XXIX. LA FATUIDAD, SU COMPORTAMIENTO Y SU SENTIDO

La primera imagen quiere representar la Fatuidad y es la primera entre los demás vicios por sus palabras mentirosas, puesto que no quiere la verdad, sino que con sus gracias induce al mal, sin permitir estar en paz.
Desde la coronilla de su cabeza a sus lomos la imagen tiene la forma de un joven, ya que los que eligen este vicio, imprimen la incontinencia en sus palabras y hechos, y asumen en su vanidad un comportamiento desenfrenado de todas las maneras posibles, cuando dispersan todo su interés aquí y allá según su voluntad por la necedad de su corazón.
De sus lomos hacia abajo, tiene forma de cangrejo, es decir, de lo que un cangrejo tiene de la cabeza hacia abajo. Porque tales hombres descienden de la incontinencia a la inconstancia, y cuando antes dijeron alabanzas, luego profieren difamaciones. Conectan un mal principio con un mal fin.
Tiene el pelo negro y está completamente desnuda, porque este vicio, al producir repugnante y desmedida suciedad en las mentes de los hombres, los privan de todos los tipos de vergüenza y pudor y los persuaden a dirigir sus palabras, ora a adular, ora a denigrar a los demás, como el vicio muestra en su discurso anteriormente referido. Le contesta el Respeto, que considera este vicio como el barro de sus zapatos.


XXX. LA FRIVOLIDAD, SU COMPORTAMIENTO Y SENTIDO.

La segunda imagen representa la Frivolidad, y acompaña a la Fatuidad porque cae en la inestabilidad mientras induce a la inmoderación a todo lo que está bien ordenado. Tanto es así que actúa como si Dios tuviera límite o final.
Tiene aspecto infantil, ya que no reflexiona sobre el cielo con alegría, ni sobre la tierra con cuidado, sino que sólo ve en el círculo de los elementos su inconstancia vacía. No considera nada correctamente ni distingue nada justamente, sino que realiza todas sus obras de manera infantil. No tiene pelo en su cabeza y tiene cara y barba de anciano, porque al hundir su mente en el aburrimiento, se aleja del honor de la sabiduría, aunque desea aparecer ante los hombres con aspecto exterior venerable y virtuoso, como conviene a un devoto.
Cuelga en la oscuridad descrita, envuelta en un paño, como en una cuna columpiada por el viento oscilando aquí y allá. Esto es porque los hombres que se dan a este vicio quedan atrapados por la incredulidad en el impedimento que ha construido su voluntad, como si descansaran tranquilamente. Pero las tentaciones diabólicas les derraman por las diferentes y varias vanidades de sus muchas actividades y juegos desconocidos. No empiezan nada correctamente y no acaban nada correctamente, solo corren por aquí y por allá en continuo desplazamiento, como el de una nube agitada, siempre errantes, en todo momento eligen lo desconocido y buscan sitios extraños para morar, pero, en todo caso, no se paran nunca.
No se ve que lleve otras prendas encima, ya que tales hombres no se revisten de honesta estabilidad, sino que siempre proceden vacilando en la inestabilidad.
De vez en cuando se levanta de este paño o se esconde en él. Porque estos hombres a veces quieren abandonar su propia voluntad y asumir una actitud de mayor reverencia, pero también esconden su propia voluntad cuando rechazan decir a alguien lo que planean hacer. Actúan tan inducidos por este vicio, que no buscan tranquilidad, auténtica estabilidad, sino que solo quieren vagar por todas partes y mostrarse en todo lugar con arrogancia, como este vicio mostró en las palabras referidas anteriormente. Sin embargo la Estabilidad prudente le refuta su parlamento y aconseja que cada fiel busque la honesta estabilidad. También le dice que debe hablar con Cristo, como esta escrito:


XXXI. PALABRAS DEL CANTAR DE LOS CANTARES

“Indícame, amor de mi alma, dónde apacientas el rebaño, dónde lo llevas a sestear a mediodía, para que no ande yo como errante tras los rebaños de tus compañeros”. (Cantar de los Cantares 1, 7). Esto significa lo siguiente.
La Sabiduría ha pronunciado estas palabras por Salomón. Salomón, cuando se dio cuenta de que estaba imbuido de sabiduría, habló a la sabiduría con la intimidad del amor, como si fuera una mujer, y la sabiduría dijo: “Entonces me levanté y sacudí mi capa, y lo regué de centenares de miles de gotas de rocío”. Con este regalo Dios se refiere al hombre. Y así hablan el uno con el otro. En efecto, tal como ordenaba todas las cosas cuando recorría el círculo del cielo, así hablé por boca de Salomón sobre el amor del Creador por la criatura y de la criatura hacia el Creador. Dije cómo el Creador adornó a la criatura cuando la creó, ya que la quiso intensamente, y como la criatura dio un beso al Creador cuando le obedeció, ya que en todo se mostró obediente. Y la criatura también recibió el beso de su creador, porque Dios la proveyó de todo lo necesario. Pues yo comparo el amor divino del Creador por la criatura y de la criatura hacia el Creador con el amor y el pacto con el cual Dios junta al hombre y la mujer, para que establezcan descendencia. Como, por otra parte, toda criatura procede de Dios, así toda criatura en su tarea tiene la mirada vuelta a Dios y no cumple nada sin su instrucción, tal como la mujer se fija en el marido para cumplir lo que él le dice y como a él le gusta. Del mismo modo, la criatura se siente atraída por su Creador, cuando le obedece en todo. Y el Creador asiste a la criatura cuando la infunde fuerza vital y fuerza. Pero la criatura se vuelve negra cuando deja de cumplir alguna obligación del juicio divino. En cambio es bella cuando cumple correctamente con todas sus tareas. Por lo que la fama de esta criatura se extiende a los que comparten el destino de la vida, ya que cumple bien y ordenadamente todo lo que debe.
La sabiduría también habla al Creador con amor apasionado, como si hablara a su amado, pidiéndole que la provea de alimento y que la de el descanso en su virtud. Y los recibe rápidamente para que en su caminar no se dirijan a los ídolos que falsamente usurpan el nombre de Dios. Según esta comparación, el hombre con buena disposición en su alma, que es la criatura por excelencia, busca un beso de Dios cuando obtiene la gracia. Y con suspiros desea ser atraído por Él para correr sin cansarse de su dulzura. Y cuando la sombra del pecado lo hace negro, la penitencia lo hace de nuevo hermoso, tanto que hasta a las hijas de la Jerusalén celeste proclaman el santo y buen perfume de su buena fama, cuando se eleva de sus pecados gracias a la admonición divina.
Por tanto, el hombre también habla a Cristo, su Redentor, diciendo:
“Por la belleza de tus mandamientos que sigo con mi alma, Tú que me redimiste y me levantaste de la muerte, muéstrame la naturaleza humana que recibiste de la Virgen y por la que llevaste a cabo toda tu labor, como los buenos aromas perfuman en el jardín de los aromas. En efecto, la humildad de tu humanidad regó toda tu obra, como el rocío cae del cielo sobre la tierra para regarla. También enséñame dónde descansaste en la sepultura de la muerte, ya que en la plenitud de la fe, el pleno calor del sol, es decir el calor del Espíritu Santo, inundó a los fieles, cuando después de tu resurrección y ascensión al cielo por el Espíritu Santo, la ley antigua se cambió a otra de mayor profundidad para que yo no dirija mi camino por aquel tortuoso vagar; es decir, que no tenga que atravesar por las antiguas reglas de la ley o por los antiguos filósofos que se encontraron contigo, aunque pronunciasen lo que dijeron con sabiduría gracias a la divina inspiración. No quiero hacer esto porque no quiero volver, ni por las sórdidas costumbres, ni por la pereza de las obras que solo sirven para alejarme de cualquier provechosa felicidad”.


XXXII. EL MALEFICIO, SU COMPORTAMIENTO Y SU SENTIDO

La tercera imagen, que representa el Maleficio, sigue aquí a la Frivolidad, ya que cuando los hombres sin temor vagan alrededor del territorio del maleficio, con artes diabólicas van a investigar en las criaturas lo que no es esencial, hasta hallar en cualquier sitio lo que quieren, abandonando a Dios. El diablo se ríe de este comportamiento y les hace tropezar en muchos obstáculos.
La figura tiene cabeza de lobo y cola de león, porque los hombres que están entregados a este vicio investigan con artes diabólicas en las criaturas lo que quieren saber. Por consiguiente, dan su alma al diablo de modo que pueda devorarlos como un lobo devora un cordero. Ya que no dirigen el objetivo de sus obras a Dios con confiada esperanza, muestran dureza y aspereza en el resultado siempre malo de su comportamiento, como áspera y dura es la cola de un león, y revuelven todo lo que pueden con odio y tiranía, ya que en estas circunstancias no demuestran mansedumbre ni mente tranquila. El resto del cuerpo parece el de un perro, porque arrojan todas sus obras a la suciedad, y estos hombres también transforman lo que debería ser su ciencia en caza para conseguir el mal.
Y juega con la imagen de la Frivolidad antes descrita, diciendo que ambos son una sola cosa, ya que los que se dan a los maleficios, atraen a menudo este vicio en el curso de la frivolidad y también se aficionan mucho a este vicio, tanto que no pueden luego separarse de él, porque tanto el uno como el otro casi están poseídos por la misma mala naturaleza.
Pero grandes estrépitos de vientos rugen en los oídos de la imagen que ésta analiza atentamente, escuchando qué son y de dónde provienen, porque mientras los hombres dedican sus estudios a las vagas vanidades, acogen con los oídos de su corazón muchísimas sugerencias de males e iniquidades infernales, y examinándolas y adueñándose de ellas con avidez, las adaptan a sus deseos personales, ya que saben muy bien conformarlos oportunamente a sus afanes.
Esta imagen ensalza los vientos como si fueran dioses porque los incrédulos, que aceptan las artes persuasorias diabólicas colmados de alegría, les muestran gran veneración, con ritos de culto y adoraciones en el secreto de sus corazones, como si por su medio pudieran conseguir lo que desean.
Luego levanta la pata anterior derecha y la tiende hacia el viento impetuoso que proviene de Norte, porque aunque estos hombres deberían proponerse como meta la rectitud, de modo que avanzasen rectamente por buenos caminos, en cambio se alegran avanzando con pasos depravados, y con un maleficio se exponen al escarnio del antiguo seductor.
Con la pata anterior izquierda recoge hacia sí los elementos de las ráfagas de los vientos, porque aunque debieran ser conscientes del peligro de sus malos pasos y cuidar de no tropezarse, esos vientos, como amigos perversos, llevan a las criaturas a su servicio al exhalar el poder de lo malvado. En efecto, llaman su dios a lo demoníaco, lo veneran en lugar de Dios, buscan en ellos las muchas vanidades y prácticas de maleficios contrarios a Dios. Y lo hacen para poder realizar así más rápidamente y fácilmente, en sí mismos y en los demás, los deseos de sus suciedades. Exactamente esto muestra también el vicio mencionado en sus palabras antes referidas. El Verdadero culto de Dios se opone con su respuesta, exhortando a los hombres a estar de guardia contra la inutilidad de estas burlas.


XXXIII. LA AVARICIA, SU COMPORTAMIENTO Y SU SENTIDO.

La cuarta imagen representa la Avaricia y sigue después del Maleficio porque es función suya y alcanza su plenitud cuando él se presenta. También es siervo de los ídolos, porque, manteniéndose en la matriz del diablo, no se llena, ya que no puede llevar a cabo nada según quiere.
Se presenta con aspecto de hombre, ya que desea las cosas de la tierra y no del cielo, salvo que no tiene pelo en su cabeza, es decir, no practica ninguna honestidad en su voluntad. Tiene la barba de un macho cabrío, ya que quiere ataviarse de obscenidad. Tiene pupilas pequeñas y lo blanco de los ojos es grande, es decir no se alegra del éxito de los demás, sino que muestra en su mirada toda su horrible envidia. Con gran vigor inspira y espira el viento por su nariz, porque con su deseo indiscreto, atrae hacia sí la concupiscencia mundana, y luego la rechaza para después volver a acapararla con mayor avidez. De lo poco quiere recuperar mucho, y de lo moderado quiere recibir grandes resultados.
Sus manos son de hierro, porque sus acciones se traducen en muchos robos con dureza y aspereza. Tiene las piernas ensangrentadas, porque usa su fuerza para saciar el ansia de producir derramamiento de sangre y porque mata a otros hombres por sus personales intereses. Los pies como de león, ya que dirige todos sus pasos por el camino de la ferocidad y el botín, sin respetar donde encuentre algo de que adueñarse.
Lleva puesta una túnica tejida con colores blancos y negros mezclados, porque arranca todas las riquezas que puede, tanto justa como injustamente adquiridas, sin preguntar a nadie de dónde provienen o de quien sean. La túnica parece anudada en la parte superior, pero en la parte inferior, a la altura de las piernas, se extiende en toda su amplitud, ya que señala a veces con su hipocresía que roba a los religiosos entregados al espíritu, que ya tendrán recompensa celestial, mientras que difunde a los seglares, que viven del mundo y soportan el peso de los cuidados terrenales, los amplios pliegues de su vestido para depredarlos gracias a su buena fama.
Y sobre su pecho aparece un buitre de color negro, porque la voracidad de sus muchos robos alimenta su mala conciencia con la negrura de su avidez. Tiene clavadas las garras sobre el pecho, es decir, dirige sus pasos según la voluntad de su conciencia, puesto que hace todo lo que desea. Pero dirige la espalda y la cola a la imagen, pues se entrega con todas sus fuerzas a realizar sus iniquidades por avaricia, de todos los modos que puede.
En su presencia hay un árbol que hunde las raíces en la Gehenna y cuyos frutos son manzanas de pez y azufre: significa que en los corazones de quien rechaza la fe, la avaricia muestra el cuidado del mundo, ya que este pecado no usa toda su fuerza sólo para destruir, entre funestos esfuerzos, sino que también la usa para producir un fruto contaminado de insoportable hedor, ya que no medita nunca las cosas del cielo, sino sólo en cosas terrenales.
La imagen observa el árbol con extrema atención, y arrancando de él las manzanas con la boca las devora con gran avidez, pues la avaricia observa con atención la desconsiderada preocupación del mundo, y tiene sus fauces listas para hincar el diente en lo que atrapa, voraz, y sin ninguna moderación, se adueña. En efecto los hombres que sirven este vicio no están nunca seguros ni confían en Dios, pero se hunden con ardor completamente en cosas destinadas a acabar.
Esta imagen también está rodeada de muchos y horribles gusanos, porque la avaricia está ceñida por indescriptibles y monstruosas artes diabólicas, que producen un gran ruido con sus colas y un gran movimiento en las tinieblas descritas, ya que con la fuerza y el cumplimiento de su iniquidad provocan muchos estrépitos e inconmensurables inquietudes en las tinieblas de la incredulidad, puesto que no permiten a nadie gozar su cosas en paz y tranquilidad, y esto también lo hacen gracias a los hombres malvados.
Mueven el agua con los golpes de sus colas como los peces, es decir, cuando están reforzados por la perversidad de los trabajos depravados que han hecho, entonces molestan la pureza del conocimiento bueno de las almas buenas, tanto que sustraen a los demás lo que es suyo, y tercamente lo acumulan, como el vicio mismo expone claramente en sus anteriores palabras. El Desprendimiento total se opone a la avaricia y advierte a los fieles que los dones de Dios deberían ser suficientes para ellos, para no caer en la amargura de la áspera infelicidad, dándose con insolencia a la avaricia, tal como Jeremías testimonia, cuando dice a propósito de algunos que tuvieron este vicio.


XXXIV. PALABRAS DEL PROFETA JEREMÍAS1 SOBRE ESTE TEMA

“¿Dónde están los príncipes de las naciones y los que dominan sobre a las bestias de la tierra? ¿Los que juegan con las aves del cielo, los que atesoran la plata y el oro en que confían los hombres? ¿Y los que amontonan con muchas preocupaciones el dinero? No dejan rastro de sus obras”. (Baruc 3,16-18). Esto significa lo siguiente.
¿Dónde están, y qué recompensa tienen los que oprimen las naciones con su tiranía? Se encuentran indudablemente en lugares horrorosos y repugnantes, que sus obras les han procurado. Han recibido la remuneración del castigo, ya que han abandonado las reglas de la ley, y en aquella dominación con que capitanearon los pueblos, se creyeron dioses, y con avaricia consumieron las posesiones de la gente. Y ejercen su dominio sobre fieras que viven en su fiereza, y no conocen sobre la tierra sino lo que es bestial. Usan su poder de controlar a estos animales, como si los hubieran hecho, sin pensar que Dios creó los animales para el servicio de la gente. Por consiguiente, abandonan la altura y la anchura de las recompensas más altas ya que sólo actúan según su propia voluntad. No elevan sus mentes a Dios, sino que son esclavos de la avaricia y por lo tanto no reciben sino las recompensas de las bestias en las más terribles tinieblas. Y como los pájaros que atraviesan el aire, satisfacen las mezquindades de sus placeres, y abandonando la sinfonía del Espíritu Santo, con la que deberían alegrarse de los mandamientos de Dios, cambian sus alegrías haciéndolas parecidas a las de los pájaros y con ellos se alegran en un inconstante aletear. Por lo tanto, sufrirán grandes castigos porque no sirven a Dios.
Con injustas adquisiciones e injustos provechos se ganan la plata de la mortalidad y el oro de la perdición, en los cuales ponen su esperanza, haciendo caso a las cosas de la tierra y no a las del cielo, tanto que no establecen término ni medida a su afán de acaparar. No quieren la plata de la ciencia del bien, que acumula las obras más santas en la armonía celeste, y desprecian el oro de la sabiduría, por el que los fieles se sujetan sabiamente a la discreción de Dios. En efecto, los mandamientos divinos han sido puestos en volúmenes como normas dadas a favor de los hombres, para que no se los entreguen al olvido, sino que sean observados por hombres justos y santos. En cambio ésos reniegan de todo eso. Eligen para sí recompensas mortales, por lo cual obraron como mortales hacia la muerte.
También confían en su dinero de varios modos, y se preocupan de que no les sustraigan las cosas terrenales y caducas, por tanto sus obras no podrán durar ya que, habiendo sido realizados en una vanidad, en la vanidad se disolverán. Rechazan la fe y la sumisión a Dios, y hacen todo lo que quieren en el mundo terrenal, diciendo: “Dios hace todo lo que quiere y nosotros haremos lo que queramos”. De este modo expulsan la santidad de las santas obras, que brillan como plateadas gracias a las buenas virtudes y aparecen armoniosas cuando las virtudes toman forma. Concentran todas sus preocupaciones en la abundancia de riquezas según los deseos de su corazón, sin tener ningún cuidado de la salvación de su alma. Y por tanto en sus obras malvadas no se encuentra huella de ninguna utilidad o ningún mérito para la salvación, porque todas las acciones que realizan se extinguen achicharradas, y al ejercer su avaricia mueren en la muerte.

1 Se anuncian unas palabras de Jeremías, que en la Biblia Católica figuran como de Baruc. Ver la nota del Cap. LI de la 2ª parte.


XXXV. LA TRISTEZA DE LA VIDA EN EL MUNDO, SU COMPORTAMIENTO Y SU SENTIDO

La quinta imagen, que representa la Tristeza de la vida en el mundo, sigue a la Avaricia, porque cuando los avaros no pueden tener lo que desean se abaten con tristeza de la que no logran librarse con facilidad.
Tiene aspecto de mujer y sobre su espalda hay un árbol completamente seco y sin hojas, ya que abrazando tontamente la necedad del miedo femenino, se entrega con toda su fuerza y confianza a la aflicción de su alma, porque está privada de toda fuerza vital y de toda protección de la beatitud. Esta imagen está completamente enredada en sus ramas, ya que este vicio está enredado con las contradicciones que proceden de él, como si se encontrara en una condición de felicidad.
En efecto, una rama está tejida con la parte superior de su cabeza, representa la pena interior que oprime del principio al final las mentes de aquellos hombres que están ocupados con este mal. Otra rama le circunda el cuello y la garganta, representa la ansiedad, que ahoga la fuerza con que deberían llevar el yugo del Dios y el deseo con que deberían comer el alimento de vida.
Una rama está alrededor de su brazo derecho y otra alrededor del izquierdo, y los brazos no están distendidos sino cruzados sobre sí, ya que a estos hombres les inspira horror el temor de las obras eternas y espirituales y el miedo de las caducas y del mundo, tanto que buscan no trabajar ni las unas ni las otras. Y no quieren trabajar o mejorar bien y honorablemente, sino sólo quieren permanecer en la pereza debido a la pésima opresión en sus corazones.
Y las manos que cuelgan de aquellas ramas tienen garras parecidas a las de un cuervo, ya que todas sus obras sobresalen arrogantes dentro de las contradicciones descritas, y muestran la aspereza de un negro cuervo en su descarada voracidad. Por eso tales hombres no tienen cariño alguno ni por sí mismos ni por los otros, y no muestran confianza alguna ni en los días alegres ni en los días tristes, ni en la prosperidad ni en la adversidad.
Una rama de la derecha del árbol y otra del lado izquierdo se ciñen alrededor de su vientre y piernas y los rodean completamente, la derecha porque cuando los hombres se hunden en la tristeza de la vida en el mundo deberían defenderse con las obras del espíritu, pero entonces la aflicción de su alma les inspira duda. Y la izquierda, dónde deberían rechazar las cosas de la carne, la aflicción de su alma sólo les trae la pena. Todas estas cosas aprietan su conciencia y la fuerza de sus almas y cuerpos y los zarandea aquí y allá. Y también los hacen vivir con la peor compañía, de modo que no extienden la mano con impaciencia ni a Dios ni al mundo, y no encuentran alegría alguna ni en Dios ni en el mundo, ni consideran plenamente cuales sean sus obras. Sus pies son de madera de ese árbol, pues hombres de tal ralea no enderezan su camino a través de corrección alguna, ni de esperanza o confianza, sino que ponen estas cosas en la tristeza del mundo, sin encontrar en sus caminos fuerza vital alguna. Viven como una serpiente que se esconde de toda alegría y belleza de cielo y tierra.
Esta imagen no lleva puesta ninguna ropa, excepto las ramas que la circundan de este modo, pues este vicio no da gloria a hombres que carecen de honestidad y están desnudos de toda la felicidad, y como se ha dicho antes, tales hombres están oprimidos por las calamidades peores ya que no logran quererse ni a sí mismos ni tampoco a los demás, sino que a todos afligen con sus costumbres.
Y que la ataquen los espíritus malignos que avanzan con una niebla negra muy maloliente y ella se doble gimiendo hacia ellos, significa que terribles y diabólicos espíritus atacan a estos hombres con el vicio que se ha hablado y con el negro de sus pésimas artes, y estos sufren por toda la sordidez y suciedad de las cosas apestosas. Arrancan todo consuelo y toda tranquilidad de su mente, de modo que estos hombres se abandonan a la desesperación, detestándose a sí mismos, y no creyendo que les pueda llegar ninguna felicidad, como el vicio mismo expone claramente en sus anteriores palabras. Pero le contesta la Alegría celestial y exhorta a los hombres a rechazar la amargura de la pena y a adherirse a Dios con fe y alegría.


XXXVI. EL CELO DE DIOS, SU ASPECTO Y SU SENTIDO.

Y he aquí que delante del Hombre anteriormente mencionado apareció, clavada en el abismo, una maza de bronce, como la de un asesino. Representa el fortísimo Celo de Dios en su presencia, preparado para la venganza de los males y establecido en sus profundos juicios, que nada golpea y nada arruina, sino lo que los divinos juicios le señalan.
La maza se mueve de aquí para allá como para golpear, porque indaga y examina a fondo todas las cosas que deben ser examinadas y pesadas por los justos juicios de Dios.
Y su movimiento, es decir los rectos juicios del celo de Dios, produce un sonido o bien la sentencia del juicio, y dice que con gran severidad privará de todo adorno y de toda beatitud a todos los escarnios diabólicos que desean oponerse a Dios y tratan de alcanzar altura y, en cambio, caen a la profundidad, y los echará en la fetidez de un cadáver hediondo. Esto es así porque proceden de la voracidad del primer seductor y de su rabia y crueldad, y tratan de arrastrar consigo a todos los que pueden hasta los lugares de la terrible condenación. Pero el celo del Dios dispersa estos escarnios y los reduce a nada, ya que analiza justamente todo y justamente juzga lo que tiene que ser juzgado, como está escrito:


XXXVII. PALABRAS DEL LIBRO DEL ÉXODO.

“Hacia media noche pasaré Yo a través de Egipto y morirá en el país de Egipto todo primogénito, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono hasta el primogénito de la esclava que estuvo en cárcel, así como los primogénitos de los animales”. (Éxodo 11,4-5). El sentido de estas palabras es el siguiente.
Esto significa que cuando la iniquidad se hizo tan fuerte que pensó que nadie podría vencerla, Dios, en su Celo, destruyó todo principio y toda cabeza que avanzaba en la perversidad de las tinieblas de la incredulidad, es decir en el primer acto de soberbia del diablo, soberbia que se preparó una sede en el reino de los infiernos, hasta el principio de la trasgresión de Adán, cuando él se dejó capturar y encarcelar y se sometió al diablo. En efecto, Dios, verdadero y justo juez, encajonó la soberbia del diablo en la desesperación de la perdición y con acérrimo castigo traspasó la trasgresión de Adán, y con este acto debilitó todos los demás vicios, puesto que todos los vicios están atados a la soberbia del diablo y a la trasgresión de Adán. También destruye todo vicio de pensamiento perverso cuando examina los pensamientos de hombres, porque los debilita en la cabeza del hombre y luego los borra completamente y sin ninguna excepción. Dios, abatió el mal por medio de su muerte, golpeó la iniquidad por medio de su Hijo, y recondujo a la vida a los fieles por la regeneración del Espíritu y por el agua, y lo hizo cuando, a partir de los profetas y de los sabios, llegó a los esclavos que estaban encarcelados por sus pecados, y cambió cada mal que atacaba la vieja ley en algo mejor. Y Él al punto desbarató ya desde el principio los vicios, cuando extinguió en la nueva ley la desobediencia y lujuria, para que pudieran crecer muchas virtudes allí dónde estas pésimas raíces hubieran sido extirpadas. En efecto, la lujuria estaba presente en las fauces de la antigua serpiente cuando engañó al hombre a través de la comida. Pero de la estirpe de Jessé surgió una niña, que pisó la lujuria en el vientre de aquella serpiente cuando con virginal inocencia parió sin el gusto de este pecado. Y por esto, ella siempre se alegra y no puede tener tristeza. Además, el Hijo de Dios enseñó la abstinencia cuando ayunó cuarenta días y cuarenta noches absteniéndose de comida. Y también derribó los muchos males de los ídolos, cuando los destruyó. Y a través de su persona luego reveló muchos ocultos milagros, cuando pisó las fauces de la serpiente con su sangre y de la sangre de sus mártires.


XXXVIII. LA SANGRE DE CRISTO SE UNE CON LA VIRGINIDAD.

La sangre inocente de Cristo y sus mártires se han desposado a sí mismos con la virginidad, por lo cual el diablo enrojeció de cólera, porque estaba completamente confuso. Y como represalia buscó una madriguera desde la que poder tender trampas, y desde la que podía armar los vicios contra las virtudes. Y con su alterada enseñanza intentó derribar los mandamientos de Dios diciendo para sí: “En el momento en que tenga la posibilidad de hacer lo que quiero, pondré todos mis esfuerzos en rebelarme contra Dios ya que él me oprime”.


XXXIX. DIOS VENCE A LAS MALAS OBRAS DE LA ANTIGUA SERPIENTE CON LA CONVERSIÓN DE LOS PUBLICANOS Y LOS PECADORES.

Pero Yo, que ya desde el principio de la creación soy un fuerte guerrero, destruiré completamente a la antigua serpiente, cuando ella haya completado el desarrollo de sus obras, y la destruiré completamente junto con la desobediencia que engendró. El diablo, en efecto, es el padre de la desobediencia y todos los que desprecian los mandamientos de Dios siguiendo el consejo de la desobediencia, cuando perseveran en este comportamiento, son elementos del diablo. Todos ésos serán destruidos y reducidos a la nada junto al antiguo seductor. Así aparecerá integra la potencia de la divinidad, ya que ha vencido a su enemigo. Este poder también vence al diablo dentro del hombre cuando se complace con la conversión de los publicanos y los pecadores y de nuevo los llama a la vida, ya que la generosa misericordia de Dios no se secará nunca ni cambiará porque otra cosa haya cambiado, sino que siempre permanece estable en sí misma, porque Dios es aquella vida que nunca tuvo principio, que no tiene a nadie parecido a sí y que no tendrá tampoco nunca fin.
Por tanto Dios levanta a los pecadores arrepentidos, los que empiezan a vivir cuando abandonan y limpian los pecados, y sabiamente quebrantan sus pecados con las lágrimas de la penitencia.
Quien tenga anhelo de vida, coja estas palabras y póngalas en lo más profundo de su corazón.

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