II
< SECRECIONES INTERNAS. PROCREACIÓN. HOMBRES Y MUJERES >


(56) La caída de Adán. Dios creó al hombre de modo que todos los animales estuviesen sometidos a él, pero cuando el hombre transgredió el precepto de Dios, su cuerpo y su mente también cambiaron: la pureza de su sangre pasó a ser otra, de modo que en vez de pureza lanza una espuma que es su semen. Si el hombre hubiese permanecido en el paraíso persistiría en estado inmutable y perfecto, pero cuando desobedeció todo cambió de forma distinta y amarga.

(57) Esperma. La sangre del hombre que hierve en el ardor y calor de la libido arroja de sí una espuma que llamamos semen; lo mismo que la olla puesta al fuego hace espuma a causa del hervor del agua por el fuego.

(58) Concepción. Cuando una persona fue concebida con semen de un hombre enfermo, o con semen débil e inmaduro, mezclado con alguna tara o podredumbre, muy frecuentemente estará lleno de podredumbre y enfermo toda su vida, por así decir, como un tronco lleno de gusanos que expulsa excrecencias. Por lo cual, este hombre estará lleno de úlceras y podre y añadirá fácilmente a la podre que ya tiene las taras y podredumbres de los alimentos.
Si una persona carece de estas enfermedades, su semen estará más sano. Si por el contrario hay semen en exceso, entonces la persona concebida con él será incontinente, inmoderada, frágil y banal.

(59) Por qué el ser humano no es velludo. Que el ser humano no sea velludo se debe a su razón, ya que con la razón se protege y vuela adonde quiere en vez de con pelaje y plumas. Que el varón tenga barba y más vello que la mujer es porque el varón fue formado de la tierra y tiene más fortaleza y calor y se atarea  más que la mujer en cualquier parte. Del mismo modo, la tierra empapada de lluvia y de sol produce semillas y plantas y nutre sobre sí los animales con pelaje y plumas.
En cambio, la mujer no tiene barba porque fue creada de la carne del hombre, está subordinada al varón y tiene más paz que él; como tampoco tienen pelaje los reptiles que nacen de la tierra, sino que yacen en la tierra y sienten menos la lluvia y el sol que el resto de animales que están sobre ella.

(60) Reptiles. Así como los animales fueron creados al servicio del hombre, los reptiles también le proporcionan y ofrecen ayuda perforando la tierra, para que la rieguen el agua y la lluvia. Por ello siempre yacen en lugares húmedos de la tierra, la calientan <con> su aliento y la humedecen con su calor, su espuma y su sudor, de modo que la tierra se robustece y refuerza con los túneles que excavan y sus exhalaciones.
Que haya gusanos venenosos se debe a la podredumbre y fetidez de la tierra; pues la lluvia y el rocío lavan la tierra en su superficie y el sol la calienta, por lo que su parte superior está limpia y produce frutos limpios, mientras que las inmundicias y podredumbre fluyen en su interior. Así como nacen en la tierra gusanos nocivos también al hombre le crecen gusanos que le dañan.
Así también los gusanos nacen en la tierra y se nutren con ella. Estos gusanos casi carecen de huesos, pero su veneno hace de sangre y huesos y les da fuerza. Algunos no tienen vello, ya que nacen de la humedad de la tierra y están dentro de ella, huyendo de la superficie de modo que no los toca el aire, ni el rocío del cielo ni el calor del sol, que son las cosas por las que el resto de animales tienen pelaje.
Y puesto que tienen una naturaleza contraria a la del hombre y el resto de animales, son sus enemigos y matan con su veneno al hombre y demás seres superiores. Aunque tengan veneno, algunos sirven para medicamentos de hombres y animales, si no enteros al menos alguna parte de su cuerpo, porque nacen del buen jugo de la tierra, ya que el jugo beneficioso de la tierra hace crecer buenas plantas; como el ciervo que devora una serpiente y se rejuvenece.

(61) Aves. Las aves salvajes y las de cría que pueden servir para uso humano, toman la vida a partir del aire, según la disposición de Dios y se desplazan por encima de la tierra. Los gusanos y reptiles toman la vida del jugo de la tierra y por eso viven a gusto dentro de la tierra y debajo de ella.

(62) Peces. Los peces reciben la vida del aire acuoso de los ríos, por lo que viven en las aguas y no pueden soportar la sequedad. Cuando mueren, su vida se diluye en su carne como la nieve en el calor, y lo que queda pasa al aire, o al jugo de la tierra o al aire acuoso de los ríos de donde vino. Lo que se desvaneció así no dota de ánima a ningún otro animal, porque ya desapareció. Del mismo modo que el jugo y el verdor de árboles y plantas se seca con ellas una vez cortadas y ya no produce verdor en otras hierbas porque se han secado, así también la vida del resto de animales salvajes, cuando se ha secado en ellos, al no existir y haberse desvanecido por completo, no da vida a otros animales.

(63) Diversidad de la concepción. Cuando el hombre se llega a una mujer a derramar su fuerte semen con recto amor de caridad, y la mujer también alberga amor verdadero por el hombre que tiene en ese mismo momento, se concibe un varón porque así lo ordenó Dios. Y no hay otra manera de concebir al varón porque Adán fue formado de barro, que es materia más fuerte que la carne. Y este varón será prudente y virtuoso porque fue concebido con semen puro y en el amor verdadero de caridad que sus padres se tienen recíprocamente.
En cambio si en la mujer falta este amor por el hombre, de modo que sólo el hombre tiene amor verdadero por ella en ese momento y no la mujer por el hombre, si el semen es sano, no obstante será concebido un varón, porque el amor de caridad del hombre es superior, pero este hombre será débil y no virtuoso, porque a la mujer le faltaba amor.
Porque si el semen del hombre no tiene fuerza, aunque también tenga amor casto a su mujer y ella el mismo amor a él, entonces se concibe una fémina virtuosa. Pero si existe amor del hombre a la mujer y no de la mujer al hombre, o si lo hay de la mujer al hombre y no del hombre a la mujer y el semen en ese momento es débil, también nace una fémina por la debilidad del semen.
Pero si el semen del varón es fuerte, pero no tiene amor de caridad a la mujer ni ésta a él, como el semen fue sano también se procrea un varón  pero será amargo por la amargura de sus padres.
O si el semen es tenue y ninguno de los padres tiene amor de caridad al otro, nace una mujer de amargo temperamento. El calor de las mujeres que tienen naturaleza carnosa supera el calor del semen del hombre, de modo que muchas veces el niño forma su rostro semejante a ellas. Pero las mujeres que son delgadas por naturaleza muchas veces engendran a un niño cuya cara se parece a la de su padre.

(64) Enfermedades. Algunas personas sufren enfermedades por la flema que abunda en ellos. Si el hombre hubiese permanecido en el paraíso, no tendría en su cuerpo flemas de las que vienen muchos males, sino que su carne estaría íntegra y no tendría livor. Pero como accedió al mal y abandonó el bien, se hizo similar a la tierra que lo mismo da hierbas buenas y provechosas como malas y perjudiciales, y que tiene humedades y jugos buenos y malos.
Por el gusto del mal, la sangre de los hijos de Adán se transformó en el semen venenoso con el que engendran los hijos de los hombres. Por eso su carne es ulcerosa y está agujereada. Estas úlceras y agujeros crean cierta tempestad y humo húmedo en las personas, de la que nace y se coagula la flema que trae diversas enfermedades al cuerpo de los hombres. Estas enfermedades provienen del primer mal que cometió el hombre, pues si Adán hubiera permanecido en el Paraíso, tendría una excelente salud en la mejor mansión posible del mismo modo que un bálsamo fortísimo produce un olor muy agradable. Por el contrario, ahora el hombre tiene dentro de sí veneno, flema y diversas enfermedades.

(65) Continencia. Hay algunos hombres que se contienen si quieren, y si no quieren ser continentes, son firmes en su voluntad; son avaros y no se abstienen de la grasa de los alimentos y por eso se cuaja en ellos una flema peligrosa, venenosa, espesa y seca, que no es húmeda sino amarga y que provoca abundancia de carnes grasas, ennegrecidas y enfermas. Si estos hombres no se abstienen de comer la grasa de los alimentos, es fácil que se acarreen lepra. La amargura de esta flema crea un vapor como el vapor de la bilis negra alrededor del hígado y los pulmones, por lo cual son iracundos e inmisericordes, y la humedad de su sudor no es limpia, sino con impurezas. No son muy débiles, sino honrados y audaces y por su constitución albergan tiranía y rapiña en su ira. La flema agota y mata rápidamente a los de esta constitución, porque su fuerza es grande; a otros, sin embargo, les permite vivir algo más de tiempo.

(66) Incontinencia. Hay otros hombres que son más incontinentes por exceso natural, de modo que apenas pueden abstenerse y en ocasiones llegan a enfermar. A estos les sobreabunda la flema húmeda, y les surge un humor indigno que les coagula esta flema nociva que emite mal humo en su pecho y su cerebro. Y la humedad de esta flema que humea en su pecho enfría la humedad del estómago; y la humedad de esta flema en el cerebro disminuye la audición. Así que en el estómago y en los oídos hay como esa niebla inútil que daña las buenas plantas y los buenos frutos.
Y esta flema no perjudica los pulmones porque también son húmedos, pero daña al bazo, porque es graso y repele la humedad, ya que si tuviera humedad se desharía al instante. También debilita el corazón, porque el corazón siempre tendrá una fortaleza íntegra y rechaza siempre el exceso de humedad. Los de esta complexión son agradables y están contentos, pero son un poco lentos y a veces viven bastante porque esta flema no los mata, pero tampoco les da salud.
Hay otros hombres que son iracundos, pero rápidamente abandonan su ira; son buenos y alegres aunque fríos; tienen actitudes variables y se sacian con poco alimento. Estos, a causa de las tres flemas (es decir: la seca, la húmeda y la tibia), se atraen una especie de espuma acuosa que se origina en estas flemas y que lanza como peligrosas flechas a las venas, la médula y la carne, lo mismo que el agua hirviente hace espuma.

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