(229) Cráneo. En la cabeza de la mujer el cráneo está dividido como por una vía por la que se abren las venas que llevan los flujos de sangre de la menstruación. En ese momento se les abre su cráneo y da paso a las venas para que se realice la purga de la menstruación, pero después que acaba esa purga, el cráneo se cierra y contiene las venas para que no expulsen más sangre, como un montón de piedras y leños contiene un río para que no se derrame sobremanera.
Algunas mujeres a veces tienen dolor por diversas fiebres y dolor de estómago, costado y riñones, y estos dolores impiden que el cráneo se cierre cuando le corresponde y así los flujos de sangre en la mujer fluyen en tiempo inadecuado y desordenadamente como las inclemencias que inundan lugares cerrados y los traspasan. Y esa mujer siente dolor como un hombre que, herido a espada, en ese momento se previene con cautela para no quedar más lastimado, ya que sería peligroso recibir la medicina.

(230) Concepción y parto. Las mujeres que tienen humores enfermos como saetas porque tienen gota, dan a luz con gran dolor porque al abrirse las puertas del niño, los humores crean una tempestad que hincha o ulcera los lugares de salida y le prohíben salir, como corrientes que inundando o precipitándose impiden de repente el recto camino al torrente, y no puede fluir por su cauce adecuado, y ni siquiera se advierte dónde estuvo el cauce. Y esta opresión impide la salida del niño hasta que por gracia de Dios el aliento vital, que es el alma, agita el cuerpo esté el niño vivo o muerto.
Si la mujer tiene gran cantidad de carnes grasas, la salida del niño se hincha y se obstruye por la grasa de la carne materna, y la preñada trabaja mucho hasta que por la gracia de Dios el aliento vital que hay en el niño sacude su cuerpo.
Si la mujer está proporcionada, no es muy gorda ni muy delgada, ni está enferma, la salida del niño no se ve impedida por grandes contratiempos. Eso sí, desde el principio la madre y el niño padecerán el sufrimiento que nos es impuesto y tendrán lugar los padecimientos que nos toca sufrir. Las mujeres que no son gordas ni están enfermas, si están muy delgadas no cierran el camino del niño, pero también tendrán el trabajo establecido desde el principio, y los trabajos ocurrirán con recta moderación.
Muchos niños se ahogan y mueren cuando se les cierra la salida, como se ha dicho por los humores y la gordura de la madre. En ese momento es peligroso dar una medicina a la madre que está en peligro, mientras sufre en el parto, porque sufre por el exceso de humores o por su gordura o por otra enfermedad presente. Por eso en el parto del niño no hay que darle medicinas que refrenen los humores superfluos y malignos, por el peligro para el niño que nace, porque del mismo modo que un hombre se ahogaría si se le colocara bajo tierra, así también el niño se ahogaría por la fuerza y el humo de los aromas y de las hierbas medicinales, si se aplican en el instante mismo de su nacimiento.

(231) Otra vez la concepción. Pues cuando la mujer concibe de la semilla del varón, lo concebido con esta semilla es tan fuerte que atrae toda la sangre de la menstruación, como la fístula o ventosa que coloca el sangrador en la carne del hombre, que atrae hacia sí mucha sangre y podre. En la mujer, esta semilla está al principio en estado de leche, después en el de coagulación y después en carne, igual que a la leche le sigue el cuajo, y al cuajo el queso. Y así el niño yace en la sangre de la menstruación y se nutre hasta el parto.

(232) Otra vez el parto. En el momento del parto el niño sale con una inundación de sangre, como una inundación de aguas arrastra en su curso piedras o leños. Pero aún quedan en la mujer livor y hedor de la sangre menstrual que no pueden limpiarse tan rápidamente. Después en los días sucesivos se van limpiando poco a poco.
La mujer que por naturaleza es seca y no abunda en humores, completa la purga poco tiempo después del parto. La que es húmeda por naturaleza y abunda en humores tarda en purgarse más que la seca, que no tiene muchos humores.

(233) Ternura del niño. El que los niños no anden enseguida en cuanto han nacido es porque el hombre está engendrado por una semilla blanda y cuando es bebé todavía su carne y sus huesos tienen todavía mucha fragilidad, y porque la gran fortaleza del hombre está cuando se levanta del todo para andar, cosa que el resto de los animales no hacen, porque cuando nacen, al punto comienzan a andar con sus patas. Y esto es porque están inclinadas hacia la tierra como el niño cuando gatea con sus manos y pies antes de poder levantarse para andar. Pero aunque los animales al poco de nacer ya se sostienen con sus patas, no pueden sentarse como lo hace el niño cuando todavía no puede levantarse sobre sus pies. Y como los animales tienen fortaleza en sus patas y pezuñas, andan tan pronto como nacen. Pero como el hombre tiene su fuerza del ombligo hacia arriba, es débil en sus piernas y pies mientras es pequeño y por eso entonces todavía no puede andar.

(234) El hombre no nada. Como el cuerpo del hombre es pesado y trabaja con las manos y anda con los pies y está en posición erguida, de modo que no es muy aéreo ni muy acuoso, su naturaleza no está hecha para nadar en el agua, salvo que a veces lo aprenda por sí mismo. Los animales tienen su fortaleza en sus patas, y andan inclinados y como si el viento impulsara sus patas, y por eso algunos de ellos pueden nadar naturalmente, porque así como andan inclinados a tierra, así también nadan inclinados al agua, cosa que el hombre no hace, porque anda erguido y no encorvado e inclinándose.

(235) Mamas. Ciertas venas se enredan de forma natural alrededor del ombligo de la mujer, por encima y por debajo del ombligo: unas se extienden hasta los pechos y otras bajan a la matriz: todas ellas se rellenan y nutren del jugo de los alimentos y las bebidas; las que van a los pechos más que las que se extienden hacia la matriz. Mientras la mujer es niña le crecen los pechos hasta que las venas que se extienden hacia la matriz producen el flujo menstrual. Entonces dejan de crecer, salvo que después se llenan como una esponja.

(236) Más sobre lo concebido y la leche. En la mujer, la concepción recaba para sí el menstruo de modo que los flujos que producía pasan entonces al feto ya concebido. Cuando éste comienza a formarse en carne y hueso y recibe un movimiento del espíritu vital se abren las venitas que suben al pecho por el movimiento vital del concebido y por la fuerza de los elementos, y a continuación llevan leche a los pechos con los jugos de los alimentos y las bebidas con que se nutre el cuerpo de la mujer. La leche tiene blancura porque los alimentos y bebidas que consume se dividen en dos en el cuerpo de la mujer preñada: parte da un suplemento a la matriz y otra parte viene a sumarse a la leche de los pechos.
Así también la sangre se divide en dos naturalezas: roja cuando está tranquila y blanca cuando se agita, al unirse el hombre y la mujer. La leche toma su color blanco del cereal y de otros alimentos preparados, porque el cereal tiene harina blanca y los alimentos al cocinarse arrojan espuma blanca, y así los alimentos y bebidas con su jugo trasmiten a los pechos de la mujer preñada una especie de espuma blanca.
Después que ha nacido el niño y la mujer está limpia por dentro, las venas que descienden a la matriz se contraen y producen la menstruación en ese tiempo, mientras que las venas que ascienden a los pechos siguen produciendo leche. El que los pechos abunden en leche mientras el bebé mama se debe <a que> cuando el bebé mama al chupar atrae la leche a los pechos y así abre el camino de estas venas a ellos.

(237) Flujos menstruales. Después que deja de mamar, a la mujer le empieza a faltar la leche y desaparece, y las venas que van a la matriz se abren de nuevo y sacan su flujo cuando corresponde. Si la mujer se queda encinta mientras aún amamanta al bebé, éste puede mamar sin peligro hasta que lo concebido se transforme en carne y hueso. Entonces el bebé deja de mamar porque la fuerza y la salud de la leche descienden al concebido con la menstruación, de modo que en ese momento la leche de los pechos de esa mujer emite más livor que salud.

(238) Digestión. Cuando el hombre come, las venitas, que sienten el gusto, lo reparten por el cuerpo y las venas internas, es decir las del hígado, los pulmones, el corazón y el estómago, reciben lo más sutil del jugo de los alimentos, y a su vez lo reparten por todo el cuerpo, y así aumenta la sangre del hombre y el cuerpo se nutre, lo mismo que se aviva el fuego con un fuelle, y la hierba toma fuerzas y florece con el viento y el rocío. Pues lo mismo que el fuelle aviva el fuego, y el rocío y el viento hacen germinar la hierba, así también el jugo de los alimentos y las bebidas hacen aumentar la sangre, la linfa y la carne del hombre.
Pero lo mismo que el fuelle no es el fuego, y el rocío y el viento no son la hierba, tampoco el jugo de los alimentos es sangre, sino que toma el color de la sangre y está dentro de ella, y el jugo de las bebidas toma el color de la linfa y está dentro de ella, y los elevan de forma que crecen, como la levadura en el polvo de la harina, o sea la masa, y permanece y ellos se afianzan y con ellos y en ellos se desvanecen y consumen.

(239) Excreción. Lo que se desecha de los alimentos y bebidas desciende a las partes inferiores del hombre y se convierte en podredumbre y después que la reciben sale expulsada del hombre, como las uvas que se ponen en el lagar, y el vino se recoge en un recipiente y se tiran los residuos, es decir los hollejos.

(240) Sangre. Cuando el hombre bebe, un jugo muy sutil que hay en la bebida aumenta la linfa de la sangre, y lo que se desecha de la bebida baja a las partes inferiores, y después que se ha cocido, sale del hombre igual que el vino flota en la parte superior del vaso y las heces yacen al fondo. Pues la sangre aumenta con el jugo de los alimentos, y la linfa con el de la bebida, y no podrá haber sangre sin linfa como tampoco alimentos sin bebida, porque si la sangre no tuviera linfa sería dura y no tendría capacidad de fluir. Así también, si el hombre comiera y no bebiera se secaría por completo y no podría vivir. Por eso, el que come alimentos innecesarios y malos tiene mala sangre, y el que toma bebidas malas e innecesarias aumenta su podre, porque los jugos malos de los alimentos y las bebidas se mezclan en la sangre y la linfa.

(241) Nutrición. Cuando el hombre come y bebe, el curso vital de razón que hay en él lleva al cerebro el gusto, el jugo sutil y el olor de los alimentos y calienta sus venitas rellenándolas. Y el resto de los alimentos y bebidas que llegan al estómago calientan el hígado, el corazón y los pulmones, y atraen a sus venitas su gusto, jugo y olor, llenándolos, fortaleciéndolos y nutriéndolos lo mismo que si se pone una tripa árida y seca en agua, se ablanda, se hincha y se llena.
De ese modo cuando el hombre come y bebe, sus venas se llenan y fortalecen con el jugo de los alimentos y bebidas, de suerte que en las venas el jugo fortalece la sangre y la linfa, y la sangre que está en la carne se vuelve roja con el jugo de las venas.

(242) Hambre. Después que los alimentos se han secado y van a la basura, las venas se vacían de jugo y la sangre de la carne pierde rojez y se hace acuosa. Entonces las venas quieren rellenarse y la sangre de la carne necesita su rojez. Y esta es el hambre que padece el hombre.

(243) Sed. Cuando el hombre come, trabaja como la muela de molino que muele y con ese esfuerzo de masticar el hombre toma calor, comienza a secarse, y así comienza a secarse su interior, y eso es la sed. Beba entonces un poco y coma otra vez y cuando al comer se seque por el calor otra vez y tenga sed de nuevo, beba otra vez y hágalo así mientras come; porque si el hombre no bebiera en la comida, es decir mientras come, se volvería torpe de mente y cuerpo, la sangre no elaboraría buen jugo y no tendría por tanto buena digestión.
Pero si bebe en exceso en la comida  produce una mala inundación tormentosa de sus humores, de suerte que los humores rectos se desordenan. Y mientras los alimentos se secan y se convierten en basura, por ese calor buscan la humedad de las venas y sangre del cuerpo, y esto es la sed. Beba entonces un poco y humedezca su aridez, pues de otro modo incurrirá en molestias y pesadez de cuerpo y mente. El hombre, como tiene vida viva en sí y se nutre de alimentos variados, tiene mayor necesidad de bebida al comer que los demás animales que pacen con heno y hierba.

(244) Dormir. Que el hombre no duerma inmediatamente después de comer, antes que el gusto, el jugo y el olor de los alimentos hayan llegado a su lugar sino que deje pasar algo de tiempo después de comer, no sea que si se duerme nada más comer, esta dormición lleve a lugares incorrectos y contrarios el gusto, jugo y olor de los alimentos, y se dispersen por las venas de aquí para allá como polvo. Si el hombre se contiene un poco y luego va a dormir una hora corta1, la carne y la sangre aumentan y se pone más sano.

(1) modicem horam, una horita, un ratito.

(245) Sed nocturna. A menudo ocurre que el hombre tiene sed de día y de noche, cuando está despierto, a causa de la aridez y el calor de los alimentos. Pero tenga cuidado de no beber enseguida mientras aún tiene sueño porque se atraería enfermedades y excitaría sus humores y su sangre en tempestades injustas. Cuando se despierte, aunque tenga mucha sed absténgase del agua por un tiempo hasta que el sueño se le haya ido del todo.

(246) Bebida. Entonces, ya esté sano o enfermo, si tiene sed después de dormir, beba vino o cerveza y no agua, porque el agua dañaría su sangre y sus humores más que favorecerlos.

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