(165) Sueños. Pero como el alma viene de Dios, a veces ve algunas cosas verdaderas y futuras mientras el cuerpo duerme y sabe cosas que son futuras para el hombre y que luego acontecen. También ocurre a menudo que el alma, engañada por una ilusión del Diablo o apesantada por la mente turbada, no puede verlas perfectamente y se engaña. Muchas veces los pensamientos, opiniones y deseos que ocupan al hombre despierto también le cargan los sueños y estos pensamientos, ya sean buenos o malos, aparecen en sueños y con ellos se eleva como el fermento que hace crecer la masa de la harina.
Si los sueños son buenos y santos, la gracia de Dios le muestra al hombre cosas verdaderas en ellos, pero si son vanos, muchas veces el diablo que lo ve aterroriza el alma de este hombre y mezcla sus mentiras con los pensamientos del hombre. Pero a veces también, con sus engaños muestra torpezas a los hombres santos para reirse de ellos. En efecto, cuando un hombre duerme ocupado su ánimo con alegría, tristeza, ira, preocupaciones, ambición de poder u otras causas similares e inadecuadas, el diablo, que ha visto estas emociones en el hombre mientras estaba despierto, pone ante sus ojos una ilusión.
Pero cuando se duerme en el placer de la carne, también le presenta engaños diabólicos de suerte que le hace ver cuerpos de vivos y a veces también de muertos con los que tuvo alguna familiaridad o también a quienes no vio nunca con sus propios ojos corporales, y así le parece que tiene con ellos placer en los pecados y poluciones, como si él estuviera despierto y como si vivieran quienes están muertos. Así que ocurren torpezas con su semen. Porque el diablo hace delirar al hombre con sus trucos cuando está despierto y también lo fatiga así cuando está dormido. El alma, al estar fija al cuerpo, reacciona con él tanto si está despierto como dormido, muchas veces incluso contra su voluntad, y le produce algunos movimientos. Y lo mismo que el aire hace girar en el agua la rueda del molino y lo hace moler, así también en muchas ocasiones el alma mueve el cuerpo a diversas obras, dormido y despierto.

(166) Eficacia del alma. Pues lo mismo que el sol es la luz del día, así el alma es luz del cuerpo despierto; y lo mismo que la luna es luz de la noche, también el alma es la luz del hombre que está durmiendo. Cuando el cuerpo del durmiente tiene una temperatura normal y su médula lo calienta con mesura y moderación, y no alberga la tempestad de los vicios ni contrariedad de sus costumbres, entonces la mayor parte de las veces ve la verdad; porque el conocimiento de su alma está en paz, igual que la luna produce su esplendor con claridad y plenitud cuando luce en una noche sin agitación de nubes ni de vientos.
Pero si por el contrario una tempestad de pensamientos varios y contrarios ocupa la mente y el cuerpo del hombre despierto y él se duerme en esta tempestad, muchísimas veces lo que ve durmiendo es falso ya que la ciencia de su alma está tan obcecada con estas contrariedades que no puede ver la verdad; lo mismo que la luna no puede verse claramente en las tormentas a causa de las nubes. Y como el alma es fuego, produce al durmiente con moderada  inhalación y exhalación para que su cuerpo no perezca, igual que el alfarero tiene cuidado para que al cocer su vasija junto al fuego no esté demasiado caliente o fría, ya que si estuviera demasiado caliente la vasija quebradiza se rompería por completo.

(167) Aliento. Si el hombre no tuviera aliento que entrara y saliera de él, carecería de movimiento corporal, y su sangre no sería líquida ni fluiría, como tampoco fluye el agua sin la ayuda del aire.

(168) Contraste entre alma y carne. El alma es un soplo que tiende al bien y la carne al pecado, y pocas veces el alma puede refrenar al cuerpo para que no peque, como el sol no puede impedir que los gusanitos salgan de la tierra al lugar que él calienta con su brillo y calor. El alma es un soplo para el cuerpo como el fuelle para el fuego, porque cuando se ponen leña y carbones, el fuelle enciende el fuego. Así, el alma adosada al cuerpo, a los huesos, a los músculos, y a la carne, se inclina a cualquier acción. No puede dejarlos mientras está en el cuerpo porque la médula está fija a los huesos, la carne y todos los miembros, como el hombre que está atado a un madero y no es capaz de escapar de él.
No obstante, así como el agua a veces extingue el fuego para que no arda sobremanera, así el alma ayudada por la gracia de Dios y avisada por la razón refrena un poco los vicios pecaminosos, para que no resurjan y crezcan demasiado.
Pero después que la médula que crecía mientras la persona dormía se haya recreado y después que el alma haya recompuesto el armazón del cuerpo dormido, vuelve a recoger el suave viento que enviaba desde la médula para descanso del hombre y el hombre se despierta.
Otras veces, cuando el hombre se despierta y se vuelve a quedar dormido otra vez, la medula no recupera toda su fuerza y plenitud, ni los miembros quedan listos para recuperarse. Cuando el hombre se despierta muchas veces y otra vez se vuelve a dormir, su médula y sus miembros se recuperan más suave y lentamente, como un bebé que chupa y deja de chupar repetidas veces mientras reúne fuerzas para recuperarse.

(169) Excitación del alma. También sucede muchas veces que el hombre dormido yace sobre un costado o sobre alguna otra parte de forma dura y pesada, está tocando alguna cosa o está pesado por la enfermedad. Como el hombre es sensible, el alma, al sentir estos pesos y entorpecimientos y al ver que su cuerpo se debilita con ellos, recoge sus fuerzas y retrae el viento que enviaba desde la médula y despierta al hombre de su sueño.
Cuando se produce un estrépito, un ruido, o una voz clamorosa cerca del cuerpo dormido, y el aire se ve turbado por ello, el aire exterior reverbera en el interior del hombre, puesto que en el hombre también hay elementos. Y su alma, sintiendo que el aire se mueve, retira sus fuerzas y hace que se despierte. Muchas veces ocurre que por un golpe repentino, o por el tacto o por cualquier otra razón, el hombre se despierta de repente y con dificultad. Por lo cual su sangre y sus venas se agitan de modo contrario, de modo que muchas veces hay en el cuerpo dolor y sobreviene una fiebre aguda o terciana porque el alma se ha turbado por la repentina aceleración.
Pero cuando el hombre se despierta moderadamente aparece con pensamiento más agudo y rostro más jocundo, porque entonces todos sus miembros se han recuperado en el descanso.

(170) Exceso de sueño. Si alguien duerme demasiado, fácilmente tendrá después diversas fiebres malas; y a veces se le niebla la vista, porque sus ojos al dormir han estado demasiado tiempo cerrados, como si alguien contemplara demasiado tiempo el resplandor del sol y se causara ceguera después. Por el contrario, si alguien duerme con moderación tendrá después buena salud. Quien está despierto demasiado tiempo cae en debilidad de cuerpo y en consecuencia a veces pierde sus fuerzas o el conocimiento, y la carne que está alrededor de sus ojos le duele y comienza a ponerse roja y a cerrarse. Sin embargo no se daña la vista de los ojos, la percepción ni la pupila. Quien está despierto con moderación tendrá salud.
Con frecuencia ocurre que un hombre está despierto y no puede dormir, cuando su alma está ocupada por diversos pensamientos, sensaciones y contrariedades o está poseído por una gran alegría. Pues cuando el alma está ocupada con ira, temor, tristeza, angustias u otras cosas y pensamientos diversos, entonces mucha de la sangre que hay en él se inquieta y las venas que debían recibir el suave viento del sueño se contraen un poco y no lo pueden recibir. Y cuando alguien ha visto u oído algo, o le ha sucedido alguna cosa por lo que pueda estar extraordinariamente feliz, sus venas se vuelven a la alegría y no son capaces de conservar el viento suave; no conserva una temperatura correcta y permanece insomne hasta que su mente se tranquiliza, y duerme si las venas vuelven a su moderación.
Cuando el hombre está agotado por una grave enfermedad, la sangre y los humores que hay en él se vuelven contrarios y le crean agitaciones y tormentas, por así decir, y no puede descansar con estas contrariedades, permanece insomne contra su voluntad y está despierto en vez de dormido.
El que duerme tiene una percepción visual distinta que cuando está despierto. Por eso cuando se despierta del sueño, después de dormir no puede acostumbrarse rápidamente a la claridad, y, cuando está en la oscuridad no es capaz de adaptarse rápidamente a la claridad. Del mismo modo, quien está en la claridad no puede adaptar rápidamente su visión a la oscuridad hasta que no pasa un rato; como cuando uno hace sonar las palabras pero el pensamiento queda oculto dentro.

(171) Ejercicio. El varón que tiene un cuerpo sano, si anda mucho o está mucho de pie, siempre que ni ande demasiado ni esté demasiado tiempo de pie, su salud después no sufre mucho daño porque el cuerpo está en movimiento. Quien esté débil, que se siente, porque si anda mucho o está mucho tiempo en pie se verá perjudicado. La mujer, que es más frágil que el hombre y tiene un cráneo diferente, que ande y esté en pie con moderación pero debe estar más tiempo sentada que moviéndose para que la dañe menos. Quien monta a caballo después no se ve muy afectado aunque esté cansado, ya que se desenvuelve al aire y la brisa, pero en ocasiones debe utilizar las piernas y los pies para ejercitarlos de vez en cuando, moviéndolos y estirándolos.

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