Para qué Enoch y Elías resucitarán de la muerte a los ojos de todo el mundo. Levantándolos sobre una nube, se confirmará definitivamente la resurrección de los muertos y la antigua serpiente reaccionará suscitando en el hijo de la perdición el máximo furor contra Dios y los santos.

XXXV. Después de que Enoch y Elías hayan padecido la muerte del cuerpo por obra del hijo de la perdición, ocurrirá que los seguidores de éste se alegrarán mucho viendo que los ha destruido, pero posteriormente, cuando el espíritu de vida los resucite y los lleve para arriba sobre las nubes, su alegría se transformará en temor, tristeza y gran desconcierto. En efecto, al resucitarlos y hacerlos subir al cielo Yo, el Omnipotente, probaré que nadie puede negar la resurrección y la vida de los muertos pese a los argumentos contrarios aducidos por cuantos no creen, sino que en aquel día, cuando se purifiquen los elementos con que el hombre ha pecado, también el hombre resucitará de la muerte y se reintegrará a una claridad mayor que cuando fue creado. La penitencia es sumamente agradable a Dios, y cuando un grupo de personas se mueve para hacer penitencia, el cielo se mueve con la voz dolorosa del arrepentimiento y cantan junto a los querubines con todas la voces las alabanzas de Dios.
Entonces la antigua serpiente sentirá gran rabia por su resurrección y persuadirá al hombre de la perdición para tratar de recuperar el trono del que él mismo fue echado en un tiempo, de modo que se olvide la resurrección de los dos profetas y se borre completamente la memoria del Hijo de Dios en los hombres, y hablará para sí, diciendo: “A través de este hijo mío, plantearé una batalla mayor que la que combatí en el cielo, con él cumpliré toda mi voluntad y no habrá ni Dios ni hombre que pueda resistir a mi deseo. Sé con certeza que no podré ser vencido y que por fin seré el vencedor absoluto”.
Entonces el hijo de la perdición reunirá una gran muchedumbre para ostentar su gloria ante ella cuando intente subir al cielo. De modo que, si aún quedase en la Iglesia un mínimo de fe intacta, su ascensión la aniquilaría definitivamente. Pero cuando, mande en presencia de todo el pueblo a los elementos superiores que le lleven a los cielos, se ejecutarán las palabras de Pablo, mi fiel, que repleto del espíritu de verdad dijo:

 

El inicuo, cuyo orgullo será tan manifiesto frente a una muchedumbre que lo mira y escucha, mandará a los elementos superiores que lo acojan mientras sube al cielo. Será muerto por el Espíritu de la boca de nuestro Señor Jesús, como testimonia el apóstol. Cuántos lo vean desistirán del error y se convertirán a la verdadera fe, y así todo el orgullo del diablo se precipitará en la ruina.

XXXVI. “Entonces se manifestará el impío, y el Señor Jesús lo destruirá con el soplo de su boca” (2Té 2,8). Para comprender estas palabras hay que interpretarlas así: En aquel tiempo será desvelado el hijo de la iniquidad y todas las gentes verán claro que mintió, ya que tuvo la presunción de subir al cielo. Pero el Hijo de Dios, dominador y salvador de todas las gentes, lo matará mientras intenta hacerlo, y lo hará con la fuerza con que él, que es la Palabra del Padre, juzgará el orbe terrenal con su justo juicio. Cuando este hijo de la perdición con su arte diabólico se haya levantado hacia arriba, será arrojado a tierra por la virtud divina y lo acogerán el hedor del azufre y la pez, tan fuerte que todos los presentes buscarán refugio en las montañas. En verdad, un terror tan grande se apoderará de los que vean y oigan estos acontecimientos que se convertirán a la verdadera fe del bautismo, renunciando al diablo y a su hijo. Y la antigua serpiente, atónita, rechinará los dientes y dirá para si: “Hemos sido confundidos. Ya no seremos capaces de subyugar a los hombres de la misma manera que lo hemos hecho hasta ahora”.

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