(325) Tumores. También, a causa de diversos humores, tanto buenos como malos, la carne y las venas del hombre engordan como la harina que sube y se infla con la levadura. Pero los humores que proceden del corazón, del hígado, del pulmón, del estómago y demás zonas interiores, cuando alguna vez derivan con excesiva diversidad y abundancia, también se vuelven a veces tenaces, resbalosos y tibios. Entonces, si se quedan en el interior, provocan una enfermedad. En cambio sanan si erupcionan al exterior.

(326) Úlceras. Porque si los humores del hombre fueran a parar a una o varias zonas, y se hicieran una o varias heridas, se debe dejar que éstas maduren para que exploten para no tener que soportar más dolor que si se hubieran quedado dentro. Y después que los humores fluyan al exterior tras madurar, entonces ha de aplicarse la medicina con pomadas.

(327) Escabies. Si los humores dañinos irrumpieran en forma de eczemas por todo el cuerpo, entonces hay que esperar a que maduren y a su erupción, y así hasta que la piel donde se halla la herida, tome color rojizo y se seque. También entonces se ha de ungir con las convenientes pomadas para que, en caso de haber demorado la espera más de la cuenta, no viertan con más dolor a la piel las heridas y la podredumbre.

(328) Ictericia. La enfermedad que llaman ictericia nace del exceso de bilis, que sale por humores enfermos, fiebres y por mucha ira frecuente. El hígado y demás vísceras reciben esta efusión de bilis, que también traspasa toda la carne del hombre igual que un vinagre fuerte traspasa un recipiente nuevo y daña al hombre. Y esta enfermedad se reconoce en cualquiera por su color contrario al normal.

(329) Tedio del alma y ejercicio. Igual que el cuerpo humano no puede estar siempre ocioso sino que por el contrario, siempre está haciendo algo, así también el alma humana tiene este menester por su propia naturaleza y si obrara de otra manera se vería afectada por el tedio del cuerpo y se desviaría de su curso como si dormitara, como el molino que deja de funcionar en alguna ocasión cuando se rompe alguna pieza por una inundación excesiva. Así el alma también encuentra a veces la paz del silencio hasta que su cuerpo se ve forzado y obligado por algún tipo de vergüenza o miedo. Entonces de nuevo recupera sus fuerzas y su curso y resurge. También le sucede así al hombre, como si se reactivara o tuviera un comportamiento renovado.

(330) Ira. Algunos hombres son iracundos por naturaleza, y cuando su alma afectada por el tedio lleva un tiempo en tranquilo silencio, les pasa algo a causa de su ira  que les oprime el cuerpo y entonces el alma reúne fuerzas y salta. También cuando las almas de otros hombres, afectadas de tedio encuentran un rato silencio tranquilo, a menudo sucede que alguna molestia oprime al cuerpo de aquellos hombres por lo que las almas excitadas recuperan las fuerzas anteriores y vuelven en sí.
Y hay otros hombres que cuando sus almas guardan silencio oprimidas por los trabajos o el hastío, alguna impaciencia  o duda constriñe a sus cuerpos y de este modo sus almas que dormitaban en ellos, se excitan y rebrotan a sus primigenias fuerzas. Hay también algunos que por su complexión se encienden en ira más a menudo.

(331) Locura y epilepsia1. Y la ira que hay en ellos les mueve toda su sangre en una gran inundación sanguínea y así cierto vapor y humor de esta inundación casi les toca el cerebro y les hace enloquecer con lo que les disminuye el juicio. Y cuando éstos se mueven a cólera y se agravan con algunas angustias mundanas, el diablo que lo ve los aterroriza con el aliento de su sugestión; por lo cual el alma que está en él sucumbe exhausta y se retira, al cuerpo le fallan las fuerzas, y cae y yace sin sentido hasta que el alma recobra sus fuerzas y resurge.
Y estos a los que fatiga este mal tienen aspecto, rostro y ademanes iracundos. Y cuando caen a tierra a veces emiten un sonido, alguna voz extranatural. Esta enfermedad se manifiesta rara vez pero difícilmente se puede refrenar.

(1)Kaiser (Teubner, 1903) corrige <epi>lepsia donde el manuscrito latino dice solamente lepsia

(332) Epilepsia. Existe otro género de esta misma enfermedad: los inconstantes, ligeros e impacientes en sus costumbres, cuya alma, fatigada en exceso por esta manera de ser, muchas veces se retira y sucumbe, y así el cuerpo cae al suelo como si le hubieran retirado las fuerzas del alma, y yace como muerto hasta que de nuevo el alma recupera sus fuerzas. Estos, en efecto, tienen el rostro blando y gestos benévolos y mientras caen a tierra derribados por esta enfermedad a veces emiten alguna voz lúgubre pero natural. Arrojan por su boca abundante espuma pero a pesar de todo se pueden curar fácilmente.

(333) Hidropesía. Quienes no son por naturaleza grasos sino delgados, y son tristes y viven atribulados en muchos y grandes pensamientos, su tristeza les reseca la sangre y las muchas y grandes preocupaciones que tienen disminuyen considerablemente la flema y por esto les crece el agua sin medida y con predominio. Cuando la sangre y la flema se hayan secado, mandan entonces las heces de su digestión a la vejiga en la orina y, a continuación, la vejiga ya no recibe el calor de la sangre y la flema. Entonces la orina no puede completar su digestión y por eso la expulsa cruda y sin digerir por el lugar inapropiado de su recorrido, y la vierte antinaturalmente entre la piel y la carne.

(334) Hinchazón. Cuando en estos hombres la sangre se escapa y la flema se va perdiendo, el agua que hay entre la piel y la carne hace sus irrupciones e infla el cuerpo entero. Y como su sangre es seca y la flema se ha desecado, siempre tienen sed, ya que cualquier cosa que bebieran no llega <a> la sangre ni a la flema sino a ese agua intercutánea. Cuando el hombre luce agua en la piel se le ha de socorrer con medicinas, porque si se espera demasiado tiempo se vuelve un humor tibio y adquiere un color sanguinolento que mezclado con la linfa pone al hombre en gran peligro.
Por otra parte los que tienen sus cuerpos bien proporcionados, es decir que ni son demasiado gordos ni demasiado delgados, a menudo también tienen los humores adecuados y rara vez se ven afectados por el <mal> llamado vich1. Ya que en ellos no sobreabundan  los humores que originan este mal.

(1) Vich es una antigua palabra alemana, quizá weich, debil, blando, pastoso, que Santa Hildegarda hace aquí equivalente a diarrea. No obstante, los Dres. Hertzka y Strehlow consideran que designa el síndrome precanceroso.

(335) Retortijones.Quienes son demasiado gruesos o demasiado flacos a menudo están llenos de humores nocivos, ya que no tienen correcta constitución ni proporción, por lo que ocasionalmente emiten humores nocivos del corazón, del hígado, del pulmón, del estómago y de sus vísceras, que tienden a la bilis negra y la hacen humear y provocan de este modo el peor de los livores, como cuando en la orilla el agua se estanca, se queda empantanada y no corre, y una capa de polvo podrido crece por encima y flota. Este livor va a parar junto al estómago o junto a las vísceras o cae en cualquier otro lugar entre la piel y la carne, y ahí permanece y retuerce a este hombre con un dolor muy agudo, como si le estuviera comiendo a dentelladas. En realidad no tiene espíritu vital como para morder al hombre, sino tan sólo un acerbo amargor. Y en el hombre aparecen una especie de ojos que se extienden por la carne como lentejas que la motearan. Unas veces se extienden a lo largo; otras veces, formando globos como yemas de huevo, se contrae y echa mientras una especie de espuma que propagándose por todo el cuerpo hace que el hombre sienta dolor.

(336) Gusanos. Cuando esta espuma alcanza a llegar hasta el estómago, hace bullir en él algunos gusanos y, en ocasiones, hace crecer en la carne ciertos piojos grandes y virulentos. Además, donde este livor se extiende por el cuerpo, pueden crecer allí también de la mencionada espuma unos gusanillos muy finitos que llaman carcoma1, como ciertos gusanitos que nacen en las aguas que no corren y están estancadas en un sitio. Y si estos gusanitos permanecieran en este hombre y no salieran de él, le dañarán mucho.

(1) Carcoma, larvas, gusanos de la carne.

(337) Lombrices. Los humores, malos y nocivos que son venenosos en el hombre y que se contraen como livor, y que en su nociva duración llegan a volverse como vino tibio y podrido, fácilmente hacen nacer gusanos en el hombre pero sobre todo en niños y jóvenes, ya que los humores que hay en ellos se mezclan a menudo con leche. Los gusanos, en cambio, no nacen de humores corrientes ni de aquellos humores agrios como el vinagre, y si comenzaran a crecer por la razón que sea en los hombres que tienen dentro tales humores corrientes, desaparecerán en seguida. Si los gusanos llegaran a crecer en algún hombre le debilitarían.

(338) Parásitos1. Los hombres que tienen huesos, miembros y venas delgadas y carnes grasas y sanas y bien proporcionadas en el sentido de que no están ni muy abiertas ni muy cerradas; y que tienen también la médula llena y a buena y cálida temperatura y por eso también ánimo pleno y vigoroso, pero algo de lasciva vacuidad y son blandos y delicados. Y como tienen la médula llena, por eso también tienen una grasa espesa pero liviana, blanca, sana y sin piojos. Sin embargo cuando esta grasaexpulsa sudor, tal sudor produce y alimenta algunos piojos en lo más superficial de la piel.
Por otro lado, quienes tienen huesos, miembros y venas gruesas pero una médula delgada y no muy ardiente, son más imprudentes por tal debilidad de la médula, más voraces y tienen hambre a menudo. Y aunque pueden trabajar con ahínco durante una hora más o menos, no pueden perseverar en el esfuerzo ya que su carne está poco abierta y es más bien tibia y sus venas se contraen mucho. Y al tener la médula delgada, su grasa es por tanto más tenue y ligera. Cuando sudan, su sudor enseguida atraviesa sus carnes ya que están bastante abiertas, y por eso provoca en la carne numerosos piojos, que afloran sin control fuera de tal hombre. Aún así tales hombres no son muy débiles y pueden sobrevivir durante un buen tiempo.
Otros tienen grandes huesos, miembros y venas, y una médula espesa y grasa. Sus huesos están llenos de esa médula ardiente y por eso son sensatos y bondadosos por el espesor, grasa y plenitud de la médula. Su carne es fuerte y hasta dura y cerrada, pues sus venas la ciñen estrictamente. Pues las venas se entrelazan a sí mismas por todo el cuerpo como si lo rodeara una redecilla. Y al ser su carne bastante dura y fuerte, emiten un sudor escaso y tenue ya que las venas, fuertes y gruesas, aprietan sus carnes de tal modo que hacen que emitan poco sudor. En tanto que por el exceso y el calor de la médula y la abundancia de humores que hay en ellos, al no poder hacer salir la grasa que albergan se vierte bastante en lo rojo de la sangre y es signo de enfermedad, no de salud.
En consecuencia crecen muchos piojos en ella que, al no poder salir fuera de la carne, se quedan en la grasa, la perforan y la comen por doquier. Por lo cual sienten gran dolor en el interior de su cuerpo sin saber de dónde les viene, son indolentes, de mal conformar, comen poco, padecen a menudo del corazón, sus fuerzas están menguadas y tienen en su rostro un color pálido; color que parece más bien verdoso que cerúleo. Éstos no pueden vivir durante mucho tiempo sino que mueren pronto ya que su grasa, como se ha comentado, está dañada por los piojos en su interior.

(1) El original dice pediculus, piojos, pero el sentido exige que sean parásitos intracutáneos.

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