LA CUARTA IMAGEN

La cuarta imagen estaba rodeada por una oscuridad tan densa que no se podía distinguir en ella ninguno de sus miembros. Sólo logré entrever en aquellas tinieblas que tenia un aspecto de hombre deforme y monstruoso. Estaba de pie sobre una especie de espuma seca, endurecida y negra, que expelía de vez en cuando llamas de fuego. Y dijo:


VII. PALABRAS DE LA FALSEDAD

“¿Quién dice todo sinceramente? Si deseara suerte sinceramente a los demás, me perjudicaría yo misma. El subir de otro significa mi caída. Por lo cual pondré en mi boca palabras llenas de viento que me proporcionarán honor, y así lo que no pueda tener por un lado, lo buscaré por otro. Si fuera sincera, no tendría modo de conseguir favores de los que me rodean. Mientras hago caso a mi asuntos, también descubro los ajenos, así podré decir lo que quiera. Muchas personas sinceras son tan inamovibles en su verdad que no pueden moverse, casi como si estuvieran atadas a un palo. Expresan solamente lo que ven y oyen, razón por la que muchos de ellos se vuelven pobres, indigentes y desterrados.
En cambio yo encuentro lo que investigo con mentira. Cuando deseo ser más noble y rica que los otros, entonces me muestro con palabras más nobles y ricas, para mí eso es mejor que estar atada a un árbol. Pero a menudo afirmo también cosas que no veo ni siento, así me ahorro muchos males e incluso por otros muchos paso ilesa. Si mi discurso fuera siempre coherente, me reprocharían todo. Así pues, yo multiplico mis modos de expresarme para que nadie pueda serme superior. Esto es para mí más ventajoso que ser golpeada con bastones y espadas. En efecto, no he encontrado nunca a aristócratas y ricos que lo fueran sin mi intervención”.


VIII. RESPUESTA DE LA VERDAD

Y de nuevo oí una voz de la referida nube tempestuosa que contestó a esta imagen: “Oh lengua de serpiente infernal, estás privada de toda la fecundidad de la gracia de Dios, tú que siempre lanzas llamas de injuria y engaño. Ningún mal puede bastarte, tú has nacido de él, incluso eres hija del diablo, por lo cual todos tus caminos son injustos y no sabes dónde vas. El susurro y el engaño de la persuasión diabólica son los pechos de tus entrañas, tú chupas el pecho de una ramera, por lo cual recibirás su salario. Actuando así rechazas todo honor, beatitud y honestidad. Yo, en cambio, soy una columna en todos los caminos de Dios, soy la trompeta de la justicia de Dios que suena bien. Cuento todas las obras de Dios, las que son y cuantas son, y las revelo con verdad. Por eso, me llaman al palacio del rey y a todos sus homenajes. También llevo pendientes y pulseras y soy relámpago de todo el adorno de Dios, pues yo expreso la verdad con la justicia de Dios. Pero también el cielo, la tierra y las otras criaturas que son el corazón de la creación, son sinceros, y también las aguas que están bajo el cielo y la tierra, ya que soy el humor de ellas, y perseveran en la verdad. Tú en cambio, parte inicua, eres un ínfimo gusano, por lo cual serás pisada como barro maloliente”.


LA QUINTA IMAGEN

La quinta imagen también se mostraba con aspecto de hombre. Tenía pelo crespo y negro y rostro de fuego. Vestía una capa de muchos colores con aperturas en los hombros, por los que hacía pasar los brazos. Con el brazo izquierdo sujetaba un hacha que apretaba fuertemente hacia sí. En su locura él cortaba sus manos repetidamente con este hacha, de modo que su ropa estaba empapada de sangre. Y dijo:


IX. PALABRAS DEL DESEO DE CONTIENDA.

“No puedo sostener ni soportar esta sobrecarga, porque alguien puede sacudir su manto y luego cargarme con ello, como se carga un costal a una burra a la que sigue su cría. Mientras respire y viva, no permitiré que nadie me golpee con la locura de su voluntad. Impediré a todos que me aplasten como se pisa la suciedad de la tierra. Por el contrario, les devolveré una ofensa mucho mayor que la que puedan hacerme. Nunca me siento cansado causándoles molestias y ofensas para que ellos se ofendan en su corazón”.


X. RESPUESTA DE LA PAZ

Y de nuevo, oí una voz de la citada nube tempestuosa que contestaba a esta imagen, diciendo: “Oh áspero y encendido ardor del ultraje, tú eres crimen sangriento y dientes que trituran, engendras variedad de injurias con tal de esparcir sangre, y según tu voluntad quieres abrirte paso en cualquier lugar que te plazca. En tu boca llevas una gran crueldad con la que logras debilitar muchísimo, y deshonras a los que profesan la mansedumbre. En efecto, destruyes los buenos propósitos y los ánimos tranquilos, y con tus engaños decretas su fin. En ninguna circunstancia encuentras una morada de paz, ni la deseas, ni la quieres; por el contrario, te escondes como una serpiente en una cueva y con tus golpes hieres a todos. Eres parecida a un nido de gusanos que a menudo procuran la muerte a los hombres. Por tanto eres sombra de muerte, pésimo veneno y rápida perdición de los hombres.
Yo, en cambio, soy medicina para todo, ungüento para los que persigues y cura para los que hieres. No estimo para nada las guerras injustas y la inclinación a la disputa eterna. Soy un monte de mirra, de incienso y de todos los demás aromas. Soy un pilar de nube sobre la montaña más alta porque atraigo todos los bienes y sobre todos los cielos prosigo mi camino. Por eso también pasaré por encima de tí, seguiré perjudicándote sin tregua y no te concederé ningún sosiego”.


LA SEXTA IMAGEN

La sexta imagen parecía un leproso, tenía el pelo negro y ninguna ropa, pero se cubría con anchas hojas de muchas plantas. Con las manos se golpeó el pecho, y dijo:


XI. PALABRAS DE LA INFELICIDAD

“¿Qué salvación tengo, sino las lágrimas? ¿Y qué vida tengo, sino el dolor? ¿Y qué socorro tendré, sino la muerte? ¿Y que respuesta se me dará, si no la perdición? En efecto, no tengo nada mejor”.


XII. RESPUESTA DE LA FELICIDAD.

Y de la citada nube tempestuosa oí una voz que respondió a esta a esta imagen diciendo: “Eres adicta a las penas y no deseas otra cosa. Hace falta invocar Dios y buscar su bondad. Tú misma te perjudicas puesto que no confías en Dios. No pides nada a Dios, con lo cual no encuentras nada. En cambio yo clamo a Dios y recibo su respuesta. Le pregunto, y en su bondad me concede lo que deseo. Le busco y encuentro. En efecto, soy gozo respetuoso y toco la cítara en presencia de Dios, ya que le dirijo todas mis obras, por lo que también me siento en su regazo gracias a la esperanza llena de fe que tengo en Él. Tú, en cambio, no confías en Dios ni deseas su gracia, y por lo tanto todas las desgracias te golpearán”.


LA SÉPTIMA IMAGEN

La séptima imagen era como un lobo acurrucado sobre las patas. Acechaba por todas partes para devorar todo lo que lograra agarrar. Y dijo:


XIII. PALABRAS DE LA INMODERACIÓN

“Lo que pueda desear y buscar, lo comeré, y de nada me abstendré. ¿Por qué debiera abstenerme y luego no tener recompensa alguna? ¿Por qué motivo voy a renunciar a lo que soy, puesto que cada uno actúa según lo que hace su especie? ¿Si viviera de modo que apenas pudiera respirar, cuál sería entonces mi vida? Aprovecharé cualquier posibilidad de divertirme y de reírme que se presente. Si mi corazón brinca de alegría, ¿por qué limitarlo? Y si mis venas están llenas de placer, ¿por qué debería cortarlas? Si hay ocasión de hablar, ¿por qué callar? Ya que cada movimiento de mi cuerpo es saludable, actúo como he sido creada, ¿por qué cambiarme en otro que no soy? Cada criatura crece según su naturaleza y obra según lo que le conviene, y así también hago yo”.


XIV. RESPUESTA DE LA DISCRECIÓN.

Y de nuevo oí una voz de la citada nube tempestuosa que respondió a esta imagen: “Oh especialista en emboscadas, con tus insidias corroes todo lo que hay honesto en la razón. Eres parecida a los cachorros de las bestias, que no tienen ninguna moderación, te comportas como un animal inmundo. En efecto, todas las cosas que están en el orden de Dios se corresponden la una a la otra. Las estrellas brillan con la luz de la luna y la luna luce del fuego del sol. Todas las criaturas están subordinadas a otras más grandes que ellas y nada sobrepasa su medida. En cambio tú no tienes en consideración ni a Dios ni a su creación, sino que vas como la cáscara vacía de un grano, movida por el viento. En cambio yo procedo en los senderos de la luna y en el camino del sol, atiendo todas las ordenes de Dios y con ellas crezco en honestas costumbres y lo tengo plenamente en cuenta en el amor. Soy princesa en el palacio del Rey y conozco todos sus secretos. No dejo escapar, sin embargo, sus secretos, sino que los comprendo y los quiero. Resplandezco como un rayo de luz. Tú, en cambio, eres un cuerpo torturado por la enfermedad, pareces un cadáver lleno de gusanos”.


LA OCTAVA IMAGEN

La octava imagen parecía una torre que tenía sobre la parte superior una fortificación en la que se abrían tres ventanas. Bajo éstas aparecieron dos brazos de hombre, cuyas manos se extendieron sobre la fortificación. Y aquellos brazos estaban cubiertos de tinieblas como si fueran mangas. Las manos estaban desnudas, pero estaban ardientes. Y dijo:


XV. PALABRAS DE LA PERDICIÓN DE LAS ALMAS.

“¿Qué beneficios y que recompensa tendré? El fuego. En efecto yo y la sustancia de la que nací no queremos nada más. Yo rehuyo todo lo que resplandece, rechazo seguir cualquier obra luminosa y no quiero ningún adorno de gemas brillantes, ya que soy una predadora de almas. Ésta es mi tarea, la que quiere aquel del que he nacido, yo soy la maldición que él ha creado”.


XVI. RESPUESTA DE LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS

Y de nuevo, de la citada nube tempestuosa, oí una voz que dio respuesta a esta imagen: “Eres un dardo del diablo, tú que volando en nocturnas insidias martirizas a los santos cuando quieren lo que tú no quieres y hacen lo que tú rechazas, mientras que tú quieres arruinarlos pero no puedes. Los santos se alzan bajo el estandarte de la fe entre la multitud angélica, se precipitan contra tí y tienen una gran sed de oprimirte, como el ciervo anhela beber las aguas del manantial. Te arrollarán con el bautismo y con los siete dones del Espíritu Santo que se manifestaron en la humanidad del Salvador en un diluvio de aguas. Éste es el fin al que estás destinada, ya que te alineas contra Dios. En cambio yo soy la casa de todos los bienes, torre de Jerusalén en las obras de los santos. Y gracias al carnero enredado en las zarzas que a Cristo representó, sostengo a los penitentes, sustento a los sencillos gracias a la fe en el bautismo y a los inocentes con la unción del Espíritu Santo. Por tanto, gracias a la virginidad más pura que floreció como azucena en la carne de Cristo, camino renovada por la vía de la salvación, por lo cual también soy milicia de Dios”.


XVII. PALABRAS EN EL RUGIDO DEL LEÓN.

Y delante del Hombre antedicho había un león que se volvió contra estos vicios, y emitiendo un potente rugido gritó al viento:
“Oh vicios diabólicos, os destruiré con un incendio abrasador y con esta devastación terminaré con vosotros, ya que siempre intentáis oponeros a la justicia de Dios y a mí”.

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