(183) Ojos. Los ojos del ser humano están hechos a semejanza del firmamento. La pupila del ojo es similar al sol, el color negro o gris que la rodea es similar a la luna, y la blancura exterior es similar a las nubes. El ojo consta de agua y fuego; con el fuego se sostiene y se fortalece para existir; el agua la usa para la visión. Si la sangre sobreabunda en el ojo, no deja ver porque seca el agua que proporciona la visión. Si la sangre disminuye más de lo debido, el agua que debería suministrar visión no tiene fuerzas porque le falta la fuerza de la sangre, como si le faltara la columna que está para sostener. Por eso los ojos de los ancianos se nublan porque ya la sangre se empieza a agotar y el agua se atenúa con la sangre. Los jóvenes ven con más claridad que los ancianos porque todavía sus venas están reguladas con sangre y agua, porque el fuego y el agua no han secado ni atenuado sobremanera su calor y su frío.

(184) Ojos grises. El hombre que tiene los ojos grises similares al agua, los suele cerrar con el aire, por eso <son> más débiles que otros ojos, porque el aire va cambiando según la corriente de calor, o frío o humedad. Así también estos ojos se dañan fácilmente con el aire molesto, o débil o húmedo, así como con la niebla, ya que así como estas inclemencias impiden la pureza del aire, así también dañan los ojos que se contraen con el aire.

(185) Ojos fogosos. Quienes tienen ojos fogosos semejantes a una nube negra colocada junto al sol, los han recibido por naturaleza del viento cálido del sur y están sanos porque son del calor del fuego. Pero el polvo y cualquier hedor los dañan porque la serenidad rechaza el polvo y la pureza rechaza un hedor desconocido.

(186) Ojos de diferente color. Quien tiene ojos semejantes a una nube en la que sale el arco iris, los tiene a partir del aire de diversas brisas que no poseen aridez ni humedad estables; y están enfermos ya que nacen de aire inestable. Con tiempo cálido tienen la visión oscura porque no son de fuego; y en un clima puramente lluvioso, tienen visión aguda porque tienen más humedad que fuego. Todo brillo les es nocivo, ya sea del sol, de la luna, de las estrellas, de las piedras preciosas, de los metales y de todas las demás cosas, porque están hechos de aire de diversos climas.

(187) Ojos turbios. Quien tiene los ojos semejantes a una nube turbia, que no es plenamente fogosa ni totalmente turbia sino verdosa, los recibe de una humedad lívida de la tierra que produce la inutilidad de varias plantas y gusanos de tierra. Son ojos blandos y muestran carnes rojas porque nacen del livor. Pero, como ya se ha señalado, no los daña el aire húmedo, ni el polvo, ni un mal olor, ni el brillo de cualquier otra cosa que dañe la agudeza de otros ojos, aunque a veces se ven perjudicados por ciertas enfermedades. Pues lo mismo que ninguna adversidad impide que las plantas dañinas o los gusanos salgan de la humedad azulada de la tierra, así tampoco se perjudica la vista de estos ojos con la aparición de esas adversidades.

(188) Ojos negros. Quien tiene los ojos negros o turbulentos, como son a veces las nubes, los ha tomado de la tierra. Son más firmes y más agudos que otros ojos y retienen por más tiempo la buena vista, porque son de la firmeza de la tierra. Pero se dañan con facilidad con la humedad de la tierra o la humedad de las aguas y de los pantanos, lo mismo que la tierra se infecta con los malos vapores y el exceso de humedad de aguas y pantanos.

(189) Albugo1 de los ojos. Cuando el cerebro del hombre se engrasa sobremanera, esa grasa envía a los ojos sudor y un humor nocivo. Cuando este humor y sudor humedecen los ojos y los dañan, su espesura les hace contraer albugo, que si no se quita con rapidez cuando todavía es reciente, se compacta tanto que después, a causa de su espesor no puede retirarse como un pellejo, y así nace el albugo. También el albugo nace del frío de los humores y de la bilis negra.

(1) Mancha blanca de la córnea, debida a granulaciones de grasas depositadas en el tejido de dicha membrana. (DRAE)

(190) Lágrimas de los ojos. Cuando abunda el agua en los ojos por culpa de humores nocivos, esa agua sofoca y absorbe el fuego que está en los ojos y así éstos se humedecen como si llorasen y empiezan a nublarse.

(191) Audición. Cuando el estómago del hombre enferma, extiende una flema hasta la cabeza que cae en los oídos y confunde la audición en el hombre. La flema a veces crece o disminuye y es fácil de curar y de quitar.
También los malos humores crean en el hombre cierto humo que envían a la cabeza y el cerebro; el vapor se extiende a los oídos, disminuye la audición y se queda allí mucho tiempo, con difícil curación.

(192) Dolor de dientes. Las venas pequeñísimas que rodean la cutícula, es decir, la membrana en la que está colocado el cerebro, se extienden hasta las encías de los dientes y hasta los dientes mismos, y cuando se llenan de sangre mala, excesiva y podrida, y se infectan con la espuma que se purga en el cerebro, llevan podredumbre y dolor al cerebro y a los dientes y a las encías. Y así la carne que está alrededor de los dientes y la mandíbula se hincha, y se siente dolor en las encías de los dientes.
Si el hombre no purga los dientes con agua, lavándolos con frecuencia, surge a veces un livor en la carne que rodea el diente. Este livor aumenta y enferma la carne, y a causa de ese livor que se ha ido depositando alrededor del diente, en los dientes nacen gusanos y la carne de los dientes se hincha y duele.

(193) Rubor del rostro. Quien está postrado en cama durante una enfermedad y se le sonroja el rostro, tiene la sangre enferma y venenosa que viene de sus vísceras enfermas, y por eso se le sonroja la cara. Pues el humor malo sale de sus venas, penetra sus carnes y las recorre, de suerte que a continuación se hinchan y engordan, como si estuvieran perforadas por diminutísimos agujeros. Este hombre no está triste, sino más bien contento y puede aguantar su enfermedad.

(194) Palidez del rostro. En quien está macilento y palidece por su enfermedad, la bilis negra se une a la parálisis así que estará frío. Por ese frío su cara está pálida y no mejora en sus carnes, como para que crezcan. Está triste en su enfermedad y fácilmente se mueve a ira. El estómago da humedad a las vísceras del hombre, y la vejiga acuosidad, por lo cual estas mismas vísceras derraman los alimentos aquí y allá y así engordan y tiene diversos livores.

(195) Hinchazón del bazo. Cuando el estómago se enreda con diferentes alimentos nocivos, y cuando la vejiga se ve herida por bebidas diversas y nocivas, llevan malos humores a las vísceras y envían vapor nocivo al bazo.

(196) Dolor de corazón. Por eso el bazo enferma, se infla y se hincha, y con su hinchazón y su dolor trasmite dolor al corazón y le pone livor en torno. Aún así el corazón es fuerte y resiste este dolor. Cuando los humores mencionados sobreabundan en las vísceras y en el bazo del hombre, introducen muchos padecimientos al corazón, los convierten en bilis negra y allí se mezclan.
De ese modo, la bilis negra, revuelta con otros humores sube con indignación y asciende hasta el corazón con vapor negro y maligno y lo fatiga con muchas fatigas repentinas. De ahí que esos hombres se vuelvan tristes y amargos, toman poco alimento y bebida, de modo que su cuerpo pierde fuerza y a veces apenas son capaces de subsistir. También emiten muchos eructos.

(197) Casa del alma. Cuando una persona edifica su casa hace una puerta, ventanas y chimenea. Por la puerta puede salir y entrar para conseguir lo que necesita; para tener luz están las ventanas; y cuando se hace fuego, el humo sale por la chimenea para que el humo no dañe la casa. Así también el alma, asentándose en el corazón como en su casa, emite y extiende los pensamientos como por una puerta, los medita como por ventanas, y envía las fuerzas de los pensamientos al cerebro como por un fuego encendido por una chimenea para que allí los discierna y discuta.
Sin pensamientos, el ser humano no tendría conciencia y sería como una casa que no tiene puerta, ventanas ni chimenea. Los pensamientos son los autores de la ciencia del bien y del mal y de la ordenación de todas las cosas, y a esto se llama pensamiento. Los pensamientos son los autores de la bondad, la sabiduría, la vanidad y cosas semejantes, y así los malos pensamientos salen del corazón por su puerta. El camino discurre desde el corazón hasta los elementos con que la persona hace lo que piensa. Las fuerzas de los pensamientos ascienden al cerebro, y el cerebro las retiene, porque el cerebro es la humedad de todo el cuerpo, y como el rocío, lo humedece todo. Cuando se producen ciertos humores malignos y fétidos en el hombre, trasmiten al cerebro cierto vapor nocivo.

(198) Dolor de pulmón.Con lo cual el cerebro se agita y trasmite este vapor por algunas venas al pulmón y lo daña, de modo que se hincha un poco y exhala el aliento con dificultad y mal olor. Pero esta hinchazón del pulmón no es muy peligrosa porque puede curarse con facilidad.

(199) Asma. Hay otros hombres con cabeza sana y tan fuerte que los mencionados humores no son capaces de dañar su cerebro porque no llegan a alcanzarlo. Pero como esos humores no pueden alcanzar el cerebro, permanecen en los canales de su garganta que conducen al cerebro, debilitándolos y haciendo que estas personas emitan aliento con dificultad. Cuando estos humores están en la garganta, llenan el pulmón de suciedad, pestilencia y podredumbre, y lo hieren como cuando a veces se dañan los ojos de los hombres con el dolor producido por úlceras o por la emanación de pestilencias. De ahí que el pulmón suba hasta la garganta y ocupe la entrada de la respiración, de forma que el hombre casi no exhala aliento.

(200) Tos. Y como hay podredumbre alrededor del pulmón, la persona expulsa muchas flemas pútridas pues de otro modo desfallecería rápidamente, ya que esta enfermedad a veces es peligrosa.

(201) Hedor del aliento en un clima de niebla. Hay también hombres que fueron concebidos en un clima de aire neblinoso y húmedo, por lo que siempre tienen aliento fétido y maloliente y sudor maloliente. Atraen a sus cerebros el aliento fétido y los malos humores que tienen en sí, y en la enfermedad les dañan tanto que muchas veces llegan a perder la memoria. Si expulsan la flema de la cabeza les duele menos porque el cerebro se limpia; pero si no, su cabeza se retuerce porque su cerebro no se libra de los humores nocivos y este aliento fétido pasa a los pulmones y los daña y por eso a veces tienen la voz algo ronca. Pero este dolor no es muy peligroso porque puede curarse rápidamente.

(202) Concepción en plenilunio. Los concebidos con luna llena y buen tiempo, ni muy caliente ni muy frío, son sanos y están ansiosos de comer alimentos. Comen alimentos de todo tipo indiferentemente, pero aunque los coman de todo tipo y puedan comerlos, deberían abstenerse de algunos alimentos nocivos, lo mismo que el cazador deja marchar las fieras inútiles y caza las útiles.

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