LA INCREDULIDAD

Después de esto, vi otros espíritus malignos en la muchedumbre que mencioné antes que proclamaban a grandes voces: “También Dios tendrá un fin y le sucederá otro”. Estos espíritus sugieren a los hombres la incredulidad y los impulsan a no confiar en Dios.


LX. PENAS DE PURIFICACIÓN DE LAS ALMAS DE LOS QUE, CUANDO VIVIAN, PECARON DE INCREDULIDAD, Y RAZÓN DEL CASTIGO

Y vi un gran fuego circundado por desmesuradas tinieblas, bajo el que había un charco de barro maloliente de extraordinaria anchura, longitud y profundidad. Gusanos de formas horribles corrían tanto alrededor del fuego como del barro. En estos tormentos estaban las almas de los que no confiaron en Dios en vida y no le tuvieron en cuenta para nada, como si fuera un ídolo. Ardieron en el fuego por su maldad, fueron rodeados por las tinieblas de la incredulidad por la que no quisieron mirar a Dios, y fueron ensuciadas por el barro por la incredulidad con que transformaron cada justa alegría de las criaturas de Dios en falsedad y dolor. Tuvieron que soportar el tormento de los gusanos por haberse obstinado en no tener esperanza en Dios.
Y vi y entendí esto.


LXI. DE QUÉ MODO LOS HOMBRES, HACIENDO PENITENCIA, PUEDEN BORRAR EN ELLOS MISMOS EL PECADO QUE CONTRAJERON POR LA INCREDULIDAD

Y de nuevo de la luz viviente oí una voz que me dijo: “Estas cosas que ves son verdaderas. Los hombres que se consumen en la incredulidad, para vencer a los espíritus que se lo sugieren y para sustraerse a estos tormentos, deben castigarse con ayunos y azotes y hacer oraciones arrodillados hasta que la fuerza divina aleje de ellos los hechos y las palabras de la incredulidad”.


LXII. LA INCREDULIDAD, QUE NO CONFIA EN DIOS NI EN LOS HOMBRES, DESPRECIA LA CREACIÓN DE DIOS.

La Incredulidad se opone a Dios y lucha contra los hombres, pues no confía en Dios ni en los hombres, pero muy a menudo dice para sí: “¿Quien soy? ¿Qué he sido? ¿Y que seré?”. Los que pronuncian estas palabras son ciegos, porque no tienen esperanza de salvación en Dios, y como no confían en nadie, no quieren conocer ni el día ni la noche. En efecto, cuando no quieren conocer a Dios, niegan el día, y cuando no respetan con temor sus juicios, no temen la noche. Y como son desleales con los hombres, menosprecian la creación de Dios, puesto que en sus elucubraciones son ciegos, sin tener un orden de vida justo. Por eso, se ha dicho de ellos:


LXIII. PALABRAS DE DAVID SOBRE ESTE TEMA

“Se desvanecieron sus intenciones, por su mucha impiedad Tú los dispersas, porque te han irritado, oh Señor”. (Salmo 5,11). Estas palabras deben ser interpretadas del modo siguiente.
Los perversos caerán en la vaciedad de su maldad cuando queden privados de sus conocimientos, lejos del consuelo, de la salvación, de la alabanza y de la gloria. Por tanto Tú, que impartes justamente todos los castigos según el peso de su impiedad, que es mucha, dispersa a los que irritándote te rechazaron. En efecto, grande es la impiedad en aquellos hombres que desdeñan saber y hacer justamente lo que podrían saber y hacer felizmente, pero se vuelven a asuntos de todo género que nada tiene que ver con ellos, especialmente porque ni los ven ni los conocen, sino que los valoran como algo más de lo que son. Esta impiedad es también del tipo de incredulidad que constituye y dispone cada cosa casi como si fuera su creadora, y está llena de odio porque siempre se fija en lo que no la concierne. Por lo cual, los que se dejan implicar con tal impiedad no son nada, porque irritando a Dios son reducidos a la nada. Rechazan la gloria de Dios y el gozo que está en Dios, y no veneran a Dios, lo mismo que un hombre que no tributa honor a su enemigo.
Las almas buenas que quieren a Dios huyan de las obras de la incredulidad y únanse a Dios manteniendo la fe con buenas obras, puesto que prefieren estar con Él que con el diablo. Esto se ha dicho sobre la purificación y sobre la salvación de las almas de los penitentes y es digno de fe. Quien tiene fe lo considera cuidadosamente y lo recuerda para actuar el bien.


LA DESESPERACIÓN

Después de esto, vi otros espíritus malignos en la muchedumbre que mencioné antes que proclamaban a grandes voces: “¡Démonos prisa para que Lucifer cumpla su voluntad!” Estos espíritus instigan a los hombres a la desesperación, para que no pongan su esperanza en Él, que los ha creado.


LXIV. PENAS DE PURIFICACIÓN DE LAS ALMAS DE LOS QUE, MIENTRAS VIVIAN, DESESPERARON DE LA MISERICORDIA DE DIOS, Y RAZÓN DEL CASTIGO.

Y vi un foso muy ancho y de profundidad tal que no pude determinar su fondo, en el que ardía un fuego grande y del que emanaba una terrible peste. Allí estaban las almas de los que desesperaron de la gracia y de la misericordia de Dios cuando todavía estaban en su cuerpo. Estaban en este foso porque rechazaron la esperanza de la salvación. Ardieron en el fuego porque de este modo cometieron muchos pecados, y tuvieron que sentir la peste porque no supieron moderarse en aquellos pecados.
Y vi y entendí esto.


LXV. DE QUÉ MODO LOS HOMBRES PUEDEN RECHAZAR LA DESESPERACIÓN, TANTO EN LA DIFICULTAD COMO EN LA TRANQUILIDAD.

Y de nuevo oí una voz desde la nube viviente que me dijo: “Las penas que ves son verdaderas. Pero aquellos que se desesperan y no confían en Dios, actuando como si Dios no existiese, ¿qué más pueden tener sino la muerte? Para resistir a los espíritus malignos que los exhortan a la desesperación y para rechazar este vicio, los hombres deben insistir con oraciones formuladas con pureza de corazón postrados de rodillas. No les favorece en cambio hacer ayunos incómodos y otras pesadas mortificaciones, para no caer en una desesperación mayor, puesto que, a causa de este vicio, sus corazones soportan muchos dolores con terrible amargura”.


LXVI. LA DESESPERACIÓN, AL MATAR EL ALMA DEL HOMBRE, DESTRUYE TODO BIEN.

La Desesperación perjudica el cuerpo de hombre, mata su alma, hace que desprecie a Dios y desprecie los juicios de Dios, crea que su ayuda no vale para nada y diga para sí: “¿Qué obras ha realizado Dios? ¿Y dónde puedo acabar, sino en la perdición?” A la desesperación la derriba las buenas acciones, la rechaza la fe y la destruye la ley de las Escrituras, porque con las Escrituras se prueban y se conocen todos los bienes, tal como todo se intercambia y se logra con dinero.
La Desesperación no confía en Dios, no cree en Él, no entiende ni sabe qué es. Y como es de esa naturaleza, Dios la destruirá en todo y por todo. En efecto, si la madera no tuviera en si la fuerza vital, no sería madera, si los árboles de fruto no florecieran, no producirían fruto. Así incluso el hombre sin la fuerza vital de la fe no es nada, sin la comprensión de la enseñanza y las Escrituras no da fruto. Por lo cual también el tortuoso camino del corazón del hombre, en el que se formulan estos pensamientos de muerte por desesperación, es destruido por el divino poder ya que Dios rechaza la desesperación. Ninguna criatura se alegra con la desesperación. Esto se ha dicho sobre la purificación y la salvación de las almas de los penitentes y es digno de fe. Quien tiene fe lo considera cuidadosamente y lo recuerda para actuar el bien.


LA LUJURIA

Después de esto, vi otros espíritus malignos en la muchedumbre que mencioné antes que proclamaban a grandes voces: “¿No es quizás grande lo que Lucifer hizo? Y nosotros pensamos como él”. Estos espíritus son los que arrastran los hombres a la lujuria y les exhortan a satisfacer el placer de su carne.


LXVII. PENAS DE PURIFICACIÓN DE LAS ALMAS DE LOS QUE PECARON DE LUJURIA Y FORNICACIÓN, Y RAZÓN DEL CASTIGO.

Y vi que el fuego más grande ardía con intenso ardor, sobre el que se derramaba el más terrible veneno y fétido azufre. Alimentado con sobrecogedora fuerza el fuego producía fragorosas detonaciones. Con estas penas fueron torturadas las almas de los que se esclavizaron su cuerpo con lujuria y fornicación. Tuvieron que soportar el fuego a causa del incendio de la lujuria; fueron contaminadas con veneno por la obscenidad que satisficieron en la lujuria, y fueron atormentadas con azufre por la incesante y perversa obra de este vicio.


LXVIII. PENAS DE PURIFICACIÓN CON LAS QUE SE CASTIGA A LAS ALMAS QUE COMETIERON ADULTERIO, Y RAZÓN DE SU CASTIGO.

En este fuego había otro fuego en el que los espíritus malignos precipitaban y luego elevaban de nuevo las almas de los que cometieron adulterio, lo mismo que se dobla aquí y allá una rama flexible que se entrelaza en una empalizada. Como mancharon sus cuerpos con el adulterio mientras estuvieron vivos, sus almas fueron precipitadas en aquel otro fuego que he dicho. Y ya que en vida se unieron a extraños, fueron sacudidas de un fuego al otro.


LXIX. PENAS DE PURIFICACIÓN CON LAS QUE SE PURIFICAN LAS ALMAS DE LOS QUE HICIERON A DIOS VOTO DE CASTIDAD Y LUEGO LO VIOLARON, Y RAZÓN DEL CASTIGO.

Dirigí luego la mirada hacia la enorme altura de una masa de aire de la que caía mezclados granizo de fuego y frío. Allí estaban las almas de los que en vida hicieron a Dios voto de castidad y lo violaron, que caían de aquella altura, y de nuevo, como empujadas por el viento, volvían allí, como encarcelados por las tinieblas hasta el punto de que no podían moverse, los golpeaba el granizo de fuego y hielo y los espíritus malvados las ultrajaban diciendo: “¿Por qué habéis abandonado vergonzosamente el voto que hicisteis?” En efecto, cayeron de aquella altura por el voto de castidad que no habían respetado. Yacían atadas en las tinieblas a causa del olvido, porque no quisieron acordarse de su voto mientras pecaban voluntariamente. Tuvieron que soportar el granizo de fuego e hielo a causa del placer de la carne, que prefirieron al amor de Dios.


LXX. PENAS DE PURIFICACIÓN CON LAS QUE SE PURIFICAN LAS ALMAS DE LOS QUE SUBVIRTIERON LA NATURALEZA HUMANA CON RELACIONES INNATURALES Y RAZÓN DEL CASTIGO

También vi un vasto y profundo pantano lleno de horrible barro, en el que avanzaban, surcándolo las almas de los que, mientras habían estado vivos, habían subvertido su naturaleza humana, tanto hombres como mujeres, con relaciones innaturales en la fornicación. Los espíritus malignos vertieron agua ardiente sobre ellos y las forzaban con horcones ardientes a esconderse en el barro. En efecto, atravesaban por el barro ya que en vida menospreciaron con actos de libídine su humana naturaleza tanto en ellos mismos como en los otros. Los espíritus malvados vertieron sobre ellas agua ardiente, ya que lo hicieron con el ardor de la peor libídine. Fueron devueltas al barro por los espíritus malvados con los horcones ya que al practicar este vicio también renunciaron al humano pudor.


LXXI. PENAS DE PURIFICACIÓN CON LAS QUE SE JUZGA A LAS ALMAS DE LOS QUE FORNICARON CON GANADO, Y RAZÓN DEL CASTIGO

Y vi que los espíritus malignos, obligaron a las almas de los que fornicaron con ganado a pasar por varios fuegos, golpeándolas con flagelos ardientes como espinas y punzantes zarzas. También las bestias les echaron en cara su pecado. Las almas fueron torturadas por estiletes de fuego a causa de aquella conjunción inhumana. Fueron afligidas por los flagelos ardientes por la libídine extraviada de aquella conjunción, y fueron reprochados de sus pecados ya que no consideraron lo que hicieron.
Y vi y entendí esto


LXXII. DE QUÉ MODO LOS HOMBRES QUE PECAN DE LUJURIA Y FORNICACIÓN PUEDEN HACER PENITENCIA Y CASTIGAR ESTE PECADO EN SU CUERPO.

Y de nuevo oí una voz de la luz viviente que me dijo: “Las penas que ves son verdaderas, son tal como las ves y aún más. Por tanto, los hombres que quieran vencer los espíritus que los inducen a los actos impuros de lujuria, si quieren evitar sus castigos, castíguense con ayunos y latigazos e impongan a la misma carne sacrificios con oraciones excelsas, hasta que de este modo logren someterla al buen deseo del espíritu”.


LXXIII. LA FORNICACIÓN ES PARECIDA A LAS VÍBORAS Y A LAS BESTIAS QUE MATAN LOS OTROS ANIMALES.

La fornicación es parecida a las terribles víboras, que engañan arrastrándose, e incluso tiene en sí la maldad del diablo, que mata y abandona la justicia. Por este motivo los hombres que eligen la lujuria en la fornicación y descuidan las normas de la ley de Dios, matan tanto las almas como los cuerpos, tal como una bestia que convierte a otra en un cadáver putrefacto.


LXXIV. EL HOMBRE Y LA MUJER QUE SE UNEN GRACIAS A ARTES DE MAGIA, NO SON PARIENTES LEGALMENTE

Los que se someten mutuamente a una inmunda unión con artes horrorosas, no están unidos legalmente, ya que se ataron inicialmente a través de los artificios de una seducción idólatra.

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