ESTE LIBRO DE CAUSAS Y REMEDIOS DE LAS ENFERMEDADES



Cuando en 1979 el Papa Juan Pablo II se dirigió al obispo de Maguncia con motivo del 800º aniversario de la muerte de Santa Hildegarda para animarle a que lo celebrara dignamente, era el primer Papa que se ocupaba de esta santa benedictina en los últimos setecientos años. Su sucesor el Papa Benedicto XVI la dedicó en 2010 dos catequesis y en diciembre de 2011 anunció con intrépida sencillez que se proponía declararla Doctora de la Iglesia.
Esta atención creciente de la Cátedra de Pedro a Santa Hildegarda no es un fenómeno aislado, sino paralelo al creciente interés, casi exponencial, que despiertan la personalidad y obras de la santa renana que hacía en 1970 era una perfecta desconocida.
En concreto, este Libro de Causas y remedios de las enfermedades (Causae et Curae) sólo podía consultarse en latín en la edición altamente especializada que realizó en 1903 el profesor berlinés Paul Kaiser de un manuscrito de la Biblioteca Real de Copenhague, del que en España solamente la Biblioteca del Consejo Superior de Investigaciones Científicas tenía un ejemplar.
Cuarenta años después, ésta y las demás obras de Santa Hildegarda están traducidas, publicadas y accesibles en español y en las principales lenguas  de Occidente. Y es que en los años finales del siglo XX y primeros del siglo XXI se ha multiplicado el interés por la persona y la obra de la carismática abadesa de Binguen, y esta eclosión de interés después de tantos siglos de olvido invita a sospechar causas profundas y transcendentes.
Hildegarda probablemente dictó este "Libro de las Causas y remedios de las enfermedades" como parte de un todo único, junto con el "Libro de los remedios naturales" (Physica), pues es probable que "El Libro de las causas y remedios de las enfermedades" estaría dirigido a profesionales de la medicina, mientras que la Physica sería un manual doméstico para profanos sobre la utilidad y el valor para sanos y enfermos de las criaturas más comunes y abundantes en la creación, plantas, animales o minerales.

Causae et Curae describe la recíproca interrelación e interacción entre el hombre y el cosmos de un modo más amplio aún que el que supone la sabiduría popular. No es que duelan las articulaciones ante un cambio de tiempo, sino que el tiempo atmósferico, la luna y toda la Creación influyen y afectan al ser humano, pues toda la Creación está en el hombre. En una perspectiva aún más amplia, Hildegarda nos enseña que las acciones del hombre se reflejan hasta en las estrellas, y además la mala conducta humana altera el buen funcionamiento de la Creación, no solo con la quema de bosques o lluvias ácidas, sino con la alteración sustancial de la armonía del Universo.
Este Libro de Causas y remedios describe a grandes rasgos el funcionamiento general del organismo humano por un equilibrio de secrecciones internas, cuya alteración causa las distintas dolencias. La obra insiste en el equilibrio, la moderación y la templanza como necesidades básicas para la vida y la felicidad; no en valde temperatum, (templado, equilibrado) es uno de los términos capitales del libro.
Asimismo, y como se verá más adelante, la obra dedica notable atención a la procreación humana y sus problemas, con absoluta claridad y precisión: la obra está dictada por el Creador que no puede engañarse sobre sus criaturas. Todo lo relativo al deseo, la cópula y sus circunstancias, la gestación, el parto y la lactancia se interrelaciona con la tipología humana a lo largo del libro, hasta ocupar algo así como un tercio de la obra.
Según Santa Hildegarda, en la planta que ha de nacer no solo influyen la calidad de la semilla y la naturaleza del suelo, sino la fase de la luna, la humedad relativa del aire, las temperaturas y el rocío, y lo mismo pasa con la naturaleza humana. Solo por el influjo de la luna (no de las estrellas ni de los planetas, que según ella no influyen en absoluto), Hildegarda describe sesenta tipos básicos de seres humanos. Pero a lo largo de esta obra van apareciendo muchos más, como consecuenciadel amor mutuo (o no) de la mujer y el hombre, del calor o de la lluvia, de las circunstancias de la cópula y del momento astronómico de la concepción.
Cada ser humano llega al mundo con un equipaje distinto, muy influido tanto por la calidad y amor mutuo de sus progenitores como por las circunstancias en las que se produce la cópula y la concepción. Este equipaje inicial condicionará su salud, su esperanza de vida, dicha, atractivo sexual, éxito en la vida y hasta sus posibilidades de salvación, algo que suena terrible hasta que se considera que todos tendremos un juicio infinitamente justo, en el que no se nos juzgará por la excelencia de nuestras dotes ni por los éxitos conseguidos, sino por cómo jugamos las cartas con las que nacimos.

El contenido de la obra se divide un tanto artificiosamente en cinco partes o libros muy desiguales y solamente encabezados por su numeración latina. Los títulos de cada párrafo no siempre se ajustan al texto y con toda seguridad no fueron dictados por Santa Hildegarda sino intercalados por algún escribiente. Seguramente el original no tenía epígrafes, ya que los distintos párrafos se continúan uno a otro.
El texto incluye frecuentemente viejas palabras germánicas que se ha procurado explicitar siempre que ha sido posible.
El libro I, relativamente corto, se ocupa del universo. Tras el pecado original, no solo el hombre quedó sujeto a las influencias de todo el cosmos, sino que éste sufre las consecuencias de la conducta humana. A lo largo del texto aparecen afirmaciones tales como la redondez  y pequeñez de la Tierra.
El libro II, que con diferencia es el más extenso, es un tratado de endocrinología que explica el funcionamiento del organismo humano por el equilibrio de sus principales humores o secrecciones internas; entre ellos, dos flemas y dos livores cuyo desequilibrio causa las distintas enfermedades. Los cuerpos de los hombres y mujeres funcionan de un modo u otro según el predominio de una u otra secrección, y sus características afectan a su carácter y a su capacidad de procreación, aspecto que la santa describe extensa y detalladamente.
Los libros III y IV se ocupan de enfermedades, dolencias y de los remedios que corrigen las disfunciones endocrinas.
Finalmente, el libro V y último expone las señas que aparecen en los ojos, la sangre y la orina del enfermo y que presagian su muerte o que por el contrario permiten suponer que vivirá. La obra concluye con una originalísima clasificación de sesenta tipos humanos, treinta masculinos y treinta femeninos, cuyas características quedarán condicionadas en el instante de su concepción.


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