XIII - EL AGUA NO SE HA CREADO SÓLO PARA LAS NECESIDADES CORPORALES DE LOS HOMBRES, SINO TAMBIÉN PARA LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS.

Y de nuevo oí una voz del cielo que me dijo: “El Creador de todas las cosas separó las aguas unas de otras y ordenó que se difundieran en lugares diferentes, tanto en las regiones superiores como en las inferiores. Reunió los abismos para sostener lo que se encuentra sobre a la tierra. Él hizo el líquido de las aguas no sólo para las necesidades corporales de los que viven en la tierra, sino también para la salvación de almas de los hombres por el baño del bautismo. Así los fieles que creen en el Unigénito Hijo de Dios, por la ablución de sus pecados rechazan los vicios de las sugestiones diabólicas, y se orientan hacia los deseos celestes para alcanzar con felicidad y gloria la vida de la felicidad eterna, como se muestra simbólicamente en esta visión”.


XIV. AUNQUE LOS HOMBRES VENEREN A DIOS DE DIVERSOS MODOS, ESTÁN TODOS BAJO SU PROTECCIÓN.

Ves pues que el Hombre antes mencionado mira por todo el mundo. Es el Dios omnipotente que con el mandato de su protección defiende al mundo y todos sus habitantes. Esto es porque todas las cosas han recibido de Él lo que son, aunque lo veneren, invoquen y adoren de modos diferentes obedeciendo en todo caso a sus mandamientos. Pero también están bajo su protección los que se niegan a servirlo, ya que por Él han sido creados, y aunque no quieran, lo sirven de muchos modos, aunque ellos no quieran.


XV. TODO ESTÁ REGULADO POR DIOS, Y TAL COMO LAS AGUAS REFUERZAN TODAS LAS COSAS DE LA TIERRA, ASÍ EL ALMA CONSOLIDA EL CUERPO.

Las aguas del abismo, en las que el Hombre se encuentra desde las pantorrillas hasta a las plantas de los pies, de manera que se levanta sobre el abismo, son como la fuerza de sus virtudes, porque Dios sostiene las aguas de las profundidades inferiores con su fuerza y las vigila con ojos escondidos. Y están como bajo las suelas de sus pies cuando él está de pie sobre el abismo, porque todas las cosas están bajo su poder. Estas aguas de la profundidad inferior muestran la fuerza de la divinidad porque Dios gobierna y protege todas las cosas, como las aguas recogen y refuerzan todo cuanto está sobre la tierra.
En efecto, cuando las aguas llevan a los hombres que no tienen la fe a nueva vida por el baño del bautismo, lo recuperan todo. Cuando lavan las suciedades tanto de los cuerpos como de las almas, todo lo purifican. Cuando borran los peligros de ataques visibles e invisibles rociándose de agua, todo lo santifican. Cuando refuerzan con su lluvia todo lo que deben, para que no seque, todo contienen. Cuando, reuniéndose sujetan el círculo de las tierras, llevan todo.
Con el sudor de su humedad penetra en todas las criaturas, ya que cada ser vivo tiene su modo de vida según lo que para él ha establecido Dios. Es decir, las cosas que tienen vida plena viven como hombres, las que tienen vida del aire viven como ganado, los que tienen humedad de la fecundidad del verdor viven como árboles, las que tienen la humedad de la savia, como hierbas. La humedad en su esencia contiene todas estas calidades rezumando de la tierra y del aire por divina disposición, y a partir de ellas germinan todas las cosas, según ha sido establecido por Dios.
En efecto, las aguas refuerzan todas las criaturas, ya que les infunden humedad, de modo que no se sequen, ni se mueran ni se dispersen. Así el alma consolida también todo el cuerpo, ya que con el calor del espíritu hace vivir la carne y al mismo tiempo le mantiene vital, mientras el alma permanezca en el cuerpo.


XVI. COMO LA POTENCIA DE DIOS MANTIENE TODAS SUS OBRAS, ASÍ EL ABISMO SUSTENTA LAS COSAS QUE ESTÁN SOBRE LA TIERRA

Pero también el abismo es en cierto modo demostración de la fuerza del Hombre citado, porque sujeta todas sus reglas y porque sobre él se basan las reglas, tal como Dios lo dispone. Esta fuerza tiene el poder a semejanza de Dios, es decir, la posibilidad de que Dios mantenga toda su obra en todas sus tareas, y de este modo no supere sus funciones. Así el abismo sustenta lo que está encima de la tierra, en la tierra y bajo la tierra, ya que todo esto ha sido puesto sobre él por orden divina.


XVII. EL ABISMO, UNA ESPECIE DE TALLER DEL CREADOR DEL MUNDO, NO LO LLEVA NINGUNA CRIATURA, SINO QUE LO SUSTENTA EL PODER DE DIOS.

Incluso es como el taller del supremo artesano, en el que están sus utensilios. La materia prima que este artesano usa es de ambos tipos, inflamables y no inflamables. Y como el artesano al trabajar prodiga y dirige su trabajo sobre muchos objetos según su voluntad, así el abismo, una especie de taller del Creador del mundo, conserva aquellos elementos de los que manan muchas formas, y así sustenta las aguas, la tierra y la sustancia de las muchas criaturas. Y el abismo no se sostiene con el poder de ninguna criatura, sino solo con el poder de Dios.


XVIII. EL ABISMO PARECE UNA CISTERNA.

En su fondo es parecido a una cisterna, ya que como el fondo contiene sobre sí las aguas, así también el abismo sustenta todo cuanto está sobre él.


XIX. LA FUERZA DE DIOS HACE LÍQUIDAS LAS AGUAS, QUE SI NO SERÍAN SÓLIDAS.

Y he aquí que de las pantorrillas del Hombre sale con el sudor un tipo de aire que mueve de modo diferente todas las aguas del abismo. Porque por la fuerza de Dios, el aire, que viene con dulzura y vuelve líquida la masa de las aguas, las difunde por aquí y por allá, y las hace correr por toda la superficie de la tierra. Y las mantiene así, de modo que al avanzar o al apartarse, al crecer o al menguar, no superen su justa medida, sino conserven el límite que les ha sido asignado ya desde el principio.
En efecto, el Espíritu del Dios da a las aguas su humedad y ruta, es decir que estén húmedas y líquidas, y corran como si vivieran. De otro modo serían sólidas, se quedarían en un único lugar sin el impulso de desplazarse y no regarían la tierra ni a las otras criaturas.


XX. DIOS CONTIENE BAJO SU DOMINIO LA FUERZA DE LOS ELEMENTOS

Él comprime con los pies las fuerzas de los elementos que están sobre la tierra, en la tierra y bajo la tierra, es decir Dios tiene en su firme poder el orden de los elementos que prosperan entre las criaturas que están sobre, en y bajo la tierra. Y este poder es fuerte contra todo y controla todas las cosas para que no se agiten antes del tiempo que ha sido decidido por Él y establecido para ellos, y para que no transmitan así terror a las demás criaturas.


XXI. DIOS EXHORTA A LOS FIELES A ESCUCHAR SU ADMONICIÓN, SI NO, SENTIRÁN SUS GOLPES

Él exhorta también a los creyentes a prestar atención a su admonición y a hacer penitencia de sus pecados, ya que se manifiesta con sus muchos milagros. Por otra parte, si los hombres no se imponen penitencia en la justa medida con todo el empeño de su corazón, sentirán sus golpes.


XXII. EL ALMA DEL HOMBRE QUE ANHELA A DIOS, UNE CON TODA SU FUERZA TODAS SUS OBRAS CON EL DESEO CELESTE.

Igual que  las aguas y el abismo representan la virtud y el poder de Dios, así también el alma del hombre que anhela a Dios manifiesta con su fuerza la virtud y el poder en sus buenas obras. Dios está en la fuerza del alma por los misterios escondidos de sus secretos, como está de las pantorrillas a las suelas de sus pies. Dios también está de pie sobre el alma, como cuando Él está de pie encima del abismo, cuando ésta hace buenas obras ya que inspira la santidad en sus obras justas y de fe. Y estas fuerzas del alma reforzadas y hechas constantes por la estabilidad contra las artes diabólicas gracias a la ayuda divina, constituyen en cierto sentido la fuerza de la virtud de este Hombre. Esto es porque cuando reniegan del diablo y reconocen a Dios, restauran todas las cosas a la justicia. Cuando se lavan de la suciedad y del contagio de los pecados con la contrición de las confesiones, todo lo purifican. Cuando evitan los males y los peligros de la muerte haciendo el bien, todo lo santifican. Cuando riegan sus buenas obras con la efusión de lágrimas para que no disminuyan, todo lo contienen. Cuando están en armonía unos con otros en la unanimidad de las virtudes santas, todo lo llevan. Cuando hace todo esto, entonces desbastan todas sus obras con verdadera y suave compunción, y las unen con el deseo celeste, tal como Dios ensambló el mundo para que no se disolviera.


XXIII. LOS MANDAMIENTOS DIVINOS SE HAN DADO PARA QUE EL ALMA FIEL LES CUMPLA.

El alma es también la fuerza del poder de Dios cuando pisotea a la antigua serpiente por la gracia divina y cuando al hacer trabajos virtuosos imita a Dios. Esto es casi la demostración de todo aquello que el hombre puede hacer, ya que cuando observa con buena disposición y recta voluntad los mandamientos divinos, es como si apoyara todas sus disposiciones, porque estos mandamientos han sido dados y manifestados para que pueda ser cumplirlos el alma fiel, y estas disposiciones se basan en ellos. Y el alma es como edificio y templo del eterno Creador, como el taller del supremo artesano, porque contiene sólo obras justas y santas y todo lo que concierne a la vida santa que Dios dará a sus fieles, como los utensilios del artesano.


XXIV. CUANDO EL ALMA PERSIGUE LA SANTIDAD, EL ESPÍRITU SANTO HACE SUBIR SUS FUERZAS DE VIRTUD EN VIRTUD.

Cuando el alma del hombre persigue la santidad, muy a menudo Dios obra milagros en ella y por ella, de modo que los demás se asusten y sorprendan por algo desconocido. En efecto, el Espíritu Santo, soplando al alma fiel con la suave dulzura de la fuerza de los dones de Dios, hace ascender admirablemente las fuerzas del alma de virtud en virtud, tal como el aire humedecido con el sudor de las piernas del hombre mueve de diversos modos todas las aguas del abismo.


XXV. DIOS PADRE, POR LA HUMANIDAD DE SU HIJO, FRENA LAS TENTACIONES QUE SEDUCEN EL ALMA DEL HOMBRE.

Por lo cual este Hombre, es decir Dios, estorba las tentaciones y los asaltos que engatusan el alma del hombre con provocaciones espirituales de la carne y del infierno, por aquella humanidad por la que el diablo fue destruido, tal como el citado Hombre comprime con los pies las fuerzas de los elementos que están sobre la tierra, en la tierra y bajo la tierra. En efecto, el Unigénito Hijo de Dios, que vivió en este mundo sin pecado, dio a sus fieles ejemplos para que rechazaran la concupiscencia terrenal, anhelaran las cosas celestes y quisieran la santidad eterna.


XXVI. DIOS EXHORTA A HACER PENITENCIA A QUIÉN REALMENTE ESCUCHA, Y SUS CASTIGOS PURIFICARÁN A LOS NEGLIGENTES.

Por tanto el Hombre descrito, que representa a Dios, exhorta, tal como escuchas, a aquellos tienen oídos que realmente escuchan y corazones que realmente comprenden, a hacer penitencia por sus pecados. Y se manifiesta con clemencia en muchos milagros, para que ellos rechacen sus obras injustas y recurran sin demora a Él. Pero los que ignoren las palabras de su admonición serán purificados duramente por sus flagelos, puesto que con la altanería de su temeridad desprecian las exhortaciones y las acusaciones del juez. Por tanto, el que desee ser un fiel en la casa de Dios, procure castigar su cuerpo con penitencias, tal como Juan1 recuerda cuando dice:

1 No encontramos razón para anunciar unos versículos de Juan y citar luego a Lucas. Puede ser error de los copistas de los manuscritos, algo relativamente frecuente.


XXVII. PALABRAS DEL EVANGELIO SOBRE ESTE TEMA

“Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente? Dad, pues, frutos dignos de conversión, y no andéis diciendo en vuestro interior: “Tenemos por padre a Abraham”, porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham” (Lucas 3, 7-8). Esto significa lo siguiente.
La penitencia mana de las penas y cada vicio será pasado por el tamiz según su culpa. Cada alma encontrará así el lugar según sus obras. ¿Quién en la otra vida podrá adjudicar un lugar, sino Dios, que es el que concede las recompensas? Pero Dios hecho hombre encontró en su tabernáculo lo que más le gustaba, es decir, perdonar los pecados a los penitentes. En efecto, el Hijo de Dios fue concebido sin pecado y nació a la vida corporal de la Virgen y permaneció en su inocencia, ya que sólo Él nació así. Por eso complació a su Padre celeste otorgarle el poder de perdonar los pecados a los que hicieran penitencia. Pero los que permanecen en la condición de pecadores y quieren perseverar en sus pecados, son definidos como raza de víboras, ya que han sido concebidos en el engaño de la víbora, desde que Adán y Eva hicieron jirones en sí mismos la auténtica vida. Por este motivo perdieron la santa inocencia y engendraron a sus hijos en la mortalidad de los pecados, hasta que e fueron restaurados a la vida por la carne pura del Hijo de Dios
¿Y quién entre los hombres que nacen de este modo en el pecado os ha hecho creer a vosotros, que vivís entre muchos crímenes, que se puede evitar el castigo de la venganza de la indignación de Dios que se abate sobre los que no se arrepienten? La cita anterior muestra claramente que el hombre no puede de modo alguno huir del castigo de Dios, ya que no pudieron evitarle ni el primer ángel, ni Adán, ni sus hijos. En efecto, quien desde el principio combatió contra Dios, cayó derrotado. Realizad, pues, obras de fe, de modo que podáis ser liberados del pecado, creed fielmente en Dios, acercaros a Él con ruegos y lágrimas, y abandonad vuestras obras depravadas. Enmendad cada falta con una buena obra, pues todas las acciones necesitan penitencia, y decid con sinceridad: “¡Ay, ay de mí, Señor, delante de Ti he cometido estos pecados!” Pero no digáis como disculpa que tenéis una defensa en Abraham, al que Dios enseñó muchos milagros y confió el principio del antiguo Testamento. Solo Dios y nadie más puede liberaros. Por lo tanto os digo, con la certeza de que esto es verdadero, que escuchéis estas palabras con buena disposición, que por la virtud de su gracia, el Creador de todas las cosas puede hacer nacer hombres de fe de la áspera dureza de la incredulidad que vuelvan a Él, que cultiven la verdad y la verdadera fe y sean hijos de su excelsa beatitud. El Hijo de Dios es la piedra angular de la que descienden y se harán nuevas piedras, es decir los santos, ya que Él es santo y los santos permanecen en Él.


XXVIII. LA HABILIDAD DE LOS JUSTOS RECHAZA LOS VICIOS QUE INTENTAN PERVERTIR LOS SENTIDOS DE LOS FIELES.

Que veas aparecer cinco vicios en la niebla descrita, en la cual están muchos tipos de vicios, como ya se ha dicho anteriormente, significa que en la terrible falta de fe de la temeraria caída en la que se encuentran muchas variedades de vicios nefandos, como se ha dicho anteriormente, también se muestran que estos cinco, con su aspecto perverso y sus palabras, arrecian contra los cinco sentidos de los hombres. Por todos los medios intentan engatusar y transformar los sentidos de los fieles en perversión contraria a Dios, aunque, la límpida mirada y el empeño constante de los justos los rechacen de sí con la ayuda divina y no les permitan dominarlos.

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