Sobre la naturaleza de los juicios de la potencia divina, que se manifestarán cuando esté cercano el fin del mundo. Entonces la mayor parte de los hombres abandonarán la auténtica fe católica y se convertirán al hijo de la perdición.

XXVII. Y ahora, hombre, mira que la parte externa de aquella rueda aparece agitada y turbulenta como el mar en tempestad, cuando casi alcanza la parte mediana en la que está trazada la línea transversal. Esto indica que el juicio de la potencia de Dios será agitado en aquel tiempo y turbulento como el mar en tempestad, ya que no encontrará en los corazones de los hombres incrédulos, ni paz ni la pureza de la fe católica. Esto ocurrirá cuando llegue a término la estabilidad del mundo presente, es decir cuando la voluntad de Dios se una a la potencia y determine el momento en que su potencia ponga punto final al mundo y las cosas que hay en él, ya que en aquel tiempo los hombres rehuirán la sinceridad y la estabilidad de la verdadera fe y se alejarán del Dios verdadero, volviéndose al hijo de la perdición. Éste, llevando turbación a toda la Iglesia, producirá grandes agitaciones y adversidades con las que cubrirá a los fieles que intentarán resistirle. Y así ocurrirá que cuando los hombres, después de haber sufrido grandes tribulaciones por las invasiones de pueblos extranjeros y por las divisiones dentro del imperio, crean vivir en paz, entonces surgirá de pronto una agitación de las herejías y confusiones dentro de la iglesia.

 

Sobre la concepción y el nacimiento del Anticristo, que estará desde el principio lleno de espíritu diabólico. Estará escondido y educado en las artes mágicas hasta llegar a la edad viril. Como será de grande la turbación y cuánta será la incertidumbre sobre los acontecimientos y el tiempo en el mundo y en la Iglesia en aquellos días.

XXVIII. En aquel tiempo una mujer inmunda concebirá a un hijo inmundo, al que la antigua serpiente, que devoró a Adán, llenará de confusión, para que nada bueno pueda entrar ni residir en él. Le criarán en lugares ocultos y apartados para que no pueda ser reconocido por los hombres, y será instruido en todas las artes diabólicas. Se mantendrá escondido hasta que llegue a la plenitud de la edad, y no manifestará su maldad hasta asegurarse que posee completamente y de manera superabundante todas las artes del mal. Desde el principio, estallarán peleas y contrastes contra el recto orden, el ardor de la justicia estará ofuscado en su honestidad y el amor entre los hombres disminuirá. Nacerán entre los hombres amargura y acritud y las herejías serán tales, que los herejes podrán predicar abiertamente y en plena seguridad sus erróneas creencias. La duda y la incertidumbre en la fe católica de los cristianos aumentarán tanto, que las gentes dudarán a qué Dios dirigirse. Aparecerán muchas señales en el sol, en la luna y en las estrellas, en las aguas y en los otros elementos y en todas las criaturas, y de la observación de todos estos prodigios, que se podrán contemplar como si estuvieran pintados en un cuadro, se podrán predecir los males futuros. Por tanto en aquel tiempo será tal la tristeza de los hombres, que considerarán la muerte casi con indiferencia.
Pero los que sean perfectos en la fe esperarán haciendo la penitencia que Dios les mande hacer. Estas tribulaciones continuarán hasta que el hijo de la perdición abra la boca para predicar su nociva doctrina. Y cuando haya pronunciado sus palabras de falsedad y mentira, el cielo y la tierra se echarán a temblar y la cadena de la justicia que Pablo hizo que bajara hasta los pies de la figura de la virtud, como se ha dicho anteriormente, se moverá por primera vez como tocada por un fuerte soplo de viento, ya que hasta aquel tiempo habrá estado intacta e inmóvil.
En realidad Pablo reforzó su doctrina con la fuerza de muchos milagros y la engalanó decorándola con palabras muy profundas, de forma que duraran hasta el final del mundo, como enseña esta cadena que casi baja hasta los pies de la justicia hasta el final del mundo. Y, en la elevación de su espíritu, con palabras verdaderas habló a los creyentes a propósito de la segunda llegada del Hijo de Dios y la mortífera agresión del hijo de la perdición, diciendo:

 

Testimonio de la carta de Pablo a los Tesalonicenses sobre el fin del mundo y sobre la llegada, la obra y la condena del Anticristo, y como tiene que ser interpretada.

XXIX. “No os dejáis agitar y apartar tan fácilmente del buen sentido, ni alarmar por la supuesta inminencia del día del Señor, aunque sea por una revelación del espíritu, o por una palabra, o una carta, como si vinieran de parte nuestra. Que nadie os engañe de ninguna manera porque primero debe venir la apostasía y manifestarse el hombre de impiedad, el hijo de perdición, que se enfrentará o se levantará contra todo aquello que se denomina Dios u objeto de veneración, hasta el punto de sentarse en el templo de Dios, mostrándose él mismo como si fuera Dios” (2Té 2,2-4). Para comprender estas palabras tenemos que interpretarlas así: Vosotros, que pertenecéis a Dios y creéis en sus palabras, sed prudentes y no dejéis que ningún temor sacuda vuestros corazones, ni por engaño espiritual ni con discursos de seducción ni con palabras escritas como si fueran palabras veraces dirigidas a vosotros, como si estuviera cercano el día que el Creador de todas las cosas revelará los secretos de los corazones.
Estad en guardia, para que nadie con manifestaciones ilusorias e irreales logre torceros y seduciros en ninguna ocasión, ya que no ha llegado todavía el tiempo en que la excelencia de la Iglesia sea dispersada y hollada la verdadera fe, lo que denominamos como apostasía, cosa que ocurrirá en el tiempo del hijo perverso, cuya madre es inmunda y no sabe de quién lo ha concebido, cuando todos reconozcan que ése, el pecador que representa y recoge en sí todos los pecados, es el hombre del pecado, porque desde su primera aparición estará todo él lleno de pecados, y será conocido como el hijo de la perdición más cruel, ya que será inmoral en todo y les enseñará a los hombres cosas contrarias a Dios. Y el seductor de la humanidad lo inflamará tanto, que igualará su primitivo furor, cuando quiso parecerse a Dios. Por tanto será hostil contra todos los que adoran Dios y se pondrá por encima de todas las criaturas, denominándose Dios y ordenando que se le adore como Dios. No creáis pues que ya esté cercano el día de Dios, en que juzgará el orbe terrenal, cuando haya llegado el fin del mundo.
Y todavía dice Pablo, infundido por el Espíritu Santo: “Porque el misterio de la iniquidad ya está trabajando en secreto, sólo que actualmente hay quien lo retiene, hasta que se retire” (2Te 2,7). Para comprender estas palabras hay que interpretarlas así: La sugestión oculta del diablo ya se manifiesta en las obras de los herejes, con las cuales el persuasor malvado lanza sus flechas para tratar de destruir las verdades de la verdadera fe. Sólo quien tenga fe se empeñará con recta intención y justo esfuerzo en mantener la fe apostólica y realmente católica, firme y estable, y en protegerla de estos asaltos. Esto sucederá mientras sea la mitad de los tiempos, entre el principio y el fin, porque luego, cuando esté más cerca el tiempo del hijo de la perdición, la fuerza de la fe declinará, y se doblará por la debilidad. Y entonces quien haya mantenido la excelencia de la Iglesia y la recta fe en Dios tendrá gran recompensa, porque por su mérito entrará en el reino de los cielos, pero quien no tenga fe, no tocará nada sino la perdición. Así también es el hombre, en el medio de la potencia de Dios, porque antes de que el hombre fuera hecho, Dios fue, y después de que la existencia corpórea del hombre llegue a su punto final, Dios permanecerá en su virtud.

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