SEXTA PARTE

EL HOMBRE REMUEVE TODO, HASTA LOS CUATRO CONFINES DE LA TIERRA

Finalmente vi que este mismo Hombre, como teniendo todo en sí, removía al mismo tiempo hasta los cuatro confines de la tierra. Y en su muslo izquierdo apareció un Unicornio, que lamiendo su rodilla, dijo:

I. PALABRAS DEL UNICORNIO

“Las cosas que fueron creadas serán destruidas y las que no han sido creadas serán edificadas. También será examinado el pecado del hombre, el bien con las justas obras que hay en él serán perfeccionadas y pasará a la otra vida con su buena fama”.
Y yo me pregunté si aparecería aquí algún vicio, diferente o parecido a los que había visto antes, pero no se me mostró nada similar.


II. EN EL FIN DEL MUNDO DIOS REVELARÁ SU PODER

Y de nuevo oí una voz del cielo que me dijo: “El Dios fortísimo, cuyo poder está sobre todas las cosas, mostrará su poder al final de mundo, cuando lo transforme en una nueva maravilla”.


III. AL FIN DEL MUNDO DIOS SACUDIRÁ TODOS LOS CONFINES DE LA TIERRA.

En efecto, que veas al Hombre remover los cuatro confines de la tierra significa que al final del mundo Dios mostrará su poder con las fuerzas de los cielos y sacudirá todos los confines de la tierra y así toda alma se preparará para comparecer ante su juicio.


IV. CUANDO EL HIJO DE DIOS VENGA A JUZGAR, EXAMINARÁ TANTO LA PERVERSIDAD COMO LA SANTIDAD DE LOS HOMBRES.

Sobre su muslo izquierdo aparece un Unicornio: Porque quien en su santa humanidad se opuso al diablo y lo derribó con la espada de la castidad, es decir el Hijo de Dios, vendrá en forma de hombre. El Unicornio lame la rodilla del Hombre, es decir, recibe el poder del juicio de Dios Padre, y grita que todo el mundo tiene que purificarse por el fuego y renovarse de una forma nueva. También la perversidad del hombre tiene que pasar la criba del juicio, y la santidad de las obras buenas y rectas del hombre tiene que ser perfeccionada, así las almas de los justos pasarán entonces con la máxima gloria y alegría a la felicidad de la vida eterna.


V. TODO LO QUE LOS PECADOS DE LOS HOMBRES HAYAN MANCHADO SERÁ PURIFICADO.

Después de que Dios haya perfeccionado la fuerza de las virtudes en el hombre, se elevará con su gran fuerza hasta las nubes y quitará las cenizas que han oscurecido los elementos. Y lo hará de tal modo que en la tierra todas las cosas serán removidas con gran terror y todas las cosas que se habían manchado con los pecados del hombre se purificarán. Entonces Dios con sus armas invencibles también destruirá el Norte y todas sus fuerzas, y destruirá al diablo, lo despojará de sus armas y le arrebatará su botín.


VI. DESPUÉS DEL JUICIO APARECERÁ UN CIELO DESLUMBRANTE Y UNA TIERRA PURA, Y TODA LA RESERVA DE LOS SECRETOS MÁS PROFUNDOS SE ABRIRÁ.

Entonces aparecerán un cielo deslumbrante y una tierra pura, ya que habrán sido purificados junto con los otros elementos. Ahora están como mortecinos, y no dejan divisar plenamente su origen celeste, pero entonces en cambio, resplandecerán renovados.
Entonces también, el hombre ya bendito, purificado en estos elementos, se parecerán al círculo de oro de una rueda y será ardiente en cuerpo y espíritu, y se abrirá toda la reserva de los secretos más profundos. Así los santos estarán cercanos a Dios, y Él les dará la plenitud de la alegría.

VII. DESPUES DEL FIN DEL MUNDO EL DIABLO NO PROVOCARÁ MÁS VICIOS, PUES LOS HOMBRES NO HABITARÁN MÁS, EN EL TIEMPO, SOBRE LA TIERRA.

Que aquí no aparezcan vicios diferentes o parecidos a los que se habían visto antes, y que no se muestre nada similar significa que desde el fin del mundo en adelante el diablo no provocará más sórdidos vicios para engañar a los hombres, ya que el mundo habrá dejado de existir como era antes.
Y puesto que entonces los vicios no arreciarán, nadie tendrá que hacerles más resistencia como antes: ya no serán inspirados por los espíritus malignos. Ya no serán juzgados más por ningún examen temporal, pues su recuerdo se borrará de la tierra donde los hombres ya no habitarán temporal y carnalmente, y no podrán ya atormentarlos estos vicios con sus astucias. En efecto todas las cosas habrán pasado a la eternidad, y entonces la inestabilidad y el cansancio en que ahora se encuentra el mundo y todo lo que está en el mundo habrán terminado. No existirá tampoco como antes, terrores y peligros, como cuando los hombres vivían en el tiempo en un mundo temporal. Juan, mi elegido, lo muestra en una visión celestial, cuando dice:


VIII. PALABRAS DE JUAN EN EL APOCALIPSIS

“Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni lutos, ni habrá más dolor, porque el mundo viejo ha pasado”. (Apoc. 21, 4). Esto significa lo siguiente:
Dios eliminará toda ganga de los pecados que hace manar lágrimas de la conciencia de los santos, y los llevará a la eternidad como el barro puro de la vida viviente, tal como el primer hombre fue creado. La muerte que ahora está al final de la vida en la secuencia temporal actual no llegará como ahora, que la infancia termina en la juventud, la juventud en la vejez, la vejez en la muerte.
Los santos ya no vivirán en un lacrimoso destierro, no esperarán otra vida, ya que siempre tendrán aquella vida en la que no existe aburrimiento. Ya no gritarán ignorando el término de su cumplimiento, ya no tendrán que investigar ninguna respuesta oculta, pues siempre y abiertamente verán la gloria de Dios. El dolor, el gusto por el pecado, el ansia de poseer y el temor de perder lo que se tiene ya no atormentarán a los hombres. Tampoco estarán preocupados por ningún dominio temporal, estarán para siempre a salvo de todos los males, pues habrán desaparecido los males de antes, los que había cuando los hombres vivían en el mundo sometidos al tiempo y a los tormentos temporales.
El que tenga deseo de vida, coja estas palabras y póngalas en la profundidad de su corazón


IX. PENAS MÁS LEVES RESERVADAS A LAS ALMAS DE LOS QUE CARECÍAN DE LA SEÑAL DEL BAUTISMO Y RAZÓN DEL CASTIGO.

Y vi que de las tinieblas se difundía una niebla por una inmensa extensión con muchos tormentos. No vi sin embargo en ninguna parte de las tinieblas ningún padecimiento de fuegos, de gusanos ni de otras graves torturas, sino solamente algunas almas que, sin el peso de otros pecados, estaban gravadas sin embargo por el pecado que provocó el juicio de muerte sobre Adán y carecían de la señal del bautismo. Algunos de ellos tuvieron que soportar humo entre aquellas tinieblas, otras no. Estas almas no estaban sometidas a graves tormentos, pero estaban en las tinieblas de la incredulidad, porque, mientras estuvieron en su cuerpo, aún sin el peso de otros pecados, estaban gravadas por el pecado que provocó el juicio de muerte sobre Adán, y carecían de la señal del bautismo. Las que habían cometido pecados menores tuvieron que soportar el humo que he descrito, mientras que las que no habían cometido pecados leves ni graves, pero no habían recibido el signo de la fe Católica no sufrieron ningún humo en esta oscuridad, sólo soportaron las tinieblas de la incredulidad como se ha mencionado anteriormente.


X. LA GEHENNA TIENE EN SI TODO GÉNERO DE PENAS.

También vi otras tinieblas, negras, horribles e infinitas, todo ardientes en una oscuridad sin llama, que se extendían cerca de aquellas tinieblas ya descritas y constituían su fuerza. En ellas estaba la Gehenna, que contiene todo tipo de tormentos, de miserias, de hedores y de penas. Pero no pude ver nada de lo que se encontraba en la Gehenna o en las tinieblas, porque veía solo las tinieblas, pero no su interior, sólo el exterior, y por lo tanto no era capaz tampoco de ver la Gehenna misma. Oí sin embargo, extraordinarios e indistinguibles gemidos y extraordinario e indistinguible rechinar de almas dolientes, innumerables e indistinguibles ruidos de penas como el estruendo del mar y como el sonido de muchas aguas. En la Gehenna, en efecto, hay todo género de penas, ya que es el dominio de los espíritus malignos que infundieron todos los vicios en los hombres que lo consienten. Estos castigos son tan numerosos que un alma cargada con el cuerpo no puede ni mirarlos ni comprenderlos, ya que están por encima del entendimiento humano. Y vi y entendí estas cosas por el Espíritu viviente.


XI. EN LAS TINIEBLAS, DONDE ANTES DE LA PASIÓN DE CRISTO SE ENCONTRABAN LAS ALMAS DE ALGUNOS JUSTOS, AHORA SE ENCUENTRAN ALMAS QUE NO ESTÁN CARGADAS POR EL PESO DE LOS PECADOS, PERO QUE NO ESTÁN SIGNADAS POR EL BAUTISMO.

Y de nuevo oí una voz de la luz viviente que he descrito que me dijo: “Las penas que ves son verdaderas, y son tal como las ves y aún más. En efecto, en las tinieblas descritas anteriormente reina llanto y rechinar de dientes, pero en el lugar en que tú no ves castigos de crueles torturas estuvieron retenidas un tiempo las almas de algunos hombres que, antes de la victoria que señala el triunfo del Hijo de Dios, vivieron en el mundo sin conocer pecado. Aquí todavía se encuentran almas que no están cargadas con el peso de sus pecados, pero sin embargo no han sido señaladas por la señal ardiente de la fuente sagrada, porque no tenían visión de la recta fe. Y algunos de ellos tienen que soportar el tormento del humo porque se contagiaron con el gusto de las contaminaciones del mundo, otras tienen que soportar sencillamente las simples tinieblas por la pura y simple ignorancia de la fe”.


XII. LA GEHENNA SURGIÓ EN EL MOMENTO DE LA RUINA DE LOS ÁNGELES CAIDOS Y TIENE EN SÍ TODOS LOS TORMENTOS SIN ESPERANZA.

En otras tinieblas horrorosas, ardientes, también sin llama, porque carecen del aire de la luz y la llama del fuego brillante, vecinas a las tinieblas ya descritas (porque tanto una como otra existen en la perdición) está, como ves, la Gehenna. Surge con la perdición de los ángeles caídos, acoge a Satanás y encierra todo tipo de tormentos para todas las miserias, sin consuelo y sin esperanza. Y allí permanecen las almas que están en el olvido, junto con el que al principio de los tiempos maquinó la ruina del género humano. La comprensión de la criatura mortal no abarca cómo, en que cantidad y de qué género sean, ya que se encuentran en el olvido y nunca dejarán de estarlo. Allí permanecerán los que no buscan la gracia de Dios, no quieren fijarse en Dios y no desean tener la vida.


XIII. LO QUE HA SIDO RECHAZADO DELANTE DE DIOS, SE ENCUENTRA ENTRE INFINITOS SUPLICIOS

¿Y qué más podrían aprender los mortales humanos sobre cuánto está en el olvido de la presencia de Dios, sino que lo que ha sido rechazado está entre infinitos suplicios? De eso goza la antigua serpiente, que no desea ni quiere el bien, y es siendo inspiradora del mal y de todos los males y pecados. Fue la primera que vio el resplandor de Dios, pero entonces comenzó el mal que no habría tenido que existir y no habría tenido que hacerse. Toda criatura ha sido hecha por Dios, pero el mal que inició la antigua serpiente, se inició sin Él.


XIV. DIOS CONSTITUYÓ EL SOL, LA LUNA, LAS ESTRELLAS EN CONTRA EL DIABLO

Lucifer fue constituido como un espejo con todos sus adornos, pero quiso ser él mismo luz y no sombra de la luz. Entonces Dios hizo el sol, para que inunde de luz a todas las criaturas en contraposición al fulgor de aquel. Puso la luna para que ilumine todas las tinieblas en contraposición a sus insidias y constituyó las estrellas para que ofusquen todos los vicios. Dios, en efecto, es aquella plenitud en que no existe, ni puede existir, ningún espacio vacío. En cambio el diablo es una vasija vacía, pues en cuanto vio, perdido por su soberbia, su propio resplandor, fue sepultado en el infierno, donde permanecerá sin gloria y sin ningún honor de alabanza, porque es el predador que expolió al primer hombre, robó e hizo que fuera desterrado del paraíso, es el asesino que mató a Abel y el que atacó a los hombres con el mal cuando pretendió ser su Dios.


XV. EL MAL DEL DIABLO ES PEOR QUE EL MAL DEL HOMBRE, POR LO CUAL SIEMPRE SE ENCONTRARÁ ENTRE LAS PENAS.

Pero el mal del diablo es peor que el mal del hombre, ya que cuando el hombre vio a Dios, no lo vio cómo como es. El diablo desvió la rueda del nacimiento del hombre, le engañó con muchos males, y por eso le envuelve en la máxima confusión. Incluso se alegra de la perdición de las almas. Por lo cual, el diablo siempre se encontrará en sus tormentos como un desterrado sin consuelo, ya que su engaño se retorcerá sobre sí mismo con gran confusión, y se angustiará completamente rojo de cólera cuando le arranquen sus seguidores por la penitencia o la purificación.


XVI. EL DIABLO NO ENCONTRÓ ANIMAL MÁS LISTO PARA ENGAÑAR AL HOMBRE QUE LA SERPIENTE.

El diablo engañó el primer hombre en el paraíso por medio de la serpiente, ya que entre todos las géneros de animales no encontró otro más listo para engañar al hombre. Como el diablo temía acercarse abiertamente al hombre, eligió a la serpiente como medio del engaño. Porque la serpiente tiene dos naturalezas, es decir que a veces está en el agua y a veces sobre la tierra. En ambos elementos es silbante y pérfida: del agua saca los silbos y de la tierra la perfidia. Por eso tiene un movimiento sinuoso en el entorno del agua, y en el de la tierra casi suplicante. Su naturaleza es tal, que engaña con malicia al hombre y lo mata con su veneno mortal. Pero si el hombre logra vencerla, enseguida se esconde y dolosamente se mueve hacia él. Con la astucia de una serpiente, el diablo persuadió al hombre a no tener ni alegría ni confianza en Dios. El hombre al probar la manzana adquirió la ciencia del mal y en su jugo se percató de que existía pecado. De este modo el diablo infundió en el hombre todo mal, mal que luego fue apagado por el agua del bautismo.


XVII. TAL COMO LA OBRA DE DIOS NO TÉRMINARÁ NUNCA, ASÍ TAMBIÉN LA OBRA DEL HOMBRE NO SE DESVANECERÁ, LA BUENA POR SU GLORIA, LA MALVADA POR SU CONFUSIÓN, A MENOS QUE SEA BORRADA POR LA PENITENCIA.

Pero la obra de Dios, que es el hombre, durará y no terminará, y así también la obra del hombre no se desvanecerá, ya que la obra del hombre que alcanza a Dios resplandecerá en las regiones del cielo, mientras la obra que se dirige al diablo permanecerá en los castigos. Cuando Dios creó al hombre le impuso trabajar con las criaturas. Y tal como el hombre no acaba sino que se cambia en ceniza y luego resurge, así también sus obras se verán, las buenas para su gloria, las malvadas para su confusión, a menos que sean borradas a cambio de una clara penitencia.

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