(52) Diversidad de las aguas.Las fuentes y riachuelos de agua salada que manan del agua de la región oriental, y surgen en diversas tierras, son puros. Según el aire y su pureza son algo verdes. Cuando estas aguas corren sobre la arena, salpican. Son saludables y útiles, se pueden beber y son buenas incluso para cocinar alimentos. Si alguien que está enfermo bebe con frecuencia esta aguas recupera salud, ya que le quitan el humo, el hedor y la podredumbre de los malos humores, como un buen ungüento. Por el contrario, si tiene buena salud y las bebe pueden dañarlo ligeramente y causarle úlceras internas porque no encuentran nada qué purgar.
Las aguas sin sabor a sal de los ríos y fuentes que surgen y corren desde Oriente en la región oriental son puras y tienen un color claro cuando están algo frías. Cuando están frías o calientes con moderación son útiles para cocinar, beber, bañarse y lavar. En las manos son algo ásperas y fuertes.
Las aguas saladas que fluyen desde Occidente son algo turbias, como un remolino. Se puede cocinar con ellas porque con el fuego se limpian algo al cocerlas. Son nocivas para beberlas sin hervir puesto que traen la suciedad, podredumbre y restos de cadáveres que están en el mar occidental. Si por necesidad y escasez de otras aguas no puede evitarse usarlas, hay que hervirlas primero y beberlas después de enfriarlas.
Los ríos y fuentes naturales de agua no salada que manan y corren en Occidente, donde el sol se pone y pierde fuerzas, tienen aguas claras y espesas y no están completamente frías ni calientes, porque allí el calor y el frío son defectuosos. Por eso son bastante inútiles para el uso de los hombres, para beber, lavar y bañarse porque no están cocidas por el sol. Pero si la necesidad obliga a preparar lo necesario con esta agua, debe cocerse con fuego fuerte y permitir que se enfríe después hasta que esté templada. Puede usarse para cocinar porque se cuecen fuertemente junto con la comida.
Las aguas saladas que surgen del mar en la región del Sur, ya sean ríos o fuentes, son blanquecinas y no muy puras; no valen para cocinar ni para beber porque son venenosas. Y es que unos gusanos pequeños y venenosísimos y otros animales que también son algo ponzoñosos, se refugian en ellas por el calor del sol. Gracias al calor habitan allí tan a gusto, lavándose en el agua y reposando en ella. Al tener una naturaleza salina pueden soportar el calor pero no el frío.
Las aguas de ríos y fuentes naturales que carecen del sabor de la sal y nacen en la región Sur arden por el abundante calor. Si corrieran separadas de otras aguas difícilmente se librarían de su ardor porque han sido alcanzadas por fuegos que no se extinguen y porque surgen de ellos. Valdrían para cocinar y otros usos porque hierven, ya que el fuego las ha alcanzado y cocido. Pero cuando llegan a ríos de agua fría y se mezclan con ella corriendo al mismo tiempo, en el oleaje se revuelven produciendo abundante espuma y creando un color plateado. Son útiles para cocinar, beber, lavar y bañarse porque están libres de inmundicias y de acidez, como el agua que se purga en la olla por el calor del fuego. Sin embargo, vuelven grasas las carnes de los hombres y ennegrecen su color.
Las aguas saladas que nacen y fluyen junto a Oriente desde la región septentrional, son nocivas, y producen fácilmente enfermedades a los hombres y al ganado, ya que la calidad de la sal de allí no es saludable, porque en aquella región existe una alternancia de frío y calor1. Por eso no sirven para comer ni beber, y apenas pueden tomarse para otros usos.
Otras aguas no saladas que fluyen del Norte junto a Oriente son frías y útiles ya que están ligeramente tocadas por el aire que sopla de Oriente, que es sano porque es templado, ni muy frío ni muy caliente. Este aire sopla entre los montes que fueron colocados allí desde el principio y casi es como una pluma que llega de la tierra de los vivientes, por lo que también es más salubre y beneficioso que otros aires. De las aguas que aquí nacen surgen pequeños ríos y fuentes que son en apariencia puros, pero algo turbios, y el sabor de su agua es distinto, por lo que a veces saben a vino o tienen otro sabor. Esta agua en ocasiones inhibe la hidropesía y refrena la parálisis si la beben quienes padecen estos males, ya que la naturaleza de esta agua es capaz de resistir la naturaleza de otras, incluso del agua pura. También superan y prevalecen sobre otras aguas que fluyen junto a ellas por lo penetrante de su naturaleza. Sin embargo no son útiles para beber, para comer, para bañarse ni para lavar, porque rebajan el resto de aguas.
Las aguas saladas que surgen y fluyen en el centro de la zona septentrional son útiles tanto para los hombres como para el ganado, para beber, comer y otros usos de los hombres, porque se encuentran en un aire templado que no es ni demasiado caliente ni demasiado frío. Cuando son bebidas purgan al hombre por dentro de malos humores.
Los ríos y fuentes vivas y no saladas que surgen de fuentes no saladas y fluyen hacia el centro de esta región septentrional son puras y tienen un color cristalino mezclado con un color ferruginoso. Son muy fríos y útiles porque estas aguas no son inmundas, pestilentes o venenosas porque los cambios del sol no les afectan directamente. El sabor de sus aguas es el adecuado y son provechosas para el hombre y para los demás animales; son buenas para comer, beber, bañarse, lavar y además son útiles para algunas medicinas.
Por su parte, las aguas saladas de las fuentes y ríos que llegan desde la esquina septentrional en la parte occidental, están algo ennegrecidas, es decir oscuras2,  no son muy puras y no sirven para comer ni beber porque son mortíferas. En la parte septentrional junto a Occidente yacen gusanos grandes y muy dañinos que el hombre no puede ver ni tocar sin morir. Estos gusanos se reúnen allí, bebiendo y a veces vomitando esta agua, que es su alimento. Por eso estas aguas son peligrosas, porque allí tienen frío y calor. También por esto habitan aquí esos gusanos, porque son fríos y pueden soportar el frío pero ningún tipo de calor.
Las aguas que son saladas y vienen de la parte septentrional junto a Occidente, son puras y de color blanquecino, esto es blancuzco3 y no sirven para comer, beber ni para otros usos de los hombres ni del ganado porque apenas pueden digerirse y los hombres se hinchan con ellas, porque son venenosas y ulceran los órganos internos. Las personas enfermas se debilitan aún más con ellas y los sanos apenas pueden digerirlas.
La naturaleza de las aguas en la parte septentrional tiene más diversidad y multiplicidad que en la parte oriental, austral u occidental, porque las aguas de estas zonas están completamente mezcladas y templadas por el calor del sol, lo que no ocurre en la parte septentrional, ya que el sol no llega a estas zonas.
Las aguas de pantano en cualquier zona de la Tierra que estén, son veneno casi todas, puesto que contienen humedad nociva de la tierra y la espuma venenosa de los gusanos. Son muy malas para beber, y sirven mal para otros usos, salvo para lavar, si fuera necesario. Quien quiera beberlas a falta de otras aguas, que las hierva, las deje enfriar y después las beba. El pan, los alimentos y la cerveza que se cocinan con esta agua se pueden tomar ya que están purgados con el fuego.
Las aguas de pozos y fuentes que fluyen desde pantanos son algo mejores que las del propio pantano ya que se limpian de ciertas inmundicias. Esas aguas se pueden soportar, pero tampoco son ni muy provechosas ni muy buenas. Todas las aguas que son nocivas en su origen cuando nacen, se vuelven tanto más salubres cuanto más lejos corren, ya que en su prolongado recorrido pierden todo lo venenoso y nocivo que contienen y con sus continuas vueltas lo desechan y purgan.
El agua de los pozos que han sido excavados en la tierra muy profundamente, al estar quieta y no tener movimiento fluído, es mejor y más suave para comer, beber y demás usos que el agua de las fuentes corrientes que fluyen. En comparación con una fuente de agua corriente, es como un suave ungüento, ya que, como no fluye, se templa continuamente con la suavidad del aire.
Así pues, el agua que sale de las fuentes es áspera y con su aspereza resiste a los alimentos, de modo que apenas pueden ablandarse o cocinarse en el fuego. Pero al estar purgada y limpia tiene poca espuma, por eso limpia menos los alimentos y los alimentos se limpian menos con ella que con otras aguas. En efecto, el agua de los manantiales es más ligera y pura que el agua de los ríos porque se limpia con la tierra, la arena y las piedras cuando mana y fluye, y así se hace pura. Es beneficiosa para beber, ya que está limpia, y también es áspera y se la asocia un poco al vino por su fuerza, pero no sirve para comer o lavarse los ojos por su dureza.
Las aguas de los ríos que fluyen sobre la tierra son densas, porque están entremezcladas con el sol y el aire. Son algo espumosas y no son saludables para beber, porque se mezclan con las distintas cualidades del aire y de los elementos y por tanto se infectan con humo, es decir con vapor4 y nieblas que descienden de algunos montes inestables y a veces también con aire contaminado por penas5 . Por eso son malas para beber y perjudican a los hombres, salvo que se hiervan primero para purgarse de la mala espuma, y se las deje enfriar para beberlas en caso de necesidad. Por necesidad también sirven para cocinar alimentos porque en la cocción se purgan, y entonces se vuelven más finas y saben mejor. A veces un humo nocivo y una niebla peligrosa que descienden de montes inestables así como un aire contaminado y tóxico que ha tocado ciertas penas infectan los elementos y se mezclan con las aguas de los ríos, los pozos y los manantiales. La consecuencia es que aparece en ellos un veneno pésimo que es casi una peste mortífera. Si los hombres o el resto de animales beben entonces esta agua les causa la muerte, les deforma los miembros o se los debilita. Por eso no hay que beberlas si no están cocidas, ya que la espuma de la cocción las saca su veneno. Si la necesidad obliga a alguien a beber estas aguas porque no tiene a mano otras, que las cueza primero, las deje enfriar y luego las beba, porque raro será que no haya en ellas algún peligro o por el aire, o procedente de las aves que en ellas se lavan, o por el mal mortífero de los cadáveres que arrastran. Por eso es necesario que no se utilicen para uso humano sin cocerlas antes.
Cuando los ríos son pequeños, claros y puros y proceden de una especie de venas de otras aguas, se purgan de sus emanaciones mientras fluyen y son buenos y útiles para todo uso de personas y animales.
Las aguas lluvia son ásperas y sacan de los hombres enfermos los hedores, los malos humores y las partes putrefactas, pero perjudican un poco a los sanos porque no encuentran en ellos nada que purgar. Cuando estas aguas se almacenan en cisternas se suavizan y son buenas para sanos y enfermos.
Pero las aguas que surgen y fluyen de los manantiales son mucho mejores. Cuando el sol retira su calor, las aguas están frías al máximo y emiten su espuma, es decir, nieve que cubre la tierra, enriqueciendo y preservando su verdor y no perjudica a los frutos de la tierra. El agua de la nieve es inútil para el uso del hombre y es también ligera y sucia y si alguien la bebe, frecuentísimamente le suelen salir úlceras y eczemas y sus órganos internos se llenan de livor. Gracias a su fuerza, las aguas de lluvia van sacando pellizcos de livor del estómago, pero también pueden ulcerar los órganos internos.
Beber aguas de nieve no es suficiente para calmar la sed porque son muy ligeras y se digieren muy rápido. Las aguas que de repente se derraman en cantidad al romper las nubes, así como el granizo, son peligrosas, como lo son las aguas en las que se quitan hirviendo las cerdas de la piel de los cerdos y las crines de otros animales, si se toman en la comida o en la bebida. En efecto, si alguien bebiese agua de las nubes cuando se desgarran o el agua del granizo, languidecería mucho tiempo y su carne comenzaría a resquebrajarse, de modo que también muchos morirían por ello.

(1) La edición de  Kaiser dice "coloris", = color, probable errata por caloris.
(2) En el original, brunvaro, parduzcas. Se han traducido los términos en viejo alemán, la lengua materna de Hildegarda.  Véase al fin el vocabulario germánico.
(3) En el original grizvaro, también: grisáceo.
(4) doume.
(5) Poenis en el original.

(53) Propiedades de la tierra. La tierra es por naturaleza fría y tiene siete propiedades. No obstante, al estar compuesta de muchas partículas, es fría en verano y caliente en invierno, y así tiene verdor y aridez y produce lo que germina y sustenta los animales, porque lleva de todo, del mismo modo que Dios trabajó seis días y al séptimo descansó cuando sometió todo lo que había creado al beneficio del hombre. La tierra en verano es fría por debajo, ya que el sol hace nacer los frutos con la fuerza de sus rayos; y en invierno es caliente en su zona inferior; pues de otro modo se rompería a causa de una fría aridez.
Y así, con el calor la tierra despliega su verdor y con el frío, su aridez.
En invierno el sol sobre la tierra es estéril y fija su calor bajo la tierra, para que la tierra pueda germinar las distintas semillas, y así con calor y frío la tierra hace nacer toda las semillas. También sustenta los animales que se mueven y corren, para que no se hundan en ella, ya que se ha endurecido con el calor y el frío y así soporta todo con fuerza. Dios dispuso la tierra de modo que germinara en su tiempo oportuno y que dejara de hacerlo en el conveniente, de la misma manera en que la luna crece y decrece.

(54) Germinación de los árboles, el trigo y el vino. Los árboles que se encuentran en la región oriental y se riegan con aguas orientales crecen bien y producen buen fruto en sus distintas variedades, que tienen buen sabor. Pero no duran mucho. Allí los cereales son pequeños y no suelen crecer mucho porque la tierra es algo húmeda. Para que la tierra pueda crear abundancia de cereales debe estar algo seca, ya que el frío excesivo perjudica más al cereal que el calor, porque el cereal es bastante seco. Las viñas de Oriente producen mucho vino y de buena calidad.
Las plantas de los jardines y otras plantas que en la parte oriental están regadas y crecen junto a las aguas que corren de Oriente, son fuertes, tienen buen olor y sirven para la medicina, como también son buenas para cocinar. Rara vez crecen en ellas gusanos y se las comen, porque están bien templadas con el frío y el calor, de lo que huyen los gusanos, porque ellos mismos son una humedad hedionda, como la oruga y los gusanos similares que crecen de la espuma de aire.
También crecen bien los árboles que están en la región occidental y se riegan con aguas occidentales. Pero sus frutos son algo nocivos, porque crecen junto a la tierra y tocan su humedad. El fruto que nace en lo alto de los árboles no es nocivo porque está en contacto con el aire superior, tiene buen gusto, no sacia mucho y puede durar. El cereal de la región occidental es fuerte pero no pingüe; el vino es fuerte pero no delicioso y puede conservarse mucho tiempo porque allí la tierra tiene frío y calor.
Las plantas de los jardines y campos que nacen en la región occidental y se riegan y están en contacto con estas aguas occidentales, incitan a la lujuria y a toda tempestad de la carne, es decir, al placer, la ira, la inestabilidad de costumbres y a frecuentes idas y venidas; y por eso los hombres que las gustan a veces están contentos, otras tristes y otras son más veloces. El jugo de estas plantas y las mismas plantas crecen rápido y a gran altura, ya que allí las falta el calor y el frío que caen. Por eso son fuertes en su verdor, pero nocivas por los inconvenientes antes mencionadas. También sirven para las artes mágicas y demás encantamientos, pero no aportan mucha salud a los cuerpos de los hombres, porque en aquel lugar desaparece el día y surge la noche. Ya que cuando el Rey <Jesús> estuvo en su majestad, allí clamaba la maldad y quiso cubrir al Sumo Rey con sus tinieblas, pero se estorbaban ella y su ejército.
Los árboles de la región austral que se riegan con las aguas que fluyen de aquí son beneficiosos y dan gran cantidad de fruta, que se conserva bien porque tiene calor. Aquí abunda el cereal, tiene cuerpo y buen sabor. El vino abunda y es delicioso además de tener fuerza, y no se estropea fácilmente sino que puede conservarse mucho tiempo, porque con el calor abundante de esa zona está en su justa temperatura y es que el vino se da mejor con calor que con frío y el frío le perjudica más que el calor. Las plantas de huertas y campos que se riegan con las aguas de estas zonas que fluyen desde el Sur, son frágiles, débiles, lívidas y perecen fácilmente, ya que están privadas de humedad adecuada del aire. No son muy provechosas para la comida ni para la bebida. Tampoco valen mucho para la medicina porque se secan con facilidad y no sirven para el ganado porque tanto los hombres como las bestias se benefician poco con ellas.
Los árboles de la zona septentrional que se riegan con aquellas aguas perecen con facilidad y su fruto de manzanas y otros parecidos no aprovechan bien porque el frío los vulnera. También el cereal se consigue allí con dificultad, por eso es escaso y está mezclado por menudo con cizaña y malas hierbas. Sin embargo es bastante fuerte. El vino se da allí con moderación; es fuerte, algo amargo y poco dulce porque allí el sol no lo templa. Las plantas de los huertos y jardines que están regadas con aguas del norte no son pingües ni sirven de mucho para medicina. Aunque no perjudican a las personas sanas, agravan a los enfermos ya que no crecen con el debido calor ni la debida humedad sino con frío; por eso no son muy provechosas ni son muy fértiles.

(55) Lluvia. La lluvia que cae sobre la tierra de repente y en gran cantidad es nociva y perjudica a los frutos de la tierra porque alberga ciertos livores, pero la lluvia moderada es útil, riega la tierra y la hace dar frutos ya que es suave y está pura y limpia para sus objetivos de fertilidad.

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