(172) Mujer sanguínea1. Ciertas mujeres son de naturaleza grasa, tienen carnes blandas y lindas, venas finas y una sangre correcta sin podre. Y como sus venas son finas tienen menos sangre y por eso su carne crece mucho más y está más llena de sangre. Estas mujeres tienen el rostro claro y blanco, están en los abrazos del amor y son amables, sutiles en sus artes, de ánimo continente por sí mismo, y en tiempo menstrual padecen hemorragias con un flujo moderado de sangre. El habitáculo de su matriz está asentado con fuerza para parir, por lo cual son fecundas y pueden concebir con la semilla del varón.
Pero no tienen muchos hijos, y si están sin maridos y no tienen prole suelen tener dolores corporales; en cambio si tienen maridos están sanas. Si antes de tiempo les quedan retenidas gotas de sangre de la menstruación que no fluyen, pueden volverse melancólicas, tendrán dolor de costado, las crecerá un gusano en sus carnes, les saldrán bultos supurantes llamados escrófulas2, o les saldrá lepra, aunque también moderada.

(1) El título de este epígrafe, como el de los tres siguientes, no tiene que ver con el texto que sigue, y es con toda probabilidad añadido de un escriba.
(2) Escrófulas (orfimae): tumefacción fría de los ganglios linfáticos, principalmente cervicales, por lo común acompañada de un estado de debilidad general que predispone a las enfermedades infecciosas y sobre todo a la tuberculosis.

(173) Mujer flemática. Hay otras mujeres cuyas carnes no crecen mucho porque tienen venas gruesas; tienen la sangre bastante sana y blanquecina con algo de veneno, y por eso toma color blanco. Tienen rostro severo, color negruzco, son fuertes, útiles, y tienen cierto ánimo viril. En la menstruación tienen secreciones de sangre ni muy escasas ni muy abundantes, sino más bien moderadas. Y al tener venas gruesas son muy fértiles y conciben hijos con facilidad, ya que también su matriz y todos sus órganos internos están puestos adecuadamente. Atraen a los hombres que van en pos de ellas y ellos las quieren.
Si quieren abstenerse de los hombres, pueden abstenerse de tener relaciones y solo se debilitarán un poco, no mucho. Pero si evitan las relaciones con hombres serán de carácter difícil y severo; y si están con varones y no quieren abstenerse de tener relaciones con ellos, serán incontinentes y excesivas en su lujuria, como ellos.
Son algo viriles por el verdor que tienen dentro y a veces les sale algo de bozo alrededor del mentón. Si una efusión de sangre de la menstruación les queda estrangulada antes del tiempo correcto, entonces caen en insania de cabeza, frenesí, o se vuelven esplenéticas1 o hidrópicas, o les crecen carnes de más que siempre son ulcerosas, o en algún miembro les crece un trozo de carne más de lo normal, como la excrecencia de un árbol o un fruto.

(1) Que padece de esplenitis, inflamación del bazo.

(174) Colérica. Otras mujeres tienen carnes delgadas, pero huesos gruesos y venas normales, con sangre roja y espesa. Son pálidas de color, prudentes y benévolas, los hombres las respetan y se las teme. Tienen demasiada sangre en su menstruación, su matriz esta fuertemente sujeta y son fecundas. A los hombres les gusta su carácter, aunque a veces las evitan y huyen de ellas porque los atraen, los enredan, y después no los quieren.
Si tienen junto a sí un marido, son castas, guardan fidelidad de esposas y están sanas de cuerpo. Si carecen de marido, soportarán dolores corporales y serán débiles por no saber a qué marido tienen que guardar fidelidad así como por no tener marido. Si el flujo de la menstruación les cesa antes de lo justo seguramente estarán paralíticas y serán débiles en sus humores; estarán enfermas, tendrán dolor de hígado, les saldrá con seguridad un tumor negro1 o sus pechos se hincharán de cáncer.

(1) dragunculi, cierto tipo de hinchazón negra en las extremidades. Probablemente "varices".

(175) Melancólica. Otras mujeres tienen carnes delgadas, venas gruesas, huesos moderados, y sangre mas azulada que rojiza. Su tez tiene una mezcla de colores negruzco y verdoso. Son inconstantes, lentas en sus pensamientos, y enferman aburridas de sus males. Son indolentes por naturaleza, de suerte que a veces padecen bilis negra. Tienen mucha sangre en la menstruación y son estériles porque tienen una matriz frágil y débil, por lo que no sirven para recibir semilla masculina, ni retenerla ni calentarla y por eso están más saludables, más fuertes y más contentas sin marido que con marido porque si están con marido se debilitan. Los hombres se apartan de ellas y las huyen porque no son muy afectuosas ni afables en sus conversaciones.
Y si en algún momento sienten placer de la carne, rápidamente les desaparece. Algunas de éstas, si sus maridos son robustos y sanguíneos, cuando llegan a una edad madura a eso de los cincuenta años, a lo mejor pueden parir un hijo. Si están con maridos de naturaleza más débil no conciben de ellos y permanecerán estériles. Si les faltara el flujo menstrual antes del tiempo natural de las mujeres, entonces pueden tener gota, piernas hinchadas, insania de cabeza que excita bilis negra, dolor de espalda y de riñones, o se les hincha rápidamente el cuerpo, porque sigue teniendo encerrada dentro la suciedad e impureza que tenía que haber purgado con la menstruación, y mueren rápidamente si no se les ayuda en la enfermedad y no las ayuda Dios o las libera la medicina,.

(176) Calvicie. El hombre cuya calva es grande y amplia tiene mucho calor dentro de sí. Este calor y el sudor de su cabeza hacen caer sus cabellos, pero la humedad de su aliento es fértil y humedece las carnes donde sale la barba, y ahí tiene mucho vello. El hombre que tiene escasez de vello en la barba y abundancia en la cabeza es algo frío y estéril, y cuando su aliento roza las carnes alrededor de su boca, vuelve estériles estas carnes. Después que a un hombre se le hayan caído los cabellos de la cabeza, no podrá restaurarlos de nuevo con ningún medicamento, ya que la humedad y el verdor que tenía antes en la piel de la cabeza (es decir, en el cuero cabelludo) ya desapareció y de ninguna manera podrá surgir allí la fertilidad y por tanto tampoco renacerán los cabellos. Muchísimas veces ocurre que quienes tienen la calva grande y amplia, tienen también barba grande y amplia, y que quienes tienen barba débil y escasa, tanto más cabello tienen en la cabeza.

(177) Dolor de cabeza. La fiebre aguda, la cotidiana, la terciana y la cuartana, así como también otras fiebres, afectan a veces a la bilis negra, que alcanzada por ellas envía un vapor acuoso a la cabeza y al cerebro del hombre, y le hace enfermar con dolor intenso y continuo.

(178) Migraña. La migraña también nace de la bilis negra y de todos los malos humores que hay en el hombre. Ocupa la mitad de la cabeza, no toda, de modo que ora está en la parte derecha, ora en la izquierda. Y así, cuando hay exceso de humores, la migraña se localiza en la parte derecha y, cuando es la bilis negra la que se excede, en la izquierda. Pues la migraña tiene tanta fuerza <que>, si ocupara toda la cabeza a la vez, el hombre no podría sufrirla. Y es difícil de quitar porque a veces, reprimir la bilis negra excita los malos humores, y sedar los malos humores aumenta la bilis negra; y tiene mala cura porque la bilis negra y los malos humores difícilmente se aplacan a la vez.

(179) Otra vez el dolor de cabeza. El alimento que tiene sustancia húmeda como el jugo de las hortalizas o el de las frutas, cuando se come sin el alimento seco del pan produce a veces un dolor de cabeza que se calma rápidamente, ya que surge de un jugo suave.
Muchas veces hay abundancia de flema en el hombre y sube a la cabeza, golpea las venas de las sienes que fortalecen la frente y hace que duela la frente.

(180) Vértigo. Cuando por propia voluntad y sin necesidad alguna, una persona que no ha recibido estudios superiores se ocupa en variadas y diversas reflexiones, aparta sus humores del camino correcto de modo que a veces el individuo se desboca, y a veces <está> torpe y desorientado y por eso su cabeza cae en el mareo, de suerte que su ciencia y su sensatez se vacían.

(181) Amencia. Cuando las afecciones antes señaladas se reúnen a la vez y desatan su furia en la cabeza del hombre, lo llevan a la locura, lo postran y lo vacían de todo conocimiento como una nave que se quiebra agitada por las inclemencias del temporal, por lo que muchos piensan que está poseído por el demonio. Pero no es así, sino que los demonios acuden a esta afección y dolor y ponen trampas, porque sus ocupaciones tienen que ver con la locura. Pero no obstante no dominan sus palabras, porque esta persona no está poseída por un demonio. Porque si un demonio se apropia de las palabras de algún humano por permiso divino en lugar del Espíritu Santo, abruma al poseído con sus palabras y desvaríos hasta que Dios lo expulsa como cuando lo expulsó del cielo.

(182) Cerebro. Los humores buenos y malos que hay en el hombre tocan el cerebro, que por eso siempre está blando y húmedo. Pues si alguna vez se seca, se pone enfermo con rapidez. El cerebro es por naturaleza muy húmedo y graso, como es también la materia del conocimiento, de la sabiduría y el intelecto del hombre, las contiene y retrae y también retiene la fuerza de los pensamientos.
Cuando los pensamientos se posan en el corazón llevan consigo sensaciones gratas o amargas: las gratas lo impregnan, las amargas lo vacían. El cerebro, por lo demás, tiene agujeros, como un incensario, por donde sale el humo, y las vías están en los ojos, en las orejas, en la boca, en la nariz y allí se hacen ostensibles. Cuando hay pensamientos agradables, los ojos, las orejas y la conversación del hombre se muestran alegres. Cuando hay amargura, los ojos muestran lágrimas y el oído y el habla exteriorizan ira y tristeza.

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