LA AVARICIA

Después de esto, vi otros espíritus malignos en la muchedumbre que mencioné antes, que proclamaban a grandes voces: “Lucifer se enriquecerá con muchos honores, y nosotros seremos glorificados con él” Estos espíritus enseñan a los hombres la avaricia, y los exhortan a aspirar a cosas cada vez más grandes y en número mayor.


L. PENAS DE PURIFICACIÓN DE LAS ALMAS DE LOS QUE PECARON DE AVARICIA, Y RAZÓN DEL CASTIGO.

Y vi una masa de aire ardiente que hervía toda ella con intenso ardor, en la que se agitaban pequeñísimos y terribles gusanos como llevados aquí y allá por el viento. Dentro estaban las almas de los que cuando vivían en el mundo se hicieron esclavos de la avaricia y siempre tuvieron el ansia de acaparar las cosas ajenas, de cualquier modo que pudieran. Sus almas soportaron la masa de aire ardiente a causa del inagotable afán de avaricia que tuvieron, y fueron atormentadas por los crueles mordiscos de los gusanos por los muchos daños y sufrimientos que con su avaricia causaron a los hombres.


LI PENAS DE PURIFICACIÓN DE LAS ALMAS DE LOS QUE COMETIERON ROBOS POR AVARICIA Y RAZÓN DEL CASTIGO.

También vi un pozo tan profundo que no podía ver su fondo. De este pozo salió hacia arriba una llama, que después volvió atrás en el mismo pozo. Y este proceso se repetía continuamente. Allí se castigaba a las almas de los que, mientras vivían, cometieron robos por avaricia. Con la llama se levantaban hacia arriba del pozo y con ella de nuevo caían en la profundidad, y llorando gritaban: “¡Ay, por qué tuvimos que pecar así!” En efecto, se encontraron en el pozo por haber cometido robos. Ardieron en la llama por la aspereza demostrada en este vicio. La llama les empujó por encima y por debajo, por las muchas rapiñas cometidas. Y como no habían considerado que hacían ningún mal con tales hechos, lloraban por tales castigos.


LII. OTRAS PENAS CON QUE SE PURIFICAN LAS ALMAS DE LOS QUE COMETIERON ROBOS POR AVARICIA, Y RAZÓN DEL CASTIGO.

Y también vi un foso vasto y profundo, repleto de gusanos horrorosos, sobre el que ardía una llama de fuego terrible, en el que corrían de aquí para allá muchos espíritus malignos. Con estos tormentos eran castigadas las almas de los que mientras estuvieron en sus cuerpos sustrajeron a hurtadillas las propiedades ajenas. Los espíritus malignos las procuraban grandes sufrimientos, empujándolas aquí y allá en estos tormentos. Estaban en el foso por los robos cometidos. Fueron atormentadas por los gusanos por haber turbado con sus insidias la paz de la noche. Ardieron en el fuego por el empeño mostrado en ejercer malas artes para satisfacer este vicio y fueron torturadas por los crueles espíritus porque fueron tan ciegos que no tomaron en consideración a Dios. Y vi y entendí estas cosas.


LIII. COMO LOS HOMBRES, HACIENDO PENITENCIA, PUEDAN CASTIGAR EN SI EL PECADO DE AVARICIA

Y de nuevo oí una voz de la luz viviente que me dijo: “Las penas que ves son verdaderas y son tal como las ves. Por lo tanto, los hombres que quieran evitar los pésimos espíritus que les sugieren la avaricia y sustraerse al castigo que les corresponde, deben angustiarse con ayunos y azotes y deben rembolsar a los pobres que defraudaron con verdad y misericordia, tanto como puedan”.


LIV. DE QUÉ MODO LOS QUE HACEN PENITENCIA PUEDAN SACAR FUERA DE SUS CORAZONES LA AVARICIA CON QUE SE MANCHARON CON LOS ROBOS.

Quienes estén poseídos por el vicio del robo, y no hayan tenido temor a defraudar a los hombres, si quieren evitar las penas descritas, no descuiden de castigar su cuerpo con el que cometió pecado con un vestido áspero, ayunos muy severos y crueles azotes.


LV. DE QUÉ MANERA, HACIENDO PENITENCIA, LOS HOMBRES PUEDEN BORRAR EN ELLOS MISMOS EL PECADO DE AVARICIA COMETIDO CON EL ROBO.

Aquél, sin embargo, que sea esclavo de la avaricia por los robos, para librarse del peligro de los tormentos destinados como castigo a este vicio, no descuide de castigarse con ayunos, y azotes, arrodillándose en penitencia.


LVI. EL HOMBRE QUE SUSTRAE A LOS OTROS TODO LO QUE PUEDE Y LO ACAPARA, SE SOMETERÁ A TERRIBLES CASTIGOS.

Quien cede a la avaricia al punto de sustraer a los demás todo lo que puede y lo acapara, y casi no deja piedra sobre piedra, esparciendo con crueldad aquí y allá sus pertenencias, y así empobrece y deja en la indigencia a los demás e incluso los hace pecadores, se someterá a terribles castigos, a menos que, por gracia de Dios, la penitencia lo purifique. En efecto en cada momento Yo indago y observo de qué manera camina cada hombre por la calle de la rectitud, tal como David, mi siervo, inspirado por el espíritu profético enseña cuando dice:


LVII. PALABRAS DE DAVID

“Dios se asoma desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si hay alguien sensato que busque a Dios”. (Salmo 14, 2). El sentido de estas palabras es el siguiente:
El que hizo todas las cosas, del secreto de sus secretos vuelve la mirada sobre los que son hijos de la carne, es decir, los que caminan según la carne, para discernir como hacen producir el talento que les ha dado. Por lo cual, la mirada divina considera con extrema agudeza con qué inteligencia examinaron el espejo de la fe y con qué grado de pureza le buscaron mientras el alma en la carne realiza buenas obras, que Dios entiende que es deseo de santidad. Y cuando las buenas obras llevan a las virtudes y a la perfección de la fe, el alma observa a Dios contemplándolo en el espejo de la pureza de la fe. Por eso, también Dios ve con mirada profunda con qué celo lo entiende y lo busca el hombre, o bien con que descuido y abandono, y da a cada alma la justa recompensa según sus obras.


LVIII. LA AVARICIA SE LLEVA NO SÓLO LO QUE ESTÁ FUERA CUERPO DEL HOMBRE, SINO TAMBIÉN EL CUERPO DEL HOMBRE.

En efecto, no solo toma de un hombre las cosas que están fuera de su cuerpo, sino que le roba incluso el mismo cuerpo.


LIX. EL HOMBRE QUE ROBA IMITA AL DIABLO.

El hombre que realiza un robo imita al diablo. Lo mismo que el diablo arruina con su consejo el alma del hombre, así también el ladrón sustrae al hombre su hacienda y le mata el cuerpo, por lo cual también le separa de Dios. Si no se arrepiente caerá en la maldición de las maldiciones y recibirá el castigo eterno, porque ha llevado hasta ese extremo sus pecados.


LX. EL LADRÓN QUE ROBA POR LA NOCHE, ES PARECIDO A LA SEDUCCIÓN DIABÓLICA.

Pero también, el que roba por la noche es semejante a la seducción diabólica, pues el diablo cubre su voluntad con artificios para que no se vea, puesto que no se atreve a engañar abiertamente al hombre. Y lo hace para sustraer el tesoro de la justicia al corazón del hombre. En efecto, odia la santidad que redime al hombre y que le lleva a la salvación. Pero en cambio Dios arranca todo lo que es injusto, y no permite que la voluntad del diablo llegue a la plenitud de su maldad, como está escrito:


LXI. PALABRAS DEL EVANGELIO

“Yo soy un hombre severo, tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré” (Lucas 19,22). Esto significa lo siguiente:
Yo juzgo todo, y mis juicios son justos, sinceros y también clementes, ya que peso todos los pecados según su naturaleza. Por lo tanto, ayudo con misericordia al penitente, pero en cambio pronuncio mi juicio sobre el impenitente, y elimino la injusticia que no establecí y siego y destruyo el mal que no extendí. No establecí lo injusto ni sembré lo malo, pero reprocho estas cosas con mi juicio verdadero, tal como el anzuelo captura el pez contra su voluntad. Destruyo todo lo malo y aprieto su garganta de modo que no pueda levantarse. Por tanto, tomo lo que no pongo y cosecho lo que no siembro, como tomé lo que quise del infierno, cuando lo expolié según mis deseos. Del mismo modo, trunco la iniquidad de los impíos, cuando los convierto de su falta de fe. Esto se ha dicho sobre la purificación y sobre la salvación de las almas de los penitentes y es digno de fe. Quien tiene fe lo considera cuidadosamente y lo recuerda para actuar el bien.

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