Qué significa que esta imagen tenga todo el cuerpo cubierto por escamas de pez, y no por plumas de pájaros. Cómo entró en el mundo por la carne el Hijo de Dios a escondidas del diablo Por qué el Padre quiso que soportara tantos padecimientos.

V. Todo el resto del cuerpo está revestido de pequeñas plumas, que no se parecen a plumas de pájaro sino a escamas de peces. El sentido de esta imagen deriva del hecho de que la figura de los peces es diferente de la figura de los pájaros, y que nosotros ignoramos como nacen los peces y como crecen, pero observamos que las aguas en que viven corren rápidamente y que los peces nadan veloces en ellas. Así el Hijo de Dios nació completamente santo y de naturaleza diferente con respecto a los demás hombres, en su santidad fue sumamente justo, y en la justicia recondujo al hombre al cielo volando sobre las alas de todas las buenas obras, como muchas veces lo habían prefigurado los sacrificios de la antigua ley. Y la obra se ejecutó por su deseo en su naturaleza virginal.
En cuanto Adán comió la manzana nociva concibió el gusto del pecado, que lo hizo ser capaz de pecar. Por esto la gloria del paraíso le abandonó y fue enviado al destierro. Enseguida el diablo, para combatir a Dios, le regaló la lujuria y subvirtió el modo de la generación humana, mezclándolo con impudicicia. Mientras meditaba su engaño se convenció que el hombre, una vez arrojado en medio de la inmundicia del pecado, no podría entrar en el reino de los cielos, porque los hijos de la fornicación no podrían formar parte del pueblo de Dios, y el propio Dios no sería su Dios. El diablo se alegró mucho de la suciedad del impulso carnal, diciendo para sí: “Yo he echado al hombre del lugar glorioso en el que estuvo y lo he arrojado a la máxima suciedad, y por tanto a Dios no le ha quedado ni siquiera una parte de él, porque Dios, que es todo puro, no quiere ni acepta la inmundicia. Así que de este modo el hombre se quedará conmigo”.
Pero Dios no reveló a la antigua serpiente su plan para liberar al hombre y lavó por medio de su Hijo la suciedad que fermentó a causa del engaño diabólico, cerrando con Él las heridas que la lujuria infligió al hombre. Esto lo hizo Dios en el centro de su potencia, en la que estuvo desde antes de todo principio, y en el centro del pozo infernal tenebroso como la noche, al que mandó como señal al ángel que los golpeó en el medio de la noche. En el centro de su potencia quiere decir que puede hacer todo lo que quiera: mientras en el medio de la noche es el momento en que el antiguo enemigo en su pensamiento soberbio creyó haberse apoderado de los hombres como planeó, y creyó poseerlos casi como si los tuviera en medio del corazón. Pero el Hijo de Dios, como se ha visto, vino a escondidas del diablo y a hurtadillas de él y con su humanidad rompió el anzuelo con el que pescaba a los hombres. Y vencidos sus enemigos, lo colgó como estandarte sobre la cruz en señal de triunfo y lo enseñó a su Padre junto con todas las filas del ejército celeste. En consecuencia, las filas de los ángeles renovaron sus cantos de alabanza, y se alegraron que muchas almas santas hubieran sido liberadas de una reclusión tan atroz, después de que el Hijo de Dios las hubo reconducido al lugar de la beatitud.
¿Pero como Dios pudo permitir que su único Hijo, que no era deudor de ningún pecado, padeciera tales sufrimientos? La razón es que así el antiguo engañador ya no tendría ninguna oportunidad de oponerse a Dios. Porque el hombre de buena gana consintió y siguió en todo y por todas sus reglas. Si un hombre pecador hubiera muerto por la salvación de los demás hombres, el espíritu malvado habría objetado que ese no podía liberar a nadie, porque antes tenía que librarse de sus propios pecados, a los que había dado su consentimiento. Por esta razón no habría tenido a ninguna posibilidad de sustraerse a sí mismo y a los demás del lazo del cautiverio. Por eso el Dios viviente ofreció a su Hijo, cuyo cuerpo fue parecido al cuerpo de Adán, para que revistiéndose de humanidad pudiera redimir al hombre.

 

Sobre los cinco espejos que se ven en puntos diferentes en las dos alas de esta imagen, qué significan y cómo se tiene que entender la frase que llevan escrita.

VI. En las dos alas que llegan hasta parte superior de la cabeza humana se ven cinco espejos, ya que en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, que explican la dignidad del antiguo proyecto de Dios, cinco lumbreras iluminan las diferentes épocas: el primero Abel, el segundo Noé, el tercero Abraham, el cuarto Moisés, el quinto el Hijo de Dios. Todos iluminan a los hombres para ayudarlos a encontrar el camino de la verdad, pero fue el Hijo de Dios en persona el que les abrió con su pasión la puerta de la alegría celeste.
Uno estaba en el extremo superior del ala derecha, y tenía esta inscripción: “Camino y verdad”. Esto significa los altos y admirables misterios de Dios, que ninguno de los hombres puede comprender plenamente con su ciencia, sino limitadamente en cuanto es comprendido en el círculo de la fe, como una imagen en el espejo no puede hacer nada respecto del cuerpo que refleja. Estos misterios enseñan el camino de la justicia y la verdad de la rectitud por la salvación de las gentes, para que el hombre temeroso de Dios llegue a las moradas celestes, como indican las obras y el fin de Abel.
Otro estaba en la mitad de la misma ala, y tenia esta inscripción: “Yo soy la puerta de todos los arcanos de Dios". Significa que los secretos de dios se manifiestan para proteger la perfección de la salvación, enseñando que la omnipotencia de Dios es tan amplia que cubre con sus milagros toda la extensión de sus criaturas. Multiplica sus signos milagrosos desde el primer hombre hasta el último, por sus profecías, por sus anuncios, por sus acciones, que nunca tendrán término hasta que no se cumpla todo lo que tiene que ocurrir. Dios no reposó después del primer acto creador, sino sólo después de que hubo llevado a cabo completamente la creación. Así también en Noé enseñó sus milagros, aunque con señales diferentes.
Otro espejo está al final de este ala derecha, y en él está escrito: “Soy la manifestación de todos los bienes”. Porque este fin prefigura el fin de la burla del diablo y el principio de todos los bienes, y además enseña que el Hijo de Dios tomaría forma humana en una humilde Virgen y cumpliría por sí todos los bienes. Esto también lo cuenta el libro de la vida, que no se debilitará nunca, en el cual la Jerusalén celeste está descrita con todas sus virtudes que nadie es capaz de narrar, como nadie puede llegar hasta el final de las admirables cosas de Dios. Todas estas cosas Abraham las anunció fielmente por la circuncisión, con la cual obedeció la orden de Dios.
En el extremo superior del ala izquierda hay un espejo con estas palabras: “Soy el espejo en que se refleja la intención de los elegidos”, ya que cuando la justicia tuvo principio, cuando el mal fue combatido a través de la virtud de los elegidos del ejército celeste, su devoción fue tan simple y pura que los hizo capaces de resistir a las artes diabólicas y de ofrecerse a Dios como holocausto vivo. Por esta razón Satanás fue rechazado y tuvo que reconocer que Dios es mucho más fuerte que sus enemigos, que aterrados en lo más profundo del infierno, temblarán por siempre.
Y muchos de los que se durmieron a causa de la mortífera manzana en las regiones del Norte, se despertaron a través de la penitencia en el espejo del temor de Dios. Eran adúlteros, homicidas, seductores, mentirosos y pecadores de todo género, que rogaban Dios para que los liberara del antiguo enemigo. Dios recibe mucho honor y alabanza de su penitencia, ya que todos los órdenes de penitentes y fieles reconocen que Dios es grande en su potencia, porque los libera y borra sus pecados.
Por esta razón Dios se complace en ellos, porque los que fueron como la noche en la oscuridad de los pecados mortales, ha vuelto a la pura luz del día a través de la penitencia. Y los que ha liberado del diablo le quieren mucho de más que si no hubieran necesitado ser arrancados de él por la penitencia, y después de haber sido liberados no vuelven jamás a estar adormecidos en su amor por él. El temor de Dios es necesario a todos, tanto a los elegidos simples e inocentes, como a los pecadores, ya que conviene que tengan temor de Dios antes de poder gustar el amor, y por tanto sus intenciones aparecen en este espejo como si estuvieran escritas, y Dios las lee en cada momento.
Y otro espejo al final de la misma ala lleva la inscripción: “Dínos si eres el que tiene que reinar sobre el pueblo de Israel”, ya que allá dónde el Antiguo Testamento acaba y empieza el Nuevo apareció mi Unigénito, que echó a Satanás como una piedra en el pozo más profundo del infierno, ahogándolo para que ya no pudiera respirar y emitir el soplo ventoso de su voluntad, como hacía antes. Haciendo así, mi Hijo les indicó a sus elegidos las recompensas eternas, como Yo mismo hice cuando hablé a Moisés diciendo:

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