LA CÓLERA

Vi luego otros espíritus en la muchedumbre que mencioné antes que gritaban así contra el ejército de Dios: “¿Que poder tenéis contra nosotros? Ninguno”. Y con gran furor miraron a las mujeres, diciendo: “Éstas están disponibles para la propagación de la vida en el mundo, como la tierra está dispuesta a que la echen semillas. Apresurémonos a corromperlas, antes de que engendren quien pueda combatirnos”. Estos espíritus malignos difunden entre los hombres cólera, furor y otras cosas perversas y exhortan a los hombres al homicidio.


XCVII. PENAS DE PURIFICACIÓN DE LAS ALMAS DE LOS QUE PECARON DE CÓLERA CON ODIO, RAZÓN DEL CASTIGO

Y vi una masa de aire borrascoso como un fuego ardiente. Debajo había un lago vasto y negro, lleno de una podredumbre asquerosa, en la que había gusanos con sólo un ojo que agitaban toda aquella podredumbre con las colas. Las almas de quiénes habían tenido cólera con odio y no la habían abandonado mientras vivieron, fueron atormentadas por esta podredumbre asquerosa y por estos gusanos y fueron quemadas por el aire ardiente. Lo mismo que ellos habían mostrado la cólera que nunca se termina con odio tenaz, fueron atormentados por la suciedad y los gusanos de este lago, por la suciedad debido a su cólera y por los gusanos debido a su odio. Y sufrieron el fuego ardiente porque ellos habían llenado su cólera con la furia.


XCVIII. PENAS DE PURIFICACIÓN CON LAS QUE SON CASTIGADAS LAS ALMAS DE LOS QUE PECARON DE CÓLERA SIN ODIO, RAZÓN DEL CASTIGO.

Las almas de quien tenía cólera sin odio y de quienes habitualmente no tenían cólera se movían alrededor del lago separadas de sus cuerpos. Vieron los graves castigos de este lugar y los temieron. Ya que no habían tenido la cólera permanente arraigada, no fueron tocados por estos castigos, sino que vieron sus consecuencias y lograron escaparse deprisa de ellos.


XCIX. PENAS CON LAS QUE SON PURIFICADAS LAS ALMAS DE LOS QUE, CUANDO VIVÍAN, EN SU FUROR PERPETRARON UN HOMICIDIO, RAZÓN DEL CASTIGO.

También vi un gran fuego que tenía las dos penas opuestas y dolorosas del ardor y del frío, además de todo género de gusanos. Con estos tormentos fueron castigadas las almas de aquéllos que en vida, en el furor de su cólera, perpetraron un homicidio. Ellos sufrieron el fuego debido a su asesinato con cólera. Soportaron el fuego por la cólera que los indujo al homicidio, padecieron el frío debido a su ceguera, porque no consideraron lo que hacían, y tuvieron que soportar los gusanos por su presunción, porque no tuvieron respeto por el hombre, imagen de Dios.


C. PENAS DE PURIFICACIÓN DE LAS ALMAS DE LOS QUE, CUANDO VIVÍAN, COMETIERON HOMICIDIO POR AVARICIA, RAZÓN DEL CASTIGO

Vi también otro fuego en el que estaban dos gusanos enormes y de horrible aspecto que exhalaban sus soplos sobre el fuego y sobre las almas atormentadas en el. Las almas que durante su existencia cometieron homicidio por avaricia ardieron en el fuego y fueron torturadas por los gusanos. Y padecieron el fuego a causa del homicidio, y los gusanos a causa de la avaricia.


CI. PENAS CON QUE SE PURIFICAN LAS ALMAS DE LOS QUE MATARON A SUS AGRESORES PARA NO SER MATADOS Y EL PORQUÉ DE ESTAS PENAS

Vi un foso vasto y profundo, lleno de pez hirviente y azufre, alrededor del cual había ranas y escorpiones que infundían terror a las almas que eran allí torturadas, pero sin embargo no las herían. En efecto, las almas de los que mataron a sus agresores para no ser asesinados estaban colocadas en este foso. Por el homicidio que perpetraron de aquel modo, tuvieron que soportar el ardor; por el impulso que no fueron capaces de controlar, fueron torturadas con la pez; por el desprecio que infligieron a los que mataron, fueron atormentadas con el azufre. Tuvieron miedo de los escorpiones porque ellos tuvieron prisa en defenderse cuando alguien los atacó, diciendo en sus corazones: “Yo te mataré, antes de permitir que tú me mates”; y probaron el horror con las ranas porque realizaron este acto en la amargura de sus corazones.


CII. PENAS DE PURIFICACIÓN DE LAS ALMAS DE LOS QUE COMETIERON UN HOMICIDIO SIN SABERLO, Y COMO CUMPLIRLAS

También vi aquí y allá una masa de aire ardiente removida por el viento. Allí estaban las almas de los que cometieron un homicidio sin saberlo y sin embargo lo consideraban insignificante. Estaban en este aire ardiente porque habían contaminado el aire con un homicidioy soportaron el continuo movimiento del viento por que habían menospreciado este hecho.


CIII. PENAS A LAS QUE SON SOMETIDAS LAS ALMAS DE LOS QUE, CUANDO VIVÍAN, MATARON A OTROS HOMBRES POR ENVENENAMIENTO O DE ALGÚN OTRO MODO SIN DERRAMAR SANGRE, Y PORQUÉ SUFREN POR ESTO

Luego vi un fuego grande y resplandeciente en el que había horrorosos gusanos con hocico de puerco, que agitaban todo aquel fuego. Allí estaban las almas de los que mataron a otros hombres mientras estuvieron en vida, con veneno o de algún otro modo, sin derramar sangre. Ardían en este fuego resplandeciente ya que ellos trajeron la muerte a otros por medios ocultos; y fueron atormentadas por los gusanos con hocico de puerco por el veneno con que cometieron el homicidio.


CIV. PENAS DE PURIFICACIÓN DE LAS ALMAS DE LOS QUE HAN EXTINGUIDO LA VIDA HUMANA QUE GERMINABA EN ELLOS Y HAN MATADO A LOS NIÑOS YA NACIDOS, Y RAZÓN DEL CASTIGO.

Y vi un fuego intensísimo, que ardía cerca de un pozo de agua cristalina. Algunas almas quemadas por este fuego tenían gusanos ceñidos alrededor de su ombligo, como cinturones. Otras, sin embargo, aspiraron un poco de fuego y luego lo expiraron, como hace un hombre cuando toma aliento y luego de nuevo lo emite. Luego, los espíritus malignos arrojaron sobre ellos con violencia piedras incandescentes. Todas estas almas tenían que mirar en el agua del pozo mencionado sus propios tormentos como en un espejo, y por consiguiente sufrían una aflicción todavía mayor. Éstas eran las almas de aquellos que, mientras habían estado vivos, habían extinguido la vida humana que germinaba en ellos y habían matado a los niños ya nacidos.
Las almas de las que destruyeron en sí la vida apenas concebida, ardían por esta culpa en el fuego, y llevaban el cinturón de gusanos debido a su acción inhumana. Las almas de los que habían matado a su propia prole, fueron castigadas por su maldad en este fuego, y debido a aquel despiadado asesinato, inspiraban el fuego y lo vomitaban de nuevo. Y sufrieron los golpes de las piedras ardientes lanzadas por los espíritus malignos por la dureza de ánimo que demostraron al hacer eso. Además, ya que no se preocuparon de considerar lo que hicieron, vieron reflejado en el agua los tormentos que padecían, no por consuelo, sino para tener mayor sufrimiento.


CV. LAS ALMAS DE LOS QUE SE DIERON MUERTE A SÍ MISMOS ESTÁN EN LA GEHENNA, SOMETIDAS A LOS SUPLICIOS DEL HOMICIDA.

No ví las almas de los que se dieron muerte a sí mismos ni las penas a que fueron sometidos, pero supe que se encontraban en el pozo de la Gehenna. En efecto, tuvieron que padecer los suplicios del homicida, ya que se mataron, pero fueron sumergidas en el pozo de la Gehenna puesto que no hicieron penitencia por este acto.
Y por el Espíritu viviente vi y entendí eso.


CVI. LOS HOMBRES QUE SE CASTIGAN POR SUS TRANSGRESIONES MIENTRAS ESTÁN EN VIDA, HACIENDO PENITENCIA CON CILICIO, AZOTES Y AYUNOS, PUEDEN BORRAR LOS ACTOS DE CÓLERA COMETIDOS CON ODIO.

Y de nuevo oí una voz de la mencionada luz viviente que me dijo: “Estas cosas que ves son verdaderas: y son tal como las ves. Por tanto los hombres implicados en los vicios castigados con las penas descritas, si aborrecen el horror de los suplicios, deben esforzarse en castigarse por sus transgresiones mientras todavía estén vivos, para no tener que soportar los peores tormentos en el mundo futuro. En efecto, los que hacen de la cólera y del odio su segunda naturaleza, si quieren alejar de sí los espíritus malignos que se lo sugieren y evitar los castigos, deben afligirse con cilicios y latigazos e imponerse un ayuno severo”.


CVII. LOS HOMBRES QUE EXPERIMENTARON CÓLERA SIN ODIO DEBEN CASTIGARSE PARA NO INCURRIR EN LAS PENAS CONSIGUIENTES.

En cambio, si experimentaron cólera sin odio malvado y quieren corregirlo, impónganse cilicio y latigazos, pero no ayuno, en proporción al peso de sus pecados y según la recomendación que les indique el consejero espiritual de sus almas.

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