SEXTA PARTE

EL HOMBRE REMUEVE TODO, HASTA LOS CUATRO CONFINES DE LA TIERRA


CAPÍTULOS

Visión
I.- Palabras del Unicornio
II.- Al fin del mundo Dios revelará su poder
III.- Al fin del mundo Dios sacudirá todos los confines de la tierra
IV.- Cuando el Hijo de Dios venga a juzgar, examinará tanto la perversidad como la santidad de los hombres
V.- Todo lo que los pecados de los hombres hayan manchado será purificado.
VI.- Después del juicio aparecerá un cielo deslumbrante y una tierra pura, y toda la reserva de los secretos más profundos se abrirá.
VII.- Después del fin del mundo el diablo no provocará más vicios, pues los hombres no habitarán más sobre la tierra.
VIII.- Palabras de Juan en el Apocalipsis
IX.- Penas más leves reservados a las almas de los que carecían de la señal del bautismo y razón del castigo.
X.- La Gehenna tiene en sí todo género de penas
XI.- En las tinieblas, donde antes de la pasión de Cristo se encontraban las almas de algunos justos, ahora se encuentran almas que no están cargadas por el peso de los pecados, pero que no están signadas por el bautismo.
XII.- La Gehenna surgió en el momento de la ruina de los ángeles caídos y tiene en sí todos los tormentos sin esperanza.
XIII.- Lo que ha sido rechazado delante de Dios, se encuentra entre infinitos suplicios.
XIV.- Dios constituyó el sol, la luna, las estrellas en contra el diablo
XV.- El mal del diablo es peor que el mal del hombre, por lo cual siempre se encontrará entre las penas.
XVI.- El diablo no encontró animal más listo para engañar al hombre que la serpiente
XVII.- Tal como la obra de Dios no terminará nunca, así también la obra del hombre no se desvanecerá, la buena por su gloria, la malvada por su confusión, a menos que sea borrada por la penitencia.
XVIII.- El diablo acecha al hombre con el vicio con el que le ve deleitarse
XIX.- Lo mismo que en el hombre se encuentran los elementos, así también en el fiel se encuentran las virtudes
XX.- Lo mismo que el fuego inflama el cuerpo del hombre, así las virtudes inflaman su alma
XXI.- Lo mismo que el hombre respira gracia al aire, así las virtudes hacen suspirar al alma por las cosas celestes.
XXII.- Lo mismo que el agua humedece el cuerpo del hombre, así las virtudes riegan su alma
XXIII.- Lo mismo que la tierra sustenta la carne del hombre, las virtudes hacen que el hombre produzca buenos frutos.
XXIV.- Lo mismo que nadie es capaz de revelar los gozos eternos, tampoco nadie es capaz de revelar las miserias infernales
XXV.- Resplandores y gozos de las almas de los seglares que por la penitencia renunciaron a sus pecados antes de su muerte, y las almas de los seglares que cumplieron los mandamientos de la ley de Dios en una vida de buenas obras, y razón de la recompensa.
XXVI.- Resplandores y gozos de las almas de los que observaron diligentemente en la vida secular activa los mandamientos de la ley y razón de la recompensa.
XXVII.- Gozos de los que se sometieron a obediencia en la vida religiosa, y así sirvieron a Dios con toda devoción, y razón de la recompensa.
XXVIII.- Gozos de las almas de los que enseñando y sujetando al pueblo de Dios hicieron buenas obras, y razón de la recompensa
XXIX.- Gozos de las almas de los que sometieron su cuerpo a la muerte en el martirio por la gloria de Dios y razón de la recompensa
XXX.- Gozos de las almas de los que sirvieron a Dios en la virginidad del celibato y razón de la recompensa
XXXI.- Sobre el claror en que están ocultos gozos mayores e innumerables, todavía más que los precedentes.
XXXII.- Palabras del Hijo del Hombre
XXXIII.- En la gloria del paraíso, purificada por los pecados, se alegran los hombres que se acercaron a Dios por el arrepentimiento, penitencia y buenas obras
XXXIV.- En lo alto de los cielos hay preparados adornos, numerosos y espléndidos para las almas de los santos, más de lo que la consideración humana pueda comprender
XXXV.- En el reino de los cielos están las almas de seglares, sacerdotes, religiosos, súbditos y superiores, mártires y vírgenes que sirvieron a Dios.
XXXVI.- Las almas de los justos en el juicio de la resurrección recibirán gozos muchos mayores que los que tienen ahora.
XXXVII.- Los adornos celestes no son oro, piedras preciosas ni gemas de polvo terrenal, sino que Dios prepara para los santos los adornos que corresponden a sus obras.
XXXVIII.- Las mansiones celestiales son tantas que están por encima de la capacidad del hombre, y ningún mortal, cargado por la carne, puede abarcarlas con su ciencia.
XXXIX.- El mal de la mentira surgió sin Dios
XL.- El hombre vence al mal cuando rechaza cumplirlo
XLI.- El hombre, sobre la tierra que es caduca ceniza, no puede ver las mansiones inmaculadas, excepto lo que dios le permite, pero cuando por fin vea a Dios se olvidará de todas las cosas terrenales
XLII.- Dios muestra milagros diferentes en cada edad del mundo
XLIII.- Los profetas vieron algunos milagros y otros no
XLIV.- Toda criatura y la vida eterna provienen de Dios.
XLV.- Algunos espíritus malvados no pueden engañar a los hombres sino manifestándose como fueran espíritus celestes

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