XLIV. LA IMPIEDAD, SU COMPORTAMIENTO Y SU SENTIDO.

La tercera imagen representa la Impiedad. Va después de la Aspereza, porque cuando se encuentra aspereza en los corazones de los hombres, sobreviene la falta de piedad, que no se alegra en los bienes del Dios, sino que destroza todos los que puede.
Y tiene aspecto de hombre, salvo que su cabeza, que se pega a su cuerpo entre sus omóplatos, parece la cabeza de una bestia salvaje más que la cabeza de un hombre. Esto es porque reina sobre los hombres y enseña ya desde su principio su peculiar carácter, tiene claramente modos agresivos de bestia, pero también tramposos, ya que se esconde detrás del aspecto de hombre. Rechaza la verdadera doctrina que lleva al bien, y la obediencia que sabe someterse a Dios y carece enteramente de la belleza de la justicia.
Tiene ojos grandes y encendidos y boca como un leopardo, porque mostrando en su mirada gran aspereza con ardiente furor, destroza y devora todo lo que puede. No quiere gracia ni misericordia, no distingue la sabiduría en la discreción, sino que intenta pisar de cualquier modo a los santos y a los justos.
De una y otra mandíbula desciende hacia el mentón una línea del color de la pez, porque tanto en su gran furor como en la  mordacidad de sus obras  tiene la tenacidad de su horrorosa y pésima voluntad que también se encamina hacia la necedad: pues sin el honor de Dios está en la ilusión del engaño.
De ambos lados de la boca cuelga la cabeza de una serpiente, pues a consecuencia de su desprecio a Dios y al hombre no pone límites a su agresividad, y siempre procede con nuevos movimientos al modo de las serpientes. Y de la boca emite muchas llamas. En efecto, lacera a los hombres con los ardientes dardos de sus palabras hasta ponerlos furiosos de muchos modos diferentes.
Está sobre sus rodillas, con el resto del cuerpo erguido. Es decir, dirige su fuerza al culto de los ídolos, y hace que los hombres caigan en la impiedad, tal como los idólatras, e incluso los engaña, hasta el punto que creen ser justos y practicar la justicia.
Circunda su cabeza con un velo de negra pez a la manera de las mujeres. Porque envuelve los corazones de los hombres de dureza con una sombra ligera, pero tenebrosa y persistente. Y sobre el resto del cuerpo viste una prenda totalmente negra, ya que se reviste con el error de la más malvada crueldad, por lo que está privado de la blancura de la vida. De la prenda cuelgan mangas vacías, y tiene recogidos los brazos en su interior, lo que significa que sus obras no producen nada útil, sino que faltos de vigor a ningún hombre se le manifiesta como un bien, como este mismo vicio habló anteriormente en este sentido. Le respondió la virtud de la Piedad, y le demostró que vive en la maldición eterna.


XLV. LA FALSEDAD, SU COMPORTAMIENTO Y SU SENTIDO.

La cuarta imagen representa la Falsedad. Sigue después de la Impiedad, porque cuando un hombre es impío, se acerca a la falsedad, rechaza la Verdad e inventa todo tipo de mentiras.
Está rodeada por una oscuridad tan densa que no se puede distinguir ninguno de sus miembros. En efecto, se acoraza en la incredulidad y no tiene en sí ninguna rectitud de buenas obras. No se encuentra en ella ninguna integridad, sino sólo abunda en ella la oscuridad de la muerte.
Pero, que sólo se logre entrever en aquellas tinieblas su aspecto de hombre deforme y monstruoso, significa que careciendo de la belleza de la verdad y del decoro de la justicia, en todas sus palabras y en todas sus acciones no emplea para nada la integridad, sino sólo anda en la oscuridad de la muerte de modo que se mueve tanto en la certeza como en la incertidumbre. En ella no se encuentra el cuidado del amor en el que se ve a Dios, sino el infructuoso y falaz engaño que ella perpetra a continuación contra los hombres y a través de los hombres.
Y está de pie sobre una especie de espuma seca, endurecida y negra, que expele de vez en cuando llamas de fuego. Significa que la falsedad, que se basa sobre el engaño con palabras faltas de fuerza, aparece seca sin la fecundidad de la justicia, aparece dura sin la suavidad de la benevolencia y aparece negra sin la blancura de la virtud. En ella no existe serenidad, sino solo la llama ultrajosa de la cólera, como la imagen hace comprender en su discurso antedicho. Pero se ve frenada por la respuesta de la auténtica verdad, que advierte a los hombres que sean sinceros. En efecto, los que aman la mentiras no solo se dan a este vicio, sino que también se entregan a los otros. Y dado que uno con otro son un todo, pasan a nuevas mentiras como muestra el profeta David, inspirado en la Verdad de mi Espíritu, cuando dice:


XLVI. PALABRAS DE DAVID SOBRE ESTE TEMA

“Los impíos están extraviados desde el nacimiento, son mentirosos desde el seno maternos”. (Salm 58, 4) El sentido es el siguiente:
El primer pecado tuvo origen en aquella comida que convirtió en mortalidad la santa y feliz naturaleza del hombre. A través de esta comida la ciencia del bien se adormeció y tuvo origen la ciencia del mal. Los transgresores de la justicia se han alejado de la auténtica Verdad y la naturaleza humana ha sido extraviada por su nacimiento venenoso a través de la boca de la serpiente, que preguntó en su engaño por qué motivo el hombre no comía la manzana. Pero cuando nuestros primeros padres infringieron el mandamiento de Dios por consejo de la serpiente, murieron con el pecado. Por lo cual los hijos nacidos de ellos están, desde su concepción apartados de la protección de la santidad, con la muerte del olvido de Dios.
Por tal motivo, los hombres deben observar severa y gran abstinencia en el empleo de las comidas, ya que el antiguo enemigo con sus fauces voraces engañó al hombre en primer lugar con la comida. Ya que, en cuanto el hombre exige la comida, enseguida sobreviene la glotonería, que querría llenar el vientre con todo tipo de viandas y llevar todos los caminos de la ciencia del bien al error.
Y así los hombres se han equivocado ya desde el seno materno, es decir, cuando nuestros primeros padres dieron principio al pecado con el pecado original y con este extravío luego se inclinaron al pecado. En efecto, al gusto de la comida siguió el gusto por el pecado, y cuando ejecutaron actos de este género empezaron a decir mentiras, ya que el diablo, a través de la comida construyó la gran mentira con que renegó de Dios y su justicia. Así también hacen todos los que llenan con voracidad el propio vientre por exceso de comida y por embriaguez. En efecto, los hijos de los hombres se vuelven mentirosos por exceso de comida y borrachera de vino, y descuidan y reniegan de la verdad. Y como desde el origen de los hombres está la sugestión del diablo, los hombres se vuelven mentirosos, tal como hace el diablo y así se arruinan ellos mismos y a los demás. Cuándo se oponen a Dios, que creó cielo y tierra, ¿dónde estarán, sino en el infierno?
Pero mientras tanto, a la perdición la llaman vida, y parecen conseguir el cielo con sus palabras, pero no lo han pretendido nunca y no podrán ganárselo nunca. También afirman que la perdición es un gran honor y con las mismas mentiras engañan el hombre de todas las formas posibles. Con escarnio incluso alaban al hombre y con el engaño lo matan, así son parecidos a los que construyeron el becerro sobre el Oreb y afirmaron que era el Dios de Israel. Los hombres que así actúan viven en la mentira. No se dicen mutuamente más que banalidades y se prometen darse todas las cosas que se encuentran en la creación, según su propia voluntad. Todos los que actúan de este modo han muerto, como también han muerto los ídolos: están en el Norte con el viento del Norte, y así caerán.


XLVII. EL DESEO DE CONTIENDA, SU COMPORTAMIENTO Y SU SENTIDO.

La quinta imagen representa el Deseo de Contienda, que viene detrás de la falsedad, porque cuando el hombre es falso incurre fraudulentamente en el deseo de contienda y cada uno pelea con su propio hermano con malicia y más allá de cualquier límite de la justicia.
Se muestra con aspecto de hombre de pelo crespo y negro, y rostro de fuego, ya que el hombre, que está dotado de razón, quiere la contienda más de los otros animales, que no lo están. En su afán de buscar pelea, a menudo hace bromas sobre las otras criaturas, y lo hace en el tortuoso camino de su ciencia y en la tensión de su voluntad, que como fuego ardiente todo destruye, con retorcida impudicia y tétrica molestia, cuando furibundo, delira en su cólera. El hecho de que vista una capa de muchos colores con aperturas sobre los hombros por los que hace pasar los brazo, significa que cubre sus deseos entre los matices de otros vicios. Por lo cual, no teniendo integridad por la entidad de su locura, ni sentido del límite, sino sólo los agujeros de las aperturas de los brazos, estira sus brazos y sus actos según su propia voluntad. En efecto, quien quiere contienda no respeta la voluntad o la utilidad de los otros, sino que actúa sólo según la voluntad de sus mismos deseos. Con el brazo izquierdo sujeta un hacha que aprieta fuertemente contra sí, porque con áspera terquedad piensa en las palabras ofensivas que reúne en torno a sí de modos perversos.
Corta sus manos con este hacha, dándose cortes en un impulso de furor, de modo que su ropa está empapada con la sangre. Con los dardos de las palabras hostiles frecuentemente perjudica su obra, cuando se atrae injurias con su locura. Revela su conciencia a los demás con la culpabilidad de sus propias palabras y se exaspera porque con sus invectivas se aturde a sí mismo y a los demás. Todo esto lo mostró claramente en sus anteriores palabras. Pero a este vicio se le opone el juicio de la suprema paz, que exhorta a los hombres a que le eviten.


XLVIII. LA INFELICIDAD, SU COMPORTAMIENTO Y SU SENTIDO.

La sexta imagen quiere significar la Infelicidad, que se aleja de todos los bienes de Dios y sigue aquí al deseo de contienda, ya que los hombres que creen tener la salvación, como no veneran a Dios, incurrirán en la muerte.
Y es parecida a un leproso y tiene pelo negro, pues, lo mismo que la lepra se separa de los sanos y de los puros para no tocarles, así la infelicidad está segregada de todas las virtudes de Dios y no reluce con ningún resplandor. Sin embargo, parece un hombre, ya que, mientras que todas las criaturas se muestran felices al obedecer Dios, el hombre se fuerza en ser infeliz por sugerencia diabólica. Y profundiza en este estado en la oscuridad de las excesivas y múltiples iniquidades, como el negro de su pelo, y no muestra ninguna vergüenza al no aceptar la corrección y la admonición de los sabios.
No tiene ropa, pero se cubre con anchas hojas de muchas plantas. Significa que careciendo de cualquier bien de santidad se encuentra privada del gozo de la salvación, pero se reviste de la inestabilidad de muchas vanidades y trata de conseguir la felicidad cambiando continuamente de comportamiento, cosa que no puede ser. Con las manos se golpea el pecho, ya que cuando examina lo íntimo de su corazón donde encuentra malas obras, culpa a su conciencia de ellas. No tiene ninguna esperanza en Dios, pero suspira y sufre mucho desconsuelo, como demuestran sus palabras cuando habló anteriormente. La refuta la Felicidad, que enseña a los hombres a no deleitarse en este estado.


XLIX. LA INMODERACIÓN, SU COMPORTAMIENTO Y SU SENTIDO.

La séptima imagen representa la Inmoderación, que acompaña oportunamente aquí a la Infelicidad. Cuando el hombre se rebela, incluso favorecido por los bienes de Dios, enseguida la inmoderación empieza desordenadamente a difundirse por todas partes donde es capaz, creyendo estar fundada sólidamente. Sin embargo no logrará nada, ya que lo que está contra Dios no puede estar firme, sino que irá a la ruina.
Esta imagen es como un lobo, porque sin discreción, el hombre tiene la locura del engaño y la mudable aspereza del mal. Está acurrucado sobre las patas y acecha por todas partes para devorar todo lo que logre agarrar. Significa que doblado por su propia fuerza, el hombre se inclina por su propia voluntad hacia la parte inferior de los caminos peores y considera todas las vanidades para acumularlas y por su medio destruir completamente y anular el decoro de la recta moderación, y realizar los placeres de sus propios deseos. Todo esto mostró en sus palabras anteriores. La verdadera Discreción le contesta y anima a los hombres a observar en cada circunstancia una moderación conveniente.


L. LA PERDICIÓN DE LAS ALMAS, SU COMPORTAMIENTO Y SU SENTIDO.

La octava imagen significa la Perdición de las almas. Sigue al desatino que viene después de la Inmoderación, pues cuando el hombre por falta de moderación se rebela contra Dios, abiertamente incurre en la perdición del alma. Ella rechaza estar con Dios y rechina los dientes contra Él, y quiere demostrar que es una montaña de salvación, mientras en cambio es solo ruina total, en la cual ya el primer ángel originó su derrumbe, así como el de todos aquellos que siguieron después de él.
Y es parecida a una torre que tiene sobre la parte superior una fortificación en la que se abren tres ventanas. Significa que la perdición es grande e inquebrantable como una torre, sobre la cual la soberbia, casi en la cumbre, aparece firme como una fortificación. Y no alcanza a Dios, sino solo la tristeza de muerte. Mira fuera con sus sentidos, intelecto y ciencia como si fueran tres ventanas, para llevar a las almas a la perdición. Con estos tres poderes incluso reniega de la verdadera fe en la Santa Trinidad, ya que no cree que un único Dios exista en tres Personas y tres Personas en un único Dios. Que bajo estas tres ventanas aparezcan dos brazos de hombre, cuyas manos se extienden sobre la fortificación, significa que la perdición de por sí no tiene ningún temeroso respeto por Dios sino sólo para la fuerza del diablo, por lo cual el hombre con la incredulidad siempre se dirige al mal. Y sobre sus malas obras extiende su mortífera seguridad, ya que no dirige a Dios su esperanza, sino solo a una vacía vanidad.
Aquellos brazos están cubiertos de tinieblas como de mangas, las manos están desnudas, pero sin embargo ardientes. Significa que la fuerza y la perversidad de la perdición se encuentra en la oscuridad y en el secreto de las costumbres propia de ladrones, porque a hurtadillas arruina las almas de los que la siguen. Las obras de los hombres malvados están desnudas y carentes de toda santidad, pero sin embargo son ardientes con el fuego de la amargura, sin esperanza alguna de salvación. En efecto, la perdición de las almas no busca nada, no desea nada más que conducir a las almas dónde también ella se encuentra, tal como demuestra con las palabras antes referidas. Pero la Salvación de las almas refuta a la perdición de las almas, y advierte a los hombres que no imiten este vicio, ya que la perdición de las almas no da ningún valor a la salvación. Ella es perdición en la perdición y no encuentra ningún medio de salvación en la salvación ya que se alinea contra Dios. En efecto, quiso unirse al que no tiene ninguna luz, sino que mora en las tinieblas, como dice el profeta Jeremías inspirado por el Espíritu Santo.


LI: EL PROFETA JEREMIAS SOBRE ESTE TEMA

“¿Por qué, Israel, por qué estas en país de enemigos?, envejeces en un país extraño, te has contaminado con cadáveres, contado entre los que bajan al abismo. Has abandonado el manantial de la sabiduría. ¡Si tú hubieras andado por el camino de Dios, habrías vivido en paz eternamente!” (Baruc 3, 10-13)1. El sentido de estas palabras es el siguiente.
¿De dónde viene este mal por el que tú, que eres un signo de todos los milagros de Dios, y que eres llamado cielo con todas sus estrellas, en el que tú habrías tenido que ver a Dios, eres visto como el lugar donde moran todos tus enemigos? ¿De dónde proviene aquel mal por el que tú, en aquella parte en que tu mente es tierra, es decir colmada de pensamientos terrenales, eres visto como el lugar donde moran todos tus enemigos?
En efecto, pululan en tu carne malos deseos que son hostiles al alma. Tu tierra o bien tu naturaleza terrenal, empieza a bromear, al principio de su fecundidad, luego comienza la lascivia y con eso se precipita en la profundidad del mar. Estas son las acciones miserables, tibias y vergonzosas con las cuales tu mente envejece en tierra extraña, y te encuentras inmerso en pecados que son contrarios a la santidad. A Dios ni lo conoces ni lo quieres conocer; no te atienes de ningún modo a sus mandamientos. Pero tú duermes en su ley y en este sueño te has ensuciado con obras muertas que por su incredulidad repugnan a Dios y a todos sus santos. Por tanto has sido destinado a la destrucción con los que tienen morada entre los tormentos del infierno, los que no vieron la luz de la fe, no observaron el sol de la misericordia, y abandonaron la luna de la santidad con todas las estrellas de las virtudes, rechazando la luz de toda gracia de Dios.
Y así has abandonado el manantial de la sabiduría, es decir la vida sin fin que está en Dios, vida que ningún hombre por más que sepa, conozca y vea, podrá agotar. En efecto, si tú hubieras caminado en la vía de los mandamientos de Dios y siguieras las huellas de Cristo, en ti resplandecería la felicidad. El honor del Dios de los Ejércitos te llevaría a la verdadera vida y así habitarías en una unión de paz y caridad. Dios sobre la tierra te revelaría a los hombres, en el cielo a los ángeles, te mostraría como luz del resplandor en la fama de tus santas obras, te exaltaría como suave sonido de cítara. Pero ya que tú descuidaste todo esto, caerás en la mayor de las ruinas.
Pero tú, oh Israel, que deseas ver a Dios con tus santas obras, no imites a los hijos perdidos de Jacob que habrían tenido que despreciar el diablo, pero no lo hicieron. Realiza en cambio aquellas obras que Dios confió a Adán en el Paraíso, obras que luego engalanaron a Abel, obras que en la circuncisión de Abraham se manifestaron en la revelación de la verdadera Trinidad, se enseñaron a Moisés en la llama de la zarza ardiente y se les reveló por fin a los hijos de Israel, destruyendo con ello las obras perversas. Sube pues la escalera de las virtudes que le fue enseñada a Jacob, imitando a Cristo, el Hijo de Dios, revelador de extraordinarias virtudes, el que ofrece misericordia a todos los que la buscan: como demostró con su persona, cuando estuvo en el mundo según su voluntad. En efecto, Él descansó como el unicornio en el regazo de la Virgen y luego como el carnero subió al monte de las virtudes y los milagros, gracias a los que venció completamente al diablo y destruyó su poder.

1 Se anuncian unas palabras de Jeremías, que en la Biblia Católica figuran como de Baruc. Sobre Baruc, fiel discípulo y secretario de Jeremías, dice la Enciclopedia Católica: “Baruc escribió, bajo el dictado de Jeremías, el oráculo que ese gran profeta predijo a los judíos, también escribió la segunda y más extensa edición de las profecías de Jeremías. En la Biblia Católica la “Profecía de Baruc” consta de seis capítulos, el último de los cuales lleva el título tan especial de “Epístola de Jeremías” y no pertenece al libro propiamente dicho. La profecía de Baruc, siempre se la ha considerado por tradición obra suya. Muchos de los escritores sagrados de la Biblia fueron compiladores y Baruc puede y debe, de acuerdo con los escolásticos católicos que admiten el carácter compilatorio de la obra inscrita a él, ser contado entre ellos.”
En otra cita posterior sucede lo mismo. (5ª Parte, Cap XXXIV)


LII. EL CELO DE DIOS, SU ASPECTO Y SU SENTIDO.

Pero que veas que delante del Hombre hay un león que se ha vuelto contra estos vicios, significa que en la majestad de la divinidad está la humanidad del Salvador. El Salvador, que existe como Dios y como hombre, con la fuerte potencia de su Celo lucha contra los vicios diabólicos, y emitiendo un potente rugido en el viento, grita que los destruirá con el fuego del Espíritu Santo y así terminará con ellos, ya que ellos trataron de luchar contra Él. Gritó a grandes voces con el soplo del Espíritu Santo, cuando el Espíritu Santo empapó a sus discípulos. Entonces les mandó predicar y testimoniar la nueva santificación, para que por este medio pudieran sustraer a la antigua serpiente las almas perdidas y destruir las pésimas sugerencias con que la serpiente siempre se esfuerza para hacer guerra a la verdad y a la salvación de los hombres. Y aunque el diablo con sus perversas maquinaciones intenta oponerse a Cristo, el Hijo de Dios, apoderándose de sus elegidos, Cristo sin embargo, como león vigoroso, reduce a la nada y destruye completamente sus artes y sus tentativas, además de los vicios que le acompañan.


LIII. EL CELO DE DIOS A LOS HOMBRES QUE DESCUIDAN LA VOLUNTAD DE DIOS MUCHAS VECES LOS AFLIGE CORPORALMENTE CON MUCHOS CASTIGOS.

Y como con su divina potencia doma y derriba al diablo y a los vicios que están con él, y después de abatirlos los destruye, así a menudo, a causa de su celo, castiga, aflige corporalmente con tormentos físicos, y dispersa con muchos castigos a los hombres que se le oponen y que no aceptan las justas admoniciones que indica el camino de la santidad. Como la fortaleza del león devora a los otros animales, así la fortaleza y el celo de Dios destruyen las entrañas del diablo. Y su mismo celo destruye totalmente la primera mentira en la que el diablo ha construido su falacia. Este Celo destruye a sus enemigos, los que de entre de ellos afirman que no pueden hacer nada más que lo que les prescribe su propia naturaleza, contemplan continuamente cualquier cosa que les guste y se dejan entrampar en los vicios del diablo. Descuidan la voluntad de Dios y menosprecian las obras de Dios, casi como si Dios no existiera. Por eso, son dispersados y destruidos por el Celo de Dios, como de todos los que también han sido dispersados habla el profeta Jeremías cuando dice:


LIV. PALABRAS DEL PROFETA JEREMIAS SOBRE ESTE TEMA.

“Las manos de las mujeres piadosas cocieron a sus hijos, ellos se convirtieron en su comida durante la ruina de la hija de mi pueblo. Dios ha desahogado su furor, ha derramado el ardor de su cólera, encendió un fuego en Sión que ha devorado sus cimientos”. (Lamentaciones 4,10-11) El sentido es el siguiente:
Frágiles manos de mujeres, que no tienen la fuerte médula de los hombres, pero que en la miseria de sus corazones se humillan con aquellas obras que no arden en el fuego del Espíritu Santo, hicieron cocer sus hijos, los frutos de su corazón, en el fuego del apetito carnal. Por lo tanto, también perecen en sus almas, cuando los pecados de su desenfrenada carnalidad las inducen a muchos otros pecados. Y así sus deseos, es decir los deseos de los hombres, se vuelven su comida, ya que llevan a cabo todo lo que desean, y lo hacen en la ruina y en la perdición de las almas de los que habrían tenido que ser contados entre el pueblo de Dios por sus santas acciones. Por lo cual, no pudiendo alcanzar la perfección de las virtudes y la santa honestidad, dicen: “¿Qué es esto que nunca vimos? Escuchamos muchas cosas que no comprendemos y que no sabemos si son verdaderas”. Y después de que han dicho esto con gran terquedad, les abandona el gozo de la vida con toda su santidad y se apagan en ellos todas las virtudes que deberían haberlos embellecido.
Entonces, el Señor del mundo cumple sobre de ellos su venganza, cuando despierta todo su celo contra ellos. Él no los perdona, sino que los asola con el flagelo como en una inundación, castiga sus iniquidades y rechazándolas, las reduce a la nada. Y así enciende su celo contra los que se ensimismaron en su propia ascensión en lugar de fijarse en Dios, por lo que cayeron en la soberbia. Ellos creyeron poder subir a una montaña tal que nadie podría superarlos.
Entonces Él derriba los fundamentos de la soberbia, destruyéndola completamente, desarraigando sus raíces para que no crezcan de nuevo, demostrando que no podrán encontrar ninguna salvación ni en el principio, ni en el final de su soberbia. El camino de los que siguen la soberbia acabará mal, puesto que no tienen fe en Dios que los creó y los liberó del diablo.

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