(41) Los planetas, por su naturaleza, no significan nada. En virtud de la naturaleza de los planetas, estos indicios no se producen en ellos ni en las estrellas ni en las nubes, sino con el permiso, la voluntad y la decisión con que Dios haya querido demostrar a los hombres sus acciones, como una moneda muestra la efigie de su dueño.

(42) Propiedades del fuego. Así pues, cuando Dios creó el mundo lo fortaleció con cuatro elementos, a saber, fuego, aire, agua y tierra, como antes se dijo. El fuego, que está en lo alto del firmamento y en los elementos, tiene cinco propiedades: ardor, gelidez, humedad, aire y movimiento, del mismo modo que el hombre consta de cinco sentidos. El fuego arde, pero la gelidez le impide que su ardor se extienda por encima de lo debido. El agua le aporta humedad para encender su soplo. Se enciende con el aire y el movimiento lo empuja para que luzca su llama.

(43) Propiedades del aire. El aire tiene cuatro propiedades: derramar el rocío, excitar todo verdor, exhalar el soplo que hace crecer las flores, y extender el calor con el que todo madura. También el aire se dilata por las cuatro partes del mundo. El aire es una exhalación que esparce humedad con el rocío a las plantas que germinan para que tomen fuerzas; con su soplo hace salir las flores y con su calor hace que todo madure. El aire que está cerca de la luna y las estrellas humedece los astros, así como el aire terrenal humedece la tierra y da vida y mueve los animales irracionales y sensibles según la naturaleza de éstos, sin disminuir por ello. Pero cuando estos animales mueren, el aire vuelve a su estado anterior, pero sin aumentar, y permanece igual que fue antes. El aire terrenal que humedece la tierra hace que los árboles y las hierbas tomen fuerzas, crezcan y se muevan. Cuando está en ellos no se debilita; ni crece cuando sale de ellos tras haber sido cortados o arrancados, sino que permanece en el mismo estado que estaba antes.

(44) Propiedades del alma. El alma del hombre viene del cielo al hombre por obra de Dios, le da vida y lo hace racional, y cuando abandona al hombre no muere, sino que se dirige a vivir eternamente los premios de la vida o a padecer los tormentos de la muerte.

(45) Propiedades del agua. El agua tiene quince propiedades: calor, aire, humedad, inundación, velocidad, fluidez; da savia a los troncos de los árboles, sabor a los árboles frutales, verdor a las plantas; con su humedad moja todas las cosas, sustenta las aves, alimenta los peces, aporta el calor necesario a las bestias, retiene los reptiles con su espuma y es sustento de todo, del mismo modo que hay diez mandamientos y cinco libros de Moisés en el Antiguo Testamento, todo lo cual lo destinó Dios para que fuera inteligencia para el espíritu.
De una fuente viva manan aguas que pueden lavar todas las impurezas. El agua es lábil1 en toda criatura móvil; de hecho es el incendio de toda la fuerza vital de las criaturas inmóviles. Mana por el calor del aire húmedo, porque, si no tuviera calor, se endurecería a causa del frío. Fluye a causa del calor y mana a causa de la humedad del aire. Si el agua no tuviese este aire, no podría fluir. Es veloz por estas tres propiedades –calor, humedad y aire–, y no hay nada que la resista cuando se ha desbocado. Proporciona savia a los troncos, con su aire hace que sean flexibles, y con su cálida humedad da sabor a los árboles frutales, a cada especie el suyo.
Las plantas poseen verdor a causa de la humedad que fluye del agua, y las piedras sudan por la misma humedad. Así la fuerza del agua lo abarca todo para que no se debilite porque su humedad exuda en todas las cosas. También sustenta las aves acuáticas con su calor y a los peces que han nacido en ella, alimentándolos, ya que viven gracias al aire que contiene. Las fieras que pueden permanecer en ella se hacen más fuertes gracias a su calor; y los reptiles pueden respirar gracias al vapor del agua y así pueden vivir. De este modo, el agua contiene y sostiene todo con su poder.

(1) Lábil: que resbala o se desliza fácilmente. Se dice de lo que fácilmente se ve afectado por el entorno.

(46) La materia y la vivificación de las criaturas. Cuando al principio sonó la palabra de Dios, el conjunto de las criaturas existía sin fuego y estaba frío. Y el Espíritu de Dios, que es fuego y vida, se desplazaba sobre las aguas. Este espíritu inspiró a cada criatura la vida, según las especies, y las encendió insuflándoles su fuego de modo que cada criatura tuviese vida y fuego según su especie. El verdor <la fuerza vital> es obra de la Palabra; pero no habría ningún verdor de no haberlo contenido el calor y el fuego, y cada criatura se desolaría, dividiría y perecería desconsolada si su espíritu no estuviese fortalecido con el fundamento de una vida ígnea.

(47) Inestabilidad del agua. Del mismo modo que el Espíritu del Señor es fuego y vida, y dio el ser y la vida a toda criatura, así el agua es lábil porque congrega, retiene y fortalece a otras criaturas, es resbaladiza y frágil, vivifica muchas cosas y mortifica otras. También tiene en sí otras criaturas que no pueden nadar sobre ella porque caerían; y a éstas a veces las mortifica. Pero en su recorrido, al fluir, es también viento y fuego.

(48) Sol y sus aguas. Las aguas que casi están en medio del sol, por así decir, cuando el sol está en medio del firmamento y es como su corazón, tienen gran potencia y recorrido; están espesas por el calor del sol y son fuertes por el aire. Pero no se atenúan por fluir con ímpetu, porque no fluyen sino que se agitan con el viento. El sol a veces atrae el fuego que está en las aguas. La tempestad de los vientos a veces congrega las aguas en grandes olas como la llama que incendia algo. Y entonces el agua se eleva como el fuego que se yergue, y el agua sigue al fuego, y de este modo se alzan como colinas y montes. Después, cuando cesan y se calman, derraman su semilla, que es la sal hecha de fuego y agua del mismo modo que las plantas lanzan sus semillas cuando están maduras.

(49) Sal. La sal está seca por el fuego, pero tiene el gusto de la humedad del agua.

(50) Variedad de las aguas. Las corrientes que fluyen de las grandes aguas, es decir, del mar, y las fuentes que surgen de estas corrientes, son saladas y tienen más fuego y más propiedades que las demás aguas; lo mismo que el corazón tiene más fuerza que el resto del cuerpo. Esto sucede porque los grandes ríos de los que manan, tienen más fuerza que el resto de los ríos, ya que fluyen sobre la arena sana puesta desde el principio, y no sobre la que crearon o levantaron con su curso. El agua es casi como el cuerpo líquido de la tierra y la tierra casi como el corazón del agua, ya que el agua la empapa y la rodea como el cuerpo encierra el corazón y lo protege. La tierra sustenta el agua, lo mismo que el corazón sustenta el cuerpo.
El agua del gran mar que rodea el mundo es casi como la frontera de las aguas que están sobre el firmamento y el extremo de las que están bajo el firmamento; porque la parte más alta de las que están sobre el firmamento y la más lejana de las que están por debajo se unen a su vez. A estas aguas se les oponen numerosas capas del firmamento, que se unen entre sí como las hojas de los libros, de modo que contienen flujos diversos e inundaciones de aguas. Y lo mismo que el alma contiene razón, entendimiento, sabiduría y sensibilidad, así también el firmamento tiene y sustenta los cuatro elementos según su naturaleza.
Y estas aguas permanecen en su curso incesante tal como las pusieron, y riegan su escudo, es decir, la tierra, mientras derraman y esparcen agua, así que a veces se esparcen sobre la tierra y otras veces se alzan sobre ella y de nuevo caen en forma de lluvia, y de ese modo agua, vientos y aire dan firmeza al escudo terrestre para que no se disuelva y no caiga.
La arena del mar, que al principio estaba puesta a Oriente, se ve tocada en ocasiones por los incansables soplos de la tierra, y por eso hay especias y otras medicinas en esta arena. Si el hombre pudiera tenerlas no se vería afectado por ninguna enfermedad; pues si algunas piedras de esta arena llegaran a salir a la luz y el hombre pudiera tenerlas, huirían de él enfermedades, pestes e impurezas. Pero el agua es allí tan extensa y profunda que estas piedras no se pueden poseer.

(51) Flujo del mar. Puesto que en Oriente es grande la profundidad de la arena y de la costa, el mar no fluye, porque es demasiado abundante y se extiende en exceso. Por el contrario en Occidente, en el Sur y en el Norte, la profundidad de la arena y de la costa no es tanta. Por eso en estos lugares produce el mar inundaciones grandes y extensas, como se ha dicho antes, al agitarse por el fuego de las tempestades, precipitándose con ira. Por lo cual arrastra muchas cosas sucias e inútiles y recoge los desechos de hombres, ganado, aves y gusanos. Por eso las corrientes y los ríos que desembocan al mar en estos lugares no son tan buenos como los del mar oriental.

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