y póngalas alrededor de las sienes, la frente y el pecho, pues allí reside la fuerza de las venas que llevan la sangre.
Pero si es invierno pulveriza las hierbas, riega dicho polvo con un poco de vino, mételo en un saquito y póntelo en la frente, sienes y pecho como ha quedado dicho, ya que el calor del vino proporciona fuerzas a dicho polvo para cortar la sangre.

(1) Cf. PL 1158 C.

(397) Coriza1 Si el flujo de la nariz de un hombre no cesa y acaba en gran dolor, recoge hinojo y el cuádruple de eneldo y pónlo sobre una piedra que hace de teja del tejado o sobre un ladrillo delgado calentado al fuego y esparce bien repartido el eneldo y el hinojo para que eche humo, e inhala bien este humo y su olor por la nariz y la boca, y a continuación toma también con pan el propio hinojo y el eneldo así calentado sobre el ladrillo. Esto debes hacerlo durante tres, cuatro o cinco días, hasta que el flujo de la cabeza y de la nariz se disuelva suavemente, e igualmente también sin gran trastorno se separen los humores al fluir.
Pues el calor y la humedad del hinojo reúnen y contraen los humores dispersos y separados sin orden ni concierto, y el frío seco del eneldo los reseca al tomar temperatura sobre la piedra al fuego, dada su sana naturaleza, como quedó dicho.

(1) Catarro de la membrana pituitaria. Cf. PL 1137 A - B

(398) Toma de purgantes1 El hombre que quiera elaborar y tomar purgantes, que recoja jengibre y la mitad de regaliz y de cedoaria un tercio que de jengibre. Redúzcalo a polvo y cuélelo. Pese después todo ese polvo junto y recoja tanto azúcar como haya pesado el polvo. Una vez hecho, todo debe alcanzar el peso de treinta monedas. Recoja a continuación lo que entre en media cáscara de nuez de harina de espelta muy pura, y tanta lechede euforbia2 como quepa en la punta de la hendidura de una pluma, es decir, la cantidad de tinta que coge la pluma de un escriba al mojarla en el tintero. Y con tal polvo y la leche de euforbia y la flor de harina haga una tortita delgadísima y divídala en cuatro partes y séquela al sol de marzo o abril, ya que en estos meses los rayos del sol son más templados y por tanto proporcionan especialmente salud. Y si en estos meses no pudiera hacerse con la mencionada leche de euforbia, y tuviera que <posponerlo> a mayo, entonces seque dicho revuelto al sol de mayo y consérvelo hasta el momento oportuno.
El calor del jengibre y el frío de la cedoaria aglutinan los humores, y el calor y la humedad del azúcar los retiene y humedece, pero el calor y la fuerza de la harina de espelta los contiene para que no fluyan inapropiadamente y el frío de la leche deeuforbia saca los humores suave y eficazmente cuando están templados como se ha dicho. El jengibre, la cedoaria, el azúcar y la harina de espelta retienen en el hombre los buenos humores y la euforbiahace salir los malos. Porque si a alguien solo se le administrara euforbia sin el resto de hierbas mencionadas, ésta haría salir los humores benignos y malignos, ya que no estaría templada por las hierbas benéficas para retener los humores benignos. El purgante se ha de preparar en los citados meses, cuando el sol y la brisa tienen agradable temperatura.
Entonces, quien esté dispuesto a tomarlo, que tome la cuarta parte de dicha masa en ayunas. Y si el estómago suyo es tan fuerte y denso que no le afecta el contacto del purgante, que tome de nuevo la mitad de un tercio <un sexto> de dicho pastelillo y extienda leche de euforbia en la mitad de todo, y después de vuelto a calentar al sol, tómelo en ayunas. Antes que nadie lo tome ha de calentarse al fuego si está frío y consumirlo así, y después de que lo haya consumido, descanse despierto un poco en la cama y luego cuando se levante camine de aquí para allá un ratito para no quedarse frío.

(1) Dice "pociones"; pero el sentido es "purgantes".
(2) Alguna especie de Euforbia, probablemente del Tártago: Euforbia Lathyris, o de la Lechetrezna: Euforbia helioscopica

(399) Dieta. Después que eso salga, coma pan de trigo, pero no a secas, sino mojado en alguna bebida, y coma carne de pollo, de cerdo y otras carnes ricas. Evite por completo el pan integral y las carnes bovinas, peces y otros alimentos grasos y asados, salvo peras asadas, y absténgase de tomar queso, verduras crudas y fruta cruda. Beba vino aunque sea moderadamente y deseche el agua. Evite la luz del sol y del fuego y cumpla esto así durante tres días.

(400) <Nada encontré, nada escribí>. Toma hígado del animal marino que llaman ballena1 y cúbrelo con leña de tilo y una vez encendido el fuego junto a dicho hígado, pon por encima carbones al rojo, pero que el humo y su llama no toque el hígado, y así un buen rato hasta que se seque. Cuando ya esté seco lo puedes reducir a polvo. Y si en ese rato ves que la leña se ha consumido por el fuego antes de que se secara el hígado, vuelve a poner encima de él más leña del mismo tipo. Y después de que se haya secado redúcelo a polvo. Después toma nuez moscada y alholva y sécalas sobre guijarros calentados a fuego moderado, luego desmenúzalas. Entonces envuélvelo todo atado en un pañito con el polvo del hígado de dicho pescado y un poquito de musgo, de tal forma que dicho polvo hecho del hígado de ballena sea más del triple del polvo de la nuez moscada, y el polvo de alholva debe ser tanta cantidad como de dicho hígado. Llévalo siempre contigo y ese polvo mantendrá la salud de tu cuerpo.

(1) En el original, welra

(401) Incontinencia sexual1. El hombre que, conmovido por el placer y dejándose llevar por el deseo, alguna vez  llegara a eyacular espuma seminal pero su cuerpo retuviera algo y enfermara, que recoja ruda y algo menos de ajenjo, exprima el jugo de ambos y añada a este jugo azúcar y más cantidad de miel que de azúcar; añada también la misma cantidad de vino que de tales líquidos, y caliéntelo cinco veces con acero al rojo en una olla nueva o en una sartén y bébalo caliente después de comer un poco. Y si es invierno, <cuando> no se dan las anteriores hierbas, pulverice bayas de laurel y el doble de díctamo blanco2 y, tras comer un poco, bébalo en vino calentado con acero al rojo. Así el livor nocivo que queda en él sale fuera con la orina y tras la digestión. Estas sustancias no se pueden conseguir en verano.
El calor y el frío de la ruda con el del ajenjo repelen del hombre estos humores solidificados, y el calor del azúcar con el de la miel sanan a quien ha contraído tal enfermedad. Y cuando el calor del vino con el repetido calor del acero templa las mencionadas hierbas, y cuando han sido calentadas cinco veces para fortalecimiento suyo, las puede tomar después de comer algo para que no le sorprendan débil y entonces ya se encontrará mejor. Pero en invierno, cuando no se pueden conseguir los extractos de tales hierbas, el calor de las bayas de laurel y del díctamo blanco se asocian al constante calor del vino y cobran fuerzas con el persistente calor del acero y expulsan la mencionada enfermedad, como se ha explicado.

(1) Cf. PL 1155 C - 1156 A.
(2) Dictamus albus, tarraguilla, fresnedilla,  díctamo blanco

(402) Vista nublada. A quien se le nubla la vista por su libido desmedida, sea hombre o mujer, quite la piel de la vesícula biliar del pez al que llaman ballena, déjela secar al sol una vez derramada toda la bilis para que si quedara en ella algo de ese líquido desagradable se lo lleve el poder del calor del sol, pues la bilis es demasiado fuerte para los ojos y los dañaría. A continuación impregne la vesícula en el mejor y más puro vino, para que quede bien templada por su fuerza y suavidad y reblandecida, y cuando se meta en la cama a reposar por la noche, póngaselo sobre los ojos atada por encima con un paño, con cuidado de que la humedad de la membrana no toque el interior de los ojos, para que <no> los dañe con su fuerza. Se ha de quitar hacia media noche; no lo deje puesto más tiempo, no sea que su fuerza perfore los ojos y los hiera. La tercera, quinta y séptima noches haga igual, pero no la segunda, ni la cuarta, ni la sexta, no sea que se exceda y después sea perjudicial.
Asimismo, si alguien se resiente de vista nublada a causa de cualquier otra enfermedad, haga lo mismo tal como se ha explicado con dicha vesícula para recuperar la vista. Pues cuando la mencionada vesícula, como se dijo, queda lista, quitará la neblina de los ojos, a no ser que Dios no consienta que así sea.

(403) Contra lujuria1. Cuando un hombre quiera extinguir el placer y libido de la carne, recoja en verano eneldo y el doble de menta acuática2 y de pulmonaria un poco más que de menta acuática, recoja también el doble de raíz de lirio ilírico3 que de menta acuática, y tanta chalota4 como lirio ilírico. Métalo todo en vinagre y prepárelo como condimento y cómalo servido habitualmente en la comidas. Por contra en invierno redúzcalas a polvo y mastíquelas este compuesto con la comida, ya que por entonces no se pueden encontrar en flor tales hierbas.
Pues la sequedad y el frío del eneldo aplacan el calor del deseo, y el jugo frío de la menta acuática hace frente a aquella depravada efusión, y el frío y antiplacentero jugo de la pulmonaria eliminan este depravado placer, y la virtuosa frialdad del iris ilírico se impone a este placer, y el envenenado frío de la chalota mengua el venenoso y depravado vicio del placer.

(1) Cf. PL 1158 C - D.
(2) En el original, <em>bachmenza</em>,  Mentha aquatica.
(3) En el original Iris Ilyrica, Lirio de Ilírico, un lirio azul violado, usado por los antiguos ilirios por sus propiedades medicinales.
(4) En el original aschelot, chalota, Ascalonia o Cebolla de Ascalón (Allium ascalonicum).

(404) Contra fantasías. Quien se ve atormentado día y noche, despierto o durmiendo,  por una fantasmagoría diabólica, tome un cinturón de piel de alce y otro de piel de corzo y fíjelos bien uno con otro con cuatro diminutos clavos hechos de hierro, a saber: un clavo en el vientre, otro a la espalda y, los otros dos, uno a cada costado.
Y <cuando> clave el clavo que va a estar en el vientre diga: Te constituyo para mi protección con la insuperable fuerza de Dios omnipotente.
Cuando clave el de la espalda, diga: Te conjuro para mi protección con la fortísima fuerza de Dios.
Cuando clave el del costado derecho diga: Te designo para mi protección con la insuperable fuerza de Dios omnipotente.
Y cuando clave el del izquierdo diga: Te confirmo para mi protección con la insuperable fuerza de Dios omnipotente.
Y vaya todo el tiempo ceñido así con este cinturón, de día y de noche, y la visión diabólica aborrecerá de él y los sortilegios le dañarán menos. Con las mencionadas palabras de bendición queda protegido y circundado por todas partes del cuerpo.
Pues el acero es firmamento y ornamento de otras cosas y casi refuerza las fuerzas del hombre, sea cual sea la fuerza de éste. En el ciervo hay cierta fuerza, y el corzo es animal puro y por eso el espíritu diabólico los desprecia y aborrece.

(405) Pérdida de memoria1. El hombre que es olvidadizo contra su voluntad, que recoja ortiga, la machaque y extraiga su savia y luego añada un poco de aceite de oliva y cuando vaya a dormir, embadurne el pecho y las sienes con esto y así a menudo y le disminuirán los olvidos.
Pues el calor agudo de la ortiga y el del aceite de oliva estimulan las venas contraídas del pecho y de las sienes, que se adormilan a veces hasta con los sentidos despiertos.

(1) Cf. PL 1169 A.

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