Descripción mística del modo en que los apóstoles aceptaron la justicia que Dios les confió para que la predicaran en todo el mundo, cómo la asumieron según la diversidad de sus caracteres, y según la distribución de las gracias que derrama el cielo, como si fuera un magnífico y variado vestido. Excelencia de la doctrina del apóstol Pablo, y por qué fue elevado por la sublimidad de sus revelaciones y oprimido por el peso de la enfermedad.

IX. Mateo, de carácter apacible y de inteligencia poco profunda, ofreció a los hombres su enseñanza de modo agradable y fácil, consolidó la doctrina de los apóstoles y la dio a conocer como guía de la propia. Así convirtió a la verdadera fe de Dios a mucha gente con su predicación dulce como la miel, ya que por la mansedumbre de sus modos la gente bebió de su doctrina como niños que chupan la leche, y el Espíritu Santo lo tocó, de modo que escribiera fielmente la Encarnación del Hijo de Dios. Y él con la seda de la devoción hizo una camisa, que significa la contrición ordenada y luminosa como la luz del día, y con ella revistió la justicia, y por ella se dejó conducir al martirio.
En cambio Tomas fue un hombre de actitudes fuertes y atrevidas que no se convertía fácilmente a cualquier causa ni daba fácilmente su consentimiento a cualquier cosa. Sólo creyó en lo que vio, y tampoco quiso aceptar las realidades interiores e invisibles primeras que le fueron enseñados en los signos. Los signos se conocen a través de las obras, así, los hechos pertenecientes al cuerpo se ven con los sentidos del cuerpo. En cambio, los hechos espirituales se entienden a través del espíritu. Se sabe que un hombre es espiritual por la santidad de las obras. Tomas convirtió a mucha gente a Dios y revistió la justicia con un largo vestido tejido de seda verde que vistió sobre la camisa y que brillaba como los rayos de sol, cuando lo engalanó con la rectitud de la buena intención y lo hizo brillar por todas partes, apartando los ídolos de los corazones de los incrédulos para convertirlos a Dios. Se ofreció con el martirio a su Señor.
Pedro tejió una túnica de lino fino y de púrpura cuando valientemente y con dulzura propagó la rectitud. Y con ella revistió de justicia a los órdenes eclesiásticos. Sufrió muchos apuros en el cuerpo y en el alma.
Matías, apacible y humilde como una paloma, ajeno a las diferentes costumbres de los hombres, a la envidia y al odio, fue un vaso del Espíritu Santo, que habita en los que no dejan vagar sus mentes en las plazas porque no son curiosos de las novedades. Y casi sin enterarse, en su humildad, hizo en presencia de creyentes y no creyentes muchas señales y milagros, y se preparó para el martirio como para un banquete. Preparó así a la justicia un trono real, sobre el cual pudiera sentarse dignamente, sustentado por cuatro columnas hechas cabezas de águila y patas de león, porque en la humildad voló hacia las cuatro partes del mundo y ninguna ofensa fue capaz de vencerle. Difundiendo en muchos países su predicación y soportando con paciencia todas las ofensas llevó virilmente a perfección su obra. Por tanto todos lo escucharon de buena gana y fue muy querido. Hizo sentarse a la justicia sobre el trono que la preparó con su humildad.
Dios eligió a los doce apóstoles entre personas de carácter diferente, como ya eligió a los doce profetas, ya que Dios es admirable.
Después encontró una chispa que encendió con su fuego, Pablo, y en él obró muchos milagros. Porque Dios produce sus signos tanto en las personas orgullosas e indómitas como en las dulces y apacibles, para que la gente no los rechace diciendo que sólo realiza sus milagros en los buenos. El Espíritu Santo coronó todas las doctrinas de los apóstoles en Pablo, cuya mente llevó como a un monte alto. Fue tan feroz como un leopardo, encarnizado en toda conquista, convencido de poder llevar a cabo todo lo que quisiera. El Espíritu Santo encontró en él la chispa de la fidelidad, porque no persiguió a los apóstoles por envidia o por odio, sino por amor a la antigua ley.
Dios creó las bestias antes del hombre pero hizo al hombre a su imagen y semejanza, aunque las bestias lo precedieran. Y primero la ley antigua fue según las bestias, luego la transformó a través de la humanidad del Hijo en inteligencia espiritual según la práctica de las alabanzas angélicas. Del mismo modo que Dios formó primero al hombre y luego introdujo en él el soplo de la vida, así mandó primero la ley antigua, que transformó luego a través de la ley nueva, volviéndola mejor.
Así, cuando tiró al suelo a Pablo que tenía un celo excesivo en la defensa de la ley antigua, le enseñó que tenía que difundir el nombre del Hijo en la nueva ley. Y levantando su espíritu hasta el cielo, le enseñó contra qué armas admirables combatía. Su alma sin embargo se quedó en él, escondida casi como si hubiera muerto, del mismo modo que el alma manda fuera sus pensamientos aunque esté en el cuerpo. Si Dios le hubiera enseñado sus milagros con menor fuerza, a causa de su carácter orgulloso habría vuelto a la causa que hasta a entonces había defendido con celo. Por tanto Dios le apretó con una mordaza y llenó su cuerpo de preocupaciones. Su enfermedad se manifestó en dos modos, todas las venas del cuerpo languidecían por el agotamiento, y los dardos ardientes del diablo afligieron su carne con la dulzura de la carne. Pero como había visto en su espíritu los milagros de Dios, siempre mantuvo un vigor espiritual fortísimo, y como había contemplado innumerables arcanos y misterios escondidos, más allá de cuanto un hombre puede hablar, sus palabras y su predicación fueron como los clavos metidos en profundidad que sustentan la casa. El Hijo de Dios, engendrado por la Virgen Maria, lo eligió entre la tribu de Benjamín y él se empeñó en la predicación más que todos los otros que estuvieron con él.
La mujer se engalana por el honor y la gloria del marido y para parecerle cada vez más bonita. De forma similar todos los seres humanos tienen que aprender cómo adornar su alma en presencia del rey supremo. Porque cuando el hombre abarca el amor, se viste de un vestido de oro. Cuando quiere la castidad, adorna la frente de perlas preciosas. Y cuando se dedica al ayuno, se emboza de púrpura y de lino fino. Por tanto el hombre que quiere abstenerse del pecado evita comer carne, pero puede ser comida por los enfermos para curarse, porque la comida con carne a menudo invita a los hombres al pecado la carne.
Pablo no consideró como ley la regla de la virginidad, razón por la cual no la impuso a los hombres, pero la aconsejó, porque la regla engendra temor, el consejo amor. Pues la regla con temor, que es recibida por el oído, se infringe a menudo, mientras que el consejo cariñoso, al cual íntimamente el hombre se adhiere, es observado con firmeza. Pero ya que la capacidad de decidir fue ofuscada originariamente por la serpiente, como consecuencia del antiguo decreto, Dios se hizo hombre y su caridad fue tan ardiente que iluminó todo el mundo. Por esta razón Pablo decidió secretamente aconsejar y no imponer la virginidad, pues nadie tiene que imponerla como regla, puesto que Dios la llevó a la perfección en sí mismo. No es una regla legal impuesta en la servidumbre y en el temor; está en Dios, libre de todo temor.
Pablo es la rueda del carro de la justicia porque, así como la rueda sostiene el carro y el carro lleva todo el peso, así la doctrina de Pablo lleva la ley de Cristo, ya que la nueva ley está entretejida en la antigua, en la cual Moisés prescribió la circuncisión y las ofrendas. El Espíritu Santo renovó la ley en la nueva santidad, y Pablo la unió con el fuego nuevo en la cadena ya existente para hacer de ella la joya de la justicia. En efecto, declaró santas todas las obras acabadas en la rectitud y en la honestidad, de modo que también el matrimonio pudiera ser mantenido en el temor de Dios y se pudiera vivir rectamente en la moderación, para que el hombre no se angustiara con la abstinencia más de lo que por gracia de Dios pudiera soportar y la virginidad se engalanara con la corona del rey supremo, porque toma ejemplo de Dios. Ya que al igual que Dios plasmó al primer hombre sin los humores de la carne, así tomó el mismo el vestido de una Virgen que no conoció el sudor del pecado.
En estos tres estados de vida, el matrimonio, la continencia y la virginidad, Pablo colocó todas las virtudes y las elecciones de vida de los santos y pintó de bonitos colores la doctrina de los apóstoles. Luego calzó a la justicia con sandalias de seda purpúrea, abandonando completamente la vida mundana y viajando más que todos sus condiscípulos por los caminos de las iglesias entre dificultades, y Adornó las sandalias con oro fino como con estrellas brillantes, dio a todos los creyentes ejemplo de santidad y de buenas obras y se apresuró en ofrecer su cuerpo al martirio.
Santiago, llamado hermano del Señor, fue de carácter dulce y apacible. Mostró solamente su doctrina a Dios en su interioridad sin buscar la vanagloria, sino afanándose con gran celo en recorrer los caminos derechos y en limpiar de incredulidad las plazas cenagosas. Convirtió mucha gente a la verdadera fe y dictó sus enseñanzas con dulzura, enseñando como el Hijo de Dios nació de una Virgen, y lo que enseñó con dulces palabras lo confirmó con obras santas y con muchos signos. Con sus palabras suaves de escuchar hizo a la justicia unos pendientes. El pendiente izquierdo fue de aguamarina, del color y de la pureza de una nube, que significa que el Hijo de Dios, venido al mundo sin pecado, borró y lavó los pecados de los hombres. El pendiente derecho fue de amatista, y simboliza la pasión del Hijo de Dios, por la cual derrotó al diablo. También Santiago se ofreció al martirio.
Simón fue sabio y tenaz y predicó tormentos amargos para los innumerables pecados de los no creyentes. Dio, además, grandes signos en la firmeza de su fe, por lo cual los hombres le escucharon de buena gana, y enseñó un recorrido impetuoso hacia la fe, porque los infundió el temor de la muerte. De este modo, con su grandilocuente predicación forjó a la justicia un collar de esmeraldas, rubíes y perlas de todas las formas, un collar que simboliza la defensa de las estrictas costumbres. Donde puso la verde esmeralda indica la fecundidad de la predicación y donde puso rubíes y perlas, el temor de los castigos. Y no temió los tormentos del martirio, sino que los soportó con paciencia.
Pablo colaboró con él, aun cuando ya había hecho las sandalias de la justicia. En efecto, colgó al collar una cadenilla de gran belleza, hecha de oro fino, en la que fueron engastadas firmemente doce piedras y perlas redondas, las más preciosas y perfectas. Esta cadena bajaba hasta los pies de la justicia y tenía en la extremidad dos cabezas, una a la derecha, de sardónice rojo, como la cabeza de una cabra y otra a la izquierda, de oro, como una cabeza de leopardo, puestas de tal modo que la cabeza de la cabra parecía enfrentarse a la del leopardo.
En efecto Pablo las añadió a su doctrina como refuerzo de la doctrina de los otros apóstoles y las engalanó con la rectitud de las buenas obras, con las doctrinas apostólicas y con todas las virtudes, de modo que se mantengan así hasta lo último y no decaigan hasta al final del mundo. Entonces hacia el fin, aparecerán dos potencias, como en las dos cabezas, una que va para arriba hacia la salvación, incluso entre angustias y apuros, que es la de Enoch y de Elías. La otra, que tiende en cambio hacia la perdición rechinando los dientes y aparentando milagros gloriosos y virtud, que es la del Anticristo De este modo muestran que quienes se encaminan al cielo aplastan a los que corren hacia la seducción diabólica.
Santiago, hermano de Juan teje un velo delicado como de mujer, de seda blanca, recamado de oro, predicando la Encarnación y la Pasión del Hijo de Dios y destruyendo los ídolos con muchos milagros. Y con él cubrió elegantemente la cabeza de la justicia para que toda la iglesia devolviera la alabanza a Dios. También ofreció su cabeza al martirio.
Juan, con los milagros que Dios le mostró hizo un cinturón de seda verde, que señala los florecientes y suaves deseos de la castidad, y en él cosió las doce piedras de las virtudes proféticas con muchas perlas, que significan la buena voluntad. Y lo pintó de un verde parecido al de la rama que rezuma bálsamo, porque añadió a la perseverancia de la castidad la vitalidad y el perfume de las virtudes celestes. Con aquel cinturón ciñó las caderas de la justicia, cuando a los ruegos de la gente contestó escribiendo: “Al comienzo fue el Verbo” (Jn 1,1).
Felipe, benévolo y de aspecto humilde incluso, aunque rico en doctrina, atrajo a sí mucha gente. Y así fabricó pulseras de oro en las que engastó esmeraldas y amatistas y perlas preciosas, tantas piedras que a duras penas se podía ver el oro. Porque enseñando la vitalidad y la sencillez de las virtudes con la doctrina y con las obras, tuvo cuanto pudo escondida para sí su buena voluntad y circundó con estas pulseras los brazos de la justicia, y con el martirio completó sus buenas obras.
Bartolomé fue incansable en dedicarse a la predicación, no quiso parar nunca. Por eso hizo con oro y ámbar un collar elegantemente cincelado y con piedras preciosas engastadas. Este collar iba desde las pulseras de las muñecas de la justicia, antes citadas, extendiéndose y dividiéndose en tres partes, y estas tres partes estaban entrelazadas con gráciles cadenitas de oro. Por la rectitud que mantuvo en la fe, predicó con elevadas palabras los secretos ocultos de Dios y las virtudes de los elegidos. Y llegó a hablar de las obras más santas, distinguiendo las tres personas en el único Dios y certificó con fe y con las palabras más adecuadas a la verdadera Trinidad, que invisiblemente e inefablemente está unida en sí misma. Y después de haber atraído así también las mentes de los hombres, sometió su propio cuerpo al martirio, embelleciendo los brazos de la justicia con un maravilloso ornamento.
Andrés hizo un anillo de oro fino y engastó un topacio de gran valor, revelando que el Hijo de Dios es el esposo de la justicia cuando adornó la fe sincera con la belleza de las virtudes de la Iglesia, y puso este anillo en el dedo de la justicia cuando se dejó colgar de la cruz.
Y Judas Tadeo fue prudente y sutil y supo escudriñar la conducta de los hombres, por eso convirtió a muchísimos al beneficio de la fe, porque no lograron superarle, y al vencer el engaño de la serpiente con las obras santas, enseñó abiertamente a la gente muchos milagros. Hizo pues una capa de seda roja hábilmente bordada y la puso encima a la justicia, y la revistió de las obras de la caridad y el resplandor de las otras virtudes, llevando así a la perfección la verdadera belleza. También sometió su propio cuerpo al martirio.
Y Pedro, cuando vio a la justicia tan revestida, a pesar de que ya antes la hubiera hecho vestir la túnica, forjó una corona del oro más puro, la decoró con las piedras y las gemas más preciosas, y luego la puso sobre la cabeza de la justicia. Porque por haber predicado con fe y sin miedo la gloria del Hijo de Dios y por haber enseñado que la justicia está adornada por todas las virtudes y todos los ocultos misterios, adornó a la justicia con la corona de la santidad y el honor. Y cuando con su martirio fue colgado de la cruz se la puso sobre la cabeza apropiadamente. De este modo los apóstoles revistieron a la justicia.

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