Palabras del profeta Isaías que testimonian la primera venida del Señor, y que encontrarán lleno cumplimiento en la segunda a través de la iluminación de los judíos, que cegados por el escándalo de la Pasión de Cristo se secaron perdiendo la fecundidad de la fe y las buenas obras.

XVIII. Aquel día, mientras los ángeles cantaban la paz otorgada a los hombres, nació mi Hijo de la Virgen, el Hijo de Dios, de quien los ángeles cantaron las alabanzas junto a los pastores que fueron devotamente a buscarle. Repartía los frutos de la tierra, a la cual había devuelto la paz y prodigó la dulzura aire de nuevo: Fue un día de alegría entre los hijos de Jacob que fueron liberados de los males y las tribulaciones del pasado, porque en el tiempo anterior fueron juzgados justamente y les fueron enviadas muchas aflicciones. Y así, cuando la luz de la verdadera fe ilumine los corazones de los fieles, celebrarán al Hijo y creerán que proviene de Mí y le ensalzarán porque sabrán que ha vuelto conmigo a la gloria. Por eso será abundante en ellos el fruto de las buenas obras. Y su regocijo todavía aumentará cuando, arrancados del poder del diablo y liberados de las penas del infierno, sean contados entre los hijos de Dios.
Pero las flores de la viña de Sabaoth, nacidas de las yemas de la vara de Aarón que no fue inflamada por la baba del serpiente, se secaron cuando el Hijo padeció sobre la cruz, porque los ojos de los judíos estaban entumecidos en las sombras de la muerte, cuando escucharon las palabras proféticas y las rechazaron junto con la flor verdadera, flor que toda la tierra reconoció cuando expiró sobre la cruz. Dictaron la muerte sobre sí y se secaron tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Porque el Antiguo Testamento es como el invierno, que tiene escondido en si el verdecer de la tierra y el Nuevo es como el verano, que produce hierbas y flores.

 

Palabras de Nuestro Señor Jesucristo que, mientras era llevado a la muerte, dio respuesta a los que se lamentan hablando del árbol verde y del seco. Cómo hay que interpretarlas.

XIX. “Por eso dijo a cuánto lloraban por Él: Si tratan así la madera verde, ¿que ocurrirá con la seca?” (Lc 23,31). Para comprender estas palabras hay que interpretarlas así: el Hijo fue la madera verde que da verdor a todas las virtudes, pero aun así fue despreciado por los incrédulos. El Anticristo es la madera seca, porque pisando el verdor de la justicia seca todas las cosas que están verdes en la rectitud. Por tanto será aniquilado.
Y todavía, fue madera verde aquel tiempo en que los hombres tenían el remedio para curar todos los dolores y no temieron el juicio que llegará al final de los tiempos. Madera seca es, en cambio, la separación de que Pablo, mi vaso elegido, dice que aparecerá antes del hijo de la perdición, cuando todos los dolorosos acontecimientos conectados con él revuelvan el cielo y la tierra. En verdad, el cielo y la tierra se tambalearán en el juicio futuro, como está prefigurado de la madera verde, cuando la rueda del firmamento, que encierra en sí muchas señales, al derrumbarse se lleve el resplandor de la luz, cosa que también está revelada en las palabras de los profetas que hemos manifestado.

 

La Iglesia disfrutará de toda clase de alegrías, de multitud de bienes temporales y abundancia de bienes espirituales durante un corto espacio de tiempo gracias a la recuperación del estado de justicia poco antes de los últimos tiempos, mientras una parte de los judíos y de los herejes que persistirán en el mal, exultarán con perniciosa presunción ante la próxima venida de la Anticristo.

XX. En aquellos días, dulces nubes de aire dulce rozarán la tierra y transpirarán fecundidad y fertilidad, porque los hombres se prepararán para la justicia absoluta, mientras que la fertilidad había faltado en los tiempos precedentes, cuya debilidad era femenina, ya que los elementos habían sido violados por los pecados de los hombres y habían decaído en su función. Entonces los príncipes y todo el pueblo de Dios seguirán fielmente los órdenes de la justicia de Dios y prohibirán todas las armas hechas para matar, y sólo conservarán los utensilios de hierro con que se cultiva la tierra y los que los hombres tengan necesidad de usar. Y si alguien infringiera este orden, se le matará con sus propias armas y se le arrojará a un lugar desierto.
Y entonces, así como las nubes emiten una lluvia dulce que ayuda a las flores a fructificar, así también el Espíritu Santo derramará sobre el pueblo el rocío de su gracia con la profecía, la sabiduría y la santidad, de forma que parecerá que el pueblo se haya transformado, asumiendo otra regla de vida, una regla buena. La vieja ley fue la sombra de la vida espiritual, ya que estaba completamente sellada para las criaturas, como en invierno los frutos están completamente escondidos en la tierra y no se ven, porque aún no están formados. Aquella ley no tuvo verano, porque no había aparecido todavía el Hijo de Dios encarnado. Pero a la llegada del Hijo la ley cambió, asumiendo todo su sentido espiritual, y enseñó entonces los frutos de la vida eterna en las reglas evangélicas, como el verano que produce flores y frutos. En aquel tiempo, pues, se iniciará el verdadero verano por obra de la virtud divina, porque todas las cosas serán entonces firmes en la verdad. Los sacerdotes y los monjes, las vírgenes y los consagrados y todas las demás órdenes se mantendrán en la rectitud y vivirán una vida justa y buena, rechazando el orgullo y las riquezas superfluas, porque lo mismo que las nubes templadas y el aire producirán lo que sea necesario y útil a los frutos, así la semilla de la vida espiritual se propagará por la gracia de Dios.
En realidad la profecía que hemos recordado será revelada; la sabiduría estará llena de alegría y vigor y todos los fieles se reconocerán en ella como en un espejo. Entonces los verdaderos ángeles se unirán amistosamente con los hombres, cuando vean que siguen una regla nueva y santa, mientras que ahora a menudo se alejan de ellos a causa del hedor de sus pecados. Y los justos gozarán encaminándose a la tierra prometida, a la vista del premio eterno. Sin embargo no serán completamente felices, porque verán acercarse el juicio futuro; en eso serán como peregrinos que vuelven a su patria, que no son todavía completamente felices, porque todavía están en camino.
En cambio los judíos y los herejes se alegrarán muchísimo, diciendo: “Nuestra gloria está cercana, quedarán humillados los que nos persiguieron y desterraron” Sin embargo muchos paganos se harán cristianos, viendo la abundancia de honores y riquezas de que gozarán, y después de haber recibido el bautismo, predicarán a Cristo junto a ellos, como ocurrió en el tiempo de los apóstoles, y dirán a los judíos y a los paganos: “Aquél que afirmáis ser vuestra gloria es vuestra muerte eterna, y veréis el horrible y ruinoso fin del que llamáis vuestro príncipe. Entonces vosotros también os convertiréis, cuando fijéis vuestras miradas en la que nos ha enseñado al Hijo de la aurora, es decir en Maria, la Estrella del Mar”.
Aquellos días serán fuertes y admirables en la paz y en la estabilidad, parecidos a un ejército en armas que escondido entre las rocas tiende una emboscada a los enemigos y luego los persigue hasta matarlos. Anunciarán la llegada del último día, porque en ellos se llevara a cabo toda la gracia prometida y cuanto bueno han anunciado los profetas. En aquellos días se fortalecerán la sabiduría, la devoción y la santidad, ya que si el Hijo de Dios no hubiera sido preanunciado por los profetas y hubiera venido en un abrir y cerrar de ojos, habría sido olvidado pronto, como el hombre de la perdición, que llegando casi a hurtadillas será rápidamente destruido.

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