QUINTA PARTE

EL HOMBRE CONTEMPLA LA TOTALIDAD DEL ORBE


CAPÍTULOS

Prólogo
I.- Palabras del mismo hombre
La Primera Imagen
II.- Palabras de la Fatuidad
III.- Respuesta del Respeto
La Segunda Imagen
IV.- Palabras de la Frivolidad
V.- Respuesta de la Estabilidad prudente
La Tercera Imagen
VI.- Palabras del Maleficio
VII.- Respuesta del Verdadero Culto a Dios.
La Cuarta Imagen
VIII.- Palabras de la Avaricia
IX.- Respuesta del Desprendimiento total
La Quinta Imagen
X.- Palabras de la Tristeza de la vida en el mundo
XI.- Respuesta de la Alegría celestial
La Maza De Bronce
XII.- Palabras de la maza de bronce
XIII.- El agua no se ha creado sólo para las necesidades corporales de los hombres, sino también para la salvación de las almas
XIV.- Aunque los hombres veneren a Dios de diversos modos, están todos bajo su protección
XV.- Todo está regulado por Dios, y tal como las aguas refuerzan todas las cosas de la tierra, así el alma consolida el cuerpo. ¿???
XVI.- Como la potencia de Dios mantiene todas sus obras, así el abismo sustenta las cosas que están sobre la tierra
XVII.- El abismo, una especie de taller del Creador del mundo, no lo lleva ninguna criatura, sino que lo sustenta el poder de Dios
XVIII.- El abismo parece una cisterna
XIX.- La fuerza de Dios hace líquidas las aguas, que si no serían sólidas
XX.- Dios contiene bajo su dominio la fuerza de los elementos
XXI.- Dios exhorta a los fieles a escuchar su admonición, si no, sentirán sus golpes
XXII.- El alma del hombre que anhela a Dios, une con toda su fuerza todas sus obras con el deseo celeste
XXIII.- Los mandamientos divinos se han dado para que el alma fiel les cumpla.
XXIV.- Cuando el alma persigue la santidad, el Espíritu Santo hace subir sus fuerzas de virtud en virtud.
XXV.- Dios Padre, por la humanidad de Su Hijo, frena las tentaciones que seducen el alma del hombre.
XXVI.- Dios exhorta a hacer penitencia a quien realmente escucha, y sus castigos purificarán a los negligentes.
XXVII.- Palabras del Evangelio sobre este tema.
XXVIII.- La habilidad de los justos rechaza los vicios que intentan pervertir los sentidos de los fieles.
XXIX.- La Fatuidad, su comportamiento y su sentido
XXX.- La Frivolidad, su comportamiento y sentido
XXXI.- Palabras del Cantar de los Cantares
XXXII.- El maleficio, su comportamiento y su sentido
XXXIII.- La avaricia, su comportamiento y su sentido
XXXIV.- Palabras del profeta Jeremías sobre este tema
XXXV.- Tristeza de la vida en el mundo, su comportamiento y su sentido.
XXXVI.- El Celo de Dios, su aspecto y su sentido.
XXXVII.- Palabras del libro del Éxodo.
XXXVIII.- La sangre de Cristo se une con la virginidad.
XXXIX.- Dios vence a las malas obras de la antigua serpiente con la conversión de los publicanos y los pecadores.
La Fatuidad
XL.- Penas de purificación de las almas que pecaron de Fatuidad, y razón del castigo.
XLI.- Como los hombres, haciendo penitencia, puedan castigar en sus cuerpos el pecado de Fatuidad.
XLII.- La Fatuidad intenta desarraigar todo lo que es verdadero con la sombra del escarnio.
La Frivolidad
XLIII.- Penas de purificación de las almas de los que, mientras vivían, pecaron de Frivolidad, y razón del castigo
XLIV.- De qué manera los hombres, haciendo penitencia, puedan enmendarse del pecado de Frivolidad
XLV.- La Frivolidad, carece de sabiduría, es hija de la desobediencia y sierva de la lujuria, y atrae al ocio y a la pereza.
XLVI.- Palabras de David
El Maleficio
XLVII.- Penas de purificación de las almas de los que en vida pecaron de maleficio y razón del castigo.
XLVIII.- De qué modo, haciendo penitencia, se puede borrar el pecado de maleficio
XLIX.- Los que investigan en las criaturas como si fuesen las Escrituras, se destruyen en el cuerpo y en el alma, ya que ciegan la vista de su alma.
La Avaricia
L.- Penas de purificación de las almas de los que pecaron de avaricia, y razón del castigo
LI.- Penas de purificación de las almas de los que cometieron robos por avaricia y razón del castigo
LII.- Otras penas con que se purifican las almas de los que cometieron robos por avaricia, y razón del castigo
LIII.- Como los hombres, haciendo penitencia, puedan castigar en si el pecado de avaricia
LIV.- De qué modo los que hacen penitencia puedan sacar fuera de sus corazones la avaricia de que se mancharon con los robos
LV.- De qué manera, haciendo penitencia, los hombres pueden borrar en ellos mismos el pecado de avaricia cometido con el robo
LVI.- El hombre que sustrae a los otros todo lo que puede y lo acapara, se someterá a terribles castigos
LVII.- Palabras de David
LVIII.- La avaricia se lleva no sólo lo que está fuera cuerpo del hombre, sino también el cuerpo del hombre.
LIX.- El hombre que roba imita al diablo.
LX.- El ladrón que roba por la noche, es parecido a la seducción diabólica
LXI.- Palabras del Evangelio
La Tristeza de la Vida en el Mundo
LXII.- Penas de purificación de las almas de los que pecaron de Tristeza de la vida en el mundo y razón del castigo
LXIII.- Como los hombres puedan rechazar la Tristeza de la vida en el mundo.
LXIV.- La Tristeza de la vida en el mundo no tiene alegría por las cosas celestes y teme todo lo que sucede.
LXV.- Palabras de David
LXVI.- La turba diabólica combate a los hombres con los vicios.
LXVII.- Las filas de los santos espíritus asisten a los hombres y contienen las fuerzas de los elementos
LXVIII.- El hombre debe imponer a su cuerpo aflicciones por sus pecados mientras viva.
LXIX.- El maestro considerará la naturaleza de sus discípulos y sus pecados
LXX.- El maestro, debe ser flagelo para los duros y los ásperos, y hablar con dulzura a los buenos
LXXI.- El maestro, según el ejemplo de Jacob y Esaù, debe atraer a los de buenos sentimientos y corregir ásperamente a los de malos sentimientos
LXXII.- El maestro que se encarniza con sus discípulos buenos y justos se parece a los judíos; el que aflige a los inocentes es como un lobo; el que disimula la maldad de los que pecan es como un ladrón.
LXXIII.- Los buenos maestros se parecen al aire puro
LXXIV.- Los buenos discípulos tienen que ser un carro para el maestro.
LXXV.- La obra que el hombre dirige a Dios refulgirá en las regiones celestiales, la que dirigen al diablo la manifestarán en las penas.
LXXVI.- Cuando el hombre confiesa sus pecados, muestra a la santa Trinidad.
LXXVII.- Tal como Dios es alabado por los ángeles, así tiene que ser alabado por el hombre
LXXVIII.- Las acciones santas de los vivos socorren a las almas que viven en la memoria de la suprema beatitud
LXXIX.- Las penas de purificación liberan las almas, el paraíso terrenal será para las almas purificadas y la luz celeste para las ya santificadas
LXXX.- Cuando en el último día se dispersen las suciedades de la materia humana, la materia terrenal refulgirá como en su origen, cuando fue creada.
LXXXI.- Por el Espíritu Santo las oraciones formuladas en el corazón del hombre suben a Dios.
LXXXII.- La voz de los profetas y el canto de los salmos recitados como alabanza a Dios, remedian las necesidades de quien sufre, en la medida en que lo merezca
LXXXIII.- Dios perdona los pecados por los que el hombre ofrece limosnas, según cuanto sean dignos de ello
LXXXIV.- La buena voluntad del hombre es suave perfume para Dios.
LXXXV.- Dios acepta los sacrificios de los hombres por las necesidades de los vivos y por la paz de los difuntos
LXXXVI.- El ángel del castigo golpea duramente al que no sirve Dios

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