CUARTA PARTE

EL HOMBRE MIRA AL SUR Y AL OESTE


Vi al Hombre antes mencionado volverse hacia el Sur y mirar hacia el Sur y hacia el Oeste. La tierra donde el Hombre se encontraba desde las rodillas hasta a las pantorrillas tenía humores, fuerza vital y germen, y tenía, en cierto sentido, la floreciente y vigorosa belleza del Hombre, como si la fuerza de Él la hubiera adornado. Porque la tierra produce vida en todas sus formas, dado que todas las criaturas terrenales que se han formado están hechas con tierra. La tierra es la materia de la obra de Dios en el hombre, y es también la materia de la humanidad del Hijo de Dios.


Y he aquí que en la niebla descrita anteriormente, que contenía muchos tipos de vicios, como ya ha sido explicado, vi aparecer ocho vicios.


LA PRIMERA IMAGEN

La primera imagen tenía una cabeza como la de un cervato y la cola como un oso, pero el resto de su cuerpo era parecido a un cerdo. Y esta imagen dijo:


I. PALABRAS DE LA INJUSTICIA

“¿Sobre quién derramaré mi justicia? Sobre nadie. Si tuviera que cuidar de éste o de aquel, no sería una criatura de Dios, sino que sería como el borriquillo que avanza lentamente si se le aguijonea. Yo soy más sabio y prudente que los otros. Conozco el sol y la luna, y las estrellas y las demás criaturas, y preciso con exactitud cada cosa y situación. ¿Por qué debería negarlo, como si no supiera nada? Si rechazara el modo de vida de alguien, quizás éste haría lo mismo conmigo. Per si no lo hiciera, mi actitud sería sin embargo mejor. ¿Por qué debería consumirme como si no supiera nada bueno cuándo todo lo que tengo es mejor y más ventajoso que lo de los otros? En efecto yo valgo tanto como los que disciernen y juzgan todas las cosas”.


II. RESPUESTA DE LA JUSTICIA

Y oí una voz de la nube tempestuosa mencionada anteriormente que se extendía del Sur al Oeste, como ya he dicho, que contestó así a estas palabras: “¿que dices, arte diabólico e impúdico? Dios ha establecido todas las cosas de forma que se tomen en consideración unas a otras. En efecto, cuánto más aprende uno de otro lo que ignora de por sí, más gana en conocimiento. Por eso posee la ciencia de los ojos, para hacerles caso, evitar el peligro y no correr riesgos en peligro alguno. Si no cuidara el hombre a quien manda, ¿qué criatura le obedecería o qué criatura lo serviría? El hombre realiza con ayuda de las criaturas cuanto le es necesario. Cava los huertos con el azadón, voltea los campos con el arado, incluso los ara con los bueyes y empuja a estos animales delante de sí, se sirve de todo género de criaturas según su papel en la vida y de la forma que le resulta útil. ¿Por qué desprecias al hombre, en el que están comprendidos el cielo y la tierra? ¿Por qué también rechazas la enseñanza y los dones que el Espíritu Santo infundió en los hombres? El hombre levanta a Dios un templo y un altar para servirlo. Por lo cual, los dones del Espíritu Santo, que reconozco en el hombre, sé que son obra de Dios y estoy en armonía con ellos. A justo título llevo la diadema real entre las criaturas y sus obras, las cuido con honor, trabajo con sus obras de forma que puedan tener alegría en mí, que soy su sostén sobre la calle de la justicia. Por tanto el que me desprecie caerá en un pozo. Yo he manado de una fuente que fluye y ninguna circunstancia terrenal me asustará. Me he levantado con el alba, yo, la amiga más amada del Dios, con Dios me quedaré y de Él no me alejaré. Gracias a Él soy válido manantial de salud y no caigo en la aridez cuando ésta hace marchitar todas las cosas. Soy la savia de las flores de todos los árboles que en invierno no se secan y que no caen por la tempestad. Habito en el monte Sión, estoy en paz, camino en la mansedumbre del cordero y me elevo en su victoria. Soy la victoria de un Rey, y no seré vencida. Nadie me moverá, nadie me asustará, puesto que no estoy destinada a caer”.


LA SEGUNDA IMAGEN

La segunda imagen tenía semblante infantil y pelo blanco. Vestía una túnica de color pálido, bajo la cual retiró los brazos y manos y con la que cubría sus pies y sus otros miembros de modo que no pude discernir el resto de sus formas. Y dijo:


III. PALABRAS DE LA ACEDIA

“¿Por qué debería soportar una vida estrecha y laboriosa y afrontar numerosos apuros, puesto que no he cometido muchos pecados? A cada criatura le corresponde ser lo que es. Muchos lloran y se quejan, y maceran tanto sus cuerpos que apenas logran vivir, y sin embargo se comportan mal y acumulan pecado sobre pecado. ¿En qué les favorecen los esfuerzos que he descrito? Yo en cambio, con la molicie y evitar fatigas llevo mejor vida que otros, y no deseo ningún trabajo. Si huyo del trabajo y otras cosas dañosas, ¿me va a condenar Dios por eso?”

Y oí una voz de la nube tempestuosa que he descrito, que dio respuesta a esta imagen:


IV. RESPUESTA DE LA FORTALEZA.

“Oh ceniza de ceniza, chispa de miserable podredumbre, desde que se inició la vida del hombre, imagen de Dios, tú te revelaste venenosa, igual que todavía tus obras son inútiles. No te puedes comparar siquiera a los gusanos que trabajan en sus cuevas para encontrar alimento, ni a los pájaros que se construyen el nido y que en incluso en la penuria buscan comida con que sustentar sus cuerpos. En esta vida ¿qué criatura viva existe que viva sin preocupación? Ninguna. Esta vida, en efecto, está muy alejada de la vida deseable que existía en paraíso, dónde los ojos vivían en la felicidad y no se oscurecían nunca. Tú en cambio, desgraciada que vive sin la sabiduría de Dios, rechazada por la misericordia de Dios, deseas cosas que nadie puede darte, ya que quieres conseguir sin esfuerzo lo que con tu entumecida pereza no podrás darte. Pero yo en el tálamo real sirvo con la fortaleza del león, es decir con la humanidad del Salvador, suspiro por todas las cosas buenas de Dios y vuelo por todas partes, tal como uno que extiende su capa. Por lo cual, todas las lenguas diferentes de todas las naciones que quieran persistir en el bien me invocan y desean tenerme, mientras a tí te reputan como un inútil cadáver”.


LA TERCERA IMAGEN

Vi una tercera imagen cuya cabeza era como de salamandra y el resto del cuerpo se parecía a una lagartija. Delante de ella apareció una nube negra, turbulenta y sombría, mezclada con una densa nube blanca. La figura puso las patas anteriores sobre la nube y dijo:


V. PALABRAS DEL OLVIDO DE DIOS
“¿Si Dios me ignora y yo tampoco quiero conocerle, por qué debería apartarme de mi voluntad, cuando ni Dios me quiere, ni yo lo siento? Por lo cual, en todo momento solo consideraré lo que me favorezca y desee, y haré únicamente lo que sé, lo que entiendo y lo que me guste. Muchos me hablan de otro extraño género de vida que yo no conozco ni siento y que nadie es capaz de enseñarme. Muchísimos incluso me dicen 'Haz esto o aquello'. Y me indican a un Dios, y la vida y la recompensa que podría recibir, para que yo tenga claro qué hacer. Pero también muchos tiranos también vienen a mí y me proponen maravillosos acuerdos que resultan ser más falsos que verdaderos, y que ellos mismos no logran seguir. Lo que conviene que yo haga, debe estar permitido y debe encajar en mi plan. Yo no quiero muchos dioses, es decir maestros. Si hay un Dios, seguro que Él me conoce”.


VI. RESPUESTA DE LA SANTIDAD.

Y de la nube tempestuosa que he descrito, oí una voz que contestó a esta imagen: “¿O perdición desenfrenada, que dices? ¿Quién te ha creado y quién te ha hecho vivir? Dios. ¿Por qué nunca reconoces que no te has hecho tú mismo? En cambio yo invoco Dios, a Él le solicito todo cuanto me es necesario, conozco todos sus mandamientos, y los sigo observándolos y apreciándolos. ¿Cómo? Mi impulso es la ciencia del bien, con la que incluso percibo a Dios, y en la que toco la cítara de la oración cuando lo adoro, y con la que también lo reconozco. Si me volviera a las cosas caducas, me alejaría de Dios. No es la tierra la que da a los hombres el alimento, los vestidos y todo lo que les hace falta, sino Dios. Los hombres ven aparecer estas cosas, pero no ven de dónde y de modo crecen, sólo saben que crecen gracias a Dios. Nadie podría hacer crecer a todos los hombres y todas las generaciones y nadie, sino Dios, podría dar vida ni a lo más pequeño del mundo, y precisamente en eso se reconoce que es Dios. Por lo tanto el hombre sirve a Dios con la máxima devoción en todas sus obras y se mantiene lejos del mal, para que en el impulso de su ciencia no acabe por corromper su voluntad. Yo quiero llevar el cinturón de la abstinencia y permanecer en la feliz flor de la santidad. En efecto, bajo el estandarte de las ceremonias de Dios, yo soy el general que conduce ordenadamente la milicia del Rey allí donde Dios realiza sus obras”


LA CUARTA IMAGEN

También vi que yacía en las tinieblas una rueda parecida a la de un carro, que, como movida por los vientos, giraba como una muela de molino. Sobre sus radios había integrados cuatro bastones, largos como la estatura de un hombre erecto. Y en los radios había una figura humana, que empuñaba un bastón con cada una de sus manos, mientras que los otros dos bastones se encontraban tras su espalda. Y la figura giraba junto a la rueda. Tenía el pelo crespo y negro, las manos parecidas a las patas anteriores de una mona y los pies parecidos a patas de gavilán. Su vestimenta estaba adornada de bandas de color blanco y negro. A veces echaba una red para capturar animales, pero no cogía ninguno. Y dijo:


VII. PALABRAS DE LA INCONSTANCIA.

“¿Por qué debería ignorar lo que soy? Hago lo que sé, y si no actuase así, sería tonta. Muchos se comportan de modo que me sorprende, es decir, de sabios se hacen necios, de ricos pobres, de honrados despreciables. Yo, lo que soy lo digo, manifiesto lo que quiero, no dejo lo que tengo, y hago lo que puedo. Mientras pueda hacerlo, no estaré vacía. Un artesano que no hiciera el trabajo que es capaz de hacer, descuidara su arte y no la ejerciera, sería un inepto. La fortuna también enseña que cuando el hombre tiene prosperidad, hace lo que quiere hacer, y cuando la prosperidad termina, ya no puede hacer lo que quiere. Y esto es honestidad”.


VIII. RESPUESTA DE LA CONSTANCIA.

Y de nuevo, oí una voz de la nube tempestuosa que respondió a esta imagen: “Tú eres necia y vana, completamente abandonada por la fuerza de los dones de Dios. Considéra atentamente que el diablo hizo lo que quiso hacer y se precipitó en el infierno. Adán hizo lo que le gustaba, y toda su descendencia ahora es mortal. También Goliat confiaba en cumplir lo era capaz de hacer, y lo venció un niño. Y Nabucodonosor, tu hijo, ha recibido de tí sus capacidades, ¿y qué le pasó? ¿Qué pasó a tus otros hijos que también recibieron cosas de tí? En efecto, Dios, que dio al hombre la posibilidad de obrar, también le dió la ciencia de discernir lo que es honesto y lo que no lo es. Y le dio al hombre la espada del buen conocimiento y el bastón del mal conocimiento. Cuando la carne se regala y el alma está de acuerdo en hacer algo, es inútil tomar parte. La ciencia del bien vibra su espada contra la del mal, y la ciencia del mal extiende sus bastones contra la del bien. Por lo cual, el hombre debería pensar lo que le es útil. Dios puso un lago delante de la ciencia del mal, y a la ciencia del bien una escalera que sube al cielo, ya que es una virtud de Dios. Eres malísima, eres como la muerte, ya que eliges la mala ciencia y desprecias la buena. Desciendes al lago y desdeñas la escalera para ascender al cielo”.


LA QUINTA IMAGEN

Vi una quinta imagen que tenía la forma de un hombre con el pelo de color pálido, que estaba de pie desnudo en las tinieblas como en un tonel. Y dijo:


IX. PALABRAS DE LA PREOCUPACIÓN POR LAS COSAS TERRENALES

“¿Qué preocupación es más importante que la preocupación por la vida? ¿Dónde crecen hierbas y árboles de fruto, vides y todo lo necesario a esta vida, nutrimento y sostén de los hombres? Aunque yo vertiera lágrimas, me golpeara el pecho entre suspiros o doblara mis rodillas, no tendría ni comida ni vestidos y moriría. Y si gritara al cielo y pidiera lo que me hace falta al sol, a la luna o a las estrellas, nada me vendría. Por eso, quiero adquirir todo lo que sea capaz de conseguir con mi pensamiento, palabra y obra, para poder vivir sobre la tierra”


X. RESPUESTA DEL DESEO CELESTIAL.

Pero de nuevo, oí una voz de la nube tempestuosa que contestaba a esta imagen: “¿Oh predadora de almas, que dices? Falaz es tu mente, ya que no confías en Dios que te ofrece cuanto es necesario. En efecto, tal como el cuerpo no puede vivir sin el alma, así ningún fruto de la tierra crece sin la gracia de Dios. Observa los huesos de los muertos que yacen en los sepulcros y considera que pueden hacer. Nada pueden, sino yacer en la podredumbre. Así tú nada haces, excepto vivir en el descuido, puesto que eliges vivir sin la gracia de Dios y no deseas ni buscas a Dios en tus preocupaciones. En cambio yo habito en lo alto de los cielos y con la gracia de Dios encuentro todo lo que necesito en la creación, puesto que yo soy vida y fuerza vital en todas las buenas obras además de gema de todas las virtudes. Soy el gozo y el entendimiento del amor de Dios, y soy la base de todo deseo, porque hago cualquier cosa que Dios desea. Con las alas de la voluntad del bien vuelo sobre las estrellas del cielo y cumplo la voluntad de Dios según todos sus decretos. También subo encima de las montañas de Bethel donde cara a cara contemplo las obras de Dios. Por consiguiente no exijo, ni deseo, ni quiero nada más que lo que es santo. Por eso soy salterio y cítara de la alegría de Dios, Por eso soy salterio y cítara de la alegría de Dios, y así también estoy en todas los asuntos celestiales”.


LA SEXTA IMAGEN

La sexta imagen tenía la forma de un búfalo y dijo:


XI. PALABRAS DE LA OBSTINACIÓN

“Para mí, no hay exceso ni defecto en las diferentes cosas y situaciones y cuando afirmo algo no soy capaz de expresarme con mansedumbre y sin energía. Si la tierra fértil estuviera siempre impregnada de lluvia, si no tuviera dureza, no serviría para nada, porque sus frutos no llegarían a la maduración, pero si fuera demasiado tierna, las aguas correrían con fuerza y la destruirían completamente. Cualquier cosa me daña y por eso no soy tierna, visto que un chubasco inadecuado y repentino puede perjudicar la tierra. Y si no puedo suspirar, pues es que es así, o si no lloro, nada me importa, porque muchos mueren de tristeza, y muchos se agotan de tanto llorar. Dios concede lo que quiere conceder, ¿por qué debería esforzarme en conseguirla?, ¿por qué debería trabajar con fuerza por algo que no podría recibir? Es decir, no le aprovecha a nadie que uno busque lo que no puede encontrar”.


XII. RESPUESTA DEL ARREPENTIMIENTO

Y de nuevo, oí una voz de la nube tempestuosa que respondió a esta imagen:
“¿Pero qué eres tú, criatura amarga, tú que afirmas que no quieres cansarte en tu vida, mientras pájaros, peces, animales salvajes, ganado, y hasta gusanos y reptiles se cansan para procurarse comida? Incluso los animales jóvenes buscan alimento en sus madres y la tierra consigue toda su fuerza vital de la atmósfera ¿Por qué se llama a Dios: “Padre”, sino porque cuando sus hijos lo invocan y Él, por su gracia, les prodiga bienes, reconocen que es Dios? ¿Por qué entonces te peleas con Dios? Yo bebo del rocío de su bendición, en mi arrepentimiento le sonrío y con palabras de alegría entre lágrimas le digo ¡“Dios, ayúdame”! Y los ángeles me contestan con el sonido del órgano y alaban a Dios porque yo le invoco. Entonces resplandece sobre mí la aurora de su gracia y Él me da el alimento de vida, porque lo busqué para no quedarme sin fuerzas. Pero como tú nada le pides, nada se te dará”.

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