(81) En el ser humano están los cuatro elementos. Los elementos, a saber, el fuego, el aire, la tierra y el agua, están en el hombre como se dijo antes y dentro de él operan sus propiedades, y circulan velozmente en sus acciones como una rueda en sus giros.
El fuego, con las mencionadas cinco propiedades, está en el cerebro y en la médula del ser humano porque cuando el primer hombre se transformó del barro, ardía en su sangre un fuego brillante a causa de la fortaleza de Dios y por eso también la sangre es de color rojo. El fuego muestra su ardor en la vista, su gelidez en el olfato, su humedad en el gusto, su aire en el oído y su movimiento en el tacto.
El aire está en la respiración y la razón del hombre con sus cuatro propiedades, como se dijo. El aire con su soplo vivo que es el alma, actúa en el hombre ya que lo mueve, y es el ala de su vuelo donde el hombre inspira y expira para poder vivir. Y el alma es fuego que penetra todo el cuerpo y vivifica al hombre. El aire da fuerza al fuego y el fuego con el aire arde en todas partes. El aire también muestra rocío en su emisión, verdor en la excitación, soplo en el movimiento y calor en el crecimiento del ser humano.
El agua, con sus quince propiedades nombradas antes, está en los humores y en la sangre del hombre.

(82) Sangre. El agua que está en la persona a la que no le falta sangre, crea humedad en el hombre, de modo que su verdor crece y sus huesos permanecen unidos. Con el frío del agua se fortalecen las venas porque gracias a ella fluye la sangre, que tiene gotas y mueve todo el cuerpo. El agua también empapa de sangre la carne para que pueda durar, lo mismo que aglutina la tierra. El fuego supera el frío del agua para que fluya, y el agua con el fuego y su frío empapa la tierra que se fortalece con ellos.
El hielo, que solidifica el agua por congelación, está en las piedras, por lo que no pueden ablandarse, lo mismo que los huesos están duros en la carne humana. El agua manifiesta calor en la sangre, aire en la respiración, humedad en su perfección, inundación al purgar, velocidad en la vivificación, jugo cuando conforta, gusto al fructificar, fuerza vital en la erección, humedad en la fortaleza y humidificación en todas sus articulaciones. La tierra está en la carne y los huesos del hombre con sus siete propiedades que se enumeraron antes, y la carne es húmeda y crece gracias a estas propiedades.

(83) Carne. Y así como la tierra se hace más firme con el fuego y el agua, así la también carne del hombre está compuesta de venas y humedad. Con la gelidez se produce la coagulación de los huesos. Pero el fuego supera todo esto, así que es la fortaleza del hombre. La carne del hombre consta de tierra y tiene un humor frío, pero la sangre lo calienta y si no se calentara con la sangre, volvería a ser barro como al principio. Y por eso se afirma con el calor de la sangre, como la tierra lo hace con el calor del sol. Sin embargo la carne, por ser blanda, es sanguínea y tiene en sí las fuerzas de la tierra: suda por una humedad fría, arde con el calor, y sin frío no podría durar, como la tierra.

(84) Generación. El hombre es fértil gracias al frío y al calor. Tiene una vida feliz con las demás criaturas y se reproduce porque su calor es fuerza vital, y su frío, aridez. Y todo germina con todas estas cualidades. Cuando le llega la vejez al hombre, todo su calor exterior se vuelve adentro; de otra forma no podría vivir. Y así su carne exterior se enfría y por dentro se calienta, por lo que cualquier cosa que hace siendo anciano le cansa rápidamente. Los animales están junto a él cuando los apacienta y se nutre de ellos y así lleva todo, ya que cada criatura está en él.
En la carne del hombre la tierra manifiesta frío en su calor, calor en el frío, fuerza vital en el crecimiento, aridez en su escasez, vivificación en la germinación, sustento en la multiplicación, compasión en el sostenimiento de todos los miembros. El ser humano atrae sensualidad y deseo del fuego; pensamientos y divagaciones del aire, y sabiduría y movimiento del agua.

(85) Vivificación de Adán. Cuando Adán era tierra, el fuego lo despertó, el aire hizo que se levantara y el agua lo empapó para que todo él se moviese. Entonces Dios lo adormeció y lo preparó con estas fuerzas de modo que su carne se templara con el calor, respirase con el aire y que el agua lo recorriera como un molino. Después que se despertó, fue un profeta celeste conocedor de todas las fuerzas de las criaturas y de toda arte.

(86) Profecía de Adán. Y Dios le dio todas las criaturas para que pudiera mirar dentro de ellas con fuerza viril, y poder conocerlas y distinguirlas. Pues todas las criaturas están en el propio ser humano, y en él está el soplo vital que no acaba cuando termina la vida.

(87) Infusión del alma. Porque el alma enviada al cuerpo es aliento enviado por Dios, y la persona hace méritos a través de sus actos corporales, ya sean malos o buenos. Y esta actuación es como un sistema de méritos. Pues como un niño al principio no sabe pero después entiende, porque al ser mayor recibe la inteligencia capaz de comprender todo, abraza sus creaciones, examinándolas y besándolas, y se fatiga después cuando es anciano; así también procede el alma mejorando a través de sus obras. Con las buenas obras se engalana como con un manto real y con las malas se ofusca, lo mismo que también la tierra se cubre con las aguas. Y lo mismo que las aguas fluyen en ciertos lugares, así el alma empapa el cuerpo y lo hace excelente. Cuando se cierran los ojos del cuerpo, a menudo el alma ve proféticamente acontecimientos futuros porque recuerda que vive sin necesidad del cuerpo.

(88) Sueño de Adán. Tras el primer sueño de Adán se cumplió su profecía, ya que aún no había pecado; después se teñiría de mentira. Adán, creado de la tierra y levantado con los elementos, cambió, pero Eva, creada a partir de su costado, no cambió.

(89) Malicia de Eva. Adán era viril a causa del verdor viril de la tierra, y fortísimo gracias a los elementos. Eva era débil en sus entrañas; tenía mente aguda, de aire, y pasaba una vida deliciosa porque el peso de la tierra no la oprimía. Y lo mismo que ella fue sacada del varón, también todo el género humano viene de ella.
También el hombre está dividido en dos partes, es decir, vigilia y sueño. El cuerpo humano se alimenta de dos modos, así que se nutre con el alimento y se recupera con el sueño. Después que salga del cuerpo, el alma vivirá de otro modo y el alma que es buena apenas puede soportarlo,  y por ello clama a Dios y dice: “¿Cuándo vestiré la carne con la que viví en los días de luz?”. Pues cuando Dios creó todas las criaturas, el día apareció con una luz entera pues la noche aún no la había dividido.

(90) Exilio de Adán. Después que Adán pecó empezó a existir la noche, y todos los elementos se oscurecieron con grandes tinieblas, y Adán fue conducido a su exilio en medio de ellas. Cuando vió la luz de este mundo se alegraba, pues él mismo estaba tenebroso y dijo llorando: “Debo vivir de manera diferente a la que Dios me concedió para vivir”. Y así empezó a trabajar con sudor. Pero antes de transgredir el precepto divino, Adán y Eva relucían como el sol en todo su esplendor, y el resplandor les servía de vestimenta. Tras contravenir el precepto de Dios ya no relucieron como lo habían hecho, sino que se volvieron oscuros y permanecieron en la oscuridad. Cuando vieron que no brillaban como antes supieron que estaban desnudos y se cubrieron con las hojas de los árboles, como está escrito.
Antes de su transgresión, Adán brillaba como el sol, sin obras, aunque todavía no había realizado ningún trabajo. Pero al fin de los días los justos brillarán de nuevo según está escrito: "Brillarán los justos como brilla el sol en el reino del Padre"1. Pero brillarán por sus obras santas. Pues las obras sagradas brillan y están depositadas en el esplendor que tendrán los santos, como piedras preciosas engarzadas en oro.

(1) Mt. 13:43

(91) Por qué cayó primero Eva. Si Adán hubiera pecado antes que Eva, el pecado habría sido tan fuerte e incorregible que el ser humano habría caído en tan incorregible obstinación que ni querría ni podría salvarse. Como Eva pecó la primera, el pecado fue más fácil de borrar, porque era más frágil que el varón.
La carne y la piel de Adán eran más fuertes y duras que las de los hombres de ahora, porque Adán fue creado de la tierra y Eva a partir de él. Pero después que tuvieron hijos, la carne de éstos se hizo cada vez más frágil y así lo será hasta el Último Día.

(92) Diluvio. Cuando Adán fue expulsado del Paraíso, el agua anterior al diluvio no era tan veloz en su curso ni tan líquida como se hizo después. Tenía por encima una especie de película que la retardaba un tanto, de modo que fluía poco a poco. La tierra entonces no tenía lodo, sino que era seca y frágil porque aún no estaba impregnada de agua. De acuerdo con su primer precepto daba frutos sin moderación. Y entonces los hombres se olvidaron de Dios, de modo que actuaban más como ganado que según Dios, por lo que muchos estimaban más a sus animales que a los hombres, de suerte que tanto los machos como las hembras se mezclaban y convivían con los animales de tal modo que casi habían desterrado de sí la imagen de Dios. Así que todo el género humano se transmutó y se transformó en monstruos, de modo que algunos hombres tomaban costumbres y voces según las bestias, corriendo, aullando o viviendo como ellas.
Pues las bestias y ganados anteriores al Diluvio no eran tan salvajes como lo fueron después. Los hombres no huían de los animales ni ellos de los hombres, ni se asustaban mutuamente. Las bestias y los rebaños permanecían junto a los hombres y los hombres junto a ellos, porque al principio habían tenido el mismo origen. Las bestias y ganados lamían a los hombres y los hombres a los animales, por lo que se querían más y estaban más unidos en las contrariedades.
Pero Adán había procreado también algunos hijos que estaban llenos de razón divina y no querían mezclarse con ninguna torpeza sino permanecer en la santidad y por eso los llamaban hijos de Dios.

(93) Por qué son hijos de Dios. Éstos investigaban y buscaban dónde estaban los hombres que no se habían mezclado y que no se habían rebajado con las bestias, aunque fueran hijos de pecadores como antes se ha dicho, y por eso a éstos les llamaban hijos de los hombres, porque no se habían rebajado en su aspecto ni con el ganado. Y de las hijas de éstos tomaron los hijos de Dios esposas que dieron a luz como está escrito1: “Viendo los hijos de Dios que eran bellas las hijas de los hombres”. Pero aún existían ciertas bestias y ganado que, como se ha dicho, habían contraído muchas cosas de la naturaleza humana y de los hombres. Entonces su gran clamor de iniquidad ascendió hasta los ojos de Dios, porque la imagen de Dios estaba reducida y apartada, y la razón estaba confundida por la fornicación.
Por ello el Espíritu de Dios que se desplazaba sobre las aguas en la creación, envió aguas sobre las aguas y se rompió la membrana que sujetaba las aguas para que no fluyeran con la velocidad con la que corren ahora, y el agua se hizo veloz en su curso y sumergió a los hombres. Y entonces el agua invadió la tierra y la hizo como de hierro y más firme, y produjo en todos los frutos un nuevo jugo más fuerte que el anterior y dio lugar al vino que no existía antes. Las piedras que con la tierra habían sido creadas y estaban cubiertas por ella, aparecieron a causa del agua, y algunas que antes estaban enteras se resquebrajaron.

(1) Gn. 6:2

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