(152) El cambio de la luna y los humores. Pues cuando la luna crece a su plenitud, la sangre del hombre aumenta, y cuando la luna decrece, entonces disminuye la sangre. Y siempre es así, tanto en la mujer como en el varón. Cuando la sangre del hombre crece hasta el máximo, si no disminuyera, el hombre no podría aguantar y reventaría por completo.

(153) Momento de procrear. Pues cuando la sangre del hombre aumenta en luna creciente, entonces el ser humano, tanto la mujer como el varón, es fértil para dar fruto, es decir, para generar una prole. Cuando crece la luna se produce también aumento de la sangre; y la semilla del hombre es fuerte y robusta. En luna menguante, cuando disminuye la sangre en el hombre, su semen está débil y sin fuerza como las heces del vino y por eso entonces es menos fértil para generar una prole. Y si entonces alguna mujer concibiera prole, ya fuere macho o hembra, este ser humano será enfermizo, débil, y carecerá de virtud. En el crecimiento de la luna aumenta la sangre tanto en el varón como en la mujer, y en el menguante de la luna disminuye tanto en la hembra como en el macho, hasta llegar a los cincuenta años.

(154) Menstruo. Pero cuando en luna menguante disminuye la sangre en el macho, también disminuye la sangre en la hembra al tiempo de la menstruación. Si a una mujer le viene el menstruo en el creciente de la luna, entonces le duele más que si le viniera en el menguante, ya que en luna creciente le debería crecer la sangre que por la menstruación le disminuye.
En el hombre, después de los cincuenta años la sangre ya ni aumenta ni disminuye según el curso de la luna con tanta fuerza y velocidad como hacía antes, sino que hasta los ochenta años hace que su carne engorde algo más de lo que estaba acostumbrada porque la sangre deja de aumentar y disminuir. Tras los ochenta años, disminuyen mucho la sangre y la carne, la piel se contrae y surgen arrugas. En la juventud su piel era lisa y plena ya que estaba llena de de carne y sangre, pero después de los ochenta la sangre y la carne del macho disminuyen y se debilitan. Por eso hay que fortalecerlo con comida y bebida, como a un niño, para rehacer su indigencia y entonces lo que le falta de sangre y de carne se suplementa con comida y bebida.
En las mujeres, después de los cincuenta, desaparece la menstruación salvo en aquellas que tienen tanta salud y fuerza que se les prolonga hasta los setenta años. Después, al no fluir la sangre como antes, su carne engorda hasta los setenta años, ya que entonces no se debilita por la menstruación. Tras los setenta su carne y su sangre se debilitan, su piel se contrae y surgen las arrugas. Ellas se debilitan y han de ser socorridas con mayor frecuencia con comida y bebida, como los niños, ya que se ven privadas de sangre y carne. Son más débiles que los machos, ya que esta miseria de la vejez les llega a los machos a los ochenta años.
A los animales salvajes la sangre les crece con el creciente de la luna y les disminuye con el menguante, aunque menos que a los hombres, salvo aquellos que nacen y se nutren del sudor y la humedad de la tierra, que subsisten gracias al veneno y a la suciedad más que a la sangre; y exceptuados también los peces, que por vivir en el agua y subsistir gracias a ella, tienen poca sangre.
En los árboles que echan ramas y follaje gracias a sus raíces, la savia aumenta en luna creciente y disminuye en luna menguante. Si se cortan en luna creciente, entonces la humedad permanece en ellos a causa de la savia, y los consumen la carcoma y los gusanos porque si los hubieran arrancado en luna menguante, al atenuarse un tanto la savia se ponen más duros de suerte que crecen menos gusanos en ellos y la carcoma no puede dañarlos tanto.

(155) Poda de árboles. Para su estabilidad, la plantación y poda de árboles es mejor hacerla en luna menguante que en creciente, ya que si se hace en esta última, como tienen savia excesiva y abundante, muchas veces se debilitan, echan menos raíces y crecen menos que si se hiciera con luna menguante. Porque si se hace en luna menguante, teniendo un poco de menos savia, la fuerza de los árboles late dentro con más fuerza, y por eso las raíces arraigan antes y se estabilizan mejor que con una savia excesiva en su interior porque después, con la luna creciente, viene la savia y sube.

(156) Poda de viñas. Cuando se cortan sarmientos de las vides para plantar filas de viñas, son más útiles y sus frutos serán más abundantes si se cortan en luna menguante que en luna creciente pues cuanto más crecida está la luna en el momento de la poda, tanta más savia y resina fluyen en ellas, y entonces la vid será algo más seca que si se hace el corte en luna menguante, ya que en ese momento la fuerza interior permanece y la zona cortada renace y se endurece con la luna creciente.

(157) Recogida de hierbas. Si se cortan o arrancan las hierbas buenas y nobles en luna creciente, cuando están repletas, son mejores para electuarios1, ungüentos y cualquier medicina que si fuesen recogidas en luna menguante.

(1) En el original, lutirdrank, electuario, preparación farmacéutica con la consistencia de mermelada.

(158) Recolección de frutos. Todas las verduras y frutas que se recogen en luna creciente y también las carnes del ganado que se sacrifican entonces son más ricas para consumo que si se recogen o se sacrifican en luna menguante, ya que entonces están llenas de jugo y sangre, excepto si deben conservarse más tiempo, porque en ese caso es mejor y más útil recoger las frutas y verduras y sacrificar los animales en luna menguante, de modo que duren lo más posible, por imperativo de la luna menguante que hace que los frutos y los animales tengan más consistencia.

(159) Siega de cereales. También el grano que siegan los segadores en la mies produce más harina durante la luna creciente que si se recogiese en menguante, ya que en luna creciente está en plenitud y en menguante es algo más reducido. Pero lo que se recoge en luna menguante, gracias a su fuerza, puede durar más que lo que se recoge en creciente. El grano que se recoge en luna creciente y que se lanza a la tierra para sembrarlo arraiga más rápido y se hace antes hierba. Crece más aunque con menos fruto que si hubiera sido recogido en luna menguante.

(160) Tiempo de la siembra. Lo que se recoge en luna menguante, si se siembra, brota y crece más lentamente y tiene menos planta, pero produce cosecha más rica que si se hubiera recogido en luna creciente. Toda semilla que se siembra en luna creciente brota y crece más veloz y tiene más planta que si se sembrara en menguante, porque, si se sembrara entonces, nacería poco a poco hasta desarrollarse por completo.
(161) Más sobre el sueño de Adán. Antes que Adán traicionara el mandato de Dios, se le infundió el sueño y se le mostró alimento. Después que traicionó el mandato, su carne cayó en tanta debilidad y fragilidad y con tanta inestabilidad como la carne de un muerto comparada con la de un vivo. Pero después se restablecía con el sueño y se fortalecía con la comida. Y así ocurre en todos los hombres. Pues lo mismo que la carne del hombre crece con la comida, así también su médula con el sueño.

(162) Sueño. Cuando una persona duerme entonces su medula se recrea y crece; y cuando está despierta, la médula se atenúa y debilita un poco; lo mismo que la luna creciente aumenta y la menguante disminuye, y como las raíces de las plantas que en invierno tienen dentro de sí el verdor que hace brotar las flores en verano. Cuando la médula del hombre está fatigada por el trabajo o atenuada por la vigilia, el hombre se deprime de sopor y se duerme con facilidad, ya esté de pie, o sentado o tumbado, porque su alma siente dentro de sí la necesidad de su cuerpo.
Atenuada y encogida la médula por la vigilia, las fuerzas del alma enseguida producen en ella un viento suavísimo y dulcísimo que recorre las venas del cuello y toda la cerviz, y que llega a las sienes y ocupa las venas de la cabeza y que relaja el aliento vital del hombre, de modo que el hombre está y yace como insensible, necio e impotente y su cuerpo no tiene conscientemente inteligencia, pensamientos o sensibilidad excepto los que el alma sigue inspirando y expirando, como hace el hombre cuando <está> despierto y lo sustenta tanto despierto como dormido, ya que está en él tanto mientras duerme como mientras está despierto. Y así el hombre se duerme, como se ha dicho antes.
Entonces el alma, recoge en sí sus fuerzas, hace crecer su médula, la fortalece, y a través de ella robustece los huesos y coagula su sangre; calienta la carne, recompone los miembros y dilata la inteligencia y sabiduría, alegrándolo con su vida. Así, mientras el hombre duerme, tiene más calor interior que cuando está despierto, porque cuando está despierto, la médula se atenúa, y se hace resbaladiza y turbia y por eso cae dormido. En cambio, cuando duerme, su médula arde, porque entonces crece y se vuelve grasa y brillante.

(163) Polución nocturna. Por lo cual a veces en este ardor la médula mueve la sangre en exceso al placer y produce la espuma de la polución enviándola a sus genitales, sin que el hombre lo sepa. A veces, por exceso de alimentos y bebidas, la médula se enardece ya que el alimento y la bebida sin moderación la enardecen, y los jugos de los alimentos hacen agitarse un tanto la médula y la sangre. De ese modo la médula enardecida agita en la sangre el placer y el gusto de la carne y lleva a los genitales la espuma de la polución, sin que el hombre lo sepa, lo que no ocurre, o lo hace rara vez, en el calor del verano o por el calor de la ropa del hombre. Como en ese momento el cuerpo descansa y no hace nada, el alma que en vigilia estaba ocupada en múltiples asuntos, en sueños hace salir la ciencia con la que actúa en el cuerpo y lo contempla como con sus ojos, ya que en ese momento no está impedida por las acciones del cuerpo.

(164) Más de Adán y su profecía. Cuando Dios envió el sueño a Adán, su alma vió en esos momentos muchas profecías ya que entonces no había pecado aún. Y mientras el hombre duerme, su alma vería muchas profecías verdaderas, si no estuviera cargado de pecados.

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