QUINTA PARTE

EL HOMBRE CONTEMPLA LA TOTALIDAD DEL ORBE


Y vi que el Hombre antes mencionado miró atentamente por todo el mundo. Y las aguas del abismo, en las que se encontraba desde las pantorrillas hasta a las plantas de los pies, de manera que él se levantaba sobre el abismo, mostraban en cierto modo la fuerza de este Hombre, que todo lo restaura, todo lo purifica, todo lo santifica, todo lo contiene y todo lo lleva consigo. Y la esencia de su ser penetra en todas las criaturas y las consolida, como el alma da firmeza al cuerpo. Pero también el abismo era demostración de todo lo que estaba en poder del hombre, ya que Él sostiene todas sus instituciones y sobre Él se sustentan, e incluso el abismo es como el taller del supremo artesano, en el que están sus utensilios. Y contemplé que de las pantorrillas del Hombre salió con el sudor un tipo de aire, que movió de modo diverso todas las aguas del abismo. Finalmente Él comprimió con los pies las fuerzas de los elementos que estaban sobre la tierra, en la tierra y bajo la tierra. Y dijo:


I. PALABRAS DEL MISMO HOMBRE.

“Vosotros que escucháis y comprendéis. Haced penitencia, porque Dios se os muestra. Y si no lo hacéis, mis varas os purificarán. Así el arrepentimiento podrá imperar en el hombre”


Luego en la niebla descrita, en la que había muchos tipos de vicios como ya se ha dicho anteriormente, vi aparecer cinco de ellos en la forma siguiente.


LA PRIMERA IMAGEN

Vi que la primera imagen tenía la forma de un hombre joven desde la coronilla de su cabeza hasta sus lomos. De sus lomos hacia abajo, sin embargo, tenía la forma de un cangrejo, es decir, de lo que un cangrejo tiene de la cabeza hacia abajo. Tenía el pelo negro y estaba completamente desnudo. Y dijo:


II. PALABRAS DE LA FATUIDAD

“Yo todo dispongo y todo discierno, y en cualquier sitio donde caiga cualquier cosa, primero miro y luego hablo. Si no lo hiciera, sería necia. ¿Quién me reprochará esto? Si alabara a un necio o a un fatuo, diría una mentira. Echaré mis redes con mis palabras y capturaré todo lo que pueda, cuanto más coja, tanto más tendré. En efecto, aumento mi honor, tanto que todos se ruborizan por mis palabras. Pero también estiraré mi arco con las flechas de mis palabras. ¿Qué daño me hará? No esconderé nada, nada callaré, por el contrario, doy lo que tengo a cada uno según su medida”.


III. RESPUESTA DEL RESPETO

Y de nuevo de la nube tempestuosa antes mencionada, oí una voz que contestó a esta imagen: “Si yo desordenara todo lo que el Creador ha hecho, ¿quien sería yo para destruir todo lo que no hice, ni creé, ni di el conocimiento? En cambio tú, parte inicua, todo lo desordenas. Los montes me sostienen, camino en el llano de los valles, y ellos no me desprecian. Yo vuelo en las zonas más altas y en las más bajas. Todas las cosas que Dios creó me complacen. No hago daño a nadie, pero te piso como la suciedad bajo mis zapatos. Tú no tendrás ninguna dignidad, ya que injurias a todos los que puedes”.


LA SEGUNDA IMAGEN

Vi una segunda imagen que tenía aspecto infantil, pero no tenía pelo en su cabeza y tenía cara y barba de un anciano. Colgaba en la oscuridad descrita, envuelta en un paño como en una cuna columpiada por el viento, que oscilaba aquí y allá. No vi que llevase otras prendas encima. De vez en cuando se levantaba de este paño o se escondía en él. Y dijo:


IV. PALABRAS DE LA FRIVOLIDAD

“Creo tonto quererme parar en un único lugar y cerca de un único pueblo. Yo quiero mostrarme en todas partes, para que en todas partes se oiga mi voz y en todas partes se vea mi rostro, así difundiré mi gloria. La hierba crece y sus flores aparecen; y si es así, ¿no debería el hombre tener gloria también? Yo en mi sabiduría y en mi razón soy como la hierba, y en mi belleza soy como la flor. Por tanto me haré conocer en todas partes”.


V. RESPUESTA DE LA ESTABILIDAD PRUDENTE

Y de nuevo oí una voz de la nube tempestuosa que contestó a esta imagen: “Tú, astucia diabólica, caerás como la flor del heno y serás pisada como la suciedad del camino. Tú eres la voz de la vanidad, mirada de iniquidad, tus palabras no pasan por el tamiz de la razón, y procedes inestablemente como una langosta, por lo cual te esparces por todos los lugares como la nieve. No comes el alimento de sabiduría, no bebes la bebida de la discreción, solo imitas el modo de vivir de los pájaros que no tienen morada fija. Eres ceniza y podredumbre, y no encontrarás nunca sosiego”.


LA TERCERA IMAGEN

La tercera imagen tenía cabeza de lobo y cola de león, el resto del cuerpo era parecido al de un perro. Jugaba con la imagen descrita anteriormente, diciendo: “Nosotros somos una cosa sola en todo”. Grandes estrépitos de vientos rugieron en sus oídos, y esta imagen los analizó con atención, escuchando qué eran y de dónde provenían, y la imagen ensalzó los vientos como si ellos fueran sus dioses. Luego levantó la pata anterior derecha y la extendió hacia el viento impetuoso que proviene del Norte. Con la pata anterior izquierda recogió hacia sí los elementos y las ráfagas de los vientos. Y dijo:


VI. PALABRAS DEL MALEFICIO.

“Yo aprendí mucho de Mercurio y de los demás filósofos que con sus investigaciones han subyugado de tal manera los elementos que descubrieron con seguridad todo que quisieron. Los hombres más hábiles y sabios lograron hacer sus descubrimientos en parte gracias a Dios, pero también en parte gracias a los espíritus malignos. ¿Y que hay en contra de esto? Así se atribuyeron los nombres de los planetas, ya que del sol, de la luna y de las estrellas recibieron gran sabiduría y mucha ayuda en sus investigaciones. Con estas habilidades reino y domino en cualquier sitio que quiera, es decir sobre los astros del cielo, sobre los árboles, sobre las hierbas y sobre todo lo que en la tierra reverdece, sobre las bestias y sobre los animales de la tierra, y también sobre los gusanos sobre la tierra y bajo tierra. ¿Y quién se opondrá a mi camino? Dios todo creó, pero no lo hiero de ningún modo con mis diversas acciones. Él quiere ser encontrado en las Escrituras como en sus obras. ¿De qué le aprovecharía si sus obras están tan escondidas que en ellas no se puede localizar el origen de su naturaleza? No serviría para nada”.


VII. RESPUESTA DEL VERDADERO CULTO A DIOS.

Y de nuevo de la nube tempestuosa oí una voz que respondió a esta imagen: “¿Qué es más agradable a Dios, que se adore a Él o sus obras? Las criaturas que proceden de Él no son capaces de dar vida a nada. ¿Cuál es la vida qué Dios da? El hombre es racional, y en cambio las criaturas restantes sólo tienen elementos naturales. ¿Cómo hay que entenderlo?
El hombre está vivo con las alas de la razón, y cada ave y reptil vive y se mueve gracias a los elementos que lo constituyen. El hombre habla con el poder de la razón, mientras que las otras criaturas son silenciosas, no pueden ayudarse a sí mismas ni a los demás, sino que cumplen con su tarea. Tú en cambio, oh arte mágico, tienes sólo la circunferencia, sin el centro. En efecto, cuando lleves tus muchas preguntas al círculo de la creación, la creación misma te privará del honor y de las riquezas, y como una piedra te echará en el infierno ya que has querido robarle el nombre de su Dios. Por lo tanto, todas las tribus de la tierra se quejarán de ti, porque tú las escarneces con tus blasfemias, puesto que las induces al error en el culto de Dios, cuando deberían servir a Dios. Por tanto recibirás la misma recompensa que el diablo”.


LA CUARTA IMAGEN

La cuarta imagen se presentó con aspecto de hombre, salvo que no tenía pelo en su cabeza y tenía la barba de un macho cabrío, pupilas pequeñas y lo blanco de sus ojos era grande. Inspiró y espiró por la nariz con gran vigor. Sus manos eran de hierro, las piernas ensangrentadas, los pies como los de un león. Llevaba puesta una túnica tejida con blanco y negro mezclados juntos que parecía anudada en la parte superior, pero en la parte inferior, a la altura de las piernas, estaba extendida en toda su amplitud. Sobre su pecho aparecía un buitre de color negro que tenía clavadas las garras sobre el pecho, mientras volvía la espalda y cola a la imagen. Además, en su presencia había un árbol que hundía sus raíces en la Gehenna y cuyos frutos eran manzanas de pez y azufre. La imagen observó el árbol con extrema atención, y arrancando de él las manzanas con la boca las devoró con gran avidez. Esta imagen también estaba rodeada de muchos y horribles gusanos que con sus colas producían un gran ruido y un gran movimiento en las tinieblas descritas, tal como los peces mueven el agua con los golpes de sus colas. Y esta figura dijo:


VIII. PALABRAS DE LA AVARICIA

“Yo no soy necia, soy más sabia que aquéllos que miran a los vientos y esperan del aire su sustento. Yo arranco todo, todo lo recojo en mi regazo, y cuanto más reúno, más tengo. Para mí es mucho más útil tener todo lo necesario, antes que suplicar a otros. No hay culpa alguna en coger cosas de quien tiene más de lo que necesita. Una vez conseguido lo que quiero, no tengo que exigir nada de los demás. Cuando tengo en mi regazo todas las cosas que quiero, estoy satisfecha y encantada del todo. Entonces no tengo miedo de nadie, vivo en la felicidad y no necesito buscar misericordia de nadie. En mi dureza yo poseo una astuta sabiduría, y nadie me engaña cuando exijo todas mis cosas. ¿Y que pasa si alguien me amenaza, puesto que nadie puede perjudicarme? No soy ni ladrón ni bandolero. Cojo sólo lo que quiero y lo consigo con mi propia astucia”


IX. RESPUESTA DEL DESPRENDIMIENTO TOTAL

Y de nuevo oí una voz de la nube tempestuosa que contestó a esta imagen: “Oh fraude diabólico, tú eres veloz como un lobo para hacer presas y devoras las cosas ajenas como un buitre. Bullen en ti abscesos tremendos, dado que estás cargada con tus ilícitos deseos como un camello con sus jorobas. Pareces las fauces de un lobo, abiertas para devorar todo. Yaces en la dureza, y tienes a Dios en olvido total, ya que no confías en Él. Eres dura, áspera, y sin misericordia, ya que no quieres el éxito de los demás. Y por lo tanto, como el gusano se esconde en su madriguera, así tú, despreciable grosera, sustraes la ajena felicidad, ya que nada es suficiente para tí. En cambio yo me siento sobre las estrellas, puesto que todos los bienes de Dios me bastan, me alegro con el dulce sonido del timbal, cuando confío en Él. Beso el sol, cuando gozo en la alegría. Abrazo la luna, cuando la aprieto en la caridad y cuando todas las cosas que han nacido del sol y luna son suficientes para mí. ¿Por qué debería desear más de lo que necesito? Puesto que tengo misericordia por todo, mi vestido es de blanca seda. Y como me presto tiernamente para todo lo que puede ser útil, mi vestido está decorado con gemas preciosas. Por lo tanto, moro en la casa del Rey y tengo todas las cosas que quiero. Participo pues en el banquete del Rey, ya que yo soy hija del Rey. Pero tú, oh parte pésima, recorres toda la circunferencia de la tierra y sin embargo no llenas tu vientre. ¡Mira como eres!”


LA QUINTA IMAGEN

Vi una quinta imagen que tenía aspecto de mujer, que tenía en su espalda un árbol completamente seco y sin hojas. Esta imagen estaba completamente enredada en sus ramas. En efecto, una rama se había tejido por la parte superior de su cabeza, otra le circundaba el cuello y la garganta. Otra estaba alrededor de su brazo derecho y otra alrededor del izquierdo. Los brazos no estaban distendidos sino cruzados sobre sí, y las manos que colgaban de aquellas ramas tenían garras parecidas a las de un cuervo. Además, una rama de la derecha del árbol y otra del lado izquierdo estaban ceñidas alrededor de su vientre y piernas y los rodeaban completamente. Sus pies eran de la madera del árbol. La imagen no llevaba puesta ninguna ropa, excepto las ramas que la circundaban de aquel modo. Y la atacaron espíritus malignos que avanzaban con una niebla negra muy maloliente y ella se dobló gimiendo hacia de ellos. Y dijo:


X. PALABRAS DE LA TRISTEZA DE LA VIDA EN EL MUNDO.

“¡Ay, que fuí creado! ¡Ay, que estoy vivo! ¿Quién me ayudará? ¿Quién me liberará? Si Dios supiera de mí, no estaría en tal peligro. No me aprovecha confiar en Dios, no me libra del mal alegrarme con Él. He escuchado muchas palabras de los filósofos, que enseñan que en Dios existen muchos bienes, pero con todas esas palabras Dios no ha hecho nada bueno por mí. ¿Si es mi Dios, por qué me esconde toda su gracia? Si me concediera algo bueno, sabría que existe. En cambio no sé qué soy. He sido creado en la infelicidad, he nacido en la infelicidad, y vivo sin consuelo alguno. ¡Ay!, ¿de que me sirve una vida sin alegría? ¿Por qué motivo he sido creado, puesto que no me toca ningún bien?”


XI. RESPUESTA DE LA ALEGRÍA CELESTIAL

Pero oí una voz de la nube tempestuosa que le dio esta respuesta. “Oh ciega y sorda, tú no sabes lo que dices. Dios creó al hombre luminoso, pero por la trasgresión que cometió, la serpiente lo llevó consigo a este lago de miseria. Ahora mira el sol, la luna, las estrellas, todo el ornato de la fuerza vital de la tierra, y considera qué gran prosperidad Dios concede a los hombres por su medio, mientras el hombre peca contra Dios con gran temeridad. Tú eres fraudulenta, engañadora e impía, sólo tienes pensamientos infernales en vez de confianza, y no sabes, ni piensas que la salvación viene de Dios. ¿Pero qué tienes tú de luminoso y bueno, sino lo que te da Dios? Cuando el día te viene al encuentro, tú lo llamas noche; cuando gozas de salud, afirmas que es una maldición; cuando todos tus asuntos y tus cosas van bien, dices que van mal. Por eso eres un ser infernal.
En cambio cuando contemplo todas las cosas que Dios ha creado, tengo el cielo, lo que tú defines como dañino. También recojo suavemente en mi regazo las rosas y las azucenas y toda fuerza vital cuando alabo la obra de Dios, mientras tú amontonas dolores sobre dolores, ya que eres triste en todas tus obras. Te pareces a los espíritus infernales que en cada obra siempre reniegan de Dios. Yo no hago eso, reconozco a Dios en todas mis obras, ya que hasta en algunas tristezas hay algo de alegría, y en alguna alegría no hay felicidad, igual que día y noche se alternan. En efecto, exactamente tal como Dios estableció el día y la noche, así también son las acciones de los hombres. Cuando la avaricia construye su fortaleza, Dios rápidamente la destruye. Cuando la carne desea lascivia, Dios la derriba pisándola. Cuando el placer de la carne en su vanagloria quiere rodear el cielo, Dios golpea y lo dispersa. Esto es lo justo y lo correcto.
Ahora observa la naturaleza de los pájaros del cielo y la naturaleza de los ínfimos gusanos de la tierra, en los que hay tanto seres útiles como inútiles, aunque se devoren el uno al otro. Así son la prosperidad y la adversidad en la tierra. No hay que rechazarlas completamente, porque lo útil purifica lo inútil y lo inútil limpia lo útil, tal como el oro se purifica en el horno. Pero tú te alineas con la parte inútil, cosa que yo no hago. En efecto, útil e inútil lo valoro tal como Dios los ha establecido. El alma testimonia el cielo, la carne la tierra. La carne aflige el alma, pero el alma obliga a la carne. Por lo cual, necia y ciega, considera lo que dices”.


LA MAZA DE BRONCE

Y he aquí delante del Hombre que mencionado anteriormente apareció, clavada en el abismo, una maza de bronce, como la de un asesino. Se movía de aquí para allá como para golpear. Y su movimiento produjo un sonido que dijo así:


XII. PALABRAS DE LA MAZA DE BRONCE.

“Oh vanas imágenes de perdición que os oponéis a Dios queriendo alcanzar la cumbre mientras sois precipitadas en el infierno, yo os arrebato todo honor, os alejo de cualquier felicidad, os derribo en la confusión, os rechazo como podrido cadáver, porque estáis en la garganta de la antigua serpiente y de su boca burbujeáis para engañar a los hombres. Vosotros vertéis sobre sus ardientes heridas baba inmunda, las golpeáis con los dardos de fuego de vuestras obras y los lleváis a la muerte con la locura del homicidio. Los atacáis rápidamente, para que abandonen la justicia de Dios y desprecien al mismo Dios. Y con estas maquinaciones queréis conducir a la confusión todas las obras de Dios. Por tanto emprenderé la guerra contra vosotros, y os ahuyentaré. Os mostraré la fuerza de Dios cuando os reduzca a la nada”

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