LIBER VITAE MERITORUM

LIBRO DE LOS MÉRITOS DE LA VIDA


INCIPIT LIBER VITE MERITORUM PER SIMPLICEM HOMINEM A VIVIENTE LUCE REVELATORUM

COMIENZA EL LIBRO DE LOS MÉRITOS DE LA VIDA REVELADOS POR LA LUZ VIVIENTE A TRAVÉS DE UNA SIMPLE MORTAL

Esto me pasó a mí, una simple mortal, el noveno año después que la aparición verdadera me manifestara revelaciones auténticas por las que padecí durante diez años. Me pasaba desde el primer año, desde que esa aparición se me manifestara para explicarme las cualidades de las diversas naturalezas de las cosas creadas, y respuestas y consejos para muchas personas tanto de rango distinguido como inferior, y la sinfonía armónica de las revelaciones celestes, y escritos e incluso una lengua desconocida1 con algunas otras explicaciones. En ese tiempo, después de las dichas visiones, me quedaba luego una debilidad intensa y una molesta y grave pesadez del cuerpo. Y así durante ocho años. Cuando cumplí los sesenta tuve una poderosa y admirable visión por la que también padecí durante un quinquenio. Así pues, el año en que cumplí los sesenta y uno, que es el 1158 de la Encarnación del Señor, reinando Federico como Emperador de Romanos, por desgracia para la Sede Apostólica, oí una voz del Cielo que me decía: “Tú, a quien desde la infancia se ha dado el don de la revelación verdadera, no corporal sino espiritual, por el Espíritu del Señor, transmite las cosas que ahora ves y oyes. Verdad es que al principio de tus visiones se te manifestaron algunas cosas a modo de leche espiritual, pues unas se te desvelaron como alimento suave y ligero, pero luego otras te fueron manifestadas como alimento sólido y perfecto. Ahora habla, no desde ti sino desde Mí, y escribe desde Mí y no desde ti”.
Y al igual que me había sucedido en visiones anteriores, siendo testigos aquel hombre y la niña que me asistía2, yo hubiera deseado ocultarme y que nadie me hallara, pero me puse a escribir. Y de nuevo oí la voz del cielo que me hablaba y me instruía

1Alude a algunas de sus obras,
2Se refiere al monje Volmar, secretario y copista, y otra monja, quizás Richardis von Stade, quienes la ayudaron a escribir el Scivias y el Libro de las Obras Divinas, y a quienes también cita en los Prólogos de dichas obras.

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