(379) Rotura del peritoneo. Si por casualidad al hombre se le rasgara la membrana interior que envuelve los intestinos, tome hiedra1 y el doble de consuelda2, y cuézalas en vino bueno y después de haberlas cocido, retírelas del vino e introduzca en el propio vino un poco de polvo de cedoaria3 y la misma cantidad de azúcar que de hiedra, y bastante miel cocida y así, retiradas las mencionadas hierbas, haga hervir un poco este vino y luego cuélelo en un colador4 para que quede sólo la bebida, y después de comer y bébalo tal cual al anochecer, y repítalo así a menudo.
Pues cuando se concentran el frío de la hiedra, la consuelda y la cedoaria, reponen con su frío y buenas propiedades la membrana interior de los intestinos y la consolidan. Y si estas hierbecitas estuviesen calientes resecarían esta membrana interior. Pero el calor agradable del vino, del azúcar y el calor de la miel, excitados por la alteración del calor curan las fisuras de esta membrana interior. Las mencionadas hierbecitas que han sido cocidas en dicho vino se atarán aun calientes sobre el mismo lugar donde se rompió dentro la membrana de los intestinos, y repondrán su fisura tal como quedó explicado. También se ha de cortar la raíz de consuelda en pequeñas porciones y poner estas porciones crudas en vino hasta que tome su sabor y se ha de beber siempre este vino hasta que uno se cure, ya que el frío de la propia consuelda con el calor del vino contrae aquella ruptura.

(1) Hedera helix
(2) Symphitum officinale
(3) Cedoaria o Zedoaria. Curcuma zedoaria.
(4) Original: saccellum,  saquito.

(380) Dolor de riñones1. Cuando al hombre le duelen los riñones y la espalda, muchas veces se debe a enfermedad de estómago; en ese caso se ha de tomar el mismo peso de ruda y ajenjo, y grasa de oso más que de aquellas. Machácalo todo a la vez y a continuación date friegas con ello junto al fuego donde duele en torno a los riñones y la espalda.
El dolor de riñones y de espalda muchas veces surge por un desarreglo de humores. Pero cuando el calor de la ruda y el del ajenjo y el de la grasa de oso se equilibran, repelen estos humores fríos.

(1) Cf. PL 1155 C

(381) Tripas1. Si un humo nocivo del estómago se extiende a los intestinos y causa dolor allí, tome salvia y cinco veces más de stichwurz2 que de salvia y diez veces de ruda, y cuece estas hierbas en agua en una olla nueva hasta que comience a hervir; a continuación escurra el agua y ponga las hierbas cocidas de este modo y calientes sobre el lugar donde según se dijo está el dolor y ponga un paño por encima. Cuando el calor de la salvia, de stichwurz y de la rudase templen uno a otro y cuando se activen con el agua caliente, repelen por sus propiedades los malos humores que originan el dolor de tripa.

(1) Cf. PL 1154 C-D.
(2) Stichwurz. No identificada, quizas Brionia negra (Bryonia dioica) o incluso Árnica (Arnica montana)

(382) Dolor de costado1. Recoge semilla de lino y algo menos de goma de melocotonero, siempre que la goma supere la cuarta parte de la semilla de lino y cuécelo en una sartén a las brasas. A continuación, recoge muérdago de peral y tritúrelo en un mortero hasta licuarlo, de modo que haya más líquido que goma y... < falta en el manuscrito> ...que jugo del muérdago de peral. Ponga todo esto en una sartén con dicha semilla de lino y con la goma y vuélvelo a hervir como antes. Y si no tuvieras médula de ciervo, añádele la misma cantidad de sebo de ternero que lo que tendría que haber sido de médula de ciervo. Hecho todo lo cual, cuélalo a través de un paño perforado por distintas partes con un punzón finito y mézclalo en un recipiente de barro nuevo impermeable y al que padece este dolor de costado úntaselo junto al fuego donde le duele.

(1) Cf. PL 1202 C.

(383) Inflamación de escroto1. Cuando por humores nocivos surge en la virilidad del varón una hinchazón del peor de los tumores, que le duele allí: tome hinojo y el triple de alholva y un poco de mantequilla y macháquelo todo junto y póngaselo encima y extraerá de su virilidad los humores nocivos y dolorosos.
El suave calor de hinojo con el frío de la alholvay el suave calor de la mantequilla, todo ello en equilibrio, disminuye el dolor. Pues el calor del hinojo y el frío de la alholva mitigan los humores malignos y el suave calor de la mantequilla cura tal dolor. Haz después una tortita con lo que se hace la cerveza y humedécelo ligeramente con un poco de agua caliente, y calentado de este modo ponlo encima del mencionado tumor.
Las mencionadas tortitas se templan con el agua ligeramente cálida y su líquido penetrante extrae esos humores malignos y curan la zona afectada del hombre.
[Si alguien padece este tipo de dolor en su virilidad, que tome hinojo y el triple de alholva y un poquito de mantequilla y lo triture todo y se lo ponga encima, y así extrae los humores nocivos. A continuación, tome el compuesto del que se extrae la cerveza y humedézcase levemente con un poco de agua caliente y aplíquelo por encima].

(1) Cf. Pl 1157 D.

(384) Incontinencia urinaria1. Si alguien no puede retener la orina por culpa del frío del estómago, que beba vino calentado al fuego y que tome todos sus alimentos mezclados con vinagre; y beba a menudo vinagre como sea y de este modo calentará el estómago y la vejiga. En efecto, el calor del vino alterado al fuego y tomado de este modo, por un lado calienta el estómago y la vejiga, por otro retiene la orina para una completa digestión, y por último aporta calor. Cueza también salvia en agua y cuele dicha agua a través de un paño y bébala así caliente, y retendrá la orina y se curará. La salvia con su calor quita el livor que surgió del frío de los humores en el estómago y en la vejiga.

(1) Cf. PL 1154 D. El original dice "De stranguria"

(385) Esterilidad masculina1. El varón cuyas propiedades del semen se debilitan de modo que ya no procrea, ha de tomar amento de avellano y respecto a este una tercera parte de pimienta acuática2, y de campanilla3 la cuarta parte de pimienta acuática, y algo de cualquier pimienta común. Añada carnes crudas y grasas de cerdo y cuézalo todo con hígado de chivo joven pero ya adulto para procrear. Entonces, una vez retiradas las hierbas, ha de comer estas carnes; y también tome pan mojado en el agua en que se han cocido estas carnes y coma a menudo dicha carne, y así hasta que gracias a su jugo el semen adquiera fuerza para procrear, siempre que el justo juicio de Dios lo permitiera.

(1) Cf. PL 1226 A.
(2) En el original, ertpeffer, Polygonum hydropiper.
(3) Campanilla o Correhuela (Convolvulus arvensis et sepium)

(386) Esterilidad femenina1 Por su parte la mujer cuya matriz es fría y débil en el interior para concebir descendencia, debe proceder como sigue para llegar a ser fecunda si Dios quisiere. Consigue la matriz de una cordera y la matriz de una vaca que ya esté en plenitud para poder engendrar, pero que aún estén intactas, de modo que ni estén preñadas de feto alguno ni lo han estado, y cuécelas con tocino y otras carnes grasas junto con la grasa y dáselo a comer a la mujer, bien cuando ella esté en plena unión con el marido o cuando vaya a unirse con el marido enseguida. Y obrando así frecuentemente, la carne y el líquido de la matriz de los citados animales se unirá al jugo de la matriz de esta mujer para que engorde y se conforte algo y, si Dios quiere, le será más fácil concebir. Porque muchas veces sucede que es el juicio de Dios el que priva a los humanos de la virtud de procrear.

(1) Cf. PL 1324 D.

(387) Podagra. Aquel que padece de podagra y le duelen piernas y pies, tan pronto como aparece el dolor aplíquese alrededor de sus piernas numerosos cuernos y ventosas para que atraigan los humores, a saber empezando desde el mismo talón, con cuidado de no producir corte alguno en la piel, y luego quítelos de allí para ponerlos en las zonas superiores, y así una y otra vez hasta que se atraigan los humores más internos. Y haga así sin cortes y sin rasgar la piel hasta llegar a los glúteos. Y después de haber llegado así a los glúteos, ponga alrededor de la parte superior de la rodilla un cordón para que los humores que allí se concentraron por las ventosas, no desciendan de nuevo, y a continuación donde confinan la espalda y el trasero, haga salir la sangre y los humores nocivos con una escarificación con cuernos o ventosas. Hágalo así y el dolor de la podagra cesará.
+ Recoja pelitre1 y un tercio de su peso de jengibre y un poquito de pimienta, pulverícelo y tómalo en ayunas y después beba vino.

(1) Original: bertram.

(388) Fístula. Si alguien padece en cualquier parte del cuerpo una fístula surgida por humores nocivos y en exceso, debe tomar purgantes con frecuencia hasta que le disminuyan los humores sobrantes. Y si después se contrae la piel en el lugar de dicho dolor como si ahí quisiera curarse y de nuevo se escinde por los humores, tome otra vez estas bebidas para purgarse y que ahí no sobreabunden los humores nocivos, y hágalo así y le dolerá menos. Tanto la fístula como la podagra serán difíciles de curar.

(389) Úlceras. Si alguna úlcera o pústula provoca al hombre un dolor intenso, antes que rompa impregne un paño de lino con cera virgen y úntelo por encima aceite de oliva y extiéndalo así sobre la herida. Y gracias a esto la herida se ablanda poco a poco, erupciona con suavidad y salen los humores y se cura suavemente. Pero si se trata de aquella pústula a la que llaman "redecilla", no se lo apliques que es peligrosa.
También1 cuando la gota y humores nocivos han quebrado la piel sin que hubiera una herida infectada y fluyen mezclados por alguna parte del cuerpo humano, recoge artemisa2 y exprímela hasta sacar su jugo triturándola en un mortero y añádele miel al jugo, siempre que el jugo de la artemisa supere en un tercio a la miel, y ponlo donde duele. Aplica por encima clara de huevo y ata por encima un paño de lino y procede así hasta que se cure.

(1) Cf. PL 1172 A.
(2) Artemisia vulgaris

(390) Insomnio1. Quien no puede dormir, inquieto por alguna preocupación, si es verano que tome hinojo y el doble de milenrama2 y cuézalo en un poco de agua y, una vez escurrida el agua, ponga estas hierbas calientes alrededor de las sienes, la frente y la cabeza atadas por encima con un paño. Tome también salvia verde y riéguela con un poco de vino y póngala así por encima del corazón en torno al cuello y el se aliviará.
Y si estamos en invierno, cueza en agua semilla de hinojo y raíz de milenrama y póngalas en torno a las sienes y a la cabeza, como se dijo, y la salvia pulverizada y mojada con un poco de vino póngala por encima del corazón y en torno al cuello y átelo por encima con un paño, ya que no es posible encontrar hierbas verdes en invierno y dormirá mejor, tal como se dijo.
Pues el calor del hinojo induce a conciliar el sueño y por su parte el calor de la milenrama consigue que el sueño sea estable y el calor de la salvia consigue que el corazón vaya más despacio y deprime las venas del cuello hasta conseguir el sueño. Estas hierbas, cuando están con su propio calor y se encuentren en plenitud de propiedades con la suavidad del agua calentada, se han de poner en torno a las sienes para que compriman sus venas, y también se aplican a la frente y a la cabeza hasta que aporten tranquilidad al cerebro. También la semilla de hinojo y de milenrama se cuecen en agua por la suavidad del agua, mientras que el polvo de la salvia se echa en el vino para que se potencie con él para este remedio.

(1) Cf. PL 1156 A - 1157 A.
(2) Achillea Millefolium

(391) Especias. Ahora bien, estos remedios descritos para las mencionadas enfermedades, mostrados por Dios, o libran al hombre o este morirá o Dios no quiere que quede liberado.
Pues las distintas hierbas nobles, polvos y condimentos, comidos sin orden ni concierto no aprovechan al hombre sano, sino que más bien le puede provocar algún daño, como que se les reseque la sangre y adelgacen sus carnes, ya que no van a encontrar en él humores sobre los que las hierbas puedan ejercer sus propiedades. Pues no aumentan las fuerzas del hombre ni hacen crecer sus carnes sino tan sólo disminuyen los humores nocivos contra los que se enfrentan.
Si se van consumir, hágase necesariamente con sensatez y juicio, y se han de tomar o con pan o con vino o con algún otro acompañante de los alimentos, y mejor que no sea en ayunas. De otro modo el pecho del que lo toma se ahoga y daña sus pulmones, y al caer en su estómago lo debilitan, por haber sido ingerido sin condimento. Porque igual que el polvo de la tierra que traga el hombre le perjudica, así también esta ingesta desordenada acarrea al hombre más perjuicio que salud. Así pues sobre todo han de ser tomadas durante o después de las comidas porque entonces las sustancias de esos alimentos los atenúan y facilitan al hombre la digestión del alimento tomado, salvo que uno tenga ciertas enfermedades contra las cuales las hierbas nobles y fuertes o su preciado polvo1 han de tomarse en ayunas.

(1) Se refiere a las especias.

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