LXXIII. EL DESEO DE CONTIENDA, ES UN MAL FALTO DE QUIETUD, HACE QUE LOS HOMBRES QUE QUIEREN PELEA IMITEN AL DIABLO.

El deseo de contienda es un mal falto de quietud, no quiere la concordia y rehuye de la paciencia. No soporta el ultraje, va a buscar a los hombres pendencieros, los exhorta a la pelea y no permite que se expresen pacíficamente. Es arrogante y resuelto en su discurso y ataca a todos con palabras pendencieras. Los hombres que quieren pelea imitan al diablo, que quiso ofuscar la belleza de los ángeles buenos y mostrarse más hermoso que ellos. Por lo cual, Dios le echó a él y sus seguidores en la infinita confusión, donde recibirán eterna deshonra, como explica David, inspirado por Mí cuándo dice:


LXXIV. PALABRAS DE DAVID SOBRE ESTE TEMA.

“Sean cubiertos de ignominia aquéllos que dicen mal contra mí, sean envueltos en su confusión como en doble capa”. (Salmo 109,29) que significa lo siguiente.
Sean cubiertos de eterna contrición los espíritus malvados que corroen los dones celestes con punzante maledicencia, recibiendo prendas de ignominia, ya que su buen nombre se ha desvanecido, puesto que no pudieran realizar lo que quisieron hacer. Su resplandor ha sido cambiado en oscuridad, cuando lo que ellos quisieron hacer fue destruido. Así tienen un manto de dúplice malicia, ya que han perdido la beatitud y vestido la infelicidad. Han sido alejados de la gloria y han recibido castigos. En efecto, estos espíritus proponen a los hombres destrozar todo lo que ha sido establecido bien y con honestidad, provocar peleas, como ellos hacen, ultrajar a sus superiores y dirigirse a sus superiores con descarada arrogancia. Como así está escrito:


LXXV. PALABRAS DEL GÉNESIS SOBRE ESTE TEMA.

“¿Quién te ha puesto príncipe y juez sobre nosotros?” (Éxodo 2,14) Estas palabras deben entenderse del modo siguiente:
“¿Qué autoridad o qué poder ha establecido que tú, que eres parecido a nosotros, nos gobiernes como señor como si no fuéramos hombres?, ¿Y qué tienes tú que juzgar nuestras acciones como si fueras Dios? ¿O que virtud te ha concedido este dominio, por el que tú nos haces girar como una rueda? Vosotros, que queréis ser superiores a nosotros y decís ser nuestros maestros, nos llamáis retorcidos y lentos, nos mandáis no pelear, os negáis a cumplir muchos otros actos que vosotros nos imponéis, e incluso nos exhortáis a evitar muchas acciones que vosotros ejecutáis tanto a hurtadillas como abiertamente”.
De esta manera el deseo de contienda aleja de sí a la ley y los maestros, y afirma que las sentencias de la ley no han sido establecidas justamente, sino según la voluntad y el poder de quién las hizo.
Aquellos que deseen salvar sus almas no anden con estos afanes de contienda, sino procedan pacíficamente en las palabras y en los hechos, y demuestren buena voluntad dirigida a trabajar por la justicia. Estas cosas se han dicho a propósito de la purificación y la salvación de las almas de los penitentes y son dignas de fe. Quien tiene fe las considera cuidadosamente y las recuerda para realizar el bien.


LA INFELICIDAD

Después de esto, vi otros espíritus malignos en la muchedumbre que mencioné antes, que proclamaban a grandes voces: “Nosotros no queremos otro Dios sino Lucifer. Un día y otro día Lucifer combatirá contra el que afirma de ser Dios”. Éstos sugieren a los hombres muchas infelicidades y los persuaden de haber nacido en la infelicidad.


LXXVI. PENAS DE PURIFICACIÓN DE LAS ALMAS DE LOS QUE SE CONSIDERABAN NACIDOS EN LA INFELICIDAD Y POR ESO PECARON, Y RAZÓN DEL CASTIGO.

Y vi un foso de gran extensión y profundidad, en el que se encontraban un fuego sulfúreo y diferentes gusanos. Allí se castigaba a las almas de los que en el mundo no confiaron plenamente en Dios, sino que atribuyeron cualquiera desgracia que les ocurriera a su naturaleza infeliz. Se encontraban en aquel foso porque no confiaron en Dios. El fuego sulfúreo les quemó ya que pecaron indignamente con su desconfianza. Tuvieron que sufrir los tormentos de los gusanos puesto que afirmaron que las desgracias que les tocaron eran consecuencia de su naturaleza infeliz.
Y vi y entendí todo esto.


LXXVII. DE QUÉ MANERA LOS HOMBRES, HACIENDO PENITENCIA, PUEDEN BORRAR DE SU CUERPO ESTE PECADO.

Y de nuevo oí una voz de la mencionada luz viviente que me dijo: “Las penas que ves son verdaderas y las ves tal como son. Pero si los hombres desean derrotar a estos espíritus que les sugieren la infelicidad y evitar así los castigos antes mencionados de la infelicidad, elijan una vida de ermitaño, o bien, sométanse a la obediencia de la vida monástica”.


LXXVIII. LOS QUE CREEN QUE HAN SIDO CREADOS EN LA DESGRACIA PECAN, YA QUE LA NATURALEZA DEL HOMBRE ES BUENA.

En efecto, cuando a ciertos hombres les vienen desgracias, pierden la fe en Dios. Juzgan haber sido creados desdichadamente y en la desgracia, y dicen: “Dios no quiere y no puede socorrernos, hemos nacido en tan gran infelicidad que no podemos encontrar ayuda”. Los que pronuncian estas palabras para sí, que recapaciten, repongan su esperanza en la misericordia de Dios y afirmen a grandes voces, con grandes suspiros, que han pecado, para que puedan merecer obtener la gracia de Dios. En efecto, la naturaleza del hombre es buena, pero el hombre la dirige a su naturaleza contraria cuando permite a su carne ir sin rienda a cualquier sitio que guste. Estas cosas se han dicho a propósito de la purificación y la salvación de las almas de los penitentes y son dignas de fe. Quien tiene fe las considera cuidadosamente y las recuerda para realizar el bien.


LA INMODERACIÓN.

Después de esto, vi otros espíritus malignos en la muchedumbre que mencioné antes. Vociferaron contra los buenos y justos ángeles de Dios diciendo: “Si vosotros consagráis gloria y honor a vuestro Señor, también nosotros en igual modo lo hacemos al nuestro” Estos espíritus sugieren a los hombres desmesura y los exhortan a ser inmoderados en todas sus acciones.


LXXIX. PENAS DE PURIFICACIÓN DE LAS ALMAS DE LOS QUE PECARON DE INMODERACIÓN, Y RAZÓN DEL CASTIGO.

Y vi un mar de extraordinario largo y ancho que, bien mezclado con azufre, hervía en toda su amplitud en fuego violento. Allí eran torturadas las almas de los que mientras se encontraron en su cuerpo demostraron inmoderación en sus palabras y acciones, en todos los movimientos de su cuerpo y en sus pensamientos, y no quisieron poner límite a ninguna de estas cosas inadecuadas que hicieron. En efecto, a causa de los pecados despreciables en los que se zambulleron en vida, las almas fueron sumergidas en las aguas del mar. A causa del olvido por el que no quisieron reconocer a Dios fueron atormentadas por el azufre, y por haber descuidado la ley de Dios fueron castigadas por el fuego.
Y vi y entendí esto.


LXXX. DE QUÉ MANERA LOS HOMBRES, HACIENDO PENITENCIA, PUEDEN CASTIGAR ESTE PECADO EN SU CUERPO.

Y de nuevo oí una voz de la luz viviente que me dijo: “Las penas que ves son verdaderas. Pero si los hombres que demuestran inmoderación en todo lo que hacen quisieran evitar los espíritus malignos que los atormentan con este vicio además de huir de su castigo, impónganse el yugo de la obediencia y absténganse de comidas suculentas”.


LXXXI. LA INMODERACIÓN QUIERE EXCEDERSE EN TODO Y SERÁ DISPERSADA COMO POLVO.

En efecto la inmoderación no se encuentra viviendo plenamente ni en el cielo ni en la tierra, porque cada uno de sus pasos conduce a la incertidumbre. En su exageración está presente en todas partes y dice: “Estaría perdida, si no pudiera indagar a fondo en cada cosa”. Pero no desea ni quiere la paz, y por este motivo se vuelve sobre sí misma como una rueda que ha sido empujada. Como el polvo que se esparce por la tempestad, así también es dispersada, ya que solo acumula el exceso. Por este motivo, se puede encontrar tanto en los habitantes de la tierra puestos por Dios sobre las aguas, como en los que se introducen en el mar con el que Dios circundó la tierra. A través de estos elementos el diablo sugiere a los hombres muchas acciones desmesuradas, hasta arrastrarlos a la confusión de la caída en que él mismo se precipitó. El diablo es hostil al hombre desde que el hombre ha sido creado por Dios para que se oponga al diablo y posea los bienes del cielo. Estas cosas se han dicho a propósito de la purificación y la salvación de las almas de los penitentes y son dignas de fe. Quien tiene fe las considera cuidadosamente y las recuerda para realizar el bien.


LA PERDICIÓN DE LAS ALMAS.

Después de esto, en la muchedumbre que mencioné antes vi otros espíritus malignos que proclamaban a grandes voces “¿Quién es Dios? ¿Y quiénes somos nosotros?” Tienen desprecio a Dios como si no fuera Dios, y persuaden los hombres a no confiar en Él, sino a despreciarlo en todas las maneras, hasta arrastrarlos consigo a la perdición.


LXXXII. PERDICIÓN DE LAS ALMAS DE LOS QUE DESPRECIAN A DIOS COMO SI NO FUERA DIOS Y ASÍ SE PRECIPITAN EN LA PERDICIÓN, Y RAZÓN DEL CASTIGO

Por esta perdición yo vi dispuesto el pozo del infierno con el diablo. En efecto los que no confían en Dios son dignos de recibir las penas del infierno. Y por el espíritu vivo vi y entendí esto.


LXXXIII. DE QUÉ FORMA LOS HOMBRES PUEDEN ALEJARSE DEL DIABLO Y DE LA PERDICIÓN

Y de nuevo oí una voz de la luz viviente que me dijo: “Estas cosas que ves son verdaderas y son tal como las ves. Por tanto, si los hombres quisieran alejar de sí los espíritus malignos que los exhortan a las obras que conducen a la perdición, y si desearán sustraerse a la perdición, confíen en Dios, cumplan de buena voluntad sus mandamientos con justicia y santidad en la medida en que sean capaces, y esfuércense con vigilias, ayunos y limosnas, hasta separarse del diablo que los conduce a su destrucción. En efecto, quien no tiene fe en Dios, ignora qué es el alma y no busca comprender o ver a Dios a través de los milagros que Él obra entre las criaturas. Dios se encuentra sobre una cumbre mucho más alta que el hombre y éste no puede verlo mientras esté vivo. Refulge para los hombres en el gran resplandor de sus obras y les ofrece todo lo que necesitan. ¿Y quién podría realizar ésto, si no Dios?”


LXXXIV. CUANDO SE PERMITE A LOS SIERVOS CONOCER TODOS LOS SECRETOS DE LOS DUEÑOS, QUIEREN DOMINARLOS.

¿Cómo podría favorecer al dueño, permitir que un criado conociera todos sus secretos? ¿Y por qué debería ser útil a la dueña, que su criada tuviera a conocimiento de todos sus secretos? Allí donde esto ocurre, los sirvientes quieren dominar a sus mismos dueños.


LXXXV. EN LA PUREZA DE LA FE, EL HOMBRE COMPRENDE A DIOS Y RECHAZA LOS ENGAÑOS DEL DIABLO

Si el hombre no se conoce a sí mismo ni las criaturas que ve, ¿de qué manera podría alcanzar su conocimiento de Dios, que no ve?
Comprenda a Dios, vea en la pureza de la fe, y no afirme en su desesperación que no sabe quién es aquel Dios que puede socorrerlo, ni afirme que ha sido sumergido en males tan profundos que no puede encontrar alegría o gozo en la vida. En efecto, la turba diabólica les sugiere a los hombres que Dios no es Dios, sino que es casi como una estatua. A causa de su maldad tratan de negar la gloria de la santidad, más que desear tenerla. El hombre que quiera salvarse no actúe así, sino confíe en Dios y rechace los engaños del diablo. Por la verdadera penitencia purifíquese de los pecados cuánto pueda, hasta que, cuando el alma haya abandonado su cuerpo, sea castigada más suavemente en aquella otra vida y sea sustraída más rápidamente de los castigos merecidos.
Estas cosas se han dicho para la purificación y la salvación de las almas penitentes y son dignas de fe. Quien tiene fe las considera cuidadosamente y las recuerda para realizar el bien.


FIN DE LA SEGUNDA PARTE

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