(146) Más sobre el exilio de Adán. Cuando Adán se quedó ciego y sordo por su desobediencia, esta fuerza <vital> fue al exilio y en cosa ajena, y huyó furtivamente a los mencionados lugares genitales del hombre y allí se quedó.
Pero estos hombres de los que antes hemos hablado, son prudentes y temidos por otros; tienen preferencia por las mujeres y suelen evitar y huir un tanto a los varones, porque les gustan más las mujeres que los hombres. Y les gustan tanto la forma femenina en la cópula que no pueden contenerse ni evitar que su sangre arda con mucho ardor cuando ven u oyen a una mujer, o cuando la traen de la memoria a sus pensamientos, porque sus ojos son como flechas para el amor de la mujer, y su oído como un fortísimo viento cuando la han oído, y sus pensamientos una lucha de tempestades que no puede contenerse sin caer sobre la tierra.
Estos hombres son viriles y por su fertilidad se les llama artesanos, porque son siempre fértiles con su ardor, con mucha y mucha prole como un árbol que extiende ampliamente sus ramos. Y también son como flechas por el gran ardor de abrazar que hay en ellos. Y si tienen cópula con una mujer, entonces están sanos y alegres y si carecen de ellas, se secan y andan casi moribundos, a no ser que en el exceso de sus sueños o sus pensamientos u otra perversidad expulsen de sí la espuma de su semilla, pues están en tanto ardor de libido que a veces se acercan a alguna criatura insensible y sin vida y se revuelven con ella y emiten la espuma de su semen como alejando y aliviando ese ardor. Están agotados en aquel libido y en castigo al ardor que existe en ellos, porque para ellos la continencia es grave. Por lo cual, si éstos quieren evitar a las mujeres obligados por el pudor, o por temor o por amor a Dios, evítenlas y húyanlas como al veneno porque difícilmente casi ninguna vergüenza o continencia puede impedir que abracen a las mujeres cuando las ven.
Los hombres que nacen de estos hombres muchas veces tienen costumbres crueles, son incontinentes en su lujuria, y tan perversos en sus costumbres respecto a la moral humana, como deforme es su imagen, formada como de leño informe casi consumido por el fuego, comparado con la hermosa apariencia que surge de un pulcro madero. porque la sugestión del diablo está muy presente en la cópula, en la que se siembran muchos excesos. Pero cuando estos tienen relaciones con ardor bueno y justo, los que nacen de ellos son muy inteligentes, muy útiles, muy veloces, de rostro viril y de limpia belleza.

(147) Sanguíneos. Hay otros varones que tienen un cerebro cálido y un calor amable, mezcla del candor y el rubor de su rostro, y venas grandes llenas de sangre espesa de correcto color rojo. También tienen humor placentero que no está oprimido por la tristeza o la amargura y que huye de la acerba bilis negra. Y puesto que tienen el cerebro cálido y la sangre correcta y sus humores no están oprimidos, tienen pingües carnes en sus cuerpos.
La costumbre que estos tienen en sus muslos es más ventosa que ígnea, y por eso pueden tener abstinencia, ya que casi todo el viento que está en sus muslos refrena el fuego y lo templa. Y cuando el viento y el fuego caen alguna vez en sus sagrarios, cumplen todo su oficio con honor y sobrio amor, de modo que su vástago florece honrosamente en flores. Se dice que en su correcto abrazo es un edificio áureo, porque su razón siente de dónde es y en su moderación hacen gestos humanos.
Estos necesitan convivir con hombres ya que la naturaleza femenina es más suave y leve que la naturaleza viril. Pero pueden cohabitar con mujeres honradamente y con fertilidad, e incluso son capaces de abstenerse de ellas. Las miran con ojos limpios y castos, ya que así como los ojos de otros son como flechas para ellas, los ojos de estos sintonizan honradamente con ellas, y donde el sonido de otros es para ellas como un fuerte viento, la voz de éstos suena como una cítara, y donde los pensamientos de los otros son un casi un torbellino, a éstos, a modo de elogio, se les llama amantes prudentes. Con frecuencia soportan graves dolores cuando se contienen en la medida de sus posibilidades, pero en ellos hay una prudencia templada que tiene arte femenina, que toma la buena continencia de la naturaleza femenina. También tienen un intelecto inteligente.
Pero quienes de ellos nacen son continentes, felices, útiles y honrados en todas sus obras y permanecen sin envidia, ya que el viento y el fuego en los muslos de sus padres los templó correctamente, puesto que el exceso de fuego no ha superado al viento, sino que el viento ha templado al fuego. Y quienes se comportan así serán útiles. Los varones antes mencionados, si están sin mujeres están desangelados como un día sin sol. Pero lo mismo que cuando falta el sol día tras día los frutos se contienen para no secarse, así también, sin mujeres, estos hombres se contienen con una actitud templada. Con mujeres, empero, son jocundos como un claro día de sol. Y como son dulces a la vista, al oído y en su forma de pensar, emiten con más frecuencia que otros una espuma acuosa y no cocida, que les viene estando despiertos o dormidos. Y se libran del calor de la libido con más facilidad que otros, o consigo mismos, o con otras cosas.

(148) Melancólicos. Hay otros varones cuyo cerebro es graso, la piel del cerebro y sus venas turbias, y tienen un color de piel sombrío, de modo que sus ojos tienen algo de ígneo y viperino. Tienen venas fuertes y duras que contienen sangre negra y espesa. Tienen carnes crasas y duras, y grandes huesos que tienen dentro una médula pequeña, pero que arde tan fuerte que son incontinentes con las mujeres, igual que los animales y las serpientes. El viento que está en sus riñones se comporta de tres maneras: es ígneo, ventoso y mezclado con vapor de bilis negra. Por eso no tienen gusto correcto por nada. Son avaros, amargados, necios, excesivos en su libido y sin moderación con las mujeres, como los burros. Por lo cual, si alguna vez cesa esta libido, fácilmente incurren en locura y se vuelven frenéticos. Y cuando ejercitan esta libido conviviendo con mujeres, no sufren de locura; pero también el abrazo que deberían tener sobriamente con las mujeres, es odioso, tortuoso y mortífero como de lobos rapaces.
Algunos de ellos, por sus fuertes venas y su médula ardiente están a gusto con mujeres según es natural a los humanos pero también las odian. Otros pueden evitar el sexo femenino, porque las mujeres no les gustan y no quieren tenerlas, pero son en sus corazones tan feroces como leones y se comportan como osos. Son, sin embargo, útiles y prudentes en los trabajos manuales y obran con buena voluntad.
El viento del placer que cae en los sagrarios de los varones antes mencionados les llega con tanta inmoderación y tan repentinamente como el viento que de repente sacude toda la casa con fuerza por lo que alza su vástago con tal tiranía que, aunque debía florecer en flores, se retuerce con la crueldad de las víboras y en su malicia tiene maldad en su progenie como una víbora asesina y cruel, porque la sugestión del diablo cobra tanta furia en la lujuria de estos hombres que si pudieran matarían a la mujer en el mismo momento de la cópula, ya que no hay en ellos ningún obra de amor o caridad.
Por eso los hijos e hijas que engendran de esta manera, la mayor parte de las veces tienen diabólica insania en sus vicios y sus costumbres, ya que fueron engendrados sin amor. Porque quienes nacen de éstos serán infelices y tortuosos en todas sus costumbres y por eso no podrá amárselos, y no están a gusto con los demás hombres porque los atormentan multitud de fantasmagorías. Si, por el contrario, permanecen con hombres lo hacen con odio, envidia y perversas costumbres, y no comparten con ellos alegría alguna. Algunos de estos, empero, nacen prudentes y a veces son útiles pero en su misma utilidad muestran comportamientos tan pesados y contrarios que no se les puede querer u respetar; como piedras vulgares que yacen sin brillo casi apagadas y no se las aprecia entre las piedras brillantes, porque carecen de limpio brillo.

(149) Flemáticos. Hay otros varones que tienen el cerebro graso, blanco y seco. Las venitas de su cerebro son más blancas que rojas. Tienen los ojos gruesos y secos, y color de mujer en el rostro. No tienen la piel brillante, sino casi de color apagado. Tienen venas anchas y blandas que, sin embargo, no tienen mucha sangre. Esa sangre no es muy sanguínea sino más bien espumosa. Tienen suficientes carnes en su cuerpo, pero blandas como las de las mujeres, y miembros fuertes, aunque no con ánimo audaz y valeroso. En sus pensamientos y en la verborrea de sus conversaciones son audaces y arrojados como el fuego, cuya llama surge de repente y de repente cae. Incluso en su atuendo muestran una audacia que no tienen en sus actos. En su conversación demuestran más intenciones que actos.
El viento que está en sus riñones tiene un fuego moderado, y calienta suavemente, como el agua que no llega a estar caliente del todo. Y sus dos casas, que deberían ser como dos fuelles para avivar el fuego, están abandonadas con fallos y no tienen fuerzas para levantar el vástago, ya que no contienen la plenitud de su fuego.
Estos hombres pueden ser amados en los abrazos, porque sirven para convivir con hombres y con mujeres y porque son fieles, así que no tienen odio mortal a los hombres, pero como en sus cuerpos tienen algo del gusto de las primeras criaturas, con el que Adán y Eva procedían sin deseo carnal, fallan en una y otra forma de reproducirse. Y como su semen no puede ser como el de los demás hombres, no son capaces de ser viriles ni en la barba ni otras cosas de este tipo.
Y como tampoco son envidiosos y son débiles, aman sinceramente a las mujeres que también son débiles, ya que la mujer es como un niño en su debilidad, y por eso estos hombres a veces se calientan un poco y les crece algo de barba, como una tierra donde crece un poco de hierba. Pero no tienen la perfección del arado para levantar la tierra y no pueden unirse a las féminas como otros varones fértiles, porque son estériles. Por lo cual la libido no les trabaja el ánimo a no ser que lo piensen o deseen. Y como tienen este defecto en su cuerpo son de ingenio tardo. Las venas de sus sienes no están llenas de verdor, tienen venas frágiles al estilo de los cálamos y ciertas cañas. Y no se les llama viriles porque sus venas están frías y porque su semen es débil y sin cocer, como la espuma, y no pueden retenerlo hasta el tiempo adecuado.

(150) Placer de la mujer. El placer en la mujer es comparable al sol que con su calor empapa la tierra con dulzura, suavidad y constancia, de suerte que nacen frutos, porque si el sol quemara la Tierra constantemente perjudicaría a los frutos más que beneficiarlos. Así también el placer en la mujer tiene un calor agradable y suave, pero continuo, y así concibe y da a luz a su prole. Si permaneciera siempre en un hervidero de placer, no sería apta para concebir y parir. Cuando surge el placer en la mujer, es más ligero que en el hombre porque el fuego no arde en ella tan fuerte como en el varón.

(151) Placer del varón. Cuando en el macho surge la tempestad de la libido, da vueltas en él como un molino, porque sus lomos son como una fábrica a la que la médula envía su fuego, y luego esta fábrica manda el fuego a las partes genitales del macho y le hace arder con fuerza.
Pero cuando el viento del placer surge de la médula de la mujer cae en la matriz que está adherida al ombligo, y mueve al placer la sangre de la mujer; y como la matriz tiene un lugar amplio y como abierto cerca del ombligo, aquel viento se dilata por su vientre; y por eso arde de placer más suavemente, aunque con más frecuencia por su humedad. Por temor o por pudor, ella es capaz de contenerse más fácilmente que el hombre. Por eso la espuma del semen surge de ella más raramente que en el hombre. Esta espuma es tan pequeña y ligera comparada con la espuma del varón, como una miga comparada con el pan entero.
Pero en muchas ocasiones ocurre que después del placer no le sale la espuma mencionada, y se mezcla en las venas de la matriz que son blanquecinas y pingües, para salir a través de la menstruación y lo que queda de residuo se difunde por ella, algo se disipa, algo se gasta y desaparece cuando se mueve al placer sin contacto con el varón y por eso la naturaleza fértil de la mujer es más fría y sanguínea que la del varón, y sus fuerzas más débiles que las de él y por eso arde menos de placer que el hombre, porque la mujer es sólo un recipiente para que conciba y para la prole. Por eso su viento es ventoso, sus venas están abiertas, y sus miembros desfallecen antes que los del hombre.
Los varones que son fértiles, si se abstienen de mujeres, enferman un poco, pero no tanto como ellas, ya que expulsan más semen que ellas. Las hembras estériles, si carecen de hombres, están sanas; si tienen varón, están débiles. Así como la inundación de las lluvias y de las tempestades a veces surge y a veces calla, y lo mismo que el mosto ora hierve por el calor ora disminuye, así también los malos humores en el hombre surgen y a veces se infectan porque si estuvieran erectos siempre en plenitud de su fuerza maligna, el hombre no podría resistirlo y perecería rápidamente.
En cualquier hombre, la sangre crece y decrece según el creciente o el menguante de la luna.

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