XXVI. LA RAZÓN DISCIERNE TODO LO QUE DIOS HA DADO.

Que en medio de cada ala aparezca un libro, significa que la razón está dentro de la potencia de la divina protección, y ella produce, dispone y discierne todo lo que Dios la ha dado según su voluntad, ya que no hay nada que la razón no penetre y examine con agudeza.


XXVII. EN LA ANTIGUA LEY, LA RAZÓN ANUNCIÓ LA SANTIDAD QUE SE MANIFESTÓ CON CRISTO.

Y el libro que está en el ala izquierda tiene dos páginas, ya que la razón, que obró en la antigua ley gracias a la protección divina, reveló dos manifestaciones de rectitud, una de color verde, la otra de color plateado. El verde es la fuerza vital de los mandatos divinos en la materia de la obra de Dios, que Dios mismo realizó. Lo mismo que de la tierra brota todo tipo de verdor, así el antiguo Testamento hizo conocer cada semilla y cada flor de la futura equidad, y esta pureza se manifiesta en el fundamento de plata del conocimiento puro, que anunció la pura santidad que había en Cristo.
Por lo cual, ves que en la página verde hay palabras escritas que muestran la fecundidad de la instrucción divina en el hecho de que Noé, construyendo el arca, obedeció al que no tiene ni principio ni fin. Y también muestran como Él restaura con el agua nueva al hombre destinado a morir, estableciendo que sea devuelto a la vida gracias al bautismo.
Sobre la página de plata está escrito que en la revelación de la verdadera ciencia se manifiesta que Dios, en el antiguo Testamento, mostró dureza a los hombres, puesto que ellos tuvieron para Él dureza, no ternura. Luego, en la nueva ley, sus corazones tiernos pudieron recoger las palabras divinas.


XXVIII. LA RAZÓN MANIFIESTA EN EL HIJO DE DIOS A DIOS Y AL HOMBRE, QUE SE ENCARNÓ SIN NINGÚN DETRIMENTO DE SU DIVINIDAD Y PERMANECE EN LOS QUE LE CONTEMPLAN CON CORAZÓN PURO.

En el libro del ala derecha hay dos páginas. Significa que en el Nuevo Testamento el poder de la razón, protegida por la santidad del cielo, se muestra de dos modos, cuando manifiesta al único Dios, que es Dios y Hombre en el Hijo de Dios. Una página es de color zafiro, la otra de color oro. Significa que la virginidad resplandece en Cristo como un zafiro, ya que Él mismo, nacido de una naturaleza virginal, enseña la castidad, para que todos los que quieran imitarlo la elijan. Además, en Él también resplandece un áureo fulgor, cuando los fieles lo creen verdadero Dios nacido de Dios Padre, que creó todo junto con el Padre. En efecto, al principio de la creación el Hijo de Dios existía en su plenitud, Él ya era antes del tiempo, y no disminuyó de ningún modo cuando creó a todas las criaturas. Él no fue creado, y todo lo creó. Tampoco sufrió ningún detrimento de su divinidad cuando se encarnó.
En la página color zafiro ves escritas palabras. Estas palabras se refieren a la revelación verdadera de que la Virgen engendró un hombre puro en su pura virginidad, cuando el soberano del mundo envió con amor su propio Verbo a los creyentes, y el Verbo permaneció entre los que tratan de mirar a Dios con corazón puro.
Y en la página color oro también hay escritas palabras que se refieren a que el Hijo de Dios, apareció en el mundo en la revelación y en los signos de muchos prodigiosos milagros, y anunció que era el origen de todo y que había llegado como Hijo de Dios. Él es aquel origen que creó todas las criaturas y que luego entre todas las criaturas eligió por madre a la Virgen.


XXIX. LOS PROFETAS, VIERON CON ANTELACIÓN LA ENCARNACIÓN DE CRISTO COMO EN UNA SOMBRA, Y DIJERON SOLO LO QUE VEÍAN Y SABÍAN

El libro que está en el ala sobre la espalda del Hombre parece mármol, de una pieza y de color blanco. Significa que el poder de razón, protegido por la fuerza de la profecía que predijo la llegada de Cristo en el futuro, previó su Encarnación, como en una sombra. En efecto, quién ve la espalda de alguien, todavía no conoce su rostro y se pregunta como será su aspecto. Del mismo modo los profetas profetizaron al Hijo de Dios, pero no lo conocían aún en la carne. Ellos también tenían una cierta dureza, como la solidez del mármol, porque, invadidos por el Espíritu Santo, no se arrodillaron delante de nadie, manteniéndose firmes en la integridad de la verdad, sin dispersarse aquí y allá en sus palabras. Lo que dijeron no lo aprendieron de otros, si no de Él, que es Dios en su total integridad. Fueron parecidos a las piedras, ya que persistieron en el rigor sin ceder a nadie, sin embargo lo hicieron en la blancura de la sencillez, pues no dijeron nada más que lo que vieron y supieron, como un niño en su sencillez no dice otra cosa sino lo que ve y sabe.


XXX. EL ESPÍRITU SANTO SE PRODIGÓ SOBRE LA RAZÓN HUMANA, Y LOS PROFETAS CON VISIÓNES, LA SABIDURÍA Y LA CIENCIA, DESVELARON LOS MILAGROS DE DIOS DE UNA MANERA DESCONOCIDA.

Pero el dedo de Dios había escrito en aquel libro los secretos que quería revelar. Significa que el Espíritu Santo prodigó gracias sobre la razón humana cuando el hombre profetizó. Y lo hizo con visiones, cuando los profetas, iluminados por el Espíritu Santo, previeron con anticipación los acontecimientos futuros. Y algunos también preanunciaron muchos acontecimientos por su sabiduría ya que la omnipotencia de Dios tocó sus mentes, tanto que previeron el sentido de muchísimos hechos, como también Dios edificó todo con la sabiduría. Y también con su ciencia, cuando la Palabra de Dios observó e inspiró su ciencia y revelaron así hechos ocultos y escondidos.
En efecto, el Espíritu del propio Dios inspiró vida en aquel barro original del que Dios hizo surgir al hombre. Y el Espíritu iluminó la vida que nunca debe acabar, es decir el alma, que no encontrará fin. El Espíritu también iluminó a los profetas, así ellos desvelaron los milagros de Dios de una manera desconocida, tal como el barro se cambió en una forma diferente de vida, de carne y sangre.
Estos son milagros de la divinidad que Dios desvela en sus maravillas cuando hablan los profetas, con visiones de hechos qué ya ven en el Espíritu, escribiendo, cuando por mandato de Dios confían aquellos hechos a la memoria, y tocando la cítara, ya que la razón inspirada por el Espíritu Santo encuentra melodías en la voz y en las palabras de los que alaban a Dios. Así se produce un sonido, y por tanto, en éste también se alaba a Dios.
Y Dios ejecutó estos milagros entre los hombres haciendo cantar a los Querubines en las alas de la profecía, ya que entre todos ésos, como ya se ha dicho, los profetas, inspirados por el Espíritu de la profecía, enseñan muchos milagros, como los Querubines que conocen los arcanos que Dios, en su oculto juicio revela cuando quiere, como quiere y a quien quiere.


XXXI. LA RAZÓN ESTÁ COMPLETAMENTE DENTRO DE LA SABIDURÍA DE DIOS, AUNQUE DEMASIADO A MENUDO SE INCLINE A LA CARNE.

El libro que está en el ala sobre el pecho es negro en su totalidad y esta lleno de estrellas. Significa que la razón está completamente dentro de la protección de la profunda sabiduría de Dios, sin alejarse de ella ni oponerse de ningún modo, aunque los hombres tengan costumbres muy diferentes. También enseña que todos los sabios, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento dijeron una única cosa a propósito de Cristo, estando unidos en Él.
Es de color negro, ya que la razón, por la sensibilidad humana, se vuelve hacia la carne demasiado a menudo, y también a menudo se pregunta qué y de qué tipo son los hechos de los que habla. Pero resplandece a la luz de las estrellas, ya que en los hombres existen fe e inteligencia. En efecto, gracias a la fe, los hombres creen en Dios al que no pueden ver, y en los milagros de Dios, e incluso comprenden hechos qué resultan difíciles de entender para su inteligencia. Así reconocen a pesar de todo que sólo son criaturas de Dios.


XXXII. LOS MISTERIOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO REFUERZAN A LOS HOMBRES SABIOS CONTRA EL DIABLO, Y NO DEJARÁN DE ESTUDIARLOS, HASTA COLMAR SUS CORAZONES.

El libro tiene sobre sí muchas cosas escritas en caracteres blancos, tomadas de lo profundo de los libros descritos. En el resplandor de la bondad de Dios, la razón propone los misterios del Antiguo y del Nuevo Testamento unidos en un solo todo preciso, ya que los fieles y los hombres sabios, los reúnen en la doctrina católica, y gracias a ellos se preparan caminos de rectitud contra las tinieblas de la incredulidad y contra el diablo mismo. Lo hacen a causa de su sed de las Escrituras, de la que sacan con gran deseo, y no paran hasta haber colmado con ello todos los conocimientos de su corazón. Tampoco Dios parará su obra hasta que no la lleve a cabo completa y perfectamente. Los sabios, cuando examinan con agudeza las Escrituras y la estudian con cuidado, veneran a Dios y magnifican su nombre. Allí dónde los hombres construyen, también buscan el honor de Dios, como dice el salmista David:


XXXIII. PALABRAS DE DAVID SOBRE ÉSTO

“Todas las naciones, que tú has creado, vendrán a postrarse delante de Tí, oh Señor, y glorificarán tu nombre, porque Tú eres grande y haces maravillas, sólo Tú eres Dios”. (Salmo 86,9-10). Su sentido es el siguiente:
Dios ha creado a todas las criaturas y también ha permitido actuar al hombre, y en efecto, los hombres obran, forman y ordenan. Obran entre las criaturas. Cada uno forma lo que él desea, pero no es capaz de dar espíritu a lo que ha formado. También imponen reglas a los que dirigen. Y ya que Dios ha creado al hombre y lo ha suscitado a la vida con el soplo de su Espíritu, todas las naciones que han nacido de Adán, siendo criaturas de Dios, vendrán según su voluntad y buscarán a Dios postrándose delante de Él, invocando su nombre, conscientes de su presencia. En efecto, no pueden alejarse de Él, como un hijo no puede ignorar que tiene padre, y así dan gloria al nombre de Dios, cuando claman e invocan a Dios. Pero algunos hombres sostienen que la obra de sus manos es como Dios, y llaman Dios a esta misma obra, una sugerencia con la que el diablo envuelve a estos hombres hinchados de soberbia. Ésos creen que glorifican el nombre de Dios, pero no conocen a Dios. Quieren tener a Dios, cuando no lo tienen para nada.
Por eso se le dieron al hombre las leyes antigua y nueva, para que creyendo, viendo y venerando a Dios, lo conozcan. De estas dos leyes los sabios y los filósofos sacaron la sabiduría y no dejaron de llenar con ella sus vasijas. Esto agrada a Dios, pues todas las cosas que Dios ha hecho le complacen. El Señor es grande en sus milagros, grande en las virtudes del cielo y también haciendo maravillas. Todas las grandezas de sus obras refulgen en su gloria. En efecto, Dios hizo subir a Noé en el arca, mostró a Abraham su numerosa descendencia, a Moisés le dio incluso la ley, y volvió a llamar a la vida a los que creyeron en su Hijo. Todo esto son grandes maravillas. Los fieles siempre piensan en ellas con devoción y no cesan de investigar su gran profundidad, ya que proceden de Dios. Solo Dios hizo estas cosas. Todos los bienes nacen de Él y a Él vuelven, por eso, cuándo Dios creó al hombre lo hizo girar como una rueda en el espíritu de vida, razón por la cual el hombre también vuelve una y otra vez a Él.


XXXIV. MUCHOS VIVIERON ANTES DE LA LEY, OTROS MUCHOS EN LA LEY Y TAMBIEN MUCHOS EN EL BAUTISMO. TODOS, GRACIAS A LAS OBRAS DE FE, DESCANSARÁN EN LAS MORADAS DE LA FELICIDAD.

Como antes se mencionó, de los hombros hasta los muslos este Hombre está en otra nube blanca bajo las nubes. Esta nube blanca está llena de almas de justos. Esto revela que el resplandor de los milagros de Dios, que se extendía desde el principio en la fuerza que hizo surgir las criaturas hasta la Encarnación del Salvador, y que aparece también ahora en la misma gloria de la Encarnación, tiene en sí multitud de las almas que sirven a Dios. Porque muchos vivieron antes de la ley, muchos en la ley, otros muchos perseveraron en el bautismo y todos estos, gracias a la Redención del Hijo de Dios, han conseguido la felicidad del cielo. Así que ahora se alegran en aquella mansión que Dios les asignó ya desde el principio del tiempo. Los fieles, gracias a las obras de fe, aseguran a sus propias almas el descanso en la morada de la santidad, donde felizmente encuentran paz, después de que su vida carnal se haya consumado.
Por eso en aquella beatitud oyes una voz angélica que viene de lo alto de los cielos, e invita a la creación a alabar al que lo gobierna y a glorificar al que vive por los siglos de los siglos. Así las almas de los justos se levantan en la alegría, ya que ellos vienen de la vida a la Vida y no se vuelven atrás, ya que ellos permanecerán en su nueva vida eternamente. De manera similar, las ruedas de la vida que representan la divinidad, y el Espíritu que sin tardanza santifica el bautismo, se mueven para instruir y purificar a los hombres, y nunca se alejarán de la vida. En efecto, no se dará otra doctrina que conduzca los hombres a la vida. Estas almas, mientras se encontraron en su cuerpo, huyeron de los ídolos y dejaron su tierra, como Abraham, y abandonaron las actividades terrenales. Y así fueron como desterrados con grandes suspiros en tierras desconocidas, pero entonces, viviendo según los mandamientos de Dios, aumentaron sus méritos, por lo cual reciben ahora grandes recompensas.

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