LA FATUIDAD

Después de esto, vi otros espíritus malignos en la muchedumbre que mencioné antes que proclamaban a grandes voces: “¿Acaso es grande lo que Dios hace? Lucifer es grande, y nosotros siempre estaremos con él”. Estos espíritus exhortan a los hombres a la fatuidad y les enseñan palabras y acciones de escarnio hacia todo.


XL. PENAS DE PURIFICACIÓN DE LAS ALMAS QUE PECARON DE FATUIDAD, Y RAZÓN DEL CASTIGO.

Y vi una llama de fuego en la que hormigueaban gusanos de aspecto monstruoso donde eran atormentadas las almas de los que tuvieron fatuidad y, con este vicio no respetaron a los demás. En efecto, ardieron en la llama debido a su ardiente pasión por la fatuidad con la cual ofendieron a muchos, y fueron torturadas por los gusanos porque, por amor a este vicio, se habían olvidado de Dios.
Y vi y entendí esto.


XLI. COMO LOS HOMBRES, HACIENDO PENITENCIA, PUEDAN CASTIGAR EN SUS CUERPOS EL PECADO DE FATUIDAD.

Y de nuevo oí una voz de la citada luz viviente que me dijo: “Las penas que ves son verdaderas y son tal como las ves. Por tanto los hombres concertados con la fatuidad, si quisieran echar de sí los espíritus malvados que la sugieren y evitar por lo tanto el castigo que merecen, deben macerarse con ayunos y azotes según la orden de su consejero espiritual, y luego permanezcan en silencio con la corrección de una conveniente moderación”.


XLII. LA FATUIDAD INTENTA DESARRAIGAR TODO LO QUE ES VERDADERO CON LA SOMBRA DEL ESCARNIO.

La Fatuidad está repleta del olvido de Dios, quiere despedazar la verdad con palabras falsas y es como una nube apestosa que hace secar todo el fruto. No brota en la honestidad, no se viste con la capa de la vergüenza a través de la disciplina, solo intenta desarraigar todo lo que es verdadero con la sombra de las palabras de escarnio. Realiza estas acciones con un siseo, tal como hacen las serpientes, se enreda con palabras blasfemas contra Dios y contra el hombre, se complica con malas costumbres y corroe los principios de la ley establecida como una polilla destruye un vestido. Engaña al hombre burlándose de él, y le lleva a la muerte. Pero el que elija querer a Dios con corazón puro y ánimo disciplinado, rechace de sí el veneno de este escarnio, para no empezar a llorar después cuando desee tener la verdadera alegría. Esto se ha dicho sobre la purificación y sobre la salvación de las almas de los penitentes y es digno de fe. Quien tiene fe lo considera cuidadosamente y lo recuerda para actuar el bien.


LA FRIVOLIDAD

Después de esto, vi otros espíritus malignos en la muchedumbre que mencioné antes que proclamaban a grandes voces: “Nuestro señor es Lucifer, que todo penetra y conoce todas las cosas que existen”. Estos espíritus inspiran en los hombres la frivolidad y los persuaden a no querer la estabilidad.


XLIII. PENAS DE PURIFICACIÓN DE LAS ALMAS DE LOS QUE, MIENTRAS VIVIAN, PECARON CON LA FRIVOLIDAD, Y RAZÓN DEL CASTIGO

Y vi un gran pantano lleno de podrida y fétida suciedad, del que se salía una niebla horrorosa que envolvía completamente el pantano. Allí se castigaban a las almas de los que viviendo en el mundo se dieron a la Frivolidad y siempre andaban erráticos de un lugar a otro. Sus almas se encontraban en la suciedad del pantano debido a la desorientación con la cual pecaron. Como se habían deleitado con él, tuvieron que sentir el hedor de la suciedad, y estaban envueltos por aquella niebla a causa de su continua búsqueda de sensaciones nuevas y diferentes.
Y vi y entendí estas cosas.


XLIV. DE QUÉ MANERA LOS HOMBRES, HACIENDO PENITENCIA, PUEDAN ENMENDARSE DEL PECADO DE FRIVOLIDAD.

Y de la luz viviente de nuevo oí una voz que me dijo: “Las penas que ves son verdaderas y tal como las ves. Por tanto los hombres, para vencer los espíritus que los exhortan a la Frivolidad y para evitar los castigos de este vicio, macérense con ayunos y azotes, y castíguense por estos excesos arrodillándose y lamentándose por este vicio”.


XLV. LA FRIVOLIDAD CARECE DE SABIDURÍA, ES HIJA DE LA DESOBEDIENCIA Y SIERVA DE LA LUJURIA, Y ATRAE AL OCIO Y A LA PEREZA.

Los que caminan por la Frivolidad, no temen a Dios, no tienen amor a Dios y están privados de sabiduría, puesto que rechazan este temor. No se dejan rodear por el amor de Dios y por tanto no tienen quien les guarde en sus caminos. La frivolidad es en cierto sentido hija de la desobediencia, y a menudo es sierva de la lujuria. Incluso si inicialmente no se abandona completamente a estos pecados, sigue buscando la desobediencia y la lujuria como compañeros y termina por sujetarse a ellos. Es rabiosa, tibia, y aúlla por todo, se parece a la comida no sazonada. No tiene ni verdadera alegría ni verdadera tristeza, no escucha la profecía, no habla a la sabiduría, no es raíz ni follaje de un árbol fructuoso porque ni por la mañana el rocío de la iluminación profética baja a sus raíces, ni al mediodía se levanta la sabiduría en las frondas del follaje. Es baba y podredumbre, en la ciencia no encuentra gusto, en las obras no encuentra alimento, no es útil, no vigila sus sentidos ni eleva la mente a Dios. Atrae al ocio y la pereza, con los que temerariamente camina por muchos sitios resbaladizos y escandalosos. Y fijando su mirada en las diversas cosas que encuentra, se olvida de lo que corresponde a Dios y muy a menudo incluso descuida sus necesidades físicas.
Pero el que desee servir infatigablemente a Dios en la austeridad de su vida, aborrezca las vanidades de este vicio, refrene el cuerpo y el espíritu, y elévese a Dios. En efecto, cuando el hombre se vuelve al cielo viendo el rostro de Dios por la fe, Él con su atenta mirada lo besa y con su firme caridad lo abraza. Entonces, también en aquel hombre, se cumple lo que ha sido escrito:


XLVI. PALABRAS DE DAVID

“Deléitate en Dios, y te dará lo que pida tu corazón”. (Salmo 37,4). Estas palabras hay que entenderlas de este modo:
Tú que con fe crees en Dios y realizas obras de fe, recoge en tí todas las alegrías de las virtudes  y deléitate en quién es Señor del universo, siguiendo en la fe y queriendo en la fe al que es tu Creador. Y cuando de Él haces tu delicia, Él te colmará de todos bienes de los que nunca te secarás, según a lo que aspiras y según lo que tu corazón desea. ¿De que modo?
La fe, gracias a la cual crees rectamente en Dios, no permite que tú aspires a nada que no sea justo, de modo que la contemplación busque, como enseña la fe, sólo lo que complace a Dios y lo que es eterno. En efecto, si aspiras a Dios en una necesidad, y si también en una necesidad un hermano tuyo lo invocas, por estas buenas y santas obras, el perfume de las virtudes se acerca a la caridad de Dios y Dios no deja de atender estos justos ruegos. Esto se ha dicho sobre la purificación y sobre la salvación de las almas de los penitentes y es digno de fe. Quien tiene fe lo considera cuidadosamente y lo recuerda para actuar el bien.


EL MALEFICIO

Después de esto, vi otros espíritus malignos en la muchedumbre que mencioné antes, que proclamaban a grandes voces: “Lucifer es el señor, porque los elementos obedecen sus órdenes” Estos espíritus, examinan los elementos cuidadosamente, e inducen a los hombres al maleficio, persuadiéndoles a dedicarse a las artes mágicas y hechicerías.


XLVII. PENAS DE PURIFICACIÓN DE LAS ALMAS DE LOS QUE EN VIDA PECARON DE MALEFICIO Y RAZÓN DEL CASTIGO.

Y vi un gran pantano, que hervía totalmente como un fuego, del que emanaba un terrible hedor. Tenía una enorme cantidad de serpientes y otros gusanos. Allí eran torturadas las almas de los que mientras se encontraban en sus cuerpos se dieron al Maleficio, y a través de las artes diabólicas realizaron sobre diversas criaturas muchos rituales mágicos y hechicerías. Los espíritus malvados insultaban a las almas con muchas ofensas diciendo: “éstos no tienen al Señor verdadero”. Ardieron en el pantano de fuego ya que descuidaron la recta fe y mantuvieron en sus obras la incredulidad. Sintieron el hedor del pantano ya que no consideraron lo que hacían. Fueron torturadas por los gusanos ya que pusieron toda confianza en los elementos y en otras criaturas, creyendo en ellos más que en Dios, y fueron atormentadas por los insultos de los espíritus malignos porque se deleitaron en estas pésimas artes.
Y vi y entendí estas cosas.


XLVIII. DE QUÉ MODO, HACIENDO PENITENCIA, SE PUEDE BORRAR EL PECADO DE MALEFÌCIO.

Y de nuevo de la luz viviente oí una voz que me dijo: “Las penas que ves son verdaderas. Los hombres que traten de vencer a los espíritus malignos que los exhortan al maleficio, y evitar los castigos de este vicio, deben afligirse con un vestido áspero y castigarse con ayunos muy severos y duros azotes, según justa sentencia”.


XLIX. LOS QUE INVESTIGAN EN LAS CRIATURAS COMO SI FUESEN LAS ESCRITURAS, SE DESTRUYEN EN EL CUERPO Y EN EL ALMA, YA QUE CIEGAN LA VISTA DE SU ALMA.

Los hombres que examinan en las criaturas las cosas que deberían buscar en las Escrituras y tratan de estudiar en ellas su camino, en vez de en las Escrituras, veneran y sirven al diablo en lugar de a Dios. Por consiguiente, el diablo se junta a ellos, diciendo: “Yo os daré todo lo que me pidáis” Y el miserable que de este modo sirve al diablo dice para sí: “Toda mi salvación la descubro en las criaturas. Si siempre me fijara en Dios y no me proveyera de las cosas buenas que me gustan, Dios podría arrancarme todo, si quisiera, y entonces ¿qué tendría? Por lo tanto, lo que quiero, lo buscaré en las criaturas. Y no creo cometer pecado de esta manera”. Así habla para sí, engañándose de la peor de las maneras, y lleva a la práctica estas palabras con artes pésimas y perversas. Por consiguiente se destruye el cuerpo y el alma, ya que sigue los pasos del primer ángel, y todavía se hace más despreciable que el diablo, pues confía en criaturas irracionales, cosa que el diablo no hizo, ya que solo confió en sí mismo.
Pero quien quiera servir a Dios dignamente y con corazón puro, huya de engaños e ilusiones semejantes, y no se precipite a sí mismo ni a las criaturas en aquella perversión. Porque si examina a las criaturas para interrogarlas, ciega la vista de su alma. Si quiere hablar con ellas como con Dios, se hace mudo a la alabanza de Dios. Y si comete con ellas hechos depravados e infames y contrarios a Dios, y si ha hecho algo contra su naturaleza y su salvación, envía su alma a la destrucción. Desprecie este comportamiento quien quiera estar cerca de su Creador. Esto se ha dicho sobre la purificación y sobre la salvación de las almas de los penitentes y es digno de fe. Quien tiene fe lo considera cuidadosamente y lo recuerda para actuar el bien.

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