SEGUNDA PARTE

EL HOMBRE MIRA AL OESTE Y AL NORTE


Y vi que el Hombre antes mencionado se dirigió a Occidente de modo que miraba al Oeste y al Norte. En cada hombro tenía un ala que cubría sus brazos. También tenía un ala en la espalda y otra sobre el pecho y todas estaban levantadas como para emprender el vuelo.
La punta del ala que estaba en la espalda se dobló hacia el ala izquierda sin doblarse nada a la derecha. La punta del ala que estaba sobre el pecho se dividió en dos partes, una parte se dobló hacia el ala izquierda, la otra hacia el ala derecha. Y en cada ala apareció un libro. El libro que estaba en el ala izquierda tenía dos páginas, una de color verde y la otra de color plata. Sobre la página verde estaba escrito: “Noé subió al arca, tal como Dios le ordenó. ¿Quién hay, pues, que pueda conocer los límites de Dios? En el pasado utilizó el agua para reconstruir al hombre, y luego en el agua del bautismo lo hizo renacer”.
Sobre la página de plata estaba escrito: “Dios escribió la ley en una tabla de piedra, ya que el hombre no tenía sensibilidad hacia la divina ciencia. Más tarde escribió, en cierto modo, en la sensibilidad de un corazón de carne”.
En el libro del ala derecha también había dos páginas, una de color zafiro y la otra de color oro.
En la página de color zafiro estaba escrito: “El Señor dirigió una palabra a Jacob, y cayó en Israel”. (Is 9,8). En la página color oro estaba escrito: “Al comienzo fue el Verbo y el Verbo estaba en Dios” (Jn 1,1) Al comienzo el Verbo de Dios creó todas las cosas, para inclinarse más tarde hacia su obra.
Pero el libro que estaba en el ala de la espalda del Hombre parecía mármol de una pieza y de color blanco, y el dedo de Dios había escrito: “El profeta predijo a los hombres por visión, sabiduría y conocimiento. El Espíritu del propio Dios también inspiró vida en aquel origen en que Dios hizo surgir al hombre del barro. Éstos son los milagros de la divinidad, milagros que Dios comunica a los hombres con visiones, escrituras, el sonido de la cítara y haciendo cantar a los querubines en las alas de la profecía”.
En cambio el libro del ala en el pecho era negro en su totalidad, y estaba lleno de estrellas, contenía reunidos numerosos escritos, en caracteres blancos, tomados de lo profundo de los libros descritos. Estos escritos los recogieron filósofos y sabios eligiéndolos entre aquellos libros, y con ellos prepararon para Dios las vías de la justicia contra el Occidente y el Norte, como un hombre que saca agua de un pozo y no para hasta llenar su vasija. Dios formó al comienzo a todas las criaturas, y no dejará esta creación hasta que haya completado su obra.
Y la nube blanca antes mencionada, en la que el Hombre se encontraba de hombros a muslos,estaba llena de almas de justos. En la nube oí como una voz de trueno que sonó suavemente: “¡Dad la alabanza al rey que gobierna todas las cosas y gloria al Dios vivo!” Entonces todas estas almas se elevaron avanzando en una procesión de vida, sin volverse atrás, igual que las ruedas de la vida proceden con impulso de avance y no retroceden. En aquella misma nube otras almas de santos, desconocidos al mundo, estaban ocultas en un lugar más recóndito, como en un espejo brillante; estas almas estaban decoradas con todo tipo de piedras preciosas y todo tipo de adornos, y tocaron trompetas, hicieron repicar cítaras con todo género de músicas diferentes y repicaron según el sonido del mar y de muchas aguas. Y también ellas dijeron: “¿Cuánto tiempo todavía debemos esperar, y cuándo vendrá el tiempo en que nuestras obras, que están en la calle que se encuentra ante el rostro de Dios, nos devuelvan a nuestros cuerpos en la presencia de Dios, de modo que podamos ver la cara de Dios sin el velo que Moisés tuvo que llevar?” Y la respuesta divina fue: “Esto no ocurrirá antes de que los cuatro vientos se entrelacen uno con otro y soplen por una y otra parte, antes que la cabeza de la antigua serpiente sea aplastada totalmente, de modo que ya no pueda hacer nada más, y antes que el sol con el león hayan recogido todas sus criaturas aladas”. Los santos de Dios, conocían y oían las almas mencionadas de los justos, todavía escondidos, y las veían como en un espejo sumamente claro. Anhelaban con impaciencia las respuestas que se les había dado, esperando el momento en que el león lanzase un rugido pleno y todo cisma en el mundo encontrase su final.


Y he aquí, que en la niebla antedicha, en la que anteriormente vi los vicios descritos, ahora veía en imágenes otros ocho vicios, de este modo:


LA PRIMERA IMAGEN

Vi cierta imagen, como una serpiente, que yacía panza arriba en las tinieblas que mencioné antes. Sus ojos ardían como fuego, la lengua se alargaba fuera de la boca y la cola estaba cortada en la parte final. El cuerpo era de color negro, y tiras de un color amoratado y venenoso iban hacia abajo en toda su longitud, desde su cabeza. Su vientre estaba abierto y en él aparecía la imagen de un hombre que yacía tendido boca arriba como en una cuna y llevaba un gorro como un casco, un poco levantado. Debajo de este gorro tenía pelos blancos que descendían hasta los hombros; llevaba una vestimenta de seda blanca y ligera y sobre ella una capa que por el color era parecida a la piel de la serpiente. Y esta imagen dijo:


I. PALABRAS DE LA GLOTONERÍA.

“Dios creó todas las cosas. ¿Cómo puedo entonces desfallecer con todas estas cosas? Si Dios no pensara que son necesarias, no las habría creado. Por lo tanto, yo sería un tonto si no las quisiera, sobre todo porque Dios no quiere que la carne del hombre desfallezca”.


II. RESPUESTA DE LA ABSTINENCIA

Y de nuevo, de la antedicha nube tempestuosa, que se extendía del Sur al Oeste, oí una voz que respondía: “Nadie debería tocar la cítara de modo que sus cuerdas se dañen, porque, si sus cuerdas se dañan, ¿qué sonido hará? Ninguno. Tú, Glotonería, llenas tu vientre al punto que todas tus venas se enferman y convierten en un frenesí espasmódico. ¿Dónde está, entonces, el dulce sonido de la sabiduría que Dios les dio a los hombres? Tú eres muda y ciega, y no sabes lo qué dices. Pero como el aguacero sumerge la tierra, así el exceso de carnes y vino induce en el hombre blasfemias y burlas. Yo, en cambio, he visto en el barro la forma hermosa de cuando Dios creó al hombre. Soy por tanto como lluvia benéfica, de modo que no hago pulular vicios en la carne. Y hago manar la moderación de los hombres, de modo que su cuerpo no se debilite y no engorde por haber tragado más de lo que es necesario para la vida.
Soy cítara que repica con los sonidos de todas las alabanzas, y perforo la dureza del corazón con la buena voluntad. Cuando el hombre nutre su cuerpo con templanza, en sus oraciones hago repicar la cítara en el cielo, y cuando su cuerpo es puro por la moderación en la comida, canto con el sonido del órgano. Cosa que tú, glotonería, no sabes y no entiendes, y tampoco procuras saber y entender. En efecto, tú a veces te lanzas al ayuno inadecuado, de manera que apenas puedes vivir, y otras veces atiborras tu vientre en tu voracidad, tanto que lo desbordas y rebosas babas. Yo, en cambio, establezco un límite para la comida, para que no se sequen los humores del hombre y no se desborden más allá de su medida, y entonces toco alabanzas con la cítara y canto con el sonido del órgano. ¡Oh! fieles todos, librémonos de la glotonería, ya que el vientre de la antigua serpiente se tomó de un trago muchas cosas, y gracias a ella ha vomitado muchas suciedades”.


LA SEGUNDA IMAGEN

La segunda imagen parecía un leopardo, y dijo:


III. PALABRAS DE LA ASPEREZA.

“No tengo ninguna consideración por ningún acto de coraje ni de victoria, y no quiero que nadie se me resista. Aquellas palabras de las Escrituras y de la fe que me resulten molestas o dañinas no las consideraré, sino las traspasaré de parte a parte”.


IV. RESPUESTA DE LA AUTÉNTICA GENEROSIDAD.

Y de nuevo de la citada nube tempestuosa oí una voz que dio respuesta a esta imagen: “Tú eres una aspereza peligrosa, dañina y demasiado amarga, tú no quieres contestar a Dios ni a sus mandamientos, sino quieres permanecer en tu amargura.
En cambio yo soy generosa en la lluvia y en el rocío, en el bálsamo y en la medicina, y obro en la lluvia en nombre de la gracia, en el rocío en nombre del gozo, en el bálsamo en nombre de la misericordia, en la medicina en nombre del consuelo de todos los dolores, de este modo me quedaré en ellos y así reinaré para siempre. En cambio tu elemento es la Gehenna, de la que incluso has nacido”.


LA TERCERA IMAGEN

La tercera imagen tenía la forma de un hombre, salvo que su cabeza, que se pegaba a su cuerpo entre los omóplatos, parecía la cabeza de una bestia salvaje más que la cabeza de un hombre. En efecto, tenía ojos grandes y encendidos y boca como un leopardo.
De una y de otra mandíbula le bajaba hasta al mentón una tira del color de la pez. De ambos lados de la boca colgaba fuera la cabeza de una serpiente, y por la boca emitía muchas llamas. Estaba sobre las rodillas, con el resto del cuerpo erguido. Circundaba su cabeza con un velo de negra pez a la manera de las mujeres y sobre el resto del cuerpo vestía una prenda totalmente negra de la que colgaban mangas vacías, pues tenía recogido los brazos en el interior. Y dijo:


V. PALABRAS DE LA IMPIEDAD.

“No quiero obedecer ni a Dios, ni al hombre. Si obedeciera a alguien, me mandaría hacer lo que le interesare a él, no haría caso de mis intereses, y podría decirme: ¡Márchate! Pero esto no ocurrirá. En efecto, si alguien me ofende, yo se lo devolveré centuplicado, y arreglaré mis asuntos de modo que nadie se atreva a resistirme. No quiero yacer bajo los pies de nadie. Solo tendré en cuenta mi provecho, como hacen todos los que no son estúpidos. Dios quiere que yo haga lo que a Él le agrada, pero no lo haré a menos que también me beneficie”.


VI. RESPUESTA DE LA PIEDAD

Y de nuevo oí una voz de la nube tempestuosa que dije, que contestó: “Tú eres diabólica y cruel, y tienes gran maldad en el corazón. Si Dios permitiera que tú hicieras todo lo que quieres, ¿quién sería Él entonces? Si Dios te devolviera bien a cambio de los males que realizas, ¿dónde estaría el cetro de su poder? En cuanto has comenzado a hacer mal, Dios te ha arrojado como un plomo al infierno, donde todas las criaturas te perseguirán. Por tanto, ¿dónde está ahora tu poder? En ti se alojan tinieblas, blasfemias y desprecio. ¿Dónde descansas? En los insultos. ¿Dónde encuentras paz? En la confusión. ¿Dónde moras? Allá dónde cada uno está contra el otro, dónde siempre hay infelicidad, donde se llevan a cabo homicidios con la crueldad del derramamiento de sangre”.

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