LV. A LOS HOMBRES QUE ANGUSTIAN A SUS ALLEGADOS, LA VENGANZA DE DIOS A MENUDO LOS ALEJA DE CUALQUIER FELICIDAD TERRENAL, PORQUE ÉL CONOCE TODO LO QUE ESTÁ ESCONDIDO.

Dios, en su oculto juicio, manda a ciertos hombres un castigo corporal, para que los que pecaron con el cuerpo, a través del cuerpo sean castigados. Sin embargo, por qué ocurre esto, sólo Él lo sabe, ya que Él no manifiesta todos sus secretos. En efecto, cuando algunos hombres ponen en situación crítica a los prójimos cercanos, les hurtan su propiedades y a modo de tiranos los someten como esclavos, la venganza de Dios los abate, de modo que tanto ellos como sus hijos no sean felices mientras vivan y de modo que ellos coman alimento de contrición y no alimento de alegría. Y ya que en ellos la maldad llega a la maldad completa, Dios también completa su sentencia con recto examen y recto juicio y con el fuego consume su confianza en ellos mismos y arrolla su fuerza, cuando derriba y destruye los baluartes en los cuales ellos confían más que en Dios.
Dios haciendo todo eso juzga justamente todas las acciones e impone sus juicios a cada uno según sus obras. En efecto, Dios lo sabe todo y su ciencia no provoca ruina a nadie: en caso contrario no sería el justo juez.
Pero el diablo, en cuanto él es capaz, intenta arruinar lo que ve y lo que conoce. Dios sin embargo siempre es y siempre será y por tanto conoce todas las cosas escondidas. El diablo en cambio, que tiene un principio, vio todas las cosas que estaban hechas, pero no escudriñó en profundidad su interior. Dios todo lo comprende, ya que todo lo ha creado, y lo ha hecho según su beneplácito.


LVI. DIOS NO CREÓ NINGÚN HOMBRE EN EL QUE NO EXISTIERA LA CIENCIA DEL BIEN Y EL MAL.

¿Ha habido alguna vez un hombre en el mundo privado del conocimiento del bien y del mal? No. Del conocimiento del bien y el mal del hombre deriva el amor y el temor respecto a Dios. Ambas capacidades el hombre las usa como un arado para que su campo se vuelva fértil, elimina los hierbajos, los desarraiga y no se cansa en esta fatiga. El hecho de que ni cielo ni tierra puedan subvertir este orden es un testimonio magnifico y una cosa tremenda. Cielo y tierra en efecto, no pueden subvertirlo, por que así se han establecido estos principios.
El que tenga deseo de vida, coja estas palabras y guárdelas en lo más profundo de su corazón.


LA GLOTONERÍA

Y he aquí vi otros espíritus malignos en la muchedumbre que mencioné antes. Ellos proclamaban a grandes voces: “¿Por qué Lucifer debe ser un siervo sometido, cuando a él le correspondería ser el señor?” Estos espíritus proponen a los hombres la voracidad, y con sus persuasiones los inducen a la glotonería.


LVII. PENAS DE PURIFICACIÓN DE LAS ALMAS DE LOS QUE EN VIDA PECARON DE GLOTONERÍA, RAZÓN DEL CASTIGO.

Y vi un gran fuego ardiente e impetuoso, que tenía incluso un núcleo oscuro que ardía con intensidad todavía mayor. En el fuego y en su núcleo oscuro eran castigadas las almas que se dieron con su cuerpo a la glotonería. Algunos de los espíritus que he descrito sacudieron chispas del fuego con las que atormentaron a las almas, diciendo. “¡Ay, esos quisieron sus cuerpos más de sus almas!” En efecto, por el gran apetito de comidas y bebidas con el que impregnaron sus cuerpos mientras estuvieron en él, las almas padecen el ardor del fuego. Debido a las vilezas numerosas, que perpetraron con su voracidad, tuvieron que soportar el núcleo oscuro. Tuvieron que tolerar las chispas del fuego y las risas de escarnio de los espíritus ya que actuaron así más allá de medida y sin motivo.
Y por el Espíritu viviente vi y entendí esto.


LVIII. DE QUÉ MANERA LOS HOMBRES HACIENDO PENITENCIA PUEDAN BORRAR EN ELLOS MISMOS ESTE PECADO.

Y de nuevo oí una voz de la luz viviente que me dijo: “Estas cosas que ves son verdaderas. Pero los hombres que se entregan a la glotonería, si quieren evitar los ataques diabólicos y los sufrimientos del castigo, practiquen abstinencia de las comidas y de las bebidas según la entidad y el exceso de la falta, y según el permiso de su consejero espiritual”.


LIX. DE LOS QUE TIENEN GLOTONERÍA SE PUEDE DECIR QUE SU VIENTRE ES SU DIOS.

Los que eligieron la glotonería a menudo gritan contra Dios y tratan de provocarlo con injurias diciendo: “¿Por qué Dios nos creó para la gloria y luego nos la quitó como si no deberíamos tenerla? ¿No podemos hacer lo que nos agrada?” Se puede decir que su vientre es su Dios, ya que dirigen todo pensamiento, preocupación y deseo a llenarse el vientre. Y actuando según su propia voluntad, dedican todos sus esfuerzos a llenar su vientre. Por eso, sobre tal pecado está escrito.


LX. PALABRAS DE MOISÉS

“¿Dónde están sus dioses, en los que buscaban su refugio? Ellos comían la grasa de sus sacrificios y bebían el vino de sus libaciones” (Deuteronomio 32,37-38). Debe entenderse así:
¿Dónde está la gloria en la que los glotones pusieron su esperanza, cuándo en numerosos banquetes se llenaron hasta el exceso, cosa que les agradó muchísimo? Ahora su gloria no es otra que el tormento y la condición de infelicidad de los hombres perdidos que fueron atraídos y llevados a la confusión por sus preferencias.
Ésta es su confianza, la comida tragada sin moderación. Por ella sólo consiguen una confianza engañosa, por la cual aconsejan a otros hombres entregarse a insensatos banquetes. La glotonería es como un fuego avivado por un fuelle, así todos los males nacen de un vientre demasiado lleno.
¿Qué confianza o que victoria se puede encontrar en las comidas que matan y destruyen totalmente? El diablo sabe que el hombre no puede prescindir de la comida y que tiene que respetar los mandamientos de Dios, por tanto en primer lugar lo persuade de quebrantar los mandamientos de Dios con las comidas y con las bebidas, para engañarlo después más fácilmente. El diablo intenta persuadir al hombre para que realice lo que tiene ante sí mismo, o sea, su propia intención. Como consecuencia de su perversidad los espíritus malignos han sido echados a los tormentos infernales y no tienen otra alegría sino la de engañar a los hombres todo el tiempo que el hombre pueda obrar el bien y el mal. Después, estos espíritus malignos no tendrán ninguna alegría, solo tendrán el completo suplicio de los castigos.
Los malos espíritus, con el pretexto de los ídolos, quisieron que los hombres ofrecieran a los convidados víctimas y enjundia y vino en inútiles banquetes, puesto que asignan a los banquetes lo que Dios, en el antiguo Testamento, ordenó que fuera quemado, pues Dios prescribe que los hombres deberían abstenerse de algunas comidas y mantenerse alejados del pecado, mandamiento que el diablo quebranta completamente. En efecto, la abstinencia de las comidas no produce lujuria, mientras que la glotonería la fomenta. Por tanto el hombre que quiera servir a Dios huya de la voracidad y aleje su vientre de este vicio. Esto se ha dicho a propósito de la purificación y la salvación de las almas de los penitentes y es verdadero. Quien tiene fe lo considera cuidadosamente y lo recuerda para actuar el bien.


LA ASPEREZA

Después de esto, vi otros espíritus malignos en la muchedumbre que mencioné antes. Ellos proclamaban a grandes voces: “¿Qué hace el que se dice Dios? ¿Y que hay que decir si Lucifer deseara este honor?” Estos espíritus inspiran en los hombres la aspereza y los persuaden para mostrarse desagradables respecto a los mandamientos de Dios y respecto a los hombres.


LXI. PENAS DE PURIFICACIÓN DE LAS ALMAS DE LOS QUE PECARON DE ASPEREZA, Y RAZÓN DEL CASTIGO.

Y vi un enorme fuego de color negro, rojo y blanco, donde había horrorosas víboras ígneas que lanzaban una gran cantidad de fuego de sus bocas. Las almas de aquellos que mientras se encontraban en su cuerpo se hicieron a esclavas del vicio de aspereza, fueron quemadas en este fuego y fueron torturadas por las víboras. Tuvieron que soportar la llama negra a causa de la incredulidad que habían escondido dentro de ellos. Padecieron la llama roja a causa de la aspereza en sus corazones. Fueron castigadas con la llama blanca por el engaño y burla que tuvieron. Fueron atormentadas por las víboras ya que en sus palabras y en sus obras, pusieron una barrera de desagradable amargura contra el orden divino y contra el afecto humano.
Y vi y entendí esto


LXII. DE QUÉ MANERA LOS HOMBRES, HACIENDO PENITENCIA, PUEDAN CASTIGAR EN SU CUERPO ESTE PECADO.

Y de la luz viviente de nuevo oí una voz que me dijo: “Lo que ves es verdadero. Por tanto los que se oponen a Dios y a los hombres con su aspereza, si no quisieran someterse a las vejaciones de los espíritus y los castigos que he dicho, esfuércense en ayunos y oraciones según la entidad de su trasgresión y según la indicación del juez que los juzga, ya que en su gran aspereza han despreciado a Dios”.


LXIII. LA ASPEREZA, QUE RECHAZA A DIOS, CAMBIA EN EL HOMBRE ÁSPERO LA VERDAD EN MENTIRA, Y A VECES MATA AL HOMBRE AUNQUE HUBIERA PROMETIDO SER SU DEFENSA.

La Aspereza rechaza a Dios. Ella no estima su bondad, no busca su misericordia y no ama sus decisiones, sino que contra estos bienes rechina los dientes y dice malas palabras. En todas las circunstancias elige por sí la seguridad y no prevé qué hará por amor ni por temor de Dios. Hace lo que quiere y lo que no quiere, lo corroe con su maldad. El hombre áspero y desagradable huye de la sabiduría, abandona la beatitud y humilla la caridad, odia las obras de estas virtudes y devuelve mentira por verdad. Incluso un hombre de tal ralea se revuelca en la amargura, ya que vende su vida a los trabajos de muerte, bebe la copa de la muerte y en su tramposa búsqueda quiere descubrir de qué manera apoderarse de cada cosa, de qué manera dividirla según su voluntad, y luego rechazarla. Luego, a veces mata al hombre aunque hubiera prometido ser su defensa. La amargura no planta nada que puede ser cosechado en la fe y en la utilidad, tampoco recoge en los graneros lo que Dios les distribuye a sus hijos. Por hacer trabajos sin valor, gime horriblemente y no desea el gozo de la vida. En sus trabajos penosos tiene dolores, pero tampoco invoca a Dios.
Estas cosas, sin embargo, se han dicho a propósito de la purificación y la salvación de las almas de los penitentes y son dignas de fe. Quien tiene fe las considera cuidadosamente y las recuerdas para realizar el bien.


LA IMPIEDAD

Después de esto, vi otros espíritus malignos en la muchedumbre que mencioné antes, que proclamaban a grandes voces: “Lucifer tiene en sí milagros más grandes y en mayor número de cuántos están en Dios. Nosotros sabemos quien es Lucifer y no queremos a otro señor”. Estos espíritus exhortan los hombres a la falta de piedad, que muchos hombres, para su mal, eligen e imitan con placer.


LXIV. PENAS DE PURIFICACIÓN DE LAS ALMAS DE LOS QUE PECARON DE IMPIEDAD EN VIDA, RAZÓN DEL CASTIGO.

Y vi un gran fuego rebosante de plomo ardiente e hirviente, mezclado con azufre, que contenía todo género de gusanos ardientes. Las almas que practicaron la impiedad en su cuerpo fueron afligidas con estos tormentos. Fueron sometidas al ardor de aquel fuego por la maldad de su impiedad. Tuvieron que soportar el plomo hirviente a consecuencia del peso pesado de su impiedad. Fueron castigadas con el azufre por la indignidad con que despreciaron los demás, y fueron torturadas por los horrorosos gusanos por el furor manifestado en su falta de piedad, cuando no quisieron reconocer a los hombres.
Y por el espíritu viviente vi y entendí esto.


LXV. DE QUÉ MANERA LOS HOMBRES HACIENDO PENITENCIA PUEDAN BORRAR EN ELLOS MISMOS ESTE PECADO.

Y de nuevo oí una voz de la luz viviente que me dijo: “Lo que ves es verdadero. Pero los hombres que incluyen la impiedad en sus obras, si quieren evitar las sugerencias de estos espíritus y escaparse de los peligros de estos castigos, deben someter sus cuerpos a ayunos y a mortificaciones en la medida en que lo establezca el consejero espiritual de sus almas, ya que ejecutaron muchas obras sin piedad”.

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