XXVI. RESPLANDORES Y GOZOS DE LAS ALMAS DE LOS QUE OBSERVARON DILIGENTEMENTE EN LA VIDA SECULAR1 ACTIVA2 LOS MANDAMIENTOS DE LA LEY Y RAZÓN DE LA RECOMPENSA.

También vi el resplandor de otro claror mucho mayor e infinito, del que no logré percibir límite alguno. Emanó un fulgor tan intenso que no pude fijar en él la mirada, ya que estaba por encima del humano intelecto. El claror que he descrito antes estaba unido a éste, como una región se extiende hasta otra, ya que el uno era principio y origen del otro. Y comprendí que allí había todo género de delicias, todo género de música y voces de alabanza, los gozos de los gozos y la magnificencia de toda la alegría. Supe que allí estaban las almas de los santos que afligieron sus cuerpos con severos y crueles castigos en el mundo, y también las almas de otros santos que dieron sus cuerpos al martirio por amor de la vida. Pero no podía ver nada de lo que se encontraba en este resplandor sino como por un espejo porque no era capaz de observar detenidamente siquiera el resplandor.
Y como por un espejo vi algunos de los que vestían un vestido de nube blanca, que parecía más pura que el éter puro que está arriba, y como entretejida de oro. También el adorno de su cabeza, es decir la corona que llevaban sobre la cabeza, era de electro, sus sandalias parecían de cristal y reflejaban una pureza más allá de las aguas más límpidas. De vez en cuando los rozaba un viento suave que procedía del arcano de la divinidad y que tenía el perfume de todas las hierbas y todas las flores. Entonces producían un sonido de dulce sinfonía, y sus voces repicaban como las voces de muchas aguas. Los demás adornos, que eran muchísimos, no pude verlos. Lo mismo que habían aprehendido a Dios con suma fe y rigurosa devoción, y con todo su ser quisieron a Dios con sus buenas obras mientras vivieron en el mundo con su cuerpo, consiguieron la belleza del claror que he descrito, y en aquellos gozos tuvieron las infinitas alegrías del claror. En efecto, debido a la observancia de los preceptos de la ley que existen en la pureza de la justicia, que respetaron viviendo en la vida secular y en la vida activa, vestían un vestido de nube blanca que parecía más pura que el éter puro. Y su vestido resplandecía como entretejido de oro, en virtud del amor por los mandamientos, pues observaron con diligencia los mandamientos de la ley.
Y por la clara penitencia con la que lloraron en su corazón con conciencia pura cada pecado, el adorno de su cabeza, es decir la corona que llevaban sobre la cabeza, era de electro. Ya que habían andado con rectitud y pureza por los caminos de los mandatos seculares, establecidos en la ley de Dios para los que viven en el mundo, sus sandalias parecían de cristal, y reflejaban una pureza más allá de las aguas más límpidas. Por la suave generosidad en las limosnas, por la cual entre lágrimas ofrecieron misericordia a toda miseria (y lo hicieron según los mandamientos de la ley que Dios estableció, cuando vistieron a los desnudos, saciaron a los hambrientos, dieron de beber a los sedientos, visitaron a los enfermos y a prisioneros, y cumplieron buenas obras de este tipo) eran de vez en cuando rozados por un viento suave que procedía del arcano de la divinidad y tenía el perfume de todas las hierbas y todas las flores. Por la devoción con la que consiguieron, con palabras y hechos, buenos frutos con profundos suspiros y lágrimas, produjeron un sonido de dulce sinfonía, y sus voces repicaron como las voces de muchas aguas. Mientras habían vivido en el mundo con sus cuerpos, pasaron la vida en condición secular pero solo con el cuerpo y no con el espíritu, y con justas obras cumplieron a la ley de la justicia en el temor de su Creador.
El resto de los adornos y su sentido estaban ocultos a mi vista y a mi comprensión.


1 Vida secular, “vita secularis” es la que se realiza “in seculo”, para distinguirla de la vida religiosa, que bajo la dirección de diversas reglas se realiza lejos del siglo. Y se llaman “seculares” las personas, clérigos o laicos, que hacen vida secular, en medio del mundo.
Así se habla de sacerdotes seculares, pues aunque realicen labores apostólicas propias del ministerio sacerdotal, las realiza un sacerdote que vive “in seculo”. Aunque en sentido vulgar, “secular” se refiere al fiel que ni es religioso ni ha recibido órdenes sagradas. (“El apostolado seglar” de D. Amadeo de Fuenmayor. 1956)
A la vista de la ambivalencia de esta palabra cuando en el texto se identifica claramente a que tipo de vida de refiere Santa Hildegarda, lo hemos concretado así (seglar, o bien, vida dedicada al espíritu, religiosos o clérigos). En este capítulo hemos dejado “secular”, porque no está del todo claro y parece referirse a todos los que viven en el siglo, según lo antes comentado.
2 secularium hominum qui in activa vita


XXVII. GOZOS DE LOS QUE SE SOMETIERON A OBEDIENCIA EN LA VIDA RELIGIOSA 1, Y ASÍ SIRVIERON A DIOS CON TODA DEVOCIÓN, Y RAZÓN DE LA RECOMPENSA.

Del mismo modo, como por un espejo, también observé a otros en aquel claror, como revestidos de un vestido más bonito que la aurora y más claro que el resplandor del sol, adornados de gemas preciosas, que difundían un aire suave como la dulzura de las flores con perfume de bálsamo y todo tipo de hierbas perfumadas. Éstos llevaban sobre la cabeza coronas engalanadas de noble jacinto y vestían calzado admirablemente adornado de perlas preciosas. Su voz tenía el sonido de todo género de música y entonaban continuamente sin cansarse nuevas cántigas. Eran de vez en cuando iluminados por una luz clara y pura procedente del arcano de la divinidad, luz tan intensa y resplandeciente que ni el ojo humano podrá ver, ni el oído humano percibir, ni el corazón humano imaginar.
El resto de los adornos era muy numeroso, pero no era capaz de verlos.
También éstos, por la lealtad de su fe y por su fuerza indefectible de sus buenas obras, se alegraron en aquel claror y en las deleitosas delicias de aquellos gozos. Y fueron revestidos como de un vestido más bonito que la aurora y más claro que el resplandor del sol adornado de gemas preciosas, ya que tratando de siempre actuar rectamente, realizaron lo que de buena voluntad iniciaron, cuando con penoso trabajo supieron abandonar la voluntad propia. Aquel vestido difunde un aire suave como un perfume de bálsamo y todo tipo de hierbas perfumadas porque practicaron la abstinencia de los deseos carnales en la sumisión de la obediencia, que es flor de santidad, cuando les ofrecieron a los hombres el perfume de la vida y el ejemplo de santas virtudes. Y llevaban sobre la cabeza coronas engalanadas de noble jacinto, porque en todos sus trabajos dirigieron a Dios en su corazón una esperanza confiada. Y vistieron calzado admirablemente adornado de perlas preciosas porque habían sido firmes sobre el recto camino de su conducta espiritual.
Por aquella alabanza con que humildemente y devotamente mientras estuvieron vivos alabaron a Dios con voz de júbilo, su voz tenía el sonido de todo género de música. Por la obediencia de su corazón y su boca, que nunca cesó en el cumplimiento de la tarea asignada por Dios, cuando viviendo en su cuerpo meditaban piadosamente y ejercitaban todas las virtudes, entonaban continuamente sin cansarse, nuevas cantigas. Y como con angélica sumisión, con todo el esfuerzo de la mente y el cuerpo, y también de la voz y de las buenas obras, imitaron las alabanzas de los ángeles alabando a Dios. Porque obedecieron las órdenes de sus superiores, y tanto con continuas oraciones como con silencio, además de otras buenas obras de este género en la vida contemplativa y por la continencia de los afanes carnales, fueron de vez en cuando iluminados por una luz clara y pura procedente del arcano de la divinidad, luz tan intensa y resplandeciente que ni el ojo humano podrá ver, ni el oído humano percibir, ni el corazón humano imaginar, como ya se ha dicho. En verdad, viviendo en el mundo con su cuerpo supieron separarse de la materia de la que fueron concebidos y nacieron, y se dedicaron con verdadera obediencia a la vida espiritual y sirvieron a su Creador con toda devoción y humilde sumisión, en el desprecio del mundo y sus placeres.
El resto de los adornos de todos éstos y su sentido quedaron ocultos a mi vista y a mi comprensión.

1in spiritali vita obedientie”. Estado religioso y clerical, dedicados a la vida espiritual.


XXVIII. GOZOS DE LAS ALMAS DE LOS QUE ENSEÑANDO Y SUJETANDO AL PUEBLO DE DIOS HICIERON BUENAS OBRAS, Y RAZÓN DE LA RECOMPENSA.

También vi a otros en el claror descrito, del mismo modo que he referido, es decir como en un espejo, que llevaban un tipo de vestido de color zafiro adornado de berilo y perlas, sobre el que, a la altura del pecho, aparecieron los signos extraordinariamente brillantes de los siete planetas. Sobre sus cabezas llevaban coronas adornadas de topacio y tenían calzado como de oro puro. En sus manos sujetaban como trompetas de cristal, de las que salía un aire con aroma de mirra e incienso. Con estas trompetas tocaban en los cantos y en las alabanzas de los que tienen voz delante de Dios. El resto de los adornos de todos éstos era muy numeroso, pero estaban ocultos a mi vista.
Descansaron felizmente en el claror y en los gozos de la beatitud que mencioné antes, ya que habían servido a Dios fielmente con la perfección de sus buenas obras. En virtud de la caridad que prodigaron con misericordia sobre sus subordinados, y de la acogida con que acogieron a pecadores y publícanos para conducirlos al arrepentimiento; y por el secreto con que mantuvieron ocultos y en secreto los pecados de aquellos a quienes confesaron, llevaban un tipo de vestido de color zafiro adornado de berilo y perlas. Y por aquella piadosa mirada de su espíritu con la cual, en el período de su ministerio, abiertamente observaron los siete dones del Espíritu Santo, ya que, por amor a Dios, en la vida activa cuidaron físicamente del cuerpo de quien les estaba sujeto según la regla, y en la vida contemplativa los sustentaron en el espíritu, aparecían en su vestido, a la altura del pecho, los signos extraordinariamente brillantes de los siete planetas.
Sobre su cabeza llevaban coronas adornadas de topacio, porque en sus corazones llevaron la verdadera justicia, castigándose con el sufrimiento de sus corazones porque no quisieron ofrecer resistencia a Dios imponiendo su propia justicia inestable, sino que fijaron sus miradas en Él, realizando con gran constancia obras de fe. Y tenían calzado como de oro puro ya que hicieron sabiamente caminar por rectas calles a cuantos fueron sus subordinados delante de Dios.
En sus manos sujetaban como trompetas de cristal, de las que salía un aire con aroma de mirra e incienso con la que tocaban en los cantos y en las alabanzas de los que tienen voz delante de Dios, porque se ofrecieron a los demás como un espejo, demostrando en sus obras, con la palabra y el ejemplo, la verdadera doctrina. Y también cuando irradiaban el ejemplo de las obras santas entre el pueblo de los creyentes, en el amor de la verdadera continencia, en la mortificación de su carne y en el santo servicio, y cuando asiduamente, dedicándose día y noche a servir y alabar a su Creador, imitaron la fe y la justicia de los patriarcas, de los profetas y de los apóstoles, que señalaron la verdad que se manifiesta en Dios.
Mientras estuvieron físicamente vivos en la tierra, por inspiración de Dios tuvieron el cargo de doctores y rectores del pueblo de Dios, y enseñándole y sujetándole con la palabra y con el ejemplo, fueron cabeza de cuantos eran sus subordinados, arrancándoles del mal, y no permitiéndoles precipitarse en la muerte, y así también llegaron a ofrecerse a sí mismos a Dios por las buenas obras.
El resto de los adornos de todos éstos era muy numeroso, pero estaban ocultos a mi vista y a mi comprensión.


XXIX. GOZOS DE LAS ALMAS DE LOS QUE SOMETIERON SU CUERPO A LA MUERTE EN EL MARTIRIO POR LA GLORIA DE DIOS Y RAZÓN DE LA RECOMPENSA.

También vi a otros en el claror descrito, del mismo modo que he referido, es decir como en un espejo, que estaban sobre una especie de mar que no era líquido ni tenía humedad como el agua, sino que derramaba un intenso fulgor. Llevaban un vestido de color rojo jacinto, decorado con preciosas gemas sobre los hombros y con una franja encima de sus pies. Llevaban en la cabeza coronas refulgentes de oro puro adornadas todo alrededor con un círculo de brillantes espejos, y llevaban calzado adornado de esmeraldas y berilo. En las manos sujetaban ramas de palma transparentes como agua cristalina, y en ellas, como en espejos, aparecían muchos milagros de Dios.
Y oí una voz del cielo que sonaba como el trueno y decía: “La antigua serpiente se opuso a Dios, por lo que fue echada en el infierno: Pero el diablo, entonces, ha reunido nuevos elementos humanos, para que los hombres tuvieran relaciones con él, y así poder persuadir los hombres a matarse unos a otros. Pero para que los pecados de los hombres fueran borrados, el Cordero, es decir el Hijo de Dios, se revistió de carne y fue muerto. Ahora pues, vengan los que han muerto por el Cordero, y mezclen la sangre del Cordero con la sangre de sus cuerpos”. A oír estas palabras las almas se elevaron del mar y derramaron sobre la tierra gotas de sangre, y toda la celeste armonía replicó con un canto nuevo al testimonio del Cordero que había sido matado. Y cada vez que la voz habló como he dicho, las almas, derramaban su sangre y se elevaban nuevos cantos como se ha dicho.
El resto de los adornos de todos éstos era muy numeroso, estaban ocultos a mi vista.
Como, mientras se encontraron en el cuerpo, éstos sirvieron a Dios en la fe y en las obras, y por amor a Dios despreciaron sus cuerpos con gran firmeza, consiguieron la mansión y los infinitos gozos de los premios más altos y sus delicias en el claror descrito. Y estaban sobre una especie de mar que no era liquido ni tenía humedad como el agua, sino que derramaba un intenso fulgor, porque con la fuerza de su ánimo pisaron la ansiedad que padecieron en el martirio, cuando se agarraron al ardiente amor a Dios, rechazando con su constancia la debilidad de la inestabilidad. Vestían un vestido color rojo jacinto puesto que al permanecer firmes en el martirio, con gran confianza veneraron a Dios. Y aquel vestido estaba decorado por preciosas gemas sobre los hombros y una franja encima de sus pies, pues para venerar a Dios soportaron muchos trabajos que culminaron en un buen final cuando se sacrificaron a sí mismos a Dios, despreciando los miembros de sus cuerpos y sometiéndolos a los torturadores con diversas torturas.
La cumbre de su esperanza se basó en la sabiduría, ya que, teniendo su mirada fija en todo momento en el amor fraternal por la pureza de fe y compartiendo sentimientos con los demás, en su corazón exaltaron a Dios cuando con paciencia no salvaron sus miembros. Por eso llevan sobre la cabeza coronas refulgentes de oro puro adornadas todo alrededor con un círculo de brillantes espejos. Con su paciencia y con el ofrecimiento de su sangre recorrieron los caminos de Dios, por lo cual llevaban calzado adornado de esmeraldas y berilo. También mantuvieron en sus obras la victoria pura y sin contaminación de simulación o hipocresía, y con sus obras dieron muchos ejemplos de constancia y paciencia. Y se fijaron en Dios con toda la intensidad de su alma, por lo que en las manos sujetaban ramas de palma transparentes como agua cristalina, en las que, como en espejos, aparecían muchos milagros de Dios.
Y todo esto fue testimoniado por la voz que resonaba en el cielo, que dijo que el diablo, que se opone a Dios y está hundido en el infierno, se asocia con algunos hombres, a los que induce incluso al homicidio. La voz también gritó que el Hijo de Dios se encarnó y fue muerto para que el hombre fuera arrancado del diablo. También animó a los que padecieron la muerte por el Hijo de Dios, a unir su martirio a Su martirio. Con estas palabras, los mártires, exaltados por la victoria, reclamaron los tormentos que habían sufrido a manos de impíos e incrédulos para que resplandecieran en el justo juicio de Dios. Por lo cual toda la milicia celestial, alaba la pasión del Hijo de Dios renovada por los sufrimientos de estas almas con alabanza de gozo siempre nuevo, y cada vez que la divina majestad menciona sus sufrimientos, ellos glorifican la pasión del Cordero renovada con la suya, ya que mientras habían estado vivos, no sólo olvidaron su propia voluntad, sino que sometieron sus cuerpos, por la gloria de Dios, a muchos y diversos tormentos. No cedieron ante los tiranos, sino que entregaron sus propios miembros, uno a uno, al martirio hasta la muerte.
Sin embargo el resto de sus adornos y su sentido estaban ocultos a mi vista y a mi comprensión.


XXX. GOZOS DE LAS ALMAS DE LOS QUE SIRVIERON A DIOS EN LA VIRGINIDAD DEL CELIBATO Y RAZÓN DE LA RECOMPENSA

También vi en el claror descrito, del mismo modo que he referido, es decir como en un espejo, una masa de aire que tenía una pureza superior a la de las aguas más límpidas y que derramaba un resplandor superior al del sol. Tenía una brisa que contenía toda la fuerza vital de las hierbas y flores del paraíso y de la tierra, y estaba lleno del perfume de todas las fuerzas vitales, tal como el verano tiene el dulce perfume de hierbas y flores. En este aire, vi como por un espejo algunos que llevaban un vestido de deslumbrante blancura, como entretejido de oro y adornado, desde el pecho hasta los pies, de una especie de faja de gemas preciosas, también emanaba un intenso perfume de aromas. También llevaban cinturones, engalanados más allá de la comprensión humana de oro, gemas y perlas.
Sobre la cabeza tenían coronas trenzadas de oro, rosas y azucenas, circundadas elegantemente de gemas preciosas en forma de tubitos. Cada vez que el Cordero de Dios dejaba oír su voz, un soplo suave manaba del secreto de la divinidad y tocaba estos tubitos de modo que con el Cordero sonaban como la melodía de todo género de cítaras y órganos. A excepción de los que llevaban estas coronas nadie cantaba este canto, pero los demás lo escuchaban y se alegraban, como el hombre se alegra cuando ve el resplandor del sol que antes no podía ver.
Su calzado era tan brillante casi como si brotara de un manantial vivo. A veces caminaban sobre ruedas de oro, y entonces llevaban en las manos cítaras con las que tocaban. Comprendían, conocían y hablaban una lengua desconocida que ningún otro conoce ni podrá utilizar.
El resto de los adornos de todos éstos era muy numeroso, pero no fui capaz de verlos.
Como mientras habían estado en el mundo con sus cuerpos, completaron con buenas obras la fe que consagraron a su Creador, se encontraban en santo sosiego y en los gozos de aquel resplandor. Y estaban en una masa de aire que tenía una pureza superior a la de las aguas más límpidas y derramaba un resplandor superior al del sol, porque en la pureza de sus mentes rechazaron las volubles variedades de placeres carnales, y como habían ido más allá de las exigencias de los preceptos legales se elevaron al amor ardiente del verdadero Sol.
Por el suave anhelo que demostraron a Dios y a los hombres con la fuerza vital de la virginidad y en la flor de su espíritu y de su cuerpo, cuando, encendidos por el ardor del Espíritu Santo difundieron por todas partes el buen perfume de muchas virtudes, en está masa de aire sintieron un soplo que contenía toda la fuerza vital de las hierbas y flores del paraíso y de la tierra, y estaba lleno del perfume de todas las fuerzas vitales, tal como el verano tiene el dulce perfume de hierbas y flores.
Llevaban un vestido de deslumbrante blancura, como entretejido de oro y adornado, desde el pecho hasta los pies, de una especie de faja de gemas preciosas, por su casto ánimo, que condujeron sabiamente con las santas virtudes en la devoción absoluta de sus corazones hasta el cumplimiento de la perseverancia en el bien contra las tentaciones de la carne. Y este vestido también emanaba un intenso perfume de aromas, ya que actuaron así en el loable y amable nombre de la virginidad. Domando su carne mantuvieron su voluntad alejada de la peligrosa temeridad de los placeres y se atuvieron estrechamente a la abstinencia con suave decoro, sin oscilar de aquí para allá con conducta mudable, por lo cual también llevaban cinturones, engalanados más allá de la comprensión humana de oro, gemas y perlas.
Dando sabiamente gloria y honor a Dios en sus corazones, y negándose en toda circunstancia a pueriles diversiones con la mortificación de sus cuerpos, reforzaban en sí las señales de la promesa de castidad, y en esto fueron superiores a los hombres y fueron más allá de las exigencias de los preceptos legales. Y con suspiros de deseos vueltos al cielo y con la fuerza y la sutileza de las virtudes, actuaron casi como si no hubieran sido hombres de carne y sangre y demostraron en sus corazones y en sus rostros vergüenza respecto a todas las exigencias de la carne. Por todo lo anterior, tenían sobre la cabeza coronas trenzadas de oro, rosas y azucenas, circundadas elegantemente de gemas preciosas en forma de tubitos.
Y ya que se doblaron hasta a la mansedumbre del Hijo de Dios encarnado y sus mentes se elevaron a tal altura que consagraron su virginidad a Dios y observaron el voto santa y dignamente, se alegró con ellos el Cordero de Dios y dejaba oír su voz, y un soplo suave manaba del secreto de la divinidad y tocaba los signos de su virginidad coronada de modo que en ellos resonaba la canción del Cordero. Esta canción no sonaba en los demás, que no tienen estos mismos signos, aun cuándo se alegren escuchándolos. Y su calzado era tan brillante casi como si brotara de un manantial vivo, ya que habían seguido los pasos que Dios, según su antiguo designio, había mostrado al hombre.
Y a veces caminaban sobre ruedas de oro, y entonces llevaban en la mano cítaras con las que tocaban, y comprendieron, conocieron y hablaron una lengua desconocida que ninguno otro conoce ni podrá utilizar, ya que siempre andaban sabia y humildemente y se movían con pura castidad dirigiendo su rostro a la divinidad. Y con piedad y misericordia socorrieron a todos los que se encontraban en dificultad con limosnas, cantando alabanzas a Dios con la voz y con el corazón, meditando y reconsiderando los milagros divinos, y predicándolos con su meditación. También en la negación de los placeres carnales transcendieron la naturaleza humana. Mientras se encontraron en su cuerpo sirvieron a Dios en la virginidad del celibato, imitando a las filas angélicas, y de este modo y con otras obras buenas y santas hicieron completa oferta de sí.
Pero el resto de sus adornos y su significado quedaron ocultos a mi vista y a mi comprensión.

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