Dios no podría decirse único si tuviera a alguien parecido a él por naturaleza. Las características de la rueda descrita anteriormente indican que Dios no tiene principio ni fin y muestra la disposición de todos los bienes. La descripción de la rueda se refiere en sus diferentes partes, a la eternidad, a la potencia de Dios, y a la salvación de las almas.

II. ¡Oh hombre!, escucha y comprende las palabras del que fue y esta lejos de los cambios temporales, porque quiso hacer sus diversas obras según su eterno proyecto y como un rayo de sol, observó, antes del principio de los primeros días, como serían en el futuro. En realidad Dios es uno solo, y nada se puede añadir a su unidad, pero él previó que una de las obras que haría, intentaría hacerse parecida a él, al único. Por tanto, dispuso obstáculos para rechazarla, porque sólo él es unidad que no tiene parecido, pues de otro modo no podría ser llamada unidad. Por eso alejó de sí a quien perversamente deseaba este tipo de semejanza. En el hombre, el alma racional, que deriva de quien es el verdadero Dios, está hecha de modo que puede elegir lo que le gusta y rechazar lo que le desagrada y sabe por sí misma cual es el bien y cual es el mal. Pero, aunque Dios es único, desde siempre Dios anticipó en el vigor de su corazón cada una de sus obras, que luego multiplicó grandiosamente, porque Dios es el fuego viviente del que las almas obtienen el soplo de la vida. Dios estuvo antes de cada principio, y es el principio y es el tiempo en que los tiempos existen. Todas estas cosas se revelan en esta visión.
Cerca del monte, situado casi entre la región oriental y aquella de la que he hablado anteriormente, vi una imagen que parecía una rueda de admirable amplitud parecida a una nube blanca, que giró hacia oriente. Esta rueda significa Dios que no tiene principio ni fin, y que muestra su benevolencia hacia todas sus obras. La divide transversalmente a medias, es decir de izquierda a la derecha, una línea de color oscuro, sutil como un soplo humano, porque tanto en el principio del mundo perecedero como en su fin, es decir en lo que se extiende hacia la eternidad, se manifiesta la perfección de la voluntad de Dios, que separó las cosas temporales de las eternas. La mitad de la rueda que estaba por encima de aquella línea está dividida en el medio por otra línea, roja y resplandeciente como la aurora, que baja desde la parte superior de la rueda hasta mitad de la primera línea de que he hablado. Con eso se muestra que la plenitud de la perfección de Dios, que, por su deseo, es mayor en las cosas celestes que en las temporales, está preparada para manifestar su justicia, como enseña el divino orden, que es rápido para intervenir por el bien de todas las cosas, y que se muestra en la maravilla de su incorruptible resplandor tanto en el principio del mundo como en su fin y en toda su duración temporal.
Y luego, la parte superior de la rueda en la mitad izquierda emite de un color casi verde, ya que Dios exhaló el ser en las formas de las criaturas para que trabajaran como había previsto en su presciencia, y desde entonces las mantiene en el reverdecer de su voluntad. Mientras que del lado derecho hasta el medio resplandece de rojo, porque al final de los tiempos Dios transformará y llevará a perfección a todos lo que se hayan elevado a la vida desde el mundo transitorio, entregará a las almas de los fieles la recompensa por haber trabajado en la luz, y hará que ya no estén sometidas a la fatiga y a la necesidad. Y está dividida de modo que los dos colores cubran un espacio igual, porque como antes del principio del mundo la eternidad no tiene principio, tampoco tendrá fin después de que el mundo esté acabado, y así el momento inicial y el final del mundo están encerrados como en un círculo.
En cambio la mitad de la rueda debajo de la línea transversal es de un color pálido mezclado con un poco de negro, porque indica el tiempo fugaz de las cosas del mundo, que tienen un principio y un fin, sobre el cual reina la eternidad completa en sí misma y carente de fin. Esta parte también alude a la palidez de las angustias y a la negrura de las tribulaciones que durarán tanto tiempo como el mundo. Todas estas predicciones conciernen a la salvación de los hombres. La potencia de Dios está unida a la fuerza suprema que existe en la perfección de la justicia resplandeciente, porque la potencia y la justicia de Dios están unidas estrechamente. La potencia de Dios está representada por una rueda por la igualdad de su equilibrio, porque no tiene principio ni fin, porque en la amplitud de su poder puede hacer todo lo que quiere y resplandece pura en la clemencia de los juicios celestes. Porque a Dios no lo afecta ninguna variabilidad, ninguna alternativa, no tiene aumentos ni disminuciones, y ningún tiempo lo divide, Desde el principio permanece siempre intacto e inmutable, y da la vida a todas las cosas que son, llamando a la santidad suprema a los que lo adoran en la pureza.
La plenitud de su poder dispone todas las cosas con medida y justicia, pero su altura y profundidad queda desconocida al hombre. Así las cosas eternas y las temporales pueden ser representadas como un círculo que no tiene principio ni fin. Porque la perfección de la potencia de Dios, que revela la eternidad del orden divino y su providencia que resplandece en la eternidad y de la eternidad de su potencia se extiende a la plenitud de su orden, se manifiestan en sus obras y anuncian que las almas de los santos estarán para siempre en la gloria suprema.
Y todavía, la eterna perfección de la potencia de Dios, mostró las realidades futuras antes de que existieran el cielo y la tierra, enseñó en la plenitud de las criaturas, como el verdecer de las semillas que debían brotar y crecer, como los dones del Espíritu Santo que invaden el corazón del hombre vivificándolo, para que produzca buenos frutos. En cambio en las cosas que llegarán a la estabilidad después del fin del mundo y ya no estarán sometidas a cambios, hace aparecer un resplandor deslumbrante, porque en el tiempo en que las almas de los santos serán llevadas a lo alto de los cielos todas las cosas se volverán perfectas y ya no tendrán ningún defecto. Y la eternidad de Dios, como no tuvo principio antes del principio del mundo, así después de su fin no estará limitada por ningún término, entonces también el gozo de los santos en el cielo no tendrá fin. Pero la perfección de la potencia de Dios, que encierra en el círculo de la eternidad todas las cosas temporales con sus diferentes modos de ser, muestran que todas ellas están sometidas a Dios, y exhorta a echar a los lugares infernales a los que desprecian a Dios, ya que serán sometidas a juicio todas las cosas que se opongan a él.

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