TERCERA PARTE

EL HOMBRE MIRA AL NORTE Y AL ESTE

CAPÍTULOS

Visión
I.- La queja de los elementos
II.- Respuesta de Dios a los elementos
La Primera Imagen
III.- Palabras de la Soberbia
IV.- Respuesta de la Humildad
La Segunda Imagen
V.- Palabras de la Envidia
VI.- Respuesta de la Caridad
La Tercera Imagen
VII.- Palabras de la Vanagloria
VIII.- Respuesta del Temor de Dios
La Cuarta Imagen
IX.- Palabras de la Desobediencia
X.- Respuesta de la Obediencia
La Quinta Imagen
XI.- Palabras de la Incredulidad.
XII.- Respuesta de la Fe
La Sexta Imagen
XIII.- Palabras de la Desesperación
XIV.- Respuesta de la Esperanza
La Séptima Imagen
XV.- Palabras de la Lujuria
XVI.- Respuesta de la Castidad
El Celo de Dios
XVII.- Palabras del Celo de Dios
XVIII.- Aunque el diablo no pare de seducir al hombre con los vicios, sin embargo no podrá llevarse la gloria de Dios
XIX.- Dios enseña a los hombres a no caer en la confusión de los pecados
XX.- Los vientos, el aire y fecundidad del mundo, obedeciendo plenamente a Dios, enseñan como el hombre, por sus buenas obras, devuelve gloria y honor no a sí mismo sino a Dios.
XXI.- Palabras de David sobre este tema
XXII.- Tal como los elementos unas veces germinan muchas criaturas y otras impiden su fertilidad, así a través de la buena fama surgen en el alma las virtudes y vuelven a ella por la contemplación que sale de las oraciones
XXIII.- Los elementos, que no se expresan a la manera humana, se arruinan por las iniquidades de los hombres, por lo cual ellos comparten su indignidad.
XXIV.- A veces Dios atormenta a los hombres sucios por los pecados, hasta que vuelvan a la penitencia.
XXV.- Dios quiere que todo sea puro en su presencia
XXVI.- Los vientos y el aire a menudo perjudican los frutos de la tierra, ya que los hombres no abren sus corazones a la justicia.
XXVII.- Algunos hombres perversos se preguntan quién puede ser aquel Dios que nunca han visto
XXVIII.- Los hombres ven a Dios por la ciencia del bien y las otras criaturas mortales
XXIX.- El hombre intenta limitar al Creador como si fuese otra criatura.
XXX.- Ningún hombre podría imaginar las Escrituras si la sabiduría no las hubiera dictado
XXXI.- Mientras que la creación cubra las necesidades temporales de hombres, el hombre no verá la perfección del gozo que los santos tendrán en la suprema felicidad, después del fin del mundo
XXXII.- El Libro de la Sabiduría sobre este tema
XXXIII.- La virtud de Dios vence completamente a los vicios que intentan oponerse a los siete dones del Espíritu Santo
XXXIV.- La Soberbia, su comportamiento y su sentido
XXXV.- La Envidia, su comportamiento y su sentido
XXXVI.- El Libro de la Sabiduría sobre este tema
XXXVII.- La Vanagloria, su comportamiento y su sentido
XXXVIII.- La Desobediencia, su comportamiento y su sentido
XXXIX.- La Incredulidad, su comportamiento y su sentido
XL.- Palabras de Pablo sobre este tema
XLI.- La desesperación, su comportamiento y su sentido.
XLII.- La lujuria, su comportamiento y su sentido
XLIII.- Palabras de Pablo sobre este tema
XLIV.- El Celo de Dios, su comportamiento y su sentido
XLV.- Palabras de Job sobres estas cosas
La Soberbia
XLVI.- Penas de purificación de las almas de los que pecaron de Soberbia y razón del castigo
XLVII.- De qué modo los hombres, haciendo penitencia, pueden castigar en su carne el pecado de Soberbia.
XLVIII.- El cilicio, el arrodillarse, los azotes, los suspiros y las lágrimas reprimen la Soberbia
XLIX.- La Soberbia, madre de los vicios, no brota en el rocío de bendición de las virtudes
La Envidia
L.- Penas de purificación de las almas de los que pecaron de Envidia y razón del castigo.
LI.- De qué manera los hombres, haciendo penitencia, pueden purificarse del pecado de Envidia.
LII.- Los envidiosos, que no quieren el bien de los demás, intentaron destruir a Cristo, por lo cual fueron destruidos.
LIII.- La Envidia, que revuelve con odio todas las fuerzas del alma del hombre, es parecida al diablo que intenta oponerse a Dios
La Vanagloria
LIV.- Penas de purificación de las almas de los que pecaron de Vanagloria en vida, y razón del castigo
LV.- De qué modo los hombres, haciendo penitencia, pueden castigar en su cuerpo el pecado de Vanagloria.
LVI.- La Vanagloria, que quiere realizar su voluntad, escarnece todo lo que es santo.
La Desobediencia
LVII.- Penas de purificación de las almas de los que pecaron de Desobediencia, y razón del castigo
LVIII.- De qué manera los hombres, haciendo penitencia, pueden juzgar en ellos en ellos mismos el pecado de Desobediencia.
LIX.- La Desobediencia, que es el peor mal, no quiere temer a Dios ni honrar al hombre
La Incredulidad
LX.- Penas de purificación de las almas de los que, cuando vivían, pecaron de Incredulidad, y razón del castigo.
LXI.- De qué modo los hombres, haciendo penitencia, pueden borrar en ellos mismos el pecado que contrajeron por la Incredulidad.
LXII.- La Incredulidad, que no confía en Dios ni en los hombres, desprecia la creación de Dios
LXIII.- Palabras de David sobre este tema
La Desesperación
LXIV.- Penas de purificación de las almas de los que, mientras vivían, desesperaron de la misericordia de Dios, y razón del castigo
LXV.- De qué modo los hombres pueden rechazar la Desesperación tanto en la dificultad como en la tranquilidad.
LXVI.- La Desesperación, al matar el alma del hombre, destruye todo bien
La Lujuria
LXVII.- Penas de purificación de las almas de los que pecaron de lujuria y fornicación, y razón de su castigo
LXVIII.- Penas de purificación con las que se castiga a las almas que cometieron adulterio, y razón de su castigo
LXIX.- Penas de purificación con las que se purifican las almas de los que hicieron a Dios voto de castidad y luego lo violaron, y razón del castigo.
LXX.- Penas de purificación con las que se purifican las almas de los que subvirtieron la naturaleza humana con relaciones innaturales y razón de su castigo
LXXI.- Penas de purificación con las que se juzga a las almas de los que fornicaron con ganado, y razón del castigo
LXXII.- De qué modo los hombres que pecan de lujuria y fornicación pueden hacer penitencia y castigar este pecado en su cuerpo
LXXIII.- La fornicación es parecida a las víboras y a las bestias que matan los otros animales
LXXIV.- El hombre y la mujer que se unen gracias a artes de magia, no son parientes legalmente.
LXXV.- De qué manera, haciendo penitencia, pueden castigarse los que pecaron de adulterio
LXXVI.- El adulterio, que es una grave injusticia, debilita las fuerzas de los adúlteros.
LXXVII.- Las vírgenes que no supieron mantener el voto de castidad, depongan los velos de la virginidad y reciban los de la viudez; para que así, haciendo penitencia, se mortifiquen.
LXXVIII.- El que se haya ofrecido a Dios y luego se haya vuelto atrás, es parecido a un pagano
LXXIX.- De qué modo tienen que mortificarse por penitencia los que, en la fornicación, cambiaron la tendencia humana natural.
LXXX.- El pecado de las relaciones contrarias a la naturaleza es una perversión y es la fuerza del corazón del diablo
LXXXI.- De qué manera pueden hacer penitencia los que se unen a ganado
LXXXII.- El hombre que fornica con ganado, con este pecado es peor que los gusanos, que al menos no se apartan de su naturaleza.
LXXXIII.- Cuando el hombre se deja arrollar por la lujuria, ofrece un sacrificio a los diablos y se busca la ruina, puesto que tiene que ser juzgado por Dios
LXXXIV.- Palabras de David sobre este tema

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