XXXI. SOBRE EL CLAROR EN QUE ESTÁN OCULTOS GOZOS MAYORES E INNUMERABLES, TODAVÍA MÁS QUE LOS PRECEDENTES.

Percibí que en el claror que he descrito había un claror mucho mayor e infinito. Traté de observarlo, pero el resplandor de su fulgor fue tan deslumbrante que no fui capaz de verle bien ni tampoco ver nada de lo que en él se encontraba. Sin embargo pude entender que en él estaba toda la belleza de todos los adornos, las delicias de las delicias, los gozos de los gozos de la más completa beatitud en medida tal que ni el ojo del hombre ha podido nunca ver, ni el oído ha podido oír, ni el corazón ha podido alcanzar, mientras los hombres estén en su cuerpo frágil y corruptible. Por lo cual había delante de mí una especie de sello, por el que me fueron ocultados gozos más numerosos y todavía mucho más grandes que los precedentes que yo había visto. Y mi vista quedó deslumbrada.
Y por el Espíritu viviente vi y entendí esto


Y de la luz viviente que he descrito, de nuevo oí una voz que me dijo: “Los gozos que ves son verdaderos, y son tal como los ves y también hay más”.


XXXII. PALABRAS DEL HIJO DEL HOMBRE.

Y aquí oí el sonido de una voz dulce y suave, que se derramaba sobre mí como gotas de bálsamo y dijo:
“Yo soy el poder de la divinidad antes de la eternidad y antes de los tiempos, y no tengo ningún origen. En efecto, soy la fuerza de la divinidad, con la que Dios creó todas las cosas distinguiéndolas y reconociéndolas. Soy también espejo de la providencia para todas las cosas. Troné con el poder más fuerte, Yo que soy Verbo que repica, cuando pronuncié el Fiat del que todas las cosas proceden. Y abiertamente bajo la mirada de los ángeles, Yo dividí los tiempos de los tiempos, considerando cuál sean y como tienen que ser todas las cosas. Con mi boca soplé vida en el hombre, en aquella figura que hice del barro, y como abracé esta figura con amor, lo revestí de una túnica. Y así a través del Espíritu de fuego cambié este lodo en carne, y le confié la tarea de toda la creación. Luego descansé, hasta que tuve que considerar de qué manera el hombre había sido engañado por el consejo de la serpiente.
Luego descendí como una llama, descansé en el regazo de la Virgen y después de haberlo encendido, me encarné de su carne que no padeció nunca por ninguna suciedad de pecado, tal como la carne de Adán había sido al principio. Y como un gran gigante procedí con la fuerza de la virtud por encima de todos los hombres. Mi semilla no la puso un hombre con el proceso de procreación con el que la serpiente engañó y escarneció al primer hombre haciéndole rehervir la sangre, movida por el placer de la carne. Como el diablo desvistió al hombre de su gloria y lo arrancó de Mí, Yo herí al diablo estableciendo la circuncisión, y con los mandamientos de la ley llevé a la confusión cada sugerencia de su engaño.
Después, saliendo del regazo de la Virgen recobré al hombre mediante la inmersión en el agua, y en estas aguas lavé la semilla del hombre, tal como el fuego evapora el agua, y de este modo todo lo purifiqué. Puse en movimiento mi rueda, hasta reconducir a la originaria pureza a los hombres que se alejaron de Dios. Y como yo había besado la forma de hombre que toqué, fundé una unión conyugal legítima. Como le di al hombre la tarea de sujetar a las otras criaturas, Yo dispuse la templanza. Como nací de la Virgen, establecí la regla de la virginidad para el hombre y para la mujer, en sí mismos distintos. También establecí un punto en el centro de mi rueda, por el que Yo preví que el pueblo espiritual podría vivir victorioso sin las costumbres del mundo. Así completé mi rueda contra la astucia de la antigua serpiente, que no me conoció, ya que mi Encarnación había sido escondida para él en el silencio. La serpiente antigua vio a Adán, pero no lo reconoció completamente, por lo cual lo sondeó preguntándole qué quería hacer, y le engañó obstaculizando lo que debía hacer.
Con mi humanidad encarcelé y destruí la irresistible fuerza del diablo, que no me conocerá completamente sino cuando me siente en el tribunal del juicio, y allí será confundido completamente. Y así por medio de la verdadera purificación devolveré la gloria del paraíso y la gloria de los gozos celestes a los que realmente creen y son realmente santos”.


XXXIII. EN LA GLORIA DEL PARAÍSO, PURIFICADA POR LOS PECADOS, SE ALEGRAN LOS HOMBRES QUE SE ACERCARON A DIOS POR EL ARREPENTIMIENTO, PENITENCIA Y BUENAS OBRAS.

Pero la gloria del paraíso, del que el primer hombre fue echado, está circundada por un claror tan intenso, como ves, que no de puede mirar en ella ni distinguir lo que contiene, si no es como por un espejo. Además está engalanada con una frondosa floración que no se marchita, y perfumada con el suave perfume de los aromas, y está repleta de innumerables delicias que alegran las almas purificadas de todo género de pecados. Las almas que se encuentran allí visten, con gloria todavía mayor, el vestido de la inmortalidad y el honor que Adán perdió. Y según lo que se acercaron a Dios por la penitencia de sus pecados cuando vivieron en el mundo, y según la medida con que cumplieron con las buenas obras los mandamientos de Dios, están engalanadas de bonitos adornos, igual que los cuerpos de los hombres se atavían de cosas preciosas.


XXXIV. EN LO ALTO DE LOS CIELOS HAY PREPARADOS PARA LAS ALMAS DE LOS SANTOS ADORNOS, NUMEROSOS Y ESPLÉNDIDOS, MÁS DE LO QUE LA CONSIDERACIÓN HUMANA PUEDA COMPRENDER.

Este gran resplandor que tú, a causa del excesivo fulgor, no logras mirar fijamente, y está más allá del entendimiento humano, procede de la altura celeste de la cual Lucifer fue arrojado con sus ángeles. Este resplandor difunde e ilumina la luz de paraíso y como ves lo mantiene con el vigor de la fuerza vital y la belleza.
En esta altura celeste se encuentran las recompensas y los gozos, ordenadas allí ya desde la eternidad, para las almas benditas que con todo esfuerzo de íntima devoción en las cosas de la tierra, suspiraron y anhelaron por las del cielo. Estos premios, velados a la humana fragilidad como por una cortina de polvo, no pueden conocerse plenamente, ya que lo que es temporal no puede comprender lo que es eterno, sino en lo que la clemencia del Padre quiera revelarlo para gloria suya y provecho de sus fieles. Allí han estado preparados adornos numerosos y espléndidos para las almas de los santos, más de lo que la consideración caduca y humana pueda comprender. En efecto, los elegidos serán adornados con las alabanzas y con las obras que dedicaron a Dios, ya que con el alma y con el cuerpo realizaron obras brillantes.


XXXV. EN EL REINO DE LOS CIELOS ESTÁN LAS ALMAS DE SEGLARES, SACERDOTES, RELIGIOSOS, SUBDITOS Y SUPERIORES, MÁRTIRES Y VÍRGENES QUE SIRVIERON A DIOS.

Aquí en efecto están, como ves, los que en el mundo, abrazaron con el espíritu la vida del cielo aunque por su estado dirigieran sus afanes a cubrir las necesidades de la vida carnal. Y a los que apartándose del mundo, con la sumisión a la disciplina de la regla y en la elevación de la vida contemplativa, se dedicaron a las cosas del cielo con el cuerpo y con el espíritu. También están aquí, los que benignamente y humildemente dirigieron a otros con la enseñanza y con el ejemplo, proporcionando a cuantos eran sus súbditos lo necesario para el cuerpo y el espíritu. Y los que despreciando los ídolos y reconociendo a su Creador, proclamando la verdad, no titubearon en afligir y entregar a la muerte sus cuerpos. Y también están los que, por encima de su condición de hombres de carne y sangre, consagraron y conservaron virtuosamente en el temor y en el amor de Dios su virginidad.


XXXVI. LAS ALMAS DE LOS JUSTOS EN EL JUICIO DE LA RESURRECCIÓN RECIBIRÁN GOZOS MUCHO MAYORES QUE LOS QUE TIENEN AHORA.

Todos éstos reciben los gozos de los gozos y el reconocimiento de inefables adornos, y son bendecidos porque ellos han servido a su Creador con las buenas obras inspiradas por Él. En el juicio de la resurrección serán llamados benditos de mi Padre y recibirán entonces gozos mucho más grandes que los que tienen ahora. Pues, mientras ahora sólo se alegran en el alma, entonces en cambio tendrán gozos en el cuerpo y en el alma, gozos inefables al punto que ninguna criatura será capaz de manifestarlos al mundo mortal.


XXXVII. LOS ADORNOS CELESTES NO SON ORO, PIEDRAS PRECIOSAS NI GEMAS DE POLVO TERRENAL, SINO QUE DIOS PREPARA PARA LOS SANTOS LOS ADORNOS QUE CORRESPONDEN A SUS OBRAS.

Los adornos de aquellos gozos son espirituales, eternos e inestimables, no solo porque en la eternidad de las cosas celestes no hay oro, piedras preciosas, o gemas formadas por polvo terrenal, sino porque los elegidos se engalanan en el espíritu de buenas y justas obras, como un hombre se embellece en el cuerpo con preciosos adornos. Yo, en efecto, que creé el mundo, di a mi obra, es decir al hombre, con aquella ciencia que coloqué en él, la posibilidad de realizar obras con los elementos de que él mismo está formado, tierra, agua, aire y fuego. Por consiguiente, en el momento en que realiza obras buenas se le preparan para la eternidad, en el claror de la luz que no tiene fin, adornos que derivan de sus buenas obras, tal como el firmamento se engalana de estrellas y la tierra de flores. Y a veces, cuando el hombre se atavía con adornos terrenales, su alma gime, recordando como tiene que adornarse con la virtud de sus obras. Pero lo mismo que el hombre se hace adornos con fuego, aire, agua y tierra y, si le place, se prepara un vestido que adapta a su cuerpo, así Dios prepara para los santos los adornos que corresponden a sus obras, y no los produce de materia alguna sino los crea de Él mismo, como también de sí mismo creó todas las criaturas. Y así el hombre también debería dictar y hacer sus obras según su buen criterio y no siguiendo el de otras criaturas extrañas.


XXXVIII. LAS MANSIONES CELESTIALES SON TANTAS QUE ESTÁN POR ENCIMA DE LA CAPACIDAD DEL HOMBRE, Y NINGÚN MORTAL, CARGADO POR LA CARNE, PUEDE ABARCARLAS CON SU CIENCIA.

En la patria celestial hay un número extraordinario de moradas de muchas delicias, incalculables por parte del hombre, que están reservadas para el hombre en proporción a las acciones que realizan en virtud de la gracia divina. No pueden ser percibidas ni comprendidas por la fragilidad humana, ya que están por encima del intelecto del hombre. Aquí, en efecto, también hay moradas que no se manifiestan a ningún mortal cargado por el cuerpo, ya que su comprensión está más allá de lo humano. Por lo tanto tampoco se te revelan a ti ni ellas ni lo que contienen, ni ocultas como en un espejo, ni en la mínima medida. En efecto, la carne oprimida por el pecado no sabe soportar los secretos de las cosas celestes, sino cuando está reforzada por la gracia de la fuerza divina. Ningún hombre sobrecargado por carne mortal ha visto nunca en toda su perfección, ni ha podido acoger con la ciencia de su intelecto, los adornos y los gozos de los milagros supremos, sino en la medida que la voluntad de Dios ha enseñado en visión a algunos santos y a algunos profetas. Así Isaías habla del adorno del primer ángel y Juan habla en su Apocalipsis, cuando explica los adornos de la Jerusalén celestial.


XXXIX. EL MAL DE LA MENTIRA SURGIÓ SIN DIOS.

Dios, hizo a través de su Verbo todas las cosas buenas, justas y útiles, pero el mal de la mentira, a través del que nació toda injusticia y todo pecado, surgió sin Dios. Todo eso no toca a Dios en ningún modo, le es extraño, y por tanto Dios con su definitivo juicio juzga lo que se le rebela.


XL. EL HOMBRE VENCE AL MAL CUANDO RECHAZA CUMPLIRLO.

Pero el hombre no vence al mal, sino cuando rechaza hacerlo y en cambio, cuando hace el mal, se vuelve su esclavo.


XLI. EL HOMBRE, SOBRE LA TIERRA QUE ES CADUCA CENIZA, NO PUEDE VER LAS MANSIONES INMACULADAS, EXCEPTO LO QUE DIOS LE PERMITE. PERO CUANDO POR FIN VEA A DIOS SE OLVIDARÁ DE TODAS LAS COSAS TERRENALES.

Pero el hombre ha abandonado a Dios y se ha hecho partícipe del mal, por lo cual mientras viva sobre esta tierra, que es de ceniza y caduca, no podrá ver las moradas puras e inmaculadas, sino únicamente lo que Dios le permite. Pero cuando se duerma tan profundamente que ya no tenga que velar para defenderse del mal, entonces logrará ver y conocer aquellas moradas. Cuando vea a Dios se olvidará de todas las cosas terrenales, tal como el hombre no recuerda de qué manera ha nacido, aunque sepa que ha nacido.


XLII. DIOS MUESTRA MILAGROS DIFERENTES EN CADA EDAD DEL MUNDO.

En cada edad del mundo Dios ha enseñado milagros diferentes a sus santos y profetas, para que el alma del hombre no se alejara completamente de los deseos celestes, sino que recordara la vida eterna por la fe con algunas advertencias. Así también al hombre caído en la condición de pecado le da las luces del firmamento para que, separado de la luz, no perezca completamente en las tinieblas.


XLIII LOS PROFETAS VIERON ALGUNOS MILAGROS Y OTROS NO.

Los profetas y algunos otros santos vieron ciertos milagros y proclamaron algunos pero no proclamaron ni vieron los más grandes y más numerosos. En cambio el primer ángel no investigó ni esperó los milagros de Dios, ya que quiso existir por sí mismo, y fue, por lo tanto, sepultado en la muerte. Pero el hombre, por consejo de la serpiente, quiso ser igual que Dios con la risible alegría de su pueril comportamiento y por esto fue expulsado a un destierro de dolor, es decir fue obligado a acabar igualmente su vida en el destierro con dolor, ya que en su errada convicción quiso extenderse hasta la eternidad de Dios.


XLIV. TODA CRIATURA Y LA VIDA ETERNA PROVIENEN DE DIOS.

Toda criatura se origina según la voluntad de Dios y la vida eterna es sólo resplandor de Dios, y de Él proviene. De Él provienen los adornos, los gozos, cada voz llena de gozo de vida eterna. En efecto las obras de los elegidos que brotaron del Espíritu Santo, aquí resplandecen y se adornan como con oro puro, gemas preciosas, perlas y adornos de toda clase. Estos adornos no son de materia creada, como ya se ha explicado, sino que proceden de la divinidad. Ahora bien, Dios engalana con tus obras al hombre hecho de barro, y con ellas supera las insidias del primer ángel que estaba tan orgulloso por su gran fulgor, por lo cual se sepultó en la muerte donde Dios lo abandonó. Él, en cambio, por su persona salvó al hombre de la muerte. Y ya que la serpiente engañó al hombre y el hombre cayó en la prevaricación del pecado, fue cubierto con un velo tal que no puede ver a la perfección los misterios de Dios, que quedan ocultos por ese velo. Por tanto, mientras tenga recta fe, Dios le manifiesta sus milagros como por una ventana y como por un espejo.


XLV. ALGUNOS ESPÍRITUS MALVADOS NO PUEDEN ENGAÑAR A LOS HOMBRES SINO MANIFESTÁNDOSE COMO SI FUERAN ESPÍRITUS CELESTES.

Hay un género de espíritus malvados que no puede engañar a los hombres sino es manifestándose como si fueran espíritus celestes. Como mienten incluso cuando hablan de la verdad, enseñan cosas falsas a los hombres, que los hombres con su intelecto pueden comprender, para poder engañar mucho más fácilmente a los hombres cuando les revelan parcialmente a veces cosas verdaderas. Por tanto los hombres que les hacen caso son seducidos, en cambio los que realmente ponen atención y se preguntan qué les está enseñado, es fácil que no caigan, sino que resistan con la fuerza de la verdad, los rechacen, y luego analicen con cuidado sus sucesivas tentativas.

Todo esto es verdadero, y verdaderamente ha sido enseñado a esta criatura simple por los caminos imprecisos de las palabras, ya que Yo que he salido del Padre supremo, y he tomado carne de la fuerza vital virginal de la Madre, pasé esmeradamente por la criba a esta persona para que revelara estos hechos sin palabras rebuscadas, y sin el apoyo del conocimiento del magisterio humano, para que la ciencia de los que saben, al observar la simplicidad de quien no sabe, comprendiera que autor de estas palabras es la luz imperecedera, la llama inextinguible, y también para que el pequeño y el poderoso se mortifiquen por la fe de la forma mostrada. ¡Santo es pues aquel hombre que se encamina a lo celeste gracias a los milagros de Dios!

Y oí una voz del cielo que dijo: “El ser humano que vio estas cosas y las reveló escribiéndolas, vive la vida terrenal y no vive, se considera ceniza y no se considera, revela los milagros de Dios no por sí, sino porque éstos la han tocado, tal como la cuerda de una cítara cuando se pulsa produce sonido no por sí, sino porque alguien la ha pulsado. Todo eso es verdadero, y Él que es verdadero, quiso que se manifestara así en la verdad. Por tanto si alguien con corazón soberbio por el conocimiento de las Escrituras o simplemente por espíritu presuntuoso tratara de modificar su sentido, es digno de someterse a las penas que aquí han sido descritas. O bien, si alguien para oponerse, elimina algo en particular, es digno de ser privado de los gozos que han sido mostrados”.

Y oí la voz de la multitud que, desde el secreto de las regiones más altas, contestó: “Así sea, amén, y así sea”.

Y de nuevo oí una voz del cielo que me dijo: “Todo esto ha sido revelado y dicho por la viva voz de la eterna luz viviente y es digno de fe. Quien tiene fe lo considera cuidadosamente y lo recuerda para actuar el bien”.

EXPLICIT LIBER VITE MERITORUM PER SIMPLICEM HOMINEN A VIVENTE LUCE REVETATOTUM.

DEO GRACIAS

AQUÍ ACABA EL LIBRO DE LOS MERITOS DE LA VIDA EXPLICADO POR UNA PERSONA SIMPLE POR REVELACION DE LA LUZ VIVIENTE.

GRACIAS SEAN DADAS A DIOS