El antiguo enemigo, que venció al primer hombre seduciéndolo, fue vencido por Cristo como hombre. El enemigo, creyendo poder de nuevo vencer a través de otro hombre, infundirá en el Anticristo, con el permiso de Dios, toda su maldad y servirá para combatir la fe católica e intentar destruir la doctrina de Cristo.

XXX. El antiguo enemigo, que la fuerza de la divinidad precipitó en las profundidades del abismo, cayó como un plomo en las agua borrascosas, ya que dio fundamento a la iniquidad voluntariamente, mientras Dios es justo y verdadero y nadie es parecido a él, porque existiendo eternamente por sí creó todas las cosas de la nada. Y ya que venció al primer hombre, el antiguo enemigo cree que puede llevar a cabo valiéndose de otro hombre, es decir del Anticristo, lo que en un tiempo inició, cuando intentó luchar contra Dios. En realidad el Anticristo, poseído por el diablo, cuando abra la boca para predicar su perversa doctrina destruirá todo lo que Dios fundó en la antigua y en la nueva ley y afirmará que la impureza y los delitos parecidos no son pecados.
Dirá que no hay pecado si la carne busca el calor de la carne, como si el hombre se calentara al fuego. Afirmará que todos los preceptos que prescriben la castidad derivan de la ignorancia, porque si un hombre está caliente y otro frío, es obvio que se consuelen uno a otro. E irá repitiéndoles a los fieles: “Vuestra ley de la continencia es contra natura, porque manda que no esté caliente el que arde por el fuego, incendiando con ello todo el cuerpo. ¿Cómo podrían ser fríos contra su naturaleza? ¿Y por qué debería abstenerse de calentar la carne de otro? Aquel hombre que llamáis vuestro maestro os ha dado una ley que está demasiado por encima de vosotros, al mandaros vivir así”. Pero en cambio yo os digo: “Vosotros estáis hechos de estos dos modos, unos calientes y otros fríos, así que daros tibieza unos a otros, y reconoced que aquel hombre os ha dado reglas injustas, ya que aunque haya mandado que los hombres no se den tibieza uno a otro, al hacerlo así honran a su propia naturaleza carnal. Por lo tanto, no os dejéis seducir por esa doctrina injusta, ya que está en mí decidir lo que puedo y lo que no puedo hacer. Vuestro maestro no os ha dado enseñanzas correctas, porque ha querido que fuerais como espíritus no revestidos de carne sino que no podéis actuar sin el cuerpo. La carne del hombre, que se le da en el nacimiento y que está invadida por el fuego que la da forma, no ha sido creada así, porque si los hijos de los hombres no fueran creados de este modo, no tendrían posibilidad de realizar sus obras. Sabed pues quien sois. El que os enseñó antes, os engañó y no os ayudó para nada. Yo os infundo el conocimiento de vosotros mismos, para que sepáis quienes sois, porque soy yo el que os he creado y soy todo en vuestro todo. Pero ese, que debe todas sus obras a otro, no habló por sí, porque por sí no tiene ningún poder, pero yo hablo de mí y tengo por mí mismo poder sobre todo”.
Con éstas y parecidas palabras el desgraciado hijo de la perdición engañará a los hombres, enseñándoles a vivir según el gusto ardiente de la carne y a consentir en todo deseo carnal, mientras que, tanto la antigua como la nueva ley invitan a los hombres a la castidad, practicada con justa medida. De este modo Lucifer, a través del Anticristo, renegará de la justicia de Dios, y creyendo poder cumplir por su medio todo lo que ha iniciado, creerá poder desviar hacia sí el Jordán, de modo que el bautismo ya no se nombre sino que más bien se rechace completamente, como a él se le rechaza con el bautismo. Y con estas palabras imperiosas creerá poder subyugar a mucha gente, para que en comparación con los suyos, el Hijo de Dios tenga solo un pequeño número de fieles.

 

Por qué el apóstol denomina al Anticristo hombre del pecado e hijo de la perdición. Cita del Apocalipsis de Juan sobre esto, y cómo tiene que ser interpretado. Se explica luego que el diablo tuvo seguidores en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, engañando a los primeros con la idolatría y a los segundos con las herejías.

XXXI. A Este hombre se le denomina hombre del pecado porque llevará a cabo Y favorecerá todos los males, y se le llama hijo de la perdición, porque la muerte y la perdición serán sus dominadoras y, como ya se ha dicho, seducirá a multitud de los pueblos y con modos perversos e infames los atraerá a si y se hará adorar como Dios. Como dice Juan al presentar la revelación de la verdad, y al describirlo con la imagen de una bestia feroz: “Y lo adorarán todos los habitantes de la tierra cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero” (Ap 13,8). Para entender estas palabras tenemos que comprender que está hablando de cosas futuras, e interpretarlas así: Los que hayan puesto la morada de sus corazones en las cosas terrenales, cuyos nombres no están marcados con el signo de la santidad en la vida eterna y cuya boca no conoce la mentira, adorarán a la bestia malvada inclinándose con el cuerpo y con la mente. Por tanto, también se perderá el que adore los escritos de este hombre perdido, tributándole culto, y quien conserve en su corazón los escritos de Satanás, que fue echado por Dios ya que quiso ser Dios. Por tanto también se le llama muerte, porque rehuyó la vida de aquel en quien no se encuentra la muerte, sino que más bien todo lo vivífica.
Todos los que sigan a este hijo de la perdición y ejecuten sus obras no estarán escritos en el Libro de la Vida del Cordero, porque este Cordero es la Palabra de Dios, aquella Palabra, ¡Hágase!, de la cual toda criatura procede. Pero a pesar de eso, el diablo ha tenido a seguidores bajo el Antiguo Testamento y los tiene bajo el Nuevo. En el tiempo del Antiguo Testamento fueron los adoradores de Baal, y en el tiempo del Nuevo los Saduceos, todos iniciadores del cisma. Porque antiguamente, con las perversiones de Baal violaron la ley de Dios, que es la raíz de la justicia en la que se ampararon patriarcas y profetas, y luego sucesivamente, bajo la nueva ley, los seguidores del diablo fueron los que negaron la resurrección en desprecio a la justicia divina con los Saduceos, porque los Evangelios son las ramas de aquella raíz y el fruto de las ramas es el testimonio de Cristo, que tritura a los ídolos de Baal y a los Saduceos.
De estos últimos se derivan los herejes que niegan la creación de los primeros vivientes. Su error es peor que el precedente, ya que es la negación absoluta de Dios en la creación y en las almas vivientes. Todos ésos adorarán pues a la bestia desgraciada, es decir al hombre de la perdición, y abandonando la fe de Dios omnipotente proclamarán que no hay ningún obstáculo en desobedecer sus preceptos.

 

Sobre las señales, prodigios y tempestades que producirá con sus artes mágicas y cómo, aparentando morir y resucitar, hará que en la frente de sus seguidores aparezca por engaño diabólico cierta inscripción, que los llevará al error hasta tal punto que ya no podrán apartarse ni separarse de él.

XXXII. Así su falta de fe desciende hasta la cabeza de leopardo hecha de oro y colgada de la cadena de aquella joya, cabeza que representa al Anticristo. En efecto, éste, atribuyéndose el nombre de Dios, cosa que está simbolizada por la cabeza hecha de oro, con artes diabólicas y revolviendo los elementos, obrará horrorosos prodigios y producirá tempestades impresionantes, y Dios permitirá que esto ocurra para que todo el género humano reconozca su caída.
Éste en efecto, aparentará morir por la redención de su pueblo, y resurgir resucitando de la muerte, y hará escribir sobre la frente de los que le siguen una inscripción a través de la cual hará penetrar en ellos todos los males, como ya hizo la antigua serpiente cuando engañó al hombre y, después de adueñarse de él, le encendió la lujuria. Y a través de la misma inscripción contraria al bautismo y al nombre de cristiano se introducirá en ellos con sus artes mágicas, de modo que no tengan el deseo de separarse de él y tomen su nombre, como los cristianos lo reciben de Cristo.
Esta escritura Lucifer la ha meditado mucho tiempo dentro de sí y no la reveló nunca a nadie, a excepción de aquel que poseerá desde el vientre materno. Por esta razón estará convencido de poder llevar a cabo todos sus planes a través de este hombre. Sin embargo también aquel hombre perdido recibirá su propia alma y con ella la vida, de Dios, no del diablo. Por otra parte, también este desgraciado tentador, el diablo, el antiguo seductor que odia el bien, también recibió la vida de Dios. En efecto, sólo Dios es vida que mueve todo soplo y todo lo que vive, ya que sólo Él es principio sin principio. Y lo mismo que Lucifer luchó en el cielo contra Dios, así también intentará combatir en la tierra contra la humanidad del Hijo de Dios valiéndose de este hombre perdido. Lo hará utilizando esta inscripción, con la cual renegará de Dios, Creador de todas las cosas, creyendo entregar a sus seguidores dones más ilustres que los que da Cristo, el Hijo de Dios, a los que creen en él.
Esta inscripción no se vio nunca antes ni es conocida en lengua alguna, porque Lucifer la encontró originariamente en él mismo, y la proferirá con aquel engaño con que seduce a los hombres, para que no conozcan a su Creador, e ilusionará con ella a los infieles de tal modo que les será imposible adorar a otro excepto a quien les plazca. Además, el hijo de la perdición también dirá que, lo mismo que la leña cortada se conserva hasta que el artista la da forma y la adorna, para que sea venerada por todos, así el hombre en el nacimiento está privado de dignidad hasta que no esté ennoblecido con esta inscripción, ya que en ella hay mayor salvación y virtud que en la creación del hombre. Pero Dios destruirá todas las promesas de aquella inscripción junto a su autor. En cambio la escritura dada por el Espíritu Santo no tendrá fin. Y sin embargo, cuando empiecen a atraer a sí personas de todo género con señales falsas como ésta, los santos y los justos estarán revueltos y sentirán un gran temor.

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