Palabras de Dios en el Éxodo, cuando le dice a Moisés: “Te enseñaré todo bien”. Cómo se tienen que comprender respecto al misterio de la Encarnación del Señor.

VII. “Te enseñaré todo bien y pronunciaré el nombre del Dios frente a ti, y seré misericordioso con quien quiera, y seré clemente con quien me plazca”. (Ex 33,19). Y todavía dijo: “No podrás ver mi rostro, porque ningún hombre puede verme y quedar vivo” (Ex 33,20) Y luego dijo: “Aquí hay un lugar junto a Mí. Tú te colocarás sobre la peña. Y cuando mi gloria pase, te pondré en la cavidad de la peña y te protegeré con mi derecha y levantaré mi mano, para que veas solamente mis hombros” (Ex 33,21-23).
Para comprender estas palabras tenemos que interpretarla así: Yo, que soy el Señor de todo porque soy por Mí mismo, te mostraré a ti, que me adoras con corazón puro, la beatitud de la vida eterna, en lo cual consiste todo bien, y seré llamado Señor delante de ti, porque soy el Creador de todas las criaturas. Y tú, Israel, verás la túnica de mi Hijo, la misma que prometí a Adán, cuando lo llamé con su nombre y le di un vestido tenebroso, porque él mismo se había oscurecido como las tinieblas. Por eso ningún hombre oprimido por los pecados de Adán puede ver mi rostro mientras viva en la vida mortal, ya que por haber escuchado la sugerencia del diablo es negro como la negrura del norte. Y como todas las cosas luminosas se alejan del norte, así la claridad de la verdadera luz se separó de Adán cuando, siguiendo el consejo de la antigua serpiente, dirigió al norte su mirada. Y ya que desde aquel momento ninguno de los mortales pudo ver perfectamente mi gloria, enseñé mis maravillas revelándolas por los profetas, que hablaron en la sombra proyectada por la luz. La sombra fue más oscura que la luz, como toda sombra es más oscura que el cuerpo del que proviene.
El sol, la luna y todas las estrellas le fueron oscurecidas al hombre, para que no pudiera ver su luz en toda su pureza, además estaba velado por los soplos de todos los vientos. Por tanto proclamaron en la sombra, como se ha dicho antes: “Dínos si eres el que tiene que reinar sobre el pueblo de Israel”. En efecto, el Espíritu Santo enseñó a su pueblo a través de profecías que en el primer nombre con que Adán fue llamado, estaba prefigurado que habría de venir el libertador de los hombres.
Y vino el Hijo de Dios revestido de forma humana y los hombres no pudieron ver la claridad de su divinidad, sino que lo vieron como si fuera uno de ellos. Pero él se presentó practicando un camino diferente al que todos recorrían, un camino sin gustar el pecado. Comió, bebió, durmió y se vistió sin mancharse de ninguna culpa. Pero los judíos y muchos de los que lo vieron dudaron que fuera el Hijo de Dios, y así en su ciencia oscura quedaron y, no aceptando con la fe sus milagros, se endurecieron como piedras, como una víbora escondida en el hueco de una piedra.
Aun así, el Hijo logrará recobrar con su diestra a muchos judíos y paganos atrayéndolos a las filas innumerables de los que tienen que salvarse hasta que no se realicen todos sus prodigios, y entonces retirará la mano indicando su obra grandiosa y enseñará los hombros a todos sus amigos y enemigos, de modo que todos reconozcan de qué manera combatió con el diablo.
Y tú, Israel, creerás y confiarás plenamente en él, tú que te has alejado de sus maravillas como Adán se alejó de la claridad del camino eterno, no creyendo en él. Entonces él estará sobre tu lengua como panal de miel y como leche nutritiva, te enseñará sus obras y tú las acogerás y las apretarás entre los brazos, diciendo entre sollozos: “Ay de mí, por cuanto tiempo hemos sido engañados”. Así se cumplirá el que está escrito por inspiración mía:

 

Palabras de David del Salmo XCII, dónde dice: “Admirable es la elevación de las olas del mar, admirable es Dios en lo alto de los cielos”. Cómo deben ser interpretadas.

VIII. “Admirable es la elevación de las olas del mar, admirable es Dios en lo alto de los cielos”. (Sal 93, 4). Para comprender estas palabras tenemos que interpretarla así: Dios, que es camino y verdad, ha dispuesto misteriosamente con las admirables elevaciones de las olas del mar el orden de todas las cosas que adornan el firmamento; con una admirable elevación del mar llenó el firmamento de astros y según sus misteriosos planes los puso en sus diversas partes como un espejo. Pero como la sombra no puede existir en el espejo sin el cuerpo que le corresponde, así tampoco los adornos del firmamento pueden obrar por si, y obran solamente en virtud de los misteriosos planes de Dios. Los adornos del firmamento toman luz de los arcanos celestes, como el rayo proviene del fuego. Porque el fuego es materia que resplandece y mientras el rayo es momentáneo, el fuego es permanente. Así los adornos del firmamento pasan, pero la armonía celeste es duradera y permanente.
Por esta razón se dice que Dios reside en lo alto de los cielos en sus misterios admirables, ya que ninguna cosa transitoria puede contemplar perfectamente las que están para siempre en la perfección incorruptible. Pero con los adornos del firmamento Dios quiso darles a los hombres una señal de las cosas celestes, para que como en el espejo de la fe conozcan por su medio sus maravillas. Si no pudieran ver aquellos adornos, su ciencia sería ciega como el norte, privado de toda luz después de la ruina del diablo, no resplandece más y tampoco el diablo, que se burló del honor del Altísimo, tuvo jamás ninguna luz.
Son admirables, pues, los levantamientos de las olas del mar cuando los hombres, que ondean de una parte y otra en su inestabilidad, se elevan de las cosas terrenales a las celestes encendidos por el Espíritu Santo. Y es admirable Dios en las virtudes más altas, cuando los refuerza en el bien, para que desde entonces en adelante rechacen someterse a la sordidez de los vicios. Por tanto la escritura también dice:

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