(311) Prudencia de Adán. Adán, antes de desobedecer también sabía el canto1 angelical y todo tipo de músicas y tenía una voz que sonaba como el sonido del monocordio2. Pero al desobedecer por culpa de la astucia de la serpiente, se enroscó en su médula y en su fémur un viento que también hoy existe en el hombre. Y ese viento engrasa el bazo del hombre y le agita con alegría tonta, risas y tonterías.

(1) La única edición (Kaiser, 1903) dice carnem angelicum, pero el sentido y la gramática latina exigen que sea carmen angelicum.
(2) El monocordio era un instrumento de caja rectangular y una sola cuerda que producía un tono (octava) al tocarlo con plectro o con los dedos.

(312) Risa y carcajada. Pues lo mismo que, al desobedecer Adán, la santa y casta querencia natural de procreación de la prole se cambió en otro tipo de placer carnal, así la voz del gozo superior, más elevada y dichosa que tenía se transformó en otra cosa contraria, risas y carcajadas. Y es que esa alegría infundada y la risa son afines al placer de la carne y por eso el viento que suscita la risa, al salir de la médula del hombre, sacude su fémur y todo su interior. Y, en ocasiones, ante una convulsión exagerada, la risa hace brotar de este modo por los ojos el agua de las lágrimas y de la sangre de las venas, igual que también la espuma del semen del hombre a veces se expulsa de la sangre de las venas con el ardor de la excitación.

(313) Risa y alegría. Cuando la ciencia del alma no siente en el hombre ninguna tristeza, contrariedad ni mal alguno, entonces su corazón se abre a la felicidad igual que las flores se abren ante el calor del sol y en seguida el hígado recibe toda esta alegría y la retiene dentro como el estómago retiene en su interior el alimento. También cuando el hombre se alegra con las cosas buenas o malas (según plazcan a cada uno) también en ocasiones el mencionado viento al salir de la médula toca en primer lugar su fémur, ocupa el bazo y llena sus venas, se extiende hasta el corazón y colma el hígado y así mueve a risa al hombre; y con sus carcajadas saca de él una voz como de ganado.
A su vez, el hombre va con sus pensamientos como el viento de acá para allá, tiene el bazo un tanto grueso y se pone contento y ríe con facilidad. Pero igual que la ira y la tristeza debilitan al hombre y le vuelven seco, también las grandes carcajadas hieren el bazo y debilitan el estómago y con sus convulsiones provocan que sus humores discurran desordenadamente.

(314) Gordura. Si un hombre come carnes u otros alimentos sobremanera grasientos, o repletas de sangre, propende a ponerse enfermo por esta causa más bien que a estar sano, porque esta comida tan grasienta, por la excesiva humedad escurridiza que genera, no puede permanecer quieta en el estómago humano para su digestión correcta y saludable. Por eso se deben comer carnes con la grasa adecuada y alimentos con la justa proporción de sangre para que pueda retenerlos con vistas a una buena y correcta digestión.

(315) Sequedad del hombre. Si algún hombre está muy seco en su cuerpo y sus miembros, que coma carnes bastante grasas y alimentos ricos en sangre, para que la aridez y la sequedad que hay en él se humedezcan y se moderen un poco. Pues las carnes de animales que se consumen engordan nuestra carne, y el vino aumenta la sangre humana más que cualquier otro alimento o bebida.

(316) Vino. Si una tierra fértil en cereal produce también vino, será un vino más saludable para que lo beba cualquier enfermo que el vino elaborado en tierras buenas para fruta que producen poco grano, incluso si éste es más valioso que aquél. Pues el vino sana y contenta al hombre por su grato calor y sus propiedades y buenas cualidades.

(317) Cerveza. Por su parte, la cerveza engorda las carnes del hombre y le proporciona buen color de cara gracias a la fuerza y buen jugo de su cereal. En cambio el agua debilita al hombre y, si está enfermo, lo debilita y le produce algo de livor en torno a los pulmones, porque el agua es débil y no tiene ninguna virtud fuerte. Pero si un hombre sano bebe agua a veces no le será perjudicial.

(318) Embriaguez. Cuando uno bebe más de lo debido y sin moderación, sea vino u otro licor que pueda emborracharle, toda su sangre se diluye y se mueve desordenadamente y se difunde por sus venas de modo que sus entendederas y sus sentidos también se confunden igual que los ríos que se desbordan cuando hay fuertes precipitaciones de lluvia y provocan abruptamente inundaciones. Y como este sujeto tiene su intelecto humano inmensamente confuso, la buena ciencia que tiene propende a las buenas obras y en tal caso dice a menudo inconscientemente palabras casi sagradas sin orden ni concierto. Pero como también puede propender a las malas artes, le da por proferir por inconsciencia palabrotas y torpezas sin pudor, al tener la sesera sin dominio y más alterada que en su sano juicio, porque en ese estado la lucidez queda ahogada y sumergida.

(319) Vómito: Cuando un hombre consume desmesuradamente alimentos fríos e inmediatamente después alimentos cálidos (superando los fríos a los calientes) o si toma alimentos demasiado húmedos de forma que los húmedos exceden en demasía a los secos, en tal caso padece a menudo vómitos de estómago por la disparidad de estas tormentas  enfrentadas y no puede hacer la digestión. Este hombre debe consumir alimentos correctamente templados en frío y calor para que no le perjudiquen vomitando.
Quienes padecen vómitos por causa de alguna enfermedad y por culpa de una alimentación desordenada son de estómago frío y no tienen en su interior calor para que los alimentos puedan cocerse en su interior para digerirlos completamente y así suben a medio cocer al no ser capaces de bajar al retrete. Y así el hombre padece muchas enfermedades por el vómito. Provocarse a sí mismo el vómito o tomar un condimento que lo provoque no es sano ni saludable, ya que el vómito así provocado atormentaría sus venas y su sangre, la haría circular de manera inadecuada y tampoco el propio vómito encontraría el camino correcto para salir, y el hombre se dañaría con frecuencia. Por eso no ha de provocarse el vómito que no es útil para curarse porque el vómito que surge por sí sólo en el hombre sin provocarlo es mejor que el que le provoca alguna sustancia en su interior.

(320) Indigestión: Cuando los humores se ponen en movimiento por una enfermedad o por alimentos en mal estado e insanos, de modo que mezclan calor y frío y frío con calor, y sequedad con humedad y humedad con sequedad, entonces en ocasiones estos alimentos y bebidas indigestos se expulsarán y vomitarán. Y expulsar los alimentos en mal estado es bueno para la salud de cualquiera, pero en cambio, si los alimentos son buenos es perjudicial para la salud física, ya que las venas se vacían de los jugos beneficiosos de tales alimentos.
Y cuando en el hombre también sobreabundan los malos humores, entonces en ocasiones le provocan un humo nebuloso ni frío ni caliente que se esparce por las vísceras y alrededor del estómago y por todo su cuerpo, e incita otras enfermedades que hay en su interior y no permite que la comida que consume entre al estómago por su entrada correcta y natural, ni salga por su salida correcta y natural. Por el contrario lo vuelve inestable y turbulento como los pozos y las plazas, y mengua en su interior el aire vital y natural y no puede calentar el alimento en su interior para una digestión correcta y natural, por lo que sale al exterior a medio digerir y convertido casi en líquido pastoso.

(321) Disentería: Ciertas venas muy finitas, portadoras de sangre, rodean la pielecita, es decir, la membrana que oculta el cerebro, y están adheridas a otras venas mayores que bajan hasta el corazón y el hígado, los pulmones, el estómago y todos sus intestinos y suministran sangre a las venas mayores, igual que algunos ríos pequeños aportan sus aguas a ríos mayores mientras que las venas mayores son como los ríos grandes que llevan sus afluentes por las provincias, o como canales que llevan agua a los edificios y allí se reparten.
Así pues, cuando en cualquier hombre sobreabundan los malos humores, y las restantes fiebres que hay en él le ponen en conmoción, le provocan una especie de inundación por acumulación, hacen que suba cierto vapor humeante, espeso y nocivo a su cerebro que hace circular en dirección contraria a las venas que rodean el cerebro y a todas. Entonces la sangre que hay en ellas se derrama en exceso por las venas mayores a las que como antes dijimos están adheridas, de modo que por un lado circulan aquellas en contra de la inundación y por otro difunden su sangre por todo el cuerpo y la llevan hasta el intestino y para la digestión. Esa sangre se mezcla en los intestinos y vísceras durante la digestión y causa una “digestión con sangre” provocando que la propia sangre salga con la digestión.

(322) Expectoración de sangre. Cuando en el hombre sobreabundan humores nocivos, cuajados y venenosos, apartan del acceso correcto a la sangre que discurre por las venas del cuerpo y la obligan a entrar por un camino inapropiado en los órganos vitales y las vísceras, por lo que ese hombre vomita sangre por expectoración y con náuseas con gran peligro para su salud, y se deseca por dentro.
También sucede a veces que en el hombre sobreabunden humores nocivos que son acuosos y tenues y dificultan que la sangre de las venas circule por su lugar apropiado y hacen salir sangre por el trasero sin evacuar alimentos. Exponen a ese hombre a gran peligro y le conducen a una aridez de por vida. Pero si hubieran salido por el trasero junto con la evacuación de alimentos, muchas veces le purgan y le devuelven la salud.
Pero algunos tienen en su interior tanta amargura de corazón y de pensamientos que la propia amargura empequeñece y deseca el bazo, con lo que el jugo favorable que debería mantenerlo vigoroso se traslada hasta el pulmón por vía inadecuada y allí provoca en la sangre cierta coagulación y así dicha persona muchas veces esputa y vomita sangre peligrosamente.
En otros que con frecuencia tienen el corazón compungido y afligido, su propia tristeza estrecha las venitas del interior que llevan la sangre por el cuerpo, de forma que alguna de éstas queda un poco dañada. La tristeza esparce poco a poco gotas de sangre hasta el interior y así es como esa persona alguna vez vomitará sangre. Pero después de que él mismo haya recuperado la serenidad y alegría de la mente, esta venita vuelve a estar sana y el hombre deja de vomitar sangre.

(323) Abstinencia imprudente. Cuando algunos se abstienen de alimentos más allá de lo normal y no proporcionan a su cuerpo la alimentación justa y adecuada; o cuando otros no tienen equilibrio ni formalidad en sus costumbres; o cuando otros andan agobiados por muchas e importantes afecciones, sucede a veces que en sus cuerpos se originan como tempestades y los elementos que residen en ellos se comportan de manera inversa. Así pues cuando el fuego y el agua en dichas personas se rechazan mutuamente, sucede a menudo que se enfrentan rechazándose en alguna articulación de sus miembros o en alguna otra parte del cuerpo y hacen que surja allí una pústula junto a una hinchazón de carne. Esta pústula es de tres tipos:

(324) Absceso. De ellas una es negruzca, crece de la excesiva fuerza del fuego, hace peligrar al hombre y le amenaza de muerte, igual que cuando las nubes rompen destruyen y aniquilan aquello sobre lo que se precipitan.
Las hay también grisáceas, que brotan de la tempestad de los mencionados elementos como si lanzaran rayos y arrojaran una lluvia desproporcionada. Ésta sin duda provoca heridas en el cuerpo, pero no lo termina de matar, igual que el granizo que provoca daños en las cosechas pero no arranca las raíces.
Y existe también otra blanquecina que surge en el hombre por el exceso de estos elementos, como una repentina inundación y desbordamiento de los ríos que anegan algunos lugares <y> algunas cosechas pero no se las llevan por completo.
En fin, la pústula negra es peligrosa y casi incurable, pero la grisácea y la blanca son bastante menos perjudiciales que la negra y se pueden curar.

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