XVIII. DIOS, OPONIÉNDOSE A LAS TINIEBLAS DE LAS INSIDIAS DIABÓLICAS, PRODUJO TODOS LOS INSTRUMENTOS DE SALVACIÓN EN EL ANTIGUO Y EN EL NUEVO TESTAMENTO.

Y de nuevo oí una voz del cielo que decía: “Dios, con muchas señales y variedad de castigos se opuso a las tinieblas de las insidias diabólicas. Ofuscó la confusión de los vicios, y no pudieron resistir la santidad de los ciudadanos del cielo. Él, mirando fuera del cielo, reforzó a sus fieles con toda santidad”.
Por lo tanto, ves que el Hombre mencionado se dirige a Occidente y mira hacia el Occidente y al Norte, ya que Él, manteniéndose firme contra el diablo, como bravo combatiente, siempre tuvo este propósito en sus antiguos decretos: emplear todos los instrumentos de salvación contenidos en el Antiguo y en el Nuevo Testamento y todas las facultades de las buenas obras, para combatir las tinieblas que destruyen y el necio frío de la ignorancia.


XIX. EN LA FORTALEZA DEL HIJO DE DIOS ESTÁ NUESTRA PROTECCIÓN, QUE TODAVIA NO SE HA MANIFESTADO A TODOS.

En cada hombro Él tiene un ala que cubre sus brazos: significa que en la fortaleza de la divinidad y la humanidad del Hijo de Dios, está la defensa que nunca falla y nunca se acaba, ya que Dios todo lo conserva en ella y por ella, y por su medio tiene ocultas también obras que, escondidas en su antiguo y oculto decreto, dispuso que no se manifestaran todavía a nadie. En efecto, aunque Dios cada día obra nuevos milagros, muchos sin embargo están en el secreto de los decretos que no ha revelado todavía, del mismo modo que tampoco los pensamientos de los hombres se conocen antes que se traduzcan en una obra concreta.


XX. LOS DOCTORES TRATAN DE DESVELAR LOS MISTERIOS ESCONDIDOS EN LAS ANTIGUAS PROFECÍAS, Y NO PARARÁN DE HACERLO.

También tiene un ala en la espalda y en el pecho. Representa los misterios que estaban ocultos antes del nacimiento del Hijo de Dios, en cierto modo como si estuviera a su espalda. Gracias a la protección de su mano, las antiguas profecía estaban veladas por muchas oscuridades. Ahora los verdaderos doctores tratan de explicar estos misterios en la medida en que Dios ha querido desvelarlos. Y así, ahora sacan de la profundidad de la sabiduría, como de un pozo, los misterios del Nuevo Testamento en defensa de las cosas del espíritu. Y no pararán, del mismo modo que tampoco Dios paró hasta que hubo terminado su obra en seis días. Sin embargo, los doctores no lograrán nunca agotar este pozo.


XXI. LOS SECRETOS DEL ANTIGUO Y DEL NUEVO TESTAMENTO SE EXPONEN A LOS FIELES PARA QUE LOS PONGAN EN PRÁCTICA.

Todas estas alas están levantadas como para emprender el vuelo, lo que significa que todos los secretos del Antiguo y del Nuevo Testamento se muestran a los fieles para que los conozcan y los practiquen en las buenas obras.


XXII. POR QUÉ SE PROTEGIÓ LA PROFECÍA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

La punta del ala que está sobre la espalda se dobla hacia el ala izquierda y no hacia la derecha. Esto muestra que los avisos proféticos se protegieron en el Antiguo Testamento para su defensa por su gran fortaleza en la proclamación de sus secretos y por la integridad de sus palabras. Profecía y ley son una única cosa, ambas proveyeron a las necesidades del cuerpo de los que vivieron según la carne y no se doblaron a la derecha, que representa las cosas del espíritu, puesto que no había venido todavía el que prometió la recompensa del cielo.


XXIII. POR QUÉ EN LA ANTIGUA LEY, LA TIERRA SE SANTIFICÓ SEGÚN LA CARNE, EN CAMBIO EN LA NUEVA, GRACIAS AL HIJO DE DIOS, SE GLORIFICÓ EL CIELO.

La punta del ala que está en su pecho está dividida en dos partes. Significa que la protección del secreto profundo en su origen, se encuentra en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Los verdaderos maestros en las profecías y en el Evangelio, multiplican los místicos secretos con sus místicas palabras. Por consiguiente, en la Antigua ley la tierra fue santificada externamente por muchas purificaciones, según la carne. En la Nueva, en cambio, gracias al Hijo de Dios, el cielo se glorifica con muchos y ricos signos de justificaciones legítimas y espirituales.


XXIV. CON LA CIRCUNCISIÓN LOS ANTIGUOS QUEDARON PEGADOS A LA CARNE, LOS FIELES EN CAMBIO EN EL BAUTISMO SIRVEN AL ESPÍRITU.

Y una parte se dobla hacia el ala izquierda, la otra hacia la derecha. Significa que el Antiguo Testamento se inclinó a la defensa de las cosas terrenales, mientras el Nuevo anhela la protección de las celestiales. Mientras los antiguos quedaron pegados a la carne con la circuncisión, los creyentes en cambio, con la ayuda del Hijo de Dios, sirven al Espíritu con el bautismo. Pero los primeros no fueron justificados por la observancia de la ley y quedaron pegados a las cosas terrenales. Los creyentes, en cambio, purificándose gracias a la fe en Cristo, han conseguido la recompensa del cielo, como también dice el apóstol Pablo:


XXV. PALABRAS DE PABLO SOBRE ESTO.

“Sabiendo que el hombre no se justifica a través de las obras de la ley, sino solo por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en Cristo y no por las obras de la ley”. (Gal 2, 16). Cuyo sentido es:
La gracia de Dios, por el Espíritu Santo, consiguió la fidelidad del pueblo, puesto que la caída de Adán había herido mortalmente las almas de los justos. El dedo de Dios escribió la ley de Moisés para ellos. En efecto, la carne profanada no pudo liberar la carne profanada, precisamente porque estaba profanada. Por eso Dios prescribió a Moisés a través de la ley que los hombres le sacrificaran machos cabríos y toros como sumisión y obediencia, señal por la que aprendieron luego a sacrificarse a sí mismos a Dios con la mortificación de su cuerpo, tal como le ofrecían animales en sacrificio. Sin embargo, cuando el más inmaculado y puro de los hombres se ofreció como un sacrificio a Dios con su sangre y muerte, en Él fueron purificados todos los pueblos. Por lo tanto, que los hombres entiendan en su conocimiento que el hombre no se justifica por las obras de la ley carnal, cuando la observa a la manera carnal. La sangre y la ceniza de los animales no han podido justificarlos ni liberarlos, pero en el Hijo de Dios está la justicia de la verdad que muestra el camino de la salvación. Por su fe en el Hijo de Dios serán salvados los que creen en Él con fe sincera. Que los fieles crean con fe sincera en Él, ya que es el camino y la verdad, es decir el camino en la fe y la verdad en lo que se cree. Así, serán justificados por las obras de fe que cumplen por amor al mismo Hijo de Dios, y no por obras hechas de mala gana que provocan amargura. En efecto, las buenas obras indican la patria celeste en su rechazo de las obras de muerte, tal como Cristo es unción que consagra los pueblos por la penitencia, y los salva por Él mismo. Él es la víctima sacrificial pura y cebada, que se ofreció por todos los hombres que creyeron en Él, ya que la ley antigua no justificó al hombre ni lo liberó completamente, sino que le enseñó el camino. Ella fue casi una voz antes de la palabra, pero la Palabra, es decir el Verbo, es el Hijo de Dios, que dio la nueva ley en la verdad.

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